Violencia Machista

Terror, desprecio como mujer y asesinato de la doctora Abad: anatomía de una vida plagada de violencia

  • Manel P.S. ha sido condenado a 24 años de prisión por haber matado a su mujer asestándole 102 puñaladas

  • Las actitudes machistas del asesino se producían incluso durante las relaciones familiares

  • El sometimiento era tal que la doctora asesinada no tenía ni el control de su propia cuenta corriente

La doctora Eva Abad, en una imagen de archivo

La doctora Eva Abad, en una imagen de archivo / EPE

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A la doctora Eva Abad la mató su marido el 24 de julio de 2019, asestándole 102 puñaladas. Fue el último acto brutal de una vida de maltrato caracterizada por el dominio, el terror y el desprecio a la condición femenina de la médica. El asesino, justo después de matar a su esposa y antes de entregarse en comisaría, se entretuvo en consultar su teléfono móvil y responder a los mensajes de texto que tenía pendientes.

Manel P.S. abrió el WhatsApp, comentó en un grupo que no iba a poder ir a cenar esa noche porque le habían surgido unos problemas. También contestó a una compañera de trabajo y a un par de amigos íntimos. A uno le dijo “Te he ganado yo”. Al otro, “te debo seis cervezas”.

Manel se levantó esa mañana con la idea de matar a su mujer. No hubo enajenación mental transitoria y sí premeditación y alevosía en el horrible crimen que acabó con la vida de la doctora egarense. Eva Abad se encontraba inmersa en una relación de absoluta sumisión hacia su marido y aguantaba estoicamente sus insultos machistas y sus provocaciones, tal y como ha quedado demostrado en la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya.

Sucedió la mañana del 24 de julio de 2019, justo el día del cumpleaños del asesino. Ahora, el TSJC ha condenado al homicida a 24 años de prisión, en una sentencia que confirma el veredicto del jurado. Manel mató a su mujer propinándole 102 navajazos con tres armas blancas diferentes. Hecho que se debió a que, durante el crimen, el homicida asestó los golpes con tanta saña que llegó a romper el cuchillo con el que apuñalaba a la doctora.

Plenamente consciente

El asesino provocó a su víctima “un gran sufrimiento innecesario para el fin pretendido de causarle la muerte”, aseguran los magistrados. Un daño que, además, el hombre sabía perfectamente que estaba causando. “El acusado fue consciente y asumió que estaba provocándole a su esposa un gran sufrimiento innecesario”, concluye la sentencia.

La sentencia desmiente por completo la versión que ha sostenido Manel desde que se entregó en comisaría: que se encontraba desayunando con su esposa en la cocina del domicilio conyugal, que ella le realizó un presunto comentario hiriente (“a mí realmente lo que me gustaría sería que te suicidases, que te tirases por un puente”) y que a partir de ese instante no recuerda lo que sucedió. Que solamente volvió a tener consciencia de lo que estaba sucediendo cuando acabó de apuñalar a su mujer.

El tribunal considera no probado que la doctora Eva Abad (47 años y dos hijos menores en el momento de su muerte) realizase ningún tipo de comentario durante la mañana de autos. Tampoco que el acusado padeciese una depresión con ansiedad que le llevase a cometer el delito con sus volitivas o intelectivas alteradas. De hecho, se considera que el autor material del crimen llevó a cabo el asesinato con sus facultades mentales intactas.

Este fue el luctuoso final de una relación basada en el miedo y en la dominación que el condenado ejercía sobre su esposa. No solamente en momentos de intimidad, sino en público. Fueron varios los testigos aportados por la acusación particular que revelaron el estado de terror y sumisión que Manel imponía en su relación marital. En reuniones familiares o sociales, delante de sus amigos y conocidos, Manel la llamaba "zorra" o menospreciaba su trabajo.

Machista de manual

“Él siempre había tenido una actitud de desprecio hacia ella, todas las reuniones familiares que tenían siempre le estaba gritando. Le decía que era mala médico y la menospreciaba delante de la familia. De sus hijos, de sus padres (…)”, explicaba una de las testigos, que agregó que el asesino no empleaba esta actitud misógina solamente con su esposa, sino que la hacía extensible “a todas las mujeres de la familia. Era un ataque constante. En la última reunión familiar a mí me llamó zorra, y a su madre la llamó gorda (…) Él era muy agresivo verbalmente, muy despectivo”.

Manel imponía relaciones machistas con todas las mujeres de su entorno. Incluso con su hija, que en el momento del crimen tenía 12 años. La abuela (la madre de la asesinada) declaró en el juicio que “en la relación entre el acusado y su hija, ella era la sumisa y él era el jefe. El trato era machista”.

En la misma línea se pronuncia el hermano de la doctora, que incide en que “era una relación muy frustrante, siempre un intento de avasallar y someter. Él siempre intentaba ser muy autoritario con su mujer, su hermana y su madre. Tenía actitudes de prepotencia y de querer imponerse siempre a las mujeres”.

El último testimonio en esa línea es el de una amiga de la pareja, que dejó claro que Manel trataba a Eva “de forma despectiva, haciéndola de menos (…) que no era una persona válida, trato continuado despectivo, de carácter dominante, controlador también a nivel económico. Él tenía el control de la cuenta corriente y si ella se compraba algo, él la llamaba enseguida para decirle que ya sabía lo que se había comprado. La llamaba médico de mierda”.

Sin antecedentes

Sin embargo, y a pesar del historial probado en el juicio, nunca se denunció al maltratador. Por este motivo, y a pesar de que la relación estaba regida por el carácter dominador y machista del hombre, él compareció en el juicio como persona sin antecedentes de violencia machista.

De todos modos, la sentencia asegura ahora que se considera probada “la actitud de desprecio a la condición femenina de Eva”, y que “Manel ejercía un permanente control en todas las facetas de su vida”. Prosigue el escrito del magistrado diciendo que “el acusado mató a su esposa movido por un sentimiento de dominación hacia ella y de desprecio a la condición femenina que había demostrado con su actitud en público”.

Otro de los argumentos del asesino que ha desmontado la sentencia es el de las presuntas provocaciones de la doctora, que habrían motivado la desproporcionada reacción del homicida. La sentencia considera probado que la intención de Manel era matar a su esposa, y que por eso se reunió con sus hijos el día de antes, a modo de despedida, en una casa que sus suegros tenían en la playa.

Cuando concluyó su alegato, cogió el coche y regresó a Terrassa, donde pasó la noche con su mujer y esperó a la mañana del 24 de julio para matarla. No hubo nada improvisado en su decisión.

Otra de las líneas argumentales del acusado para incluir un atenuante fue la colaboración con la policía, por el hecho de haberse entregado voluntariamente. El juez también ha rechazado este punto, recordando que Manel no ayudó a la investigación, dado que le fue requerido el PIN del teléfono para comprobar los mensajes, pero él se negó a aportarlo.

En la sentencia también constan escabrosos detalles sobre el crimen, que no reproduciremos por innecesarios y por expresa petición de la abogada de la asesinada, que enfatizó que “Eva tenía dos hijos que son menores de edad y que ahora pueden acceder a esta información, sin que tengan necesidad de conocer ciertos detalles prescindibles”. No obstante, en el relato del apuñalamiento se aprecian detalles que ponen de manifiesto la crueldad que empleó Manel para acabar con su mujer.

Tras la vista, Manel volvió a ingresar en prisión, donde cumplirá los 24 años de cárcel a los que ha sido condenado. Del mismo modo, le ha sido impuesta una orden de alejamiento de sus hijos, que son los herederos del patrimonio familiar. Manel, no obstante, no ha puesto sus bienes a disposición de ellos ni de ningún otro de sus familiares, tal y como puntualiza la sentencia.

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