CRIMEN ORGANIZADO

Chalets, clientes seleccionados y mujeres de más de 35 años: radiografía de la prostitución china en Madrid

Publicidad de prostitución en las calles del barrio madrileño de Quintana.

Publicidad de prostitución en las calles del barrio madrileño de Quintana. / ALBA VIGARAY

  • Las mujeres chinas que ejercen la prostitución no buscan clientes en las calles, sino que viven en jaulas sin rejas, invisibilizadas: desde chalets y pisos privados a centros de masajes y uñas

  • Las mafias "tienen un control superestrecho del núcleo familiar" de la víctima y saben que, si ellas se escapan o denuncian, serán sus seres queridos quienes lo 'pagarán' en su país de origen

  • A diferencia de otras redes organizadas, el 'modus operandi' de la prostitución china es "oculto", explica Teresa Madueño, profesora de Filosofía moral de la URJC que ha sido premiada por una investigación al respecto

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Encontrar a una mujer asiática que ejerza la prostitución en la calle en Madrid es prácticamente imposible. Lo habitual es localizar, tanto en vías aledañas a Gran Vía como en polígonos, como Marconi, en el distrito de Villaverde, a grupos de mujeres procedentes de nuestro país, de Latinoamérica, del este de Europa o de África. Hay prostitución asiática, pero no se ve. "Están completamente invisibilizadas. Todo el mundo sabe que existen, pero nadie las ha visto. Esa invisibilidad viene del ejercicio de la prostitución en espacios privados", explica Teresa Madueño, profesora de Filosofía moral de la URJC y asesoría jurídica de la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres. 

Esta investigadora ha obtenido el segundo puesto en los premios de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género por su tesis La prostitución china en la Comunidad de Madrid. Un análisis desde la perspectiva de género. "Cuando sale la unidad móvil de la organización en la que yo trabajo a la calle, se han dado cuenta de que esas mujeres no están en la calle. Entonces, la primera pregunta es: '¿Dónde están las mujeres chinas que ejercen la prostitución si tenemos prueba de que existen?'. Nos damos cuenta de que están en espacios privados", razona. Se encuentran, principalmente en pisos, en chalets, en karaokes que congregan a población china, pero también en negocios de masajes y centros de manicura y peluquería, que actúan como "tapaderas", dice Madueño.

En los pisos y chalés, los espacios preferentemente escogidos por las redes de prostitución, las víctimas "permanecen las 24 horas del día, todos los días del año", entre cuatro paredes que se convierten, según califica la profesora de la URJC, en "jaulas sin rejas". Estas mujeres recalan en España a través de redes de trata y "viven, entre comillas, protegidas por las paredes de esas casas", por lo que no perciben esa sensación de violencia a las que están sometidas quienes ejercen la prostitución en las calles. "Hay una falsa libertad, que no es real porque no suelen salir de la prostitución", asegura la investigadora.

Mediante el trabajo de detección y atención que realiza la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (APRAMP) a pie de calle, junto a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, este organismo ha podido evidenciar que las mujeres que residen en estos chalets viven "hacinadas en lo que podría ser el sótano de una vivienda, en condiciones infrahumanas y recluidas para el ejercicio de la prostitución", reflejan trabajadores de la asociación.

Mafias "muy agresivas"

A diferencia de otras redes organizadas que provienen del resto de continentes, el modus operandi de la prostitución china es "oculto", ya que generalmente seleccionan a sus clientes, dicen desde APRAMP. Para las redes chinas, un cliente español o de otra nacionalidad es "un cliente de desconfianza, porque no pueden tener el control sobre él". "Son mafias muy selectivas, que prefieren trabajar con personas autóctonas de su país, porque tienen unas claves culturales que ellos conocen y, ante una deslealtad, son organizaciones muy agresivas, no por golpes o palizas, sino por la muerte", aclaran desde esta asociación.

En muchos casos, reflejan desde APRAMP, estas mafias se dedican también a otros delitos, como son la falsedad documental o el narcotráfico, en los que normalmente operan con personas de la misma nacionalidad. Sin embargo, en contadas ocasiones pueden participar en esas acciones ciudadanos europeos, que se cuelan en las redes chinas. Siempre serán, ante todo, personas a las que las mafias chinas conozcan y de las que tengan la suficiente información como para cerciorarse de que no van a hacer nada que vaya en contra de la organización. 

Si un cliente les falla, le persiguen, pero, al ser de su misma nacionalidad y al compartir sus mismos códigos de cumplimiento, las mafias saben que van a respetar sus reglas. Ocurre algo parecido con las mujeres que son obligadas a ejercer la prostitución. En nuestro país, el consumo de prostitución por parte de los hombres no está penado de ningún tipo de forma y lo único que es perseguible, siempre y cuando denuncie la víctima, es la trata con fines de explotación sexual o la propia explotación sexual. Las redes "tienen un control superestrecho del núcleo familiar" de la víctima y saben que, si ellas se escapan, serán sus seres queridos quienes lo 'pagarán' en su país de origen, lo que impide que ellas denuncien la situación que están viviendo en España.

Ocultan su nacionalidad

La prostitución china recaló en la Comunidad de Madrid hace al menos 15 años porque existía una gran demanda de prostitución y se tenía que abastecer de nuevas mujeres. "Es posible que viniera de la mano de los primeros flujos migratorios, pero los primeros momentos de los que tenemos evidencias son de anuncios de periódicos alrededor del 2006, que ofrecían asiáticas, japonesas u orientales, que, una vez que se llama por teléfono, se descubre que son chinas", expresa Teresa Madueño. Desde que entró en la capital, su nacionalidad, la china, ha quedado oculta.

La asesora jurídica y profesora de la URJC entiende que no emplean en los anuncios de tarjetas e internet -prohibidos con la ley del 'sólo sí es sí'- la palabra 'china' "por todas las connotaciones negativas que tiene". "La migración china es una migración altamente deshumanizada. Es una población a la que los españoles, y gran parte de los occidentales, tenemos como si fueran todos cromos, como si fueran iguales; una población sumisa, dedicada al trabajo", argumenta, por lo que a las mujeres que ejercen la prostitución llegadas desde ese país les influyen también esos estigmas que "no son tan atractivos para los demandantes de sexo". A ellos les resulta más atractivo escuchar asiática, oriental o incluso japonesa, antes que china. Pero ese racismo no es actual, sino que viene heredado de la literatura de la época colonial de los países europeos hacia Asia y África, sostiene Madueño. 

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Otro aspecto en el que los anuncios de prostitución china mienten es en la edad de las mujeres. Ofrecen chicas jóvenes, pero la realidad es que se trata de personas adultas, de "más de 35 años" y con cargas familiares en su país de origen, apunta Madueño. "Lo sorprendente de este tipo de prostitución es que son rentables siempre que sigan siendo mujeres. Hasta ahora hemos visto que, dentro de la lógica de este sistema prostitucional, las mujeres jóvenes son las más demandadas y por eso ellos utilizan esa estrategia de marketing, pero la realidad, que se ve en los comentarios de los consumidores de prostitución china, es que no son mujeres tan jóvenes como ellos desearían", afirma. Aunque esa expectativa no se cumpla, los puteros siguen acudiendo. 

Las mujeres interceptadas para ejercer la prostitución llegan "engañadas" desde zonas rurales muy pobres de China. "Ellas o su familia deciden, por ser joven y por ser la que ha tenido la oportunidad de estar más formada, que partan a Europa para que tener un proyecto de futuro mejor", justifica Madueño. Como sucede en otros casos, las mujeres chinas migran a otro país porque se encuentran en una situación de pobreza. Y es precisamente eso es lo que marca su destino: ser mujer y pobre