MENORES E INTERNET

Ojo con las redes sociales: estas son las claves para mantener a salvo la privacidad de tus hijos en verano

Una madre mira el móvil mientras los niños juegan.

Una madre mira el móvil mientras los niños juegan. / Ferran Nadeu | EPC

  • Una plataforma se alía con la Asociación Española de Protección de Datos para evitar la exposición de los menores en internet

  • A partir de los 8 años se recomienda pedir permiso a los niños antes de publicar sus fotografías en las redes sociales

  • Los adolescentes de 14 años pueden decidir qué contenido se sube a la red

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Las vacaciones de verano permiten pasar mucho más tiempo con los pequeños de la casa. Por eso es habitual que a los familiares, amigos y cuidadores varios les apetezca inmortalizar esos momentos en los que los niños disfrutan, sea entre chapuzones, de visitas turísticas o jugando con los primos.

Hasta aquí todo bien. El problema puede venir en el momento en que esas imágenes se cuelgan en las redes sociales. En estos casos, los expertos señalan que debe primar el sentido común. Publicar fotos de los niños crea una 'huella digital' que los pequeños no han elegido. Además, una vez que la imagen está colgada, es muy difícil mantener el control sobre ella.

El primer consejo que da Jorge Flores, fundador y presidente de la plataforma PantallasAmigas, una organización que fomenta un uso "seguro y saludable de la red", es que antes de colgar nada hay que hacerse la siguiente pregunta: “¿Para qué?”. “Debemos cuestionarnos si de esa acción se puede dar una consecuencia negativa o positiva para nuestros hijos. Su interés superior es lo que nos debe guiar”, afirma.

PantallasAmigas, junto con la Asociación Española de Protección de Datos (AEPD), sacaron a la luz hace dos años la campaña ‘Diez razones para el sharenting responsable’. Su objetivo era concienciar sobre el uso de imágenes de los menores de edad en internet. Ahora, con la temporada estival, vuelven a pedir que se tenga en cuenta.  

Entre las claves para proteger a los menores, Flores señala que hay que evitar subir imágenes que puedan tener una interpretación diferente fuera de su entorno. A un progenitor le puede parecer tierna una fotografía de su pequeño en la bañera, pero "en una red de pedófilos es otra cosa", añaden en Odériz Echevarría Abogados.

Cuidado con dar pistas de la localización

Tampoco hay que subir aquellas en las que se identifique la localización del menor o se dejen ver detalles de sus rutinas. Este verano (y prácticamente todo el año) es habitual ver a influencers en Instagram haciendo publicidad de restaurantes o posando en playas y chiringuitos con sus retoños. Sitios que son fácilmente localizables, sobre todo porque muchas veces lo indican ellos mismos.

El consejo que dan desde la plataforma es que no se haga eso. Además, añaden que "habitualmente se comparte más información que la que se aprecia a simple vista. Una imagen inocente puede contener detalles de contexto importantes e incluso geolocalización".

Otra recomendación que el fundador de PantallasAmigas da es que se escojan medios seguros para compartir esas fotos. Asegura que es mucho mejor enviar las imágenes por aplicaciones de mensajería, como Whatsapp, a hacerlo en redes sociales, como Instagram o Facebook. En estos últimos casos, lo ideal es que se configure la privacidad del perfil.

Con todo, en la campaña recuerdan que "al compartir las imágenes con otras personas, estas pueden asumir que eso significa que las pueden publicar y que las imágenes no son tan privadas. Sin mala intención, de forma directa o indirecta, pueden expandir el alcance e incluso hacerlas públicas".

Mejor pedir permiso que perdón

Una vez que los niños ya tienen unos 8 años, Flores considera que "la cuestión del ejemplo" es crucial. "Si vamos a publicar algo y lo hacemos sin filtrar, ¿qué ejemplo estamos dando? Lo mejor es que les pidamos permiso. Al ser consensuado, le estamos dando importancia", explica.

Además, así "se transmite el mensaje de que cada persona tiene derecho a gestionar sus propios datos personales, entre ellos la propia imagen". "Los padres y tutores legales tenemos el deber de gestionar ese derecho de los menores, pero no a usarlo arbitrariamente", asegura.

A partir de los 14 años, el menor tiene potestad para gestionar su privacidad en internet y, por tanto, su respuesta cuenta. En el 2018, el Tribunal de Roma condenó a una madre a eliminar fotografías y comentarios sobre su hijo menor de edad en internet. De no hacerlo, tenía que pagar una multa de 10.000 euros. La había denunciado su propio hijo, de 16 años.

Problema entre parejas divorciadas

En caso de parejas separadas o divorciadas, también deben pedirse permiso entre ellas antes de colgar nada de los menores. "Cuando los progenitores no forman pareja, el sharenting (la publicación de vídeos y fotos de niños por parte de sus padres en internet) puede ser motivo de conflicto", afirman.

Una sentencia del Tribunal Supremo declaró en 2015 ilegal subir a la red la fotografía de un menor si no había consentimiento por parte de ambos progenitores. Ante la falta de acuerdo, siempre se puede pedir al juez que otorgue o deniegue esta posibilidad. Claro que, antes de llegar a eso, lo mejor es llegar a un pacto y plasmarlo en el convenio regulador.

Más de mil fotos colgadas antes de la adolescencia

El llamado sharenting es una práctica cada vez más extendida. Según una encuesta de la Universidad de Michigan, tres cuartas partes de los padres dijeron conocer a otro adulto que compartió demasiada información sobre un niño en las redes sociales.

Hasta un 56% había publicado información vergonzosa sobre un niño, y más de la mitad había ofrecido información personal que podía ayudar a identificar la ubicación del menor. Además, una cuarta parte había divulgado fotografías inapropiadas.

Otro informe, esta vez de la Oficina del Comisionado de la Infancia de Inglaterra, reveló que, de media, los padres publican 1.300 fotografías y vídeos de sus hijos antes de que lleguen a la adolescencia. Hacerlo con sentido común, señalan los expertos, es crucial para salvaguardar los derechos de unos niños demasiado pequeños como para poder elegir por sí mismos.

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