POLÍTICA SOCIAL

La 'revolución' para acabar con el sinhogarismo era darles una casa: "Ahorra gastos de atención médica y psiquiátrica"

Hace cuatro años, Jesús fue elegido por el programa Hábitat, impulsado por Hogar Sí y Provivienda. Consiguió dejar atrás una etapa de sinhogarismo de 8 años.

Hace cuatro años, Jesús fue elegido por el programa Hábitat, impulsado por Hogar Sí y Provivienda. Consiguió dejar atrás una etapa de sinhogarismo de 8 años. / ALBA VIGARAY

  • Los programas sociales basados en el mecanismo Housing First se enfocan en dar una casa a una persona sin hogar. Estudios nacionales e internacionales evidencian la eficacia de este sistema

  • Este tipo de estrategia "supone volver a construir las vidas de las personas que vivían en la calle e incluso sus redes familiares", indica Pepe Aniorte, concejal de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid

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Jesús comía porque dibujaba y dibujando se ganaba la vida en la calle. Lo que ganaba, también se iba en alcohol. Perdió la relación con sus dos hijos. Durmió durante ocho años sentado en una parada de autobús, la que encontrase en el centro de Madrid ese día. Nunca se acostó en cartones porque tenía "mucho respeto a que un día me quemasen".

Comenzó a vivir en la calle a principios de la década pasada por "circunstancias de la vida". "Se crea un problema, se va agravando y los problemas traen más problemas", reflexiona en una entrevista para EL PERIÓDICO DE ESPAÑA"Yo he pasado de tener bastante a no tener nada", dice. Su problema "siempre ha sido el alcohol". Le llevó a separarse de su exmujer, a perder su hogar e incluso a dejar los pinceles durante dos años.

Jesús vive ahora en un pequeño estudio en un barrio residencial de Madrid. Ha dejado el alcohol y su único "vicio" en este momento es el tabaco. Ha vuelto a pintar y varias galerías han contactado con él para interesarse por sus obras y por su historia. Él empezó hace cuatro años una nueva vida y despertó de ese "sueño", como él se refiere a su etapa en la calle, que se alargó durante ocho duros años.

Jesús dejó el alcohol y volvió a pintar en la casa que le proporcionó Hogar Sí hace cuatro años.

/ ALBA VIGARAY

A Jesús le rescató el Samur Social. Sus trabajadores dieron su nombre al Ayuntamiento de Madrid y a Hogar Sí, una ONG cuya propuesta de solución habitacional se centra en un mecanismo conocido como Housing First. Al castellano se traduce fácil: darle una casa a una persona sin hogar para que deje de vivir en la calle.

Este método surgió a principios de la década de 1990 gracias la organización Pathways to Housing y Hogar Sí lo importó a España en 2014, año en el que pusieron en marcha un proyecto de Housing First con sus primeras viviendas.

"Si a mí me dicen que tengo que ir a un albergue, yo tampoco querría"

Maribel Ramos Vergeles, subdirectora general de Hogar Sí

A partir de entonces, visitaron muchos despachos y, desde el boom del Housing First entre 2017 y 2019, cuando las instituciones comenzaron a valorar esta alternativa, Hogar sí y Provivienda trabajan mano a mano con organismos de media España.

Los ayuntamientos de Madrid, Parla, A Coruña, Avilés, Barcelona, Córdoba, Granada, Santa Cruz de Tenerife y Arona, la diputación de Vizcaya, el Consell de Mallorca, además de los gobiernos regionales de Madrid, Galicia, Asturias, Cataluña y Andalucía, son las instituciones públicas que colaboran con Hogar Sí y Provivienda actualmente para buscar una solución para las personas sin hogar diferente a la de albergues o centros de acogida. Otras autoridades territoriales también han establecido acuerdos con ONG diferentes.

Las estrategias tradicionales de gestión de la situación de sinhogarismo perpetúan la problemática y no revierten la vida en la calle a la que algunas personas llegan por una circunstancia sobrevenida.

Los programas basados en Housing First "se dirigen a aquellas personas que son desahuciadas por el resto del sistema", apunta Maribel Ramos Vergeles, subdirectora general de Hogar Sí. Son aquellos que llevan años en la calle y que además tienen alguna discapacidad, problemas de salud mental o adicciones activas, como le ocurría a Jesús con su alcoholismo.

Las personas sin hogar "siempre se han visto abocadas y no han tenido en su entorno ninguna otra alternativa que haya sido suficiente como para poder contener una coyuntura de deterioro y de exclusión", explica la subdirectora general de Hogar Sí.

"En la calle, la gente se va degradando y, cuando ya pierden la dignidad y pierden todo, hay mucha gente que termina como termina: pierden la cabeza". Primero, se pasan mucho tiempo sin hablar, porque nadie habla con las personas en situación de sinhogarismo, y llega un momento en el que "eres invisible". 

La alternativa habitacional que algunas instituciones ofrecen muchas veces no es aceptada por las personas sin hogar. "Si a mí me dicen que tengo que ir a un albergue, yo tampoco querría", añade.

Por el contrario, "cuando les das una oportunidad que no es irte a una habitación con 30 personas más, la gente dice que sí. Nadie elige vivir en la calle", afirma Ramos Vergeles.

Gestión eficiente de los recursos

ALBA VIGARAY

Proporcionar una casa durante un tiempo a alguien que ha acabado en la calle para que recupere su vida no es un acto de bonhomía, sino de buena gestión de los recursos.

Tanto en términos económicos como sociales, el mecanismo Housing First "es mucho más eficiente, sobre todo a medio y largo plazo", indica Pepe Aniorte, delegado del Área de Gobierno de Familias, Igualdad y Bienestar Social.

El informe de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) Soluciones al sinhogarismo: Evaluación de la metodología Housing First en España, elaborado junto a Hogar Sí y Provivienda y que analiza el caso de estudio del programa Hábitat, evidencia que si la alternativa Housing First "genera importantes ahorros en servicios y recursos externos como alimentación, aseo, higiene, servicios, tratamiento de adicciones, atención psiquiátrica y sanitaria". Algo similar a lo que concluyen numerosas investigaciones internacionales y la experiencia de países como Finlandia, donde en siete años se ha reducido la situación de sinhogarismo en un 35%.

En este documento, los investigadores han comparado el gasto que generan un grupo de 150 personas acogidas por el programa Hábitat, basado en el método Housing First, y un grupo de control al inicio del estudio, a los 12 meses y a los 18 meses.

Los costes de la atención sanitaria para una persona del grupo Housing First al inicio del programa Hábitat eran de 376,25 euros, algo más de un 35% mayores que los del grupo de comparación (237,41 euros mensuales). A los 12 meses, los del grupo Housing First disminuyeron hasta los 219,43 euros, frente a los 345,46 del grupo de comparación. Es decir, que los del programa Hábitat eran esta vez un 36,5% menores que los del grupo de control. A los 18 meses, el gasto se estabilizó, pero seguía siendo menor el de las personas que ya habían tenido acceso a una casa.

Con la atención psiquiátrica, la estadística es aún más favorable para el grupo Housing First, por lo que los investigadores de la UCM concluyen que el programa Hábitat, por tanto, "ahorra gasto de atención sanitaria y psiquiátrica".

Un proceso lento, pero estable

Pepe Aniorte, que ha trabajado antes de llegar al Gobierno de la capital en asuntos de sinhogarismo, señala que 85% de las personas que entran a programas Housing First "mejoran su situación". "Dejan de beber, empiezan a buscar trabajo, se estabiliza su problema de salud mental, porque ya no tienen un problema de medicación al estar estables en sus casas", apunta.

El programa Construyendo Hogar del Ayuntamiento de Madrid cuenta ya con 208 viviendas cedidas a personas que hace no mucho tiempo dormían en la calle.

Aunque el proceso es largo, en torno al 20% de personas han conseguido salir de esa situación de exclusión, señala. El Gobierno de coalición del que es miembro este concejal de Ciudadanos dio continuidad en esta legislatura a un plan que adoptó Manuela Carmena de Ana Botella, su predecesora.

La metodología Housing First "es el punto de partida para poder salir" de la calle y de las complicaciones que derivan de ella. Aporta "una estabilidad, por ejemplo, ante una enfermedad de salud mental, donde ya sí que se puede medicar y puede haber un tratamiento, mientras que en plena calle es imposible", ejemplifica Aniorte.

La satisfacción global con la vida de las personas usuarias del programa Hábitat mejora "significativamente" un año después de su entrada al estudio y la mejora se mantiene también a los 18 meses, algo que no ocurre con las personas usuarias de otros programas o servicios, sostienen los investigadores de la UCM. De hecho, un 96% continúa en el alojamiento pasados 18 meses, lo que demuestra que nadie vive en la calle porque quiere.

"Desde la estabilidad, se puede iniciar un proceso de abandono del alcohol. O un proceso de cambio para la búsqueda de empleo, reencontrarse con tus hijos", agrega el concejal naranja. Esta oportunidad "supone volver a construir sus vidas e incluso sus redes familiares". 

Vivienda pública

El planteamiento de Hogar Sí es que sean las administraciones las que lideren y sean las titulares del servicio. "Esto no consiste en que las organizaciones privadas tengamos muchas viviendas Housing First, sino en que las administraciones pongan los recursos necesarios a disposición de las personas que están en estas circunstancias para que salgan de esta situación", dice la subdirectora general de la ONG. 

Si la vivienda que ofrecen los gobiernos territoriales y nacionales es pública, "los costes se reducen de manera muy significativa", corrobora. Por ello, esta organización ha mantenido conversaciones con grupos políticos para introducir enmiendas en la Ley de Vivienda que tiene que volver a pasar por el Congreso de los Diputados. Todas sus enmiendas han sido registradas.

Dar una casa a una persona sin hogar no compite con otras políticas. No se trata de competir "con otros grupos o colectivos vulnerables que tienen también situaciones de exclusión residencial sobre quién lo necesita más", dice Ramos Vergeles.

"Deberíamos es plantearnos por qué las políticas de vivienda en nuestro país hasta ahora no han prestado atención a esas personas que estaban sufriendo mayores dificultades de acceso a la vivienda", señala.

Como dice Jesús, "llegar a la calle es lo peor que le puede pasar a una persona".

Volver a cuatro paredes le ha devuelto la esperanza en un futuro dedicado a sus pinceles. Quiere ganarse la vida como pintor y, más adelante, encontrar una casa propia. "En ello estoy", concluye.

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