Día de la mujer y la niña en la ciencia

Las científicas rompen el silencio: "Mi carrera no avanza a la misma velocidad que la de los hombres"

  • Una docena de científicas, investigadoras y doctoras explican sus casos de machismo en el sector y hablan de los momentos en los que se han sentido discriminadas

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Valentina Raffio

Tras un espejismo de aparente imparcialidad, el mundo científico también esconde espacios plagados de actitudes misóginasmicromachismostechos de cristal situaciones de acoso. "Cobro menos que el resto de mis compañeros, aún teniendo más formación y responsabilidades que ellos", comenta una científica. "Mi carrera científica no ha avanzado a la misma velocidad que la de mis colegas varones", añade otra. "Un jefe de laboratorio me humilló por defender mis ideales feministas, tuve que abandonar el centro y por culpa de esto mi línea de investigación estuvo parada durante años", denuncia una investigadora.

Una docena de científicas, investigadoras y doctoras acceden a explicar su caso en EL PERIÓDICO, diario perteneciente al mismo grupo editorial que este medio. Con una condición. Todas piden que su historia se explique desde el anonimato. "No quiero cargar con fama de conflictiva", argumenta una. "Estas situaciones son algo que pasa en todos lados, pero si explico mi caso con nombres y apellidos me temo que caerán más represalias ante mí que ante la persona que me denigró", añade otra. En plena era del #Metoo, eso sí, las científicas coinciden en la importancia de visibilizar las discriminaciones estructurales que afectan el trabajo de estas profesionales y que, a largo plazo, pueden suponer un obstáculo para su carrera.

"Si pasa un día, te mosqueas. Pero si pasa durante años, es probable que acabe afectando a tu carrera y a tu salud mental", comenta una profesional

Bajo el lema "En ciencia también pasa", y en ocasión del Día internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, el Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals (CREAF) ha lanzado una majestuosa campaña para dar visibilidad a las situaciones que reflejan las desigualdades de género en ciencia. La iniciativa, ilustrada por el viñetista Javier Royo, recoge "experiencias reales" narradas en primera persona por casi cincuenta investigadoras del centro.­ Todas estas historias, lejos de ser una anomalía o un caso puntual, se reproducen una y otra vez en todas instituciones y esferas del mundo científico, tal y como corroboran las decenas de casos recogidos por este diario.

De los "pequeños desprecios" a los "obstáculos estructurales"

No siempre hay grandes situaciones de violencia. En muchos casos, explican las profesionales, la discriminación empieza con algo más "sutil". Como un comentario. Una broma. Una pregunta inoportuna. "Muchas veces es algo sutil. Como cuando tienes una idea, la comentas en una reunión y nadie te hace caso, pero luego la comenta un investigador varón y parece que es perfecta", explica una científica. "Estos pequeños desprecios y humillaciones te bajan la autoestima y hacen que pienses que nunca estás en el lugar correcto", añade. "Si pasa un día, te mosqueas. Pero si pasa durante años, es probable que acabe afectando a tu carrera y a tu salud mental", comenta la investigadora.

Según señalan varias profesionales interpeladas sobre esta cuestión, el problema no es un comentario puntual, sino la suma de todos ellos. Y las consecuencias que conlleva este tipo de actitudes en el mundo científico. "El mismo machismo que hace que un día te insulten, al día siguiente te niega una oportunidad laboral", comenta una académica. "Cuando me quedé embarazada me excluyeron de un proyecto. Y cuando volví de mi baja maternal sentí que o recuperaba el tiempo perdido o jamás podría progresar en mi carrera", comenta otra. "Cuando eres madre dejan de considerarte para ciertos puestos de responsabilidad, pero con los padres no ocurre lo mismo", añade una investigadora.

Entre la docena de testimonios recogidos por este diario, las científicas describen todo tipo de situaciones de discriminación. Desde comentarios insultantes hasta casos de brecha salarial, pérdida de oportunidades laborales y discriminación en el lugar de trabajo. Pero, más allá de la presión externa, las profesionales también señalan el peso de cargar con el síndrome del impostor: "Me tengo que esforzar el triple para sentir que mi trabajo vale, sino me siento una impostora", según señala una académica. "Las científicas seguimos luchando contra un laberinto de cristal del que es imposible escapar", resume, contundente, otra de las científicas. 

"Lo peor de todo es que todavía hay mucha gente que no se da cuenta de estas discriminaciones", reflexiona una académica. "Tenemos tan asumidas algunas de las actitudes machistas que muchas veces somos incapaces de verlas", añade otra. 

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