GALICIA

El dolor de una niña autista ante el vacío de sus compañeros de clase: "¿Por qué nadie me habla?"

La familia de una estudiante diagnosticada con TEA denuncia el trato que recibe a diario por sus compañeros en un instituto de Pontevedra

Un grupo de estudiantes camina por la calle

Un grupo de estudiantes camina por la calle

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Lois Docampo

“Cuando mi hija me pregunta por qué nadie le contesta, le digo que ella no es el problema, que ser diferente no es un problema, que todo sería muy monótono si todos fuésemos iguales”. Son las palabras de una madre al intentar explicar a su hija el trato que recibe cada día por parte de sus compañeros. Con 13 años, la joven estudia en un instituto del municipio pontevedrés de A Estrada, en donde lucha por integrarse lo mejor posible en cada jornada, aunque sin éxito.

Diagnosticada con Trastorno de Espectro del Autismo (TEA), a la estudiante le cuesta mucho interactuar con los compañeros y es incapaz de entender numerosas pautas sociales que se marcan hoy en día pero eso no la hace peor persona ni carente de sentimientos. Esa es la idea que su ya desesperada madre trata de transmitirnos a la hora de explicar su situación.

"En ningún momento se está buscando amistad, mi hija no busca amigos. La amistad es diferente, es una relación personal, dentro y fuera del centro educativo"

“En ningún momento se está buscando amistad, mi hija no busca amigos. La amistad es diferente, es una relación personal, dentro y fuera del centro educativo. De lo que habría que hablar es de compañerismo. El compañerismo ha de estar presente desde el primer momento. Una persona, al igual que un adolescente, un niño, puede gustar más o menos, pero jamás debemos olvidar lo que es la empatía. El cómo se puede sentir una determinada persona ante nuestros actos. Debo decir, que no es la primera vez que mi hija se siente excluida, y segura estoy de que no será la última”, explican desde la familia de la joven, quienes han decidido dar un paso al frente y exponer su caso después de los últimos sucesos vividos por la joven.

“Mi hijo pequeño ha sido diagnosticado de covid a raíz de un test de antígenos y guardó cuarentena oportuna durante siete días. Mi hija, a pesar de ser negativa, por ética social y compañerismo, también ha permanecido en casa”. A partir de ahí, el centro le brindó su apoyo.

“Parte del profesorado le propuso pedir los apuntes a sus compañeros. Esta tarea se ha convertido en una completa odisea. En conversaciones mantenidas con el alumnado de la clase de mi hija, la tutora les propuso incorporarla en un grupo de Whatsapp de la clase. En cuanto ella fue miembro de este grupo, agradeció amablemente, y bajo mi supervisión, la incorporación, y solicitó de forma educada si alguno de sus compañeros podía pasarle los apuntes de una determinada asignatura. 24 horas después, ninguno de sus compañeros ha contactado con ella de modo alguno. En el grupo se hizo un incómodo silencio”.

"Parte del profesorado le propuso pedir los apuntes a sus compañeros. Esta tarea se ha convertido en una completa odisea"

Este es solo un episodio más de todo lo vivido por esta joven estudiante en su paso por el centro escolar estradense. El curso pasado no terminó bien para ella, por lo que los profesores decidieron cambiarla de clase este año pero de nuevo se volvió a topar con problemas. “Es muy callada y siempre está sola. No busca compañía y eso la convierte en una niña solitaria. El problema es que no hay nadie que le tienda una mano. Sin embargo, tiene una amiga fuera de clase con la que se lleva muy bien. Solo necesita confianza”.

Su aislamiento ha terminado por convertir a la joven en “la rarita” de la clase, sumando malos gestos por parte de sus compañeros. Así, en una ocasión la excluyeron del regalo que todos compraron para la profesora a pesar de ofrecerse y la mandaron salir del aula cuando se lo fueron a dar.

“Ella se hace muchas preguntas. No entiende por qué le hacen eso. Está yendo al psicólogo y lo pasa mal”, explica la madre. “La vida acelerada a la que estamos sometidos, hace que cada uno mire para sí mismo, sin preocuparse de lo que tiene a su lado. Y esto, se contagia a nuestros hijos. Somos seres faltos de empatía y aquellos que por un motivo u otro no se rigen por las normas y actitudes sociales establecidas, son bichos raros, a los que nadie tiende un mano”.

“¿Qué pasaría si te sucediese a ti?” Es la pregunta que la familia de la joven estradense plantea. En la respuesta se encuentra escondida la empatía que su hija necesita para ser feliz.

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