VIOLENCIA SEXUAL

Renunciar a la indemnización para ser creída: el "fracaso social" tras el gesto de la víctima de Alves

Los expertos consultados denuncian que la sociedad aún distingue entre 'víctimas puras' y las que no son consideradas así

Un manifestante sostiene una pancarta que exige tolerancia cero con la violencia machista.

Un manifestante sostiene una pancarta que exige tolerancia cero con la violencia machista. / EFE/Lavandeira jr

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La mujer que ha denunciado a Dani Alves de violación ha decidido renunciar a su derecho a pedir una indemnización en el supuesto de que la justicia le acabe dando la razón. Ha sido una decisión personal porque no quiere dinero, dice, sino justicia. Es una manera de ganar credibilidad y sortear comentarios como "es una aprovechada" o "lo hace para sacar dinero" que demasiadas veces se oyen en casos como el suyo, de mujeres que han denunciado ser víctimas de hombres famosos o poderosos.

En realidad, su gesto evidencia que la cultura machista está aún muy enraizada en la sociedad y que la mujer que denuncia está, de entrada, cuestionada. Diversos expertos consultados por EL PERIÓDICO, del grupo Prensa Ibérica, ponen de manifiesto que esa renuncia refleja el "problema" que tenemos como sociedad.

"Ha de renunciar para ser creída y sentirse legitimada. No debería ser así", subraya la psicóloga social Gemma Altell, que considera que esa renuncia pone de relieve el hecho de que como sociedad aún hacemos una distinción entre lo que consideramos una 'víctima pura', como podría ser una madre de familia o una mujer no sexualizada, y una que no cumple ese estereotipo mental. "Nos cuesta entender que puedes ser violada independientemente de estereotipos de mujer. La violencia sexual lo es independientemente de si la víctima ha flirteado, de si ha bebido o de si se dedica a la prostitución. Ninguna circunstancia la hace menos víctima. No depende del tipo de mujer, sino del delito perpetrado", expone.

Para Altell, es una "perversidad" el hecho de que como sociedad se mire "mejor" a la víctima que renuncia a su derecho a ser indemnizada. "Argumentando como algo positivo que ha renunciado a su indemnización, estamos reforzando esa idea de que la víctima pura es la única que tienen legitimidad", apunta.

"La violencia sexual no depende del tipo de mujer, de si ha bebido o flirteado, sino del delito perpetrado"

En la misma línea, la psicóloga especializada en violencias Alba Alfageme considera que esta renuncia y las valoraciones dando a la víctima credibilidad por ello son un reflejo "del problema que tenemos como sociedad. "Es lamentable que para obtener credibilidad deba renunciar a sus derechos". "Mucha gente usa como argumento el hecho de que 'si renuncia, será verdad'. Y eso es una trampa. Porque, ¿qué pasa con las que no quieren renunciar a ese derecho? De verdad tenemos tal descrédito las mujeres?", plantea.

También la abogada Julia Humet opina que el gesto de renunciar a la indemnización, una decisión totalmente personal, es "un fracaso a nivel social", un síntoma del juicio al que la sociedad somete a la víctima. "Primero se juzga a ver si es lo suficientemente pura, con preguntas como qué hacía ahí de noche, o por qué entró en el baño. Después plantean que busca dinero. Que se la haya empujado a renunciar a su derecho a ser reparada es un síntoma de ese juicio", subraya.

"Es lamentable que para obtener credibilidad deba renunciar a sus derechos"

En la misma línea, la abogada Paula Narbona considera "claro" que la joven ha renunciado a la indemnización para que se la crean, algo que califica de "muy grave". "No hay motivo para renunciar porque a raíz de estos hechos habrá lesiones psicológicas seguro, y eso son años de terapia y probablemente medicación. Es surrealista que haya tenido que renunciar para evitarse el juicio público sobre si denuncia para sacar dinero".

Narbona explica que es imposible ahora mismo cifrar la cuantía de esa hipotética indemnización porque se deberían analizar las lesiones físicas y/o psicológicas, así como el precio del tratamiento que pudiera necesidad. Sí apunta un elemento: "si al final del proceso resulta que los daños son más graves de lo que inicialmente parecía, la mujer podría volver a pedir la indemnización según el artículo 112 de la ley de enjuiciamiento criminal".

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La fiscala especializada en violencia de género Susana Gisbert califica de "muy triste" que la credibilidad de la mujer esté "cuestionada hasta tal punto". Y recuerda que una indemnización "no es un regalo", "es una responsabilidad civil derivada de un delito que repara un daño moral y/o físico o psicológico".

Para Miguel Lorente, médico forense experto en violencia de género, el cuestionar siempre el testimonio de la mujer forma parte de la "construcción androcéntrica" de la sociedad. Y urge a plantearnos como colectivo el hecho de que "alguien tenga que adoptar una actitud 'heroica' para que la sociedad entienda que hay que evitar toda violencia sexual y que la respuesta hacia la víctima debe ser empática".