GUERRA RUSIA-UCRANIA

En busca de los niños vascos de Chernóbil: “Antes venían de vacaciones, ahora huyen de la guerra”

Parte de los menores y sus familias que Chernobileko Umeak ha traído a España en autobús.

Parte de los menores y sus familias que Chernobileko Umeak ha traído a España en autobús. / Cedida

  • La asociación Chernobileko Umeak lleva 15 veranos y varias navidades acogiendo a decenas de menores que aún padecen las consecuencias del accidente nuclear de 1986

  • Ahora, tratan de localizarlos para traerles en autobús desde la frontera con Polonia y refugiarles en Bilbao junto a sus madres y hermanos

  • Ya han traído a España a unos 20 niños junto a sus familias, "pero hay muchos que están atrapados en aldeas destruidas y no van a poder venir"

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- No, no, ‘aita’. Nosotras no vamos a Bilbao. Estamos bien aquí y queremos quedarnos a ayudar a la gente de nuestro país. No os preocupéis, estamos bien.

Alina y Mariana son ya mayores de edad, 22 y 27 años, son huérfanas de padre y madre y no tienen hijos. Hasta hace un par de semanas, tenían un trabajo y una vida normal en Kiev que la guerra ha hecho saltar por los aires. Ahora, viven en un albergue en Lviv, la gran ciudad fronteriza con Polonia, desbordada por la crisis humanitaria, donde asisten como voluntarias a sus compatriotas ucranianos que huyen de la devastación, ofreciéndoles unas tazas de caldo y un colchón donde pasar la noche antes de retomar su camino a quién sabe dónde.

Alina y Mariana llaman ‘aita’ a Ángel Castro, aunque él no es su padre. Bueno, en realidad sí lo fue durante los 14 veranos en los que el presidente del Sestao River y su mujer las acogieron en su propia casa.

“Y como veían que mi hija me llamaba ‘aita’, pues ellas también lo hacían. Mi mujer les dice constantemente que vengan, que el autobús ya está en camino y que viene para aquí. Que vengan aquí a hacer lo que han hecho durante 14 años, pero de momento han decidido quedarse”, explica él. Y es que, en cierta manera, siempre serán su ‘aita’ y su ‘ama’.

Chernobileko Umeak

Como Alina y Mariana, cientos de niños ucranianos han pasado en los 15 últimos años un puñado de veranos acogidos en casas de familias solidarias como la de Ángel, gracias la asociación Chernobileko Umeak (Niños de Chernóbil, en euskera) y a otras que operan en Euskadi y en el resto de España. “Nosotros queríamos acoger una niña y nos dijeron que solo podía venir con su hermana. Y dijimos: ‘pues venga’”, cuenta él.

Se trata de organizaciones que tratan de dar aire a una generación de chicos todavía ahogados por el accidente nuclear de 1986. Todos nacieron tras aquella tragedia, todos padecen todavía hoy, 35 años más tarde, sus consecuencias.

Vivían en una pobreza extrema, en pequeñas aldeas en unas zonas muy rurales, al lado de la central nuclear y en condiciones muy precarias

“He ido muchas veces a Ucrania, íbamos en junio a ver qué niños podían necesitar nuestra ayuda para poder traerles. Veías cómo estaba aquello y uf… Daba mucha pena. Vivían en una pobreza extrema, en pequeñas aldeas en unas zonas muy rurales, al lado de la central nuclear y en condiciones muy precarias”, narra Ángel, uno de tantos voluntarios de Chernobileko Umeak.

Nueva realidad

En Bilbao y alrededores encontraban durante un par de meses al año una nueva realidad para evadirse de la suya, además de la oportunidad de aprender un idioma desde muy pequeños, pues llegan niños desde cinco hasta 18 años. En los últimos años, algunos de ellos también pasaban el mes de Navidad en su casa de acogida. Como unos hijos más.

Los vínculos que se crean entre los niños y sus familias de acogida son, en fin, muy poderosos. De ahí que todos los miembros de la asociación asistieran con máxima preocupación a la escalada de tensión entre Rusia y Ucrania que se ha ido produciendo durante todo el invierno. Hasta que llegó la guerra.

“No pensábamos que este tío (Putin) iba a estar tan zumbado. Pero sí, lo estaba. Y ahí ya decidimos que teníamos que hacer algo, que no nos podíamos quedar con los brazos cruzados”, explica el también presidente del Sestao Ríver.

Los menores y sus familias junto a los voluntarios de Chernobileko Umeak.

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Chernobileko Umeak se puso en marcha para organizar una especie de operación rescate para los niños, sus hermanos y sus madres. La dificultad de la misión se incrementó enseguida, ya que en los primeros compases de la guerra el ejército de Putin conquistó la región de Chernóbil, de la que proceden muchos de estos niños.

Aproximadamente la mitad residen en Ivankiv, a apenas 60 kilómetros de la central nuclear. Todos ellos, cuenta el voluntario, “están atrapados en aldeas destruidas por Rusia, no van a poder ir a ningún lado”. El resto vivían en Irpin y Bucha, dos pequeñas ciudades en el entorno de Kiev que fueron pronto foco de los bombardeos. Ellos y sus familias, la mayoría al menos, sí han podido llegar hasta la capital de su país para coger trenes hacia cualquier lugar en paz. El que sea.

En la frontera

La asociación vasca se puso en contacto con ‘sus’ niños y las familias de estos para hacerles una oferta clara: que fueran a Bilbao. Tres voluntarios de Chernobileko Umeak se han desplazado a la frontera de Polonia con Ucrania y desde allí gestionan cada caso y agrupan a las familias.

“Es un milagro que algunos ya estén aquí. Han salido de sus casas corriendo, despavoridos, en coches, autobuses, trenes... Como han podido, tratando de alcanzar la frontera de cualquier manera y además de todo hemos podido localizarles, bien por teléfono, bien por redes sociales”, desarrolla Ángel; todavía con cierto asombro por cómo se han desarrollado los acontecimientos.

Es un milagro que algunos ya estén aquí. Han salido de sus casas corriendo, despavoridos, en coches, autobuses, trenes...

Cada familia llega al paso fronterizo que buenamente puede (Polonia y Ucrania comparten 428 kilómetros de límite internacional) y son recogidos en un coche de alquiler por los voluntarios, que les llevan a un albergue común para agruparles. Horas y horas al volante cada día, de aquí para allá.

El pasado lunes, nueve niños con sus madres y hermanos (los padres no pueden salir del país), un total de 30 personas, pudieron subirse a un autobús solidario fletado por la asociación valenciana Juntos por la vida. Dos de esos niños son chicas que pasaron veranos en Bilbao cuando eran menores de edad y hoy ya son madres. El miércoles llegaron todos a Valencia, donde les esperaba Ángel y otros dos voluntarios de Chernobileko Umeak.

Pregunta.- ¿Qué se encontraron?

Respuesta.- Muchísima tristeza. Imagínate, huye de la guerra, móntate en Polonia en un autobús en el que casi no conoces a nadie y pégate tres días de viaje. Ver caras conocidas, las nuestras, que les conocemos a todos desde los cinco años, fue un alivio para ellos, pero había mucha tristeza, mucha incredulidad. Las pobres madres, con la mirada perdida, sin saber qué hacer. Los niños hablan todos un castellano perfecto, pero ellas no. Una de las madres hablaba por vídeollamada con su marido y se le saltaban las lágrimas. Me enseñaba en el móvil fotos de dónde vivían, su aldea, totalmente destruida, incluso había grabado bombardeos. Un completo drama.

Familias ucranianas se preparan para su viaje de Valencia a Bilbao.

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Esas familias ya han llegado a Bilbao, pero solo unas pocas están en casas particulares. La mayoría de familias están alojadas en habitaciones cedidas gratuitamente por el hotel Ilunion de Bilbao, una solución temporal a la espera de que las instituciones gestionen la emergencia humanitaria en su globalidad.

50 personas más

“Esto no es como en verano, que solo vienen menores durante dos meses y lo hacen de vacaciones, a recuperar energía. Esto es muy diferente, ahora huyen de la guerra, con sus familias, bueno, con parte de ellas, que es aún peor, porque los hombres adultos no pueden venir. No saben ni cuánto se van a quedar ni tienen alojamiento ni tienen nada. Es desolador”, resumen Ángel.

No es como en verano, que vienen los niños de vacaciones. Esto es muy diferente, ahora huyen de la guerra, con sus familias

En los próximos días llegarán a Bilbao otra decena larga de niños vascos de Chernóbil junto a sus familias, en total unas 50 personas: el viernes salió de Euskadi un autobús fletado por la asociación que llegó a Polonia el domingo por la noche y que tiene previsto regresar de vuelta este martes.

Otro medio centenar de dramas. Otro insoportable sinsentido de la masacre que está perpetrando Putin en Ucrania. Su única fortuna es que existen personas como Ángel y su mujer, que existen tantos 'aitas' y 'amas' que velan por tantas Alinas y Marianas. Ni la guerra puede con eso.

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