DERECHOS DE LOS ANIMALES

El caso pionero de 'Panda', el primer perro con custodia compartida donde se primó el bienestar del animal

  • En octubre 2021, un juez decretó la custodia compartida de Panda y declaró a ambas partes "corresponsables" y "co-cuidadores" del perro, en vez de copropietarias

  • Dicha sentencia se adelantó a la reforma del Código Civil de enero de 2022, que recoge la obligación de considerar el bienestar de los animales en los procesos de familia

  • Desde entonces, se han multiplicado los procedimientos de custodia compartida, aunque aún queda por avanzar en el reconocimiento de los derechos de los animales

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La nueva Ley de Bienestar Animal, pendiente de salir adelante en el Congreso, busca ampliar la protección de los animales para lograr el objetivo del "abandono, el maltrato y el sacrificio cero". Su aprobación supondrá un paso más en el camino de reconocimiento de los animales como seres sintientes merecedores de derecho. Un camino largo, con una meta aún lejana, pero trufado de pequeños grandes avances, como el de 'Panda', el primer caso de custodia compartida de un perro en el que un juez reconoció la "corresponsabilidad" de los dueños y la importancia del "vínculo afectivo" con la mascota.

El de 'Panda' es un caso especial. La sentencia del juicio por su custodia se dictó en octubre de 2021, unos meses antes de que entrase en vigor la reforma del Código Civil del 5 de enero de 2022 que obliga a estipular la custodia compartida de las mascotas en caso de divorcio o separación. El juez encargado del caso se adelantó al cambio que estaba por venir y fue pionero en tener en cuenta el bienestar del animal como criterio para decidir, declarando a ambas partes como "corresponsables" y "co-cuidadores" del perro, en vez de copropietarios.

Previamente, en 2019, un juez de Valladolid había sido el primero en determinar la custodia compartida de un animal. El Juzgado de Primera Instancia número 9 de la capital vallisoletana dictaminó por aquel entonces que 'Cachas', el perro de una pareja separada, debía pasar 6 meses al año con cada uno de ellos. En este caso, el magistrado se atuvo a la legislación vigente para declarar a ambos miembros de la pareja como "copropietarios" del animal.

La peculiaridad en el procedimiento de Panda, tal y como explica Lola García, la abogada especializada en derecho animal que llevó el caso, es que "no atendimos al Código Civil español, sino que acudimos al Convenio Europeo para la Protección de Animales de Compañía de 1987, que se refiere a los animales como 'seres sintientes' y que España ratificó en 2017". El objetivo, cuenta la abogada, era "eludir el tema de la propiedad" y utilizar "un lenguaje que descosifique a los animales".

María Fernanda y Panda en su nuevo hogar.

/ ALBA VIGARAY

Los animales también echan de menos

La estrategia resultó ser un éxito. El juez impuso la tenencia compartida de Panda para cada uno de los cuidadores y responsables, con periodos alternos de un mes para cada uno. Pero el camino hasta llegar a ese punto no fue tan sencillo. Tal y como cuenta María Fernanda, la actual cuidadora de Panda, todo el proceso estuvo plagado de vaivenes emocionales desde el principio.

Su expareja y ella decidieron adoptar un "perrete" en 2019, mientras aún estaban juntos. El perro, al que bautizaron como Panda, procedía de una protectora de Yerena (Badajoz) con la que María Fernando se puso en contacto y gestionó los trámites. El animal fue inscrito en el registro a nombre de su expareja, ya que la legislación solo permite un propietario, pero ella insistió en figurar también en el contrato de adopción (una decisión que, más tarde, le serviría para probar su implicación).

Ambos convivieron durante casi 12 meses con Panda, hasta que llegó la pandemia de coronavirus, ella regresó a su país una temporada y, finalmente, decidieron separarse. Aquí comenzaron los problemas. Desde el principio, expone la afectada, su expareja dejó claro que el perro "era suyo y de que yo no tenía ya nada que ver con él desde que saliese de su casa". Rápidamente, un conocido del parque donde solía sacar a pasear a Panda le puso en contacto con Lola García, abogada de Derecho&Animales, para que le ayudase a recuperar el contacto con el perro.

Foto de recuerdo de un viaje con Panda.

/ ALBA VIGARAY

Fracasado el intento inicial de mediación, ambas partes recurrieron a un juicio que tardó un año y medio en celebrarse. Un tiempo durante el cual "decidí no mantener ningún contacto con la otra parte ni con Panda para evitar interferir y provocarle malestar al animal", explica María Fernanda. Todo el proceso resultó "bastante largo y costoso, tanto emocional como económicamente"; pero, finalmente, consiguieron que el juez fallase a su favor.

"No teníamos nada claro que fuese a ser así, porque la otra parte defendió muchísimo la cuestión de la propiedad", asegura. Sin embargo, la estrategia seguida por Lola y la sensibilidad del juez se alinearon en una sentencia favorable a su causa. "Nosotros demostramos el vínculo que había entre Panda y yo, con fotos, con vídeos, con testigos...", relata María Fernanda, y el juez entendió que este vínculo afectivo y el bienestar del animal estaban por encima de la titularidad.

Poco más de un año después de la sentencia, Panda vive con María Fernanda, quien asegura que es su familia: "No lo considero una propiedad, sino que es parte de mí y de esta casa". Tras apenas dos intercambios, la otra parte decidió renunciar a la custodia compartida y le cedió la titularidad del animal. A día de hoy, Panda es "el dueño de la casa". No obstante, echando la vista atrás, María está convencida de que el proceso tampoco fue fácil para él, porque "los animales también sienten y sufren la separación".

El vínculo entre María Fernanda y Panda.

/ ALBA VIGARAY

El primer peldaño de la escalera

Lola García, activista y abogada por los derechos de los animales, fue la mano detrás de este caso pionero. Desde entonces, con la reforma del Código Civil de por medio, los procedimientos de custodia compartida de animales de compañía se han multiplicado: "La gente ha despertado y se ha dado cuenta de que tiene derecho a exigir el 50% del tiempo, con independencia de la titularidad".

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Sin embargo, para ella esta reforma está muy bien como "el primer peldaño de una escalera". Se trata de un avance en la consideración por el bienestar de los animales, que "por fin dejan de ser cosas, para pasar a ser considerados seres sensibles o dotados de sensibilidad". El problema es que este cambio solo se aplica a los animales de compañía, expone, y deberíamos "tender a que se amplíen estos derechos y se hable directamente de derechos e intereses de los animales, que no tienen por qué coincidir con los nuestros. Todavía queda un largo recorrido".

Los siguientes pasos en el camino deberían ser el "reconocimiento de las familias multiespecie", en las que los animales representan un miembro más de la familia; y dejar a un lado la visión antropocéntrica y "pensar más en los intereses de los animales, que son distintos de los nuestros", defiende Lola García. Resulta imprescindible atender a cómo es cada animal, a qué necesidades tiene y dónde va a estar mejor. Resulta fundamental "hacer un ejercicio de responsabilidad y honestidad", y anteponer el bienestar de los animales a nuestros propios derechos.