TRABAJO Y CUIDADOS

Teletrabajo en pandemia: el riesgo de devolver a las mujeres al hogar

  • El teletrabajo puede tener consecuencias negativas para las mujeres.

  • Los sindicatos insisten en que el trabajo a distancia no es un método de conciliación: no se puede teletrabajar y conciliar a la vez.

  • "Esta pandemia se ha costeado con los sueldos y la salud mental de las mujeres", denuncia el Club de Malas Madres.

Teletrabajo en pandemia: el riesgo de devolver a las mujeres al hogar
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Cuidado con el teletrabajo. La pandemia ha fomentado el trabajo a distancia, una herramienta que ha permitido salvaguardar la salud de los ciudadanos, pero que ha obligado a muchas mujeres a tener que hacer malabares para sacar adelante sus responsabilidades profesionales al mismo tiempo que atendían cuidados familiares y tareas domésticas.

El coste mental de semejante carga ya aflora y las voces expertas llaman a reconducir la situación para evitar que el teletrabajo sea una medida feminizada que ponga sobre los hombros de las mujeres, una vez más, las tareas de cuidados, penalice su carrera profesional y las aparte de la colectividad laboral.

"Tenemos que tener mucho cuidado con el trabajo a distancia, no vayamos a devolver a las mujeres a sus casas a cuidar de sus hijos mientras hacen malabarismos para realizar sus tareas laborales", alerta la secretaria confederal de Mujeres, Igualdad y Condiciones de Trabajo de CCOO, Carolina Vidal.

Según datos de este sindicato, en el año 2020 el teletrabajo se situó en el 17 % y en el 2021 en el 10 % y en ambos casos el porcentaje de mujeres que trabajaron a distancia fue superior al de los hombres: un 53 %, cuando ellas son un porcentaje menor de la población asalariada. Las edades mayoritarias, entre los 30 y los 50 años, "momentos de ejercer los cuidados sobre los hijos y sobre los dependientes".

El trabajo, asociado a la flexibilidad, puede ser una buena medida "siempre y cuando sea voluntaria, reversible y permita la autogestión del tiempo para las personas que trabajan, incluido el derecho de desconexión", defiende la profesora de Economía Aplicada de la UNED Cristina Castellanos.

Una trampa

Ahora bien, el problema viene cuando se convierte en una medida feminizada que se usa para la conciliación, de manera que tiene consecuencias económicas para las mujeres y se usa de manera distinta por los hombres.

"El teletrabajo puede penalizar a las mujeres. (...) Una parte del teletrabajo lleva a jornadas muy largas en el sentido de que llevo a los niños al colegio, luego los recojo, se trabaja en muchos trozos a lo largo de todo el día de forma que la jornada laboral acaba siendo mucho más larga, ocupa todo el día y no hay momento de desconexión", sostiene la profesora universitaria.

"Se ha visto en los confinamientos que durante el teletrabajo las mujeres se ocupan más de las tareas de cuidados y de las tareas domésticas que los hombres y eso se vuelve una trampa", añade Castellanos.

Desde UGT, su vicesecretaria general, Cristina Antoñanzas, destaca que "es un error considerar que teletrabajar es una herramienta para conciliar": "Teletrabajo es trabajo en tu casa o fuera de tu centro de trabajo. (...) Durante el confinamiento se demostró que es inviable trabajar y cuidar a tus hijos: o trabajas o los cuidas. Muchas mujeres y hombres que tuvieron que teletrabajar con los niños en casa te dicen que es imposible".

"No es un método de conciliación, pero por desgracia se ha utilizado como tal (...) Cuando se trabaja, se trabaja; conciliar no es hacer malabares para sacar adelante las dos cosas, porque eso no es posible", coincide Vidal (CCOO). "Teníamos mucho miedo de que el trabajo a distancia trajera más problemas a las mujeres porque si no lo trabajamos con perspectiva de género puede ser muy negativo", relata.

Además del riesgo de acentuar aún más el desigual reparto de tareas entre hombres y mujeres, el trabajo a distancia puede apartarlas de la representación colectiva, social e incluso sindical. Este extremo es especialmente peligroso para las mujeres víctimas de la violencia de género, para quienes trabajar en casa las expone aún más al maltrato.

"Nosotros siempre hemos destacado la importancia de alternar la presencialidad y el trabajo a distancia, no sólo por los ascensos o el presencialismo, sino porque es importante el contacto con los compañeros, el arraigo y el desarrollo de proyectos", apunta Antoñanzas.

Vidal deja claro que el trabajo a distancia no es negativo, supone otra fórmula de organización que, si es voluntaria y se pacta con la empresa, es un "logro": "Lo que es negativo es que esa organización se utilice para hacer varias cosas a la vez".

Esta sindicalista hace hincapié en la necesidad de fomentar la corresponsabilidad y de poner en marcha una política de cuidados desde lo público, de forma que se deje de cargar a las mujeres. "Las mujeres hemos dicho basta. Ya está bien de que los cuidados recaigan sobre nuestros hombros y se mantengan sobre nuestra salud mental y de que la vida de las mujeres hayan sostenido la pandemia", asevera la sindicalista, que alerta del aumento del uso de psicofármacos y de los accidentes in itinere de las mujeres.

La única opción para muchas familias

También muestra su preocupación por la salud mental de las mujeres en la pandemia la fundadora del Club de Malas Madres, Laura Baena.

"Esta pandemia se ha costeado con los sueldos y la salud mental de las mujeres", critica, pues en España no ha habido permisos remunerados para cuidar de los hijos enfermos por covid o en cuarentena y una gran cantidad de mujeres ha tenido que renunciar a parte de su sueldo o al 100 % del mismo para cuidarlos. Considera "increíble e injusto" que no haya bajas remuneradas para estos casos.

"Nos tienen completamente olvidadas a las familias y que nadie se ocupa. No te imaginas las situaciones que conocemos a diario", narra. Por ejemplo, la de una madre que tiene que hacerse cargo de varios hijos y su pareja contagiados mientras trabaja, o la de familias monomarentales en las que las mujeres no tienen siquiera la opción de teletrabajar y tienen que dejar solos a sus hijos porque no pueden prescindir de su sueldo. Antoñanzas, desde UGT, recuerda que el 90 % de las personas que se quedaron a cuidar a niños o familiares en la pandemia fueron mujeres, lo que conlleva paralizar su actividad profesional.

Baena reconoce que el teletrabajo no es la panacea, y menos en un país que aún está muy lejos de la corresponsabilidad, pero si se ofrece con flexibilidad y se evita la invisibilidad del talento femenino con fórmulas mixtas de presencialidad puede resultar útil.

Para muchas familias, la única opción cuando no pueden renunciar a sus ingresos para cuidar. "En la actual situación de crisis, sí que ayudaría, pese al caos que supone. Por desgracia no estamos en el momento de valorar hasta qué punto es positivo el teletrabajo cuando resulta la única opción para que muchas familias no pierdan su trabajo y cuiden a sus hijos".

"Muchas voces decían que algo positivo que había tenido la pandemia es que ha puesto de manifiesto que la conciliación no existe, tampoco existía antes pero las instituciones y las administraciones públicas no querían darse cuenta. Parecía una oportunidad para poner los cuidados en el centro y a que todos tengamos el derecho a ser cuidados, más en una pandemia, pero no interesa, no se pone el presupuesto suficiente", lamenta Baena.

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