HOSTELERÍA

Nebraska ft. La Españolita: vuelve a Gran Vía el perrito caliente más famoso de Madrid

Juan Carlos Sánchez Rey, dueño del grupo JC, y José Ramón Blanco, hijo del fundador de Nebraska, frente a La Españolita.

Juan Carlos Sánchez Rey, dueño del grupo JC, y José Ramón Blanco, hijo del fundador de Nebraska, frente a La Españolita. / EPE

  • Las emblemáticas cafeterías de los hermanos Blanco Sierra tuvieron que echar el cierre en 2017. Ahora, un local de "comida española callejera" reedita uno de sus productos más reclamados

  • "Parece que somos familia y no lo sabíamos", aseguran sobre la nueva relación comercial el hijo del fundador de Nebraska y los responsables de La Españolita

7
Se lee en minutos

José Ramón Blanco permanece callado durante los primeros bocados a su perrito. Sólo rompe su silencio ante la expectación de quienes le rodean para pronunciar un escueto "sabe igual". Su padre, Juan Ramón Blanco Sierra, fundó en 1955 junto a sus hermanos, Paulino, Pepe e Higinio, la primera Cafetería Nebraska, conocida por esta comida importada de Estados Unidos y por sus tortitas. La abrieron en el madrileño barrio de Cuatro Caminos.

Los hermanos eran los "típicos asturianos que vienen a Madrid; mi padre con 25 pesetas", explica José Ramón. Conocían poco de la capital, pero "sabían que había una calle Alcalá, una Puerta del Sol y una Gran Vía". En esta última, abrirían años más tarde el más conocido de sus locales.

Nebraska vendía, sólo en el local Cuatro Caminos, "300 perritos diarios entre semana y 1.500 los viernes y los sábados". Algunos de sus clientes se desplazaban incluso desde Chinchón, a casi 60 kilómetros del centro, para degustar un par de ellos en algunos de los locales de la capital.

EPE

Muchas ciudades españolas contaban con uno o varios Nebraskas, pero ninguno era como los de Madrid. En más de 60 años de historia, a los hermanos Blanco Sierra y posteriormente a sus hijos les dio tiempo de llevarle la cena a José María García, de acondicionar sus locales para que en ellos se rodasen películas y de alimentar a los espías que se citaban en las míticas cafeterías para compartir información con sus pares.

También iba gente corriente, esos que se "despatarraban" cuando comían uno de sus perritos para que su salsa de mostaza única no les manchase los pantalones, recuerda José Ramón. 

Después de que las cafeterías de los Blanco Sierra cerrasen en 2017, muchos nostálgicos se interesaban por volver a comer esos perritos. La Españolita, que pertenece al Grupo JC, propietario de hoteles y establecimientos hosteleros, los ha revivido y los ha vuelto a poner a la venta en la calle Montera, 46, frente al nuevo templete de entrada a la estación de metro de Gran Vía, a unos pasos de donde se encontraban antes.

Los dueños de este local de "comida española callejera", como lo define Adrián Suárez, gerente de JC Hoteles, contactaron con José Ramón Blanco hace unas semanas para pedirle el manual del icónico perrito.

"El perrito no deja de ser una salchicha, un pan, una mostaza y un kétchup, pero eso no es el perrito Nebraska"

José Ramón Blanco

"Investigamos desde el año 1955 cómo hacer un buen perrito", asegura Blanco, que se ve reflejado en las palabras de Suárez cuando éste confiesa que, después de probar con decenas de panes para perritos, todos se rompían. "Desde el primer momento, vi que ellos creían en el producto", dice ilusionado Blanco. "El perrito no deja de ser una salchicha, un pan, una mostaza y un kétchup, pero eso no es el perrito Nebraska".

El pan es "especial", señala el hijo del fundador de Nebraska, que fue "testigo de la cantidad de pruebas que se hicieron" hasta que se dio con el correcto. No todos los panes aguantan igual el calor o no combinaban de la misma manera con la mezcla de sabores que ellos querían incorporar a su producto. La salchicha era alemana.

Los españoles "hacemos bien el chorizo y el jamón, pero las salchichas, los alemanes", apunta. Y pone en valor las salsas: una mostaza que "no era mostaza", sino que era una salsa que lleva "bastantes más cosas" y un kétchup que tampoco es kétchup, sino tomate natural, detalla. 

El perrito Nebraska nace "de un fracaso"

El fundador de la marca, Juan Ramón Blanco Sierra, un chico de reparto de una tienda de ultramarinos, no soñó en un primer momento con montar una cafetería. Quiso ser torero, pero su sueño quedó frustrado por una cornada. Quiso ser boxeador, pero le dieron una paliza y abandonó también esa aspiración. Quiso marcharse al extranjero, a México, pero entre su jefe, el de los ultramarinos, y su padre le hicieron cambiar de idea.

Se fue a Guinea, donde se encargó durante 15 años de una explotación de café y cacao, y volvió en los años 40 a Madrid. Conoció a la que sería su mujer, que fue quien hizo darse cuenta de que "vale más un puesto de castañas en Gran Vía" que un negocio en Guinea, traslada de terceras el hijo.

En los años 50, "la hostelería y la sociedad se estaban desarrollando". Comenzaron a nacer nuevos modelos más allá de los buenos restaurantes, como el Lhardy, y de las tascas obreras tradicionales. Hasta ese momento, en la capital no había bares "para la clase media", por lo que se fueron importando conceptos que ya existían al otro lado del Atlántico. Nebraska no fue la primera cafetería de Madrid. La cadena California, del empresario Zapica, las trajo de América, pero no de EEUU, sino de Cuba.

CEDIDAS A EPE POR JOSÉ RAMÓN BLANCO

Nebraska imitó la idea de Zapica y le dio un aire estadounidense. En 1955, aterrizaron en Madrid productos que "ahora son normales y antes eran exóticos", indica Blanco, como el banana split, los sándwiches, los platos combinados y los que más extendieron el nombre de Nebraska: los perritos y las tortitas.

Sin embargo, el perrito caliente no fue la primera apuesta de los Blanco Sierra cuando se instalaron en Cuatro Caminos. La frutería de al lado cerró, y los hermanos decidieron comprar el local. En vez de ampliar la cafetería, decidieron abrir una marisquería, pero no funcionó. El padre de José Ramón Blanco pensó en pivotar su idea de negocio y, al ver un anuncio de unas salchichas y una máquina de perritos, decidió instalar un puesto en el lugar que dejaba libre la marisquería fallida. "Desde el principio, funcionaba", recuerda Blanco.

Cerrar Nebraska fue un "shock" para los hijos de los hermanos Blanco Sierra, pero ya "los ingresos no estaban en consonancia con los gastos"

California, Nebraska y Manila fueron las tres grandes cadenas de las cafeterías de Madrid y "marcaban el modo de vida de la hostelería madrileña", asegura orgulloso Blanco en una conversación telefónica. "Las formas de hostelería cambian con el tiempo", y los dueños de estos locales se presentaron ante Franco para que crease la denominación hostelera de "cafetería".

Los años de gloria llegaron a su fin en la segunda década de este siglo, hasta el punto de que "los ingresos no estaban en consonancia con los gastos". Intentaron reinventarse "varias veces", sostiene Blanco, pero finalmente tuvieron que "tirar la toalla" en 2017, cuando cerraron definitivamente sus locales.

"Fue un shock", expresa, para luego afirmar que, "desde el punto de vista inmobiliario", la venta de los locales tampoco fue "un pelotazo para nosotros". El "noqueo" del cierre de Nebraska le dura todavía e intenta no pasar por la Gran Vía porque le da "mucha pena". 

Resucitar Nebraska "es imposible"

Cartel promocional del perrito Nebraska en La Españolita.

/ IMAGEN CEDIDA A EPE

José Ramón Blanco considera que rehacer las Cafeterías Nebraska como antes "es imposible", pero se conforma con ver anunciado el perrito que creó su familia en los carteles amarillos de La Españolita, que recuerdan a los puestos de feria. "El perrito hoy no sería para una cafetería, pero sí para un sitio de comida rápida de calidad como es este", sostiene, hasta el extremo que se aventura a decir que, "de haberse reinventado Nebraska, tendría que haber sido como La Españolita".

Para José Ramón Blanco, La Españolita "responde a las necesidades de la persona del centro de Madrid que quiere alimentarse y no gastar". Además del perrito caliente, que "lógicamente, tenemos que perfeccionar", precisa Suárez, en este local, que lleva menos de dos meses abierto, ofrecen molletes, bravas, bocadillos de calamares y de jamón ibérico o salchipapas.

Al preguntar a Adrián Suárez por la posibilidad de incluir las tortitas Nebraska entre sus productos, reconoce que minutos antes de la entrevista había hablado con su tío, Juan Carlos Sánchez Rey, dueño del Grupo JC, sobre este asunto. "Lo que tenga que venir, que venga, y mientras haya buena voluntad por ambas partes...", desliza.

Entre José Ramón Blanco y Adrián Suárez y Juan Carlos Sánchez ha nacido "una bonita amistad". Se pusieron cara por primera vez para la entrevista con EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, pero su conexión les hace asegurar: "Parece que somos familia y no lo sabíamos".

Noticias relacionadas