INCENDIO EN ZAMORA

"Esto no es un incendio de sexta generación, es una negligencia"

Críticas unánimes en la Sierra de la Culebra contra la gestión del incendio, la falta de medios, la focalización en el latifundio del Casal y el abandono de los pueblos a su suerte: “Los maderistas ya se están frotando las manos, pero de aquí no sale ni un pino”

Los vecinos de La Carballeda, como Codesal, Villanueva de Valrojo o Ferreras, comprueban con espanto los efectos del incendio en sus montes.

Los vecinos de La Carballeda, como Codesal, Villanueva de Valrojo o Ferreras, comprueban con espanto los efectos del incendio en sus montes. / ARACELI SAAVEDRA

8
Se lee en minutos
Araceli Saavedra

“No les vamos a dejar sacar ni un pino de aquí. Nos encadenamos a ellos, si es preciso. El dinero de los pinos para nosotros, para el pueblo. Los maderistas ya se están frotando las manos. No se van a llevar la madera a un precio de mierda” así se expresaban los vecinos de Villanueva de Valrojo tras sufrir y vivir tres días en primera línea de extinción el incendio de la Sierra de la Culebra, en Zamora.

Los casi 40 vecinos que se negaron a abandonar el pueblo, pese a la orden de desalojo y a veces con comentarios hostiles de “déjalos a ver si arden todos”, no han dejado en estos tres últimos días de acudir con escoba, palas y algún batefuego en mano al más mínimo hilo de humo. El pueblo se ha salvado, gracias a los vecinos, pero prácticamente todo el entorno se ha arruinado. La única mancha de pino que se salvaba, en Guardalabá, humeaba a primera hora.

El propósito de los vecinos de impedir que el fuego fuera a más y que se trasladaron hasta allí cogiendo ramas de castaño y de escobas, se hacía infructuoso porque ningún medio, ni terrestre ni aéreo, hacía una pasada de agua que cortara el tiro de las llamas. “Hemos apagado 300 metros con ramas pero si no viene agua no hacemos nada. Eso a las 10 de la mañana. El agua llegó por la tarde vía aérea y cuando el humo cubría todo el vuelo del arbolado".

“Esto no es un incendio de sexta generación, es una negligencia” resumía una vecina que además denunciaba la falta de inversión de fondos para preservar y mantener limpios los pinares. Un palmo de ramas, acículas y pinos no dejaban mucha opción ante un incendio que se encaramaba por la corteza de los pinos. “Si no hay agua no hacemos nada”.

A las 11:24 de la mañana era llamativa la imagen de la base de Villardeciervos con 8 helicópteros “aparcados” procedentes de Zamora, Salamanca, Madrid, Palencia, Valladolid, Extremadura, Galicia, Asturias, además de los aparatos de la propia base “en parada técnica hasta esperar órdenes para la nueva estrategia de actuación”. Los pilotos y el personal técnico le han dado cera a las horas de vuelo. Todas las que podían. En estas labores han participado un Súper Puma y un Kamof con una cesta que “parece” pequeña desde el aire pero que carga 5.000 litros.

En el pueblo de Codesal también se desobedecía la orden pero por el llamamiento del alcalde para que acudiera gente a sofocar el fuego a las puertas del pueblo ante la ineficacia para mover suficientes medios de extinción. Y lo pararon conjuntamente de Codesal, Villardeciervos, Sagallos, Manzanal y hasta de Asturianos.

“Los maderistas ya se están frotando las manos, pero de aquí no sale ni un pino”.

/

Las críticas son unánimes contra la gestión del incendio, la falta de medios, la focalización en el latifundio del Casal y el abandono de los pueblos a su suerte. “Nos acostábamos pensando que lo habíamos dejado todo apagado y a la mañana siguiente volvían a aparecer el humo” y otra vez a armar el retén vecinal. “Ni un retén de la Junta, ni una carroceta, gracias que nos dejaron una máquina” con la que fueron trazando cortafuegos, incluso a lo largo de este domingo.

El palo para la economía modesta de los pueblos es brutal. No ha sido solo un incendio “es toda nuestra vida ¿Ahora de qué vivimos? ¡Quién va a venir!” denuncian muy alterados en la zona. No deja ningún sector indemne: impacto en el turismo, la ganadería, la extracción de pinos, la apicultura, la recolección de setas y castañas, la corta de leña y la salud “la gente mayor no se recupera de esto y nosotros esto no lo veremos como antes hasta dentro de 40 años”.

“Somos la primera línea de la pena, porque somos una pareja joven que se vino a vivir al pueblo, pero estamos jodidos todos”

La frase es de David Enjuto Enjuto que adquirió hace un año y un mes, junto con su pareja Ruth Lucio Fernández, una empresa de turismo de naturaleza. Ante la gravedad del incendio tuvieron que anular todas las reservas de este fin de semana y tendrán que anular las del martes “o a ver que hacemos” y no saben cuál será su futuro. Venían habitualmente de Madrid a la Sierra de la Culebra “porque nos gustaba mucho. Al principio dormíamos en la furgoneta y luego nos animaron a comprar algo. Compramos un pajar y lo arreglamos, un techo para el invierno y una casa para el verano”. Sin posibilidad de mantener las reservas, tendrán que seguir pagando los gastos fijos de autónomos, página web, seguros, más todo el desembolso de material como telescopios y un vehículo para llevar a los grupos. El impacto golpea todo el turismo rural, desde Codesal hasta Otero de Bodas, de norte a sur y de este a oeste.

De las 35 colmenas que Pedro Fernández y Débora Martínez tenían en El Valle no se ha salvado prácticamente ni una. Era el primer enclave de colmenas que revisaban con pena, este apicultor, uno de los dos que hay en Villardeciervos y que vivían de esta explotación familiar. Pedro calculaba que ha perdido todo, unas 400 colmenas, si todos los asentamientos -14 por Villardeciervos- han corrido la misma suerte. Estimar el palo económico es difícil pero entre 70.000 y 100.000 euros de inversión y un sector que “cada vez está más difícil con el clima cambiante, con primaveras que ya no son primaveras”. A ello hay que sumar la pérdida de la campaña de este año y que en cuatro años no habrá floración ni en urces ni en robles. Desde el coche atienden una llamada “no vengáis, que no podéis ver esto”, tal vez para evitar un mal trago.

El turismo que iba en auge sufre el descalabra para empresas y turistas. José Manuel Gallego y Marta Alonso son dos turistas de Valladolid, amantes y visitantes asiduos “de esta zona que nos gusta mucho y que venimos con frecuencia”. Para las personas que “solían venir a ver el lobo y la berrea, va a ser difícil que vuelvan. Procuraremos seguir viniendo” aunque serán una de las excepciones.

Entre Cional y Codesal por la parte baja de la confluencia de los términos se han salvado los colmenares de uno de los asociados de Apis Durii. Francisco Alonso realizaba una primera valoración tanto del estado de las colmenas como de que el entorno de los asentamientos estuviera limpio. Su recorrido le lleva por varias zonas abrasadas, entre ellas el valle de Boya y Villardeciervos, punto vital en la observación del lobo, y literalmente abrasado.

En el itinerario un amplio dispositivo de cuadrillas gallegas –Ferrol, Malpica, Ordesa, etc.- se preparan para integrase al mando de un agente medioambiental y una cuadrilla local para intervenir en el remate de los últimos focos. Dado que los efectivos humanos se han desplazado desde otras comunidades y no conocen la accidentalidad de la geografía se tienen que integrar con una brigada de la zona. Otro problema, la frecuencia de banda en las que trasmiten los efectivos de Castilla y León que no son compatibles con las de otras comunidades más adelantadas. Tirar de móvil cuando se habían caído las coberturas, hasta la de la Guardia Civil, es inoperativo. Y ahí queda.

REGRESO A LOS PUEBLOS

Los ganaderos como Tomás Baladrón no tienen claro lo que va a pasar con los animales. Ha salvado a sus más de 100 reses pero “no sé dónde las voy a llevar ni que van a comer”. Los animales rumiaban en los contados espacios verdes que han quedado en todo el perímetro del cercado entre Villanueva y Ferreras. Achicharrado.

Los dramas humanos quedan patentes en la vivencia de una vecina de Villanueva que el sábado intentaba entrar a toda costa a su pueblo porque no podía atender a su madre con un 98% de discapacidad que necesitaba cuidados de aseo y curas diarias que en Camarzana no podía prestar. “No tengo ni pañales para cambiarla” espetaba con lágrimas y en evidente estado de nervios al Guardia Civil que impedía el paso por Codesal. El agente también lo pasó mal ante esa situación y cuando pedía a la mujer sacar el coche del camino. Al final, fiel a la desobediencia civil que ha practicado Villanueva, entraba el sábado por la noche toda la familia a la zona teóricamente desalojada.

“Nos han tratado bien en Camarzana pero lo estamos pasando mal, entre el estrés de evacuación pero el palo de ahora, volver y ver esto” afirmaba una vecina de Villardeciervos. A las seis y media de la tarde Francisco Arias, de 100 años, volvía a su casa desde Valladolid, con una sonrisa en el rostro y tras una evacuación que le llevó a Otero de Bodas donde ya hubo preavisos de desalojos, el viernes, y de donde fue trasladado por su familia a Camarzana y finalmente a Zamora y luego a Valladolid. Su vecina Rosario Ferreras Perla, corregir que tiene 84 y no 85 años, estaba más tranquila tras no salir del pueblo. Reconocía su tristeza por ver todo quemado, los castaños, los pinares las tierras y suerte que “se salvó la ermita del Cristo”. En Villanueva se bajaron 4 vecinos de los 55 viajeros que trasportaba el autobús que recorría todos los pueblos desalojados y que iban regresando a sus pueblos.

Noticias relacionadas