La mansión nazi de Girona: el olvidado veraneo de los cachorros hitlerianos en la Costa Brava

La mansión nazi de Girona: el olvidado veraneo de los cachorros hitlerianos en la Costa Brava
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Ahora luce decrépito y abandonado. Baldosas rotas, añadidos sin criterio, desconchones en la pintura y canalones a punto de caer. Muy lejos de la época de esplendor que vivió el chalet Casas.

Este inmueble de estilo centroeuropeo situado en un paraje idílico de la Costa Brava, cerca de playas de arena gruesa, dunas onduladas y rodeado por un denso pinar mediterráneo, sirvió durante la II Guerra Mundial de refugio de las Juventudes Hitlerianas. El edificio, obra del afamado arquitecto gerundense Rafael Masó, fue construido entre 1914 y 1915 y se concibió como residencia de verano del industrial Joan Casas, por estar lo suficientemente alejado del centro urbano.


/ Archivo de Sant Feliu de Guíxols

La casa fue gestionada a partir de 1941 por el Auxilio Social Alemán, la institución franquista encargada del apoyo a los nazis que visitaban el país. Marc Auladell, el historiador que por primera vez publicó sobre este episodio, cuenta a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA que el chalet “se convirtió en el 'Hogar Alemán' y formó parte de una red de residencias, repartidas por toda la geografía española, de solidaridad con el régimen nacionalsocialista. Por otra parte, el historiador Francesc Bosch, autor de 'L'ombra del III Reich a Sant Feliu', obra dedicada al episodio, explica en conversación telefónica que “la familia Casas lo cedió tras exiliarse en Suiza durante la Guerra Civil”.

Mucho se ha hablado ya de la presencia de nazis en España bajo el auspicio de la dictadura franquista. La supuesta neutralidad del régimen choca con la protección que cientos de dirigentes alemanes disfrutaron en España en enclaves como Denia, Cádiz, Asturias o Madrid. Es de sobra conocida la existencia de una colonia nacionalsocialista en Denia, que ha llegado a las pantallas españolas recientemente de la mano de Óscar Aibar en su cinta 'El sustituto'.

Algunos destacados nazis pudieron vivir plácidamente en nuestro país bajo el manto protector del régimen franquista. Uno de los más destacados fue Otto Skorzeny, alias 'caracortada'. Un oficial de las SS recordado por heroicas gestas militares que murió en 1975 y cuyo funeral se vivió con toda la normalidad en Madrid.

Pero es mucho menos conocido el refugio que los nazis encontraron en la Costa Brava durante la II Guerra Mundial y su inmediata posguerra. “Apenas queda documentación”, confirma Auladell. Y todavía menos, recuerdos. Los vecinos oían las fiestas que se realizaban en la casa, quizás veían a los jóvenes de doradas cabelleras solazarse en las playas cercanas pero nulos eran los espacios de convivencia entre los dos mundos. El auge de una Alemania nazi todavía triunfante y la melancolía de una España sumida en la más profunda de las miserias marcada por la posguerra se rozaban.


/ Archivo de Sant Feliu de Guíxols


/ Archivo de Sant Feliu de Guíxols

Los historiadores se preguntan cómo esta residencia logró mantener un perfil tan bajo durante los años que estuvo en funcionamiento. La distancia entre dos mundos cercanos, pero que apenas se tocaban, sorprende aún más si consideramos que el chalet recibió la visita de importantes personalidades del régimen nazi. El día de su inauguración como Hogar Alemán, el 15 de junio de 1941, se contó con la presencia del jefe del Partido Nacionalsocialista Alemán en España, Hans Thomsen, el cónsul general alemán en Barcelona, Rolf Jaeger, así como autoridades locales, de Falange, oficiales alemanes y jóvenes miembros de las secciones juveniles nazis.


/ Archivo de Sant Feliu de Guíxols

Unas fotos, descubiertas al gran público por el archivero Àngel Jiménez, recuerdan este acontecimiento único. Decenas de cuadros nazis con sus uniformes de gala asisten al acto junto al azul mediterráneo y a los acantilados de la Costa Brava. Las autoridades locales ven en todo ese boato el futuro lleno de promesas que representan los oficiales alemanes todavía triunfantes en Europa, en plena posguerra del racionamiento y el aislacionismo español. Jóvenes vestidos con el uniforme recién planchado de las juventudes nazis enarbolan la cruz gamada en medio de los jardines majestuosos de la mansión.

Los vecinos, como de película de Berlanga; el alcalde franquista, los párrocos de boina y larga sotana, mujeres con peinado de domingo y galas de boda se deslumbran por los alardes germanos y sobre todo por la comida. Abundante y sofisticada, que tan poco se veía en la vida de la localidad.

Después de esa inauguración, las autoridades nazis frecuentaban la casa alemana con asiduidad. En 1943, la Jefa del Servicio Exterior del Partido Nazi, Ingeborg Niekerke, y la delegada de la Sección Femenina y madrina de la División Azul, la célebre Celia Jiménez, disfrutaron del complejo, según nos descubre Auladell. De nuevo, desapercibidas para la población local. Aunque el poso dejado en la zona por la residencia extranjera es indeleble. Para el escritor Toni Sala, que se ha inspirado en este episodio para diversos artículos, “estos nazis son la irrupción personificada del dionisismo, que acabará derrotanto el humanismo burgués anterior”.

Ricardo 'el nazi’ de Sant Feliu

En la zona civil del cementerio de Sant Feliu de Guíxols, bastante cerca de la tumba de Josep Irla, presidente de la Generalitat en el exilio, se encuentra un nicho del que nadie se ocupa desde hace décadas. Un nicho que cobija los restos mortales de Richard Schwenke, conocido en la localidad como Ricardo ‘el nazi’. Según Bosch, este súbdito alemán tendría la respuesta al aislamiento de esta peculiar colonia nazi.

Schwenke, octavo hijo de una familia protestante, llegó a la ciudad en 1929 para trabajar en la pujante industria del corcho. Pronto aprendió castellano mientras gozaba de las bondades de la vida mediterránea, mucho más plácida que la de su Kaiserslautern natal. Se encargaba de gestionar la demanda de tapones para los vinos del Rin. Durante la Guerra Civil, desapareció de la localidad como muchos de los extranjeros residentes en la zona pero regresó en 1940, ya afiliado al partido nazi.

Convertido en antena local del nacionalsocialismo alemán en la localidad, su conexión con el chalet era más que conocida y hacía las tareas de administrador. Al mismo tiempo, mantenía su trabajo en la fábrica de corcho Grenier. Schwenke se convirtió en el cordón umbilical de la residencia con el mundo. Bosch ha recabado testimonios que resumen su labor : "Lo llamaban (desde la residencia) y él lo solucionaba todo, pero nunca explicaba nada del chalet".

Según el historiador, este personaje que lucía la cruz gamada en la solapa y bandera nazi en el balcón, que nunca se casó y que murió sin descendencia, fue quizás la pieza del engranaje que posibilitó el aislamiento de la residencia de las juventudes hitlerianas.


/ Archivo de Sant Feliu de Guíxols

La que sí es recordada entre las gentes de Sant Feliu es la directora del centro. Una mujer “rubia, rechoncha y bajita”, según Lola, abuela del escritor Toni Sala, que entonces regentaba ‘L’Empordanesa’. A sus 101 años rememora cómo esta mujer “charlatana” paraba en su establecimiento para beber algo y pese a no hablar ni gota de español, ni catalán, “no callaba nunca” y según se contaba en el pueblo “era por culpa del vino”.

La lista de las 106

El 19 de agosto de 1944 las tropas aliadas liberaban París. Las primeras unidades que entraron en la capital francesa estaban formadas por miembros del Ejército Popular Republicano español. A mediados de septiembre, la casa de la Costa Brava se convierte en residencia de 106 refugiadas nazi. Según Audalell, “estas mujeres formarían parte del funcionariado alemán del gobierno de Vichy”.

Algunas estaban casadas, pero la mayoría eran solteras. Muchas eran secretarias, otras traductoras, maestras, enfermeras... Sus edades estaban comprendidas entre los 19 y los 61 años, aunque la mayoría eran jóvenes. Son los detalles de un listado que certifica el breve paso de este grupo de mujeres por la residencia. A finales de septiembre, 15 de ellas fueron trasladadas al extranjero. Anotaciones en lápiz al margen de la lista: Cercedilla, Madrid, Barcelona... hacen pensar a los investigadores que fueron recolocadas en otras instalaciones del Auxilio Social repartidas por la península.

Capitulación y cierre

Poco después, el 7 de mayo de 1945, Alemania firmó su capitulación. En febrero, sin embargo, la vida en el chalet intentaba mantener la normalidad y publicaron en la prensa local un anuncio buscando una cocinera. En pocos meses, todo cambió. La derrota nazi en la contienda hace que la España de Franco bloquee los bienes oficiales alemanes en el Estado. Pese a las presiones de los Aliados para que el régimen entregara a los refugiados alemanes, el desalojo de la residencia debió ser "precipitado, pero no traumático", según Audalell. La directora del centro se mudó a Barcelona donde regentó un bar y Schwenke siguió una vida plácida entre Barcelona y Sant Feliu de Guíxols hasta su muerte en la década de los 80.

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