Naturaleza

La España vaciada también se queda sin conejos: "Hay menos cultivos y más depredadores"

Dos conejos, en una zona de cultivos de Alcázar de San Juan, donde causan estragos en las cosechas.

Dos conejos, en una zona de cultivos de Alcázar de San Juan, donde causan estragos en las cosechas. / ALBA VIGARAY

  • Este pequeño mamífero es cada vez menos frecuente en las zonas de monte, su hábitat natural, porque la despoblación hace que tenga más depredadores y menos comida

  • Zonas de cultivo, sobre todo en Castilla La Mancha y el delta del Ebro, sufren sin embargo la superpoblación: "Se comen entre el 30 y el 40% de la cosecha"

  • Declarada en peligro de extinción desde diciembre de 2019, desde WWF advierten de su papel fundamental en el equilibrio del ecosistema

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La invasión de conejos en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) es tan brutal que provoca situaciones que rozan el paroxismo. Como cuando Alba María Marchan, que tiene una explotación ganadera-agrícola con su familia, rentó un terreno pegado al río Ojihuela a su vecino Julián, que quería plantar allí brócoli. 

La familia de Alba le advirtió de que era un terreno con sobreabundancia en conejos, que anduviera con cuidado. Julián valló el terreno preventivamente -las mallas especiales con trenzado pequeño que se suelen colocar en la zona son de 60 centímetros de alto- y lo sembró. 

A las pocas semanas le llegó una inspección de la Política Agraria Común (PAC) para comprobar que el cultivo se había puesto en marcha y tenía efectivamente derecho a la subvención.  

- Pues aquí no hay nada plantado. Le vamos a tener que abrir un expediente sancionador.

"¡Los conejos se lo habían comido todo! Es que el brócoli para ellos es como una golosina. Tuvo que presentar las facturas de las semillas para que no le multaran", recuerda Alba, cuya explotación de ganado ovino (1.000 ovejas) y sus plantaciones de cereal, vides y pistacho, entre otros cultivos, están a las afueras de Alcázar. 

Concretamente en medio de la bella reserva natural del complejo formado por las lagunas La Veguilla, Camino de Villafranca y Las Yeguas, donde es habitual en esta época del año encontrar flamencos, y otro tipo de aves, en pleno descanso de su periplo migratorio. 

La fértil zona, entre cultivos, pinares, caminos y taludes formados en los álveos que comunican las lagunas y a ambos lados de los pequeños riachuelos, es el paraíso de los conejos. Elaboran sus madrigueras en la tierra al modo de las casas de la ciudad Mos Espa de Tatooine de las películas de Star Wars

Caza con hurón

"Los túneles que forman son tan largos, y hay tantos que los cazadores con hurón [la caza con hurón es la más efectiva para el conejo] ya no quieren venir aquí, porque se les pierden y se quedan sin ellos. Eso es como perder al perro de caza", cuenta Alba durante un recorrido por la zona cero de la sobrepoblación de conejos en España -junto con la ribera navarra, donde causan estragos-, sorteando baches con un coche de esos duros de campo y buscando veredas entre parcelas valladas. 

"Tener las vallas, aparte de suponer un desembolso económico, es muy molesto para el paso del ganado y para la cosechadora cuando toca recolectar", aprecia sobre uno de los métodos anticonejiles más usados junto al pastor eléctrico (cintas que usan energía solar y dan pequeñas descargas a los animales que tratan de cruzarlas). Aun así, cuenta Alba, siempre encuentran el hueco para cruzar o romper la valla. 

Alba María Marchan posa en uno de sus cultivos de cereal, donde la mitad ha sido comido por el conejo.

/ ALBA VIGARAY

Desde la ventana de su oficina se observa una de sus plantaciones de cereal. La mitad está verde, creciendo con rapidez, a buen ritmo. La otra mitad, la más pegada a la valla y el pastor eléctrico, está seca, parece yerma. "Van avanzando poco a poco, al amanecer y al atardecer", explica la ganadera. 

"Estaremos perdiendo entre el 30 y el 40% de las cosechas. Es un gasto de dinero y de tiempo", desvela. 

Un recorrido por los límites del cultivo permite observar cómo los conejos agujerean la valla para poder alimentarse. Justo al otro lado, hay un talud donde tienen su cobijo. Cientos de pequeñas cagaditas de conejos se acumulan aquí y allá.  

"La sobrepoblación de conejo es un problema muy serio que venimos arrastrando desde hace diez años en toda la comarca de La Mancha; en Toledo, Ciudad Real y Albacete", advierte María Sánchez, responsable del Área de Desarrollo rural y agua de UPA (Unión de Pequeños Agricultores) Castilla La Mancha. 

Taludes

Según explica, atacan a todo tipo de cultivo: cereales, azafrán, viñas, pistacho... "Del azafrán se comen el esparto y la planta se seca. En el cereal es tremendo ver cómo una parcela está brotando y al día siguiente no hay ninguna mata. En las viñas se comen todos los brotes y la vid se queda negra...", enumera Sánchez, que pone en contraste lo que ocurre no muy lejos de allí, en los Montes de Toledo, donde ya apenas se ven conejos. 

"Es que se han ido principalmente a los valles de cultivo, a zonas de taludes de las carreteras, de las autovías y de las líneas de tren. Ahí tienen facilidad para hacer madrigueras", señala la experta de UPA en un argumento que ratifican desde WWF (World Wilde Fund) España. 

De cómo este animal, propio de la Península Ibérica -los romanos la bautizaron Hispania porque significa "tierra abundante en conejos"-, abandona las zonas rurales, cada vez menos pobladas, por zonas agrarias, de extensos cultivos.

"El conejo necesita refugio y comida; si tiene mucha depredación, como en las zonas de monte, mueren más. Como cada vez hay menos gente [en las zonas rurales] y por tanto hay menos cultivos y pastos para comer, se reproducen menos. En esas zonas hay además mucho matorral, que permite que haya más depredación, y se caza más", señala Ramón Pérez, experto de WWF, sobre los peligros para el conejo en estas zonas. 

Un conejo sobre una zona de madrigueras en el álveo de un riachuelo de Alcázar de San Juan.

/ ALBA VIGARAY

En las zonas agrícolas, normalmente cercanas a núcleos urbanos, sin embargo, este animal tiene "mucha comida disponible". Además, hay menos refugio para depredadores por lo que tienen poca depredación, y a "los cazadores humanos, que en estas zonas hay menos, les ven desde lejos".

Uno de sus hábitats preferidos es sin duda los taludes de las carreteras, donde las vallas impiden la depredación terrestre y la aérea se "dificulta más". Así, han encontrado cobijo en multitud de zonas agrícolas y urbanas de nuestro país, según los expertos. 

No solo caza

"En las zonas agrícolas la población de conejo es ahora mucho mayor, antes estaba más mezclado, porque en las zonas de monte a veces las familias tenían sus parcelitas y los conejos encontraban fuentes de alimento", concluye Pérez, que señala que para luchar contra la sobrepoblación hay que usar varios métodos, "ya que con la caza solo no solucionas nada". 

Según los expertos, el conejo experimenta una auténtica paradoja. En diciembre de 2019 pasó a considerarse una especie en peligro de extinción, según la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza, tras reducirse un 70% su población en los últimos años. 

Pero hay zonas de España, ricas en terrenos de cultivo, sobre todo en el Delta del Ebro (Navarra, Zaragoza, Tarragona) y en Castilla La-Mancha, donde su abundancia es una auténtica pesadilla para los agricultores. Y cada año va a peor.  

Según datos de Agroseguros, la compañía aseguradora del campo, las hectáreas afectadas por siniestros provocados por fauna cinegética (en la que se incluye principalmente a los conejos y los jabalíes) han pasado de 56.715 en 2019 a 66.300 en 2021. Las indemnizaciones por los daños se han elevado de 3,84 millones de hace tres años a 5,73.

En las zonas de monte de todo el territorio nacional, al contrario, cada vez es más difícil verlos. Según el experto de WWF, el descenso de población se ha debido al abandono rural, al cambiarse los usos de los terrenos, pero sobre todo a la incidencia de las enfermedades: la mixomatosis a mediados del siglo pasado y posteriormente la fiebre hemorrágico-vírica en los 80, que además ha "tenido brotes fuertes" en 2006 y 2011, que ido reduciendo entre un 70 y un 90% la población en determinados periodos. 

En la parcela de Alba el efecto es el contrario. Dice que cada vez son más grandes, y se reproducen más, que no es el conejo autóctono sino una reintroducido, una teoría extendida entre los profesionales del campo. 

Desde WWF responden que es la especie propia de la Península Ibérica, y matizan que hay dos subespecies, siendo la del norte la que es ligeramente más grande y se reproduce más -la hembra puede llegar a tener entre tres y seis camadas al año de entre cinco y diez conejos-. 

Alberjón, anticonejos

"El otro día tuvimos una reunión y nos dijeron que la protección a la hora de la caza, al ser esta una zona protegida, irá a más y no a menos, pero la plaga de conejos que tenemos afecta a la biodiversidad; por ejemplo, han acabado con el limonium, una planta protegida que era autóctona de aquí. Es que solo hay conejos ya", protesta Alba, que participó recientemente en un proyecto con el Ministerio de Agricultura, UPA, ecologistas y WWF llamado Preveco para tratar de estudiar cuál es el método más eficaz contra lo que ellos llaman plaga. 

Curiosamente, la prevención mejor es la natural: en los terrenos donde se planta alberjón (una planta herbácea leguminosa) no suelen entrar.

 "Pusimos postes para las águilas, pastores eléctricos, vallas tumbadas en el suelo para evitar que hagan agujeros, y no terminan de funcionar del todo. Siguen colonizando nuevas zonas", asegura la agricultora, que señala la plantación de los pistachos, que tras siete años creciendo van a dar fruto ahora. Todos ellos tienen el tronco protegido. 

Un agujero hecho por los conejos en una valla de un cultivo de esta zona de Ciudad Real. 

/ ALBA VIGARAY

"Es que si roen el tronco, que lo hacen, los secan", informa mientras proseguimos por los cultivos, donde se entremezclan los marrones con el amarillo y el verde en un espectáculo que solo se produce en primavera. 

"Mira", dice al cruzar un pequeño pinar de terreno irregular, con mucho recoveco, "mi padre llama a esto la 'ciudad conejil". En un solo vistazo uno ya ve varios conejos, que no prestan atención al cercano paso del coche, como si ya estuvieran acostumbrados a estar cerca de humanos.  

"Ha habido agricultores que han dejado de plantar porque ya a la tercera cosecha con daños por conejo ya no te aseguran", asegura Alba. 

En contacto con Agroseguro aclaran que en nuestro país no se cancelan "pólizas porque la siniestralidad sea alta o elevada". Lo que sí ocurre es que en determinadas líneas de seguros (hortalizas y cultivos herbáceos) se hace un cálculo de producción real esperada a asegurar, en el momento de realizar la póliza. 

"Si un agricultor acumula varios años seguidos con un siniestro importante de daños por conejo, puede ver mermada su expectativa de producción. Que al cabo de varios años (en ningún caso menos de cinco), dicha expectativa sea cero es algo altamente excepcional", explican desde la central de los seguros agrarios. 

Precisamente esta semana está teniendo lugar en Madrid las jornadas Life WWF Iberconejo, que pretenden realizar a través de estudios y de las valoraciones de expertos un censo de los conejos en nuestro país y saber dónde se concentran, para tratar de dar soluciones a la falta de ellos en algunos casos y a la sobrepoblación en otros. 

Varios flamencos en una de las lagunas del parque natural de Alcázar de San Juan.

/ ALBA VIGARAY

Y es que el conejo, como explica Ramón Pérez, es fundamental para el ecosistema -él les llama "ingenieros del ecosistema"- ya que no solo modifican la composición del suelo y por tanto la vegetación, sino que son la base de la cadena trófica, ya que hay entre "30 y 40 especies de que alimentan de ella". 

Incluso hay especies en peligro de extinción, como el águila imperial, el lince ibérico, el buitre o el águila perdicera, para las que este pequeño mamífero es el alimento casi único. "Lo mejor sería recuperar el equilibrio del ecosistema", afirma el experto, que junto a sus compañeros WWF y ecologistas tratan de hacer reintroducciones de ejemplares y crearles zonas de alimentación y refugio en comarcas donde ya no hay, como en Sierra Morena, principalmente par dar sustento a animales de los que ya apenas quedan ejemplares. Porque si no hay conejo, muchas especies estarán en un mayor peligro de extinción aún. 

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