CORONAVIRUS

El pasaporte covid fracasa ante ómicron: las CCAA que lo usan sufren la misma incidencia que el resto

Personal de locales en Santander comprueban el pasaporte Covid de sus clientes.

Personal de locales en Santander comprueban el pasaporte Covid de sus clientes. / EFE

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"¿Me puede mostrar el pasaporte covid, por favor?" La pregunta la hace a primera hora Joan, el propietario de un bar de la plaza del mercado de un pueblo de la Costa Brava, pero se repite en establecimientos de hasta doce comunidades autónomas, en algunas desde el pasado mes de noviembre. La exigencia varía según los territorios, pero en general afecta a bares, restaurantes, ocio nocturno, gimnasios y residencias. Para entrar hace falta demostrar que se está vacunado, con la pauta completa. Una medida que pretendía controlar la sexta ola a principios del invierno pero que se ha mostrado poco eficiente en su objetivo con la aparición de la variante ómicron.

De hecho, las tres comunidades con mayores tasas de incidencia, Navarra, País Vasco y Aragón, exigen su presentación en lugares de concurrencia pública, así como la Región de Murcia, Canarias y Andalucía, que son los territorios con menos incidencia a día de hoy. Entre medias, Madrid, Castilla-La Mancha, Castilla y León y Extremadura, que no exigen la presentación del comprobante de vacunación para la vida social. 

Esta disparidad de criterios es una de las críticas que los expertos hacen a falta de efectividad de la medida. "Ha sido una medida tibia. Ha habido una falta de visión estratégica en la gestión global de la pandemia y el hecho que se aplique de manera desigual en los territorios le resta legitimidad y eficacia". Joan Carles March, profesor de la escuela andaluza de Salud Pública, opina también que "ha sido una barrera pero debería ser más estricta para ser eficiente". En paralelo a implantación del pasaporte covid y su firme aplicación, March pide también la exigencia de pruebas de antígenos recientes para mejorar la eficiencia de las medidas en el control de la epidemia.

La falta de eficiencia en el control de la incidencia es la mayor crítica que le hacen los expertos a la medida que para muchos ha logrado incentivar la vacunación. Desde la Universidad de Valencia, el catedrático de Salud Pública José María Martín Moreno opina que "el pasaporte covid puede ayudar a que la gente se vacune y en ese sentido ha sido un instrumento para acelerar la reapertura de una manera segura, pero no es la solución perfecta dado que tiene limitaciones".

El efecto sobre la vacunación parece haber sido la consecuencia más positiva de la exigencia del pasaporte en la restauración y el ocio. El número de vacunados se vio incrementado en los primeros días de implantación de las medidas en territorios como Catalunya donde durante las primeras jornadas de obligatoriedad del pasaporte, más de 20.000 personas pasaron por los vacunódromos sin cita previa para obtener alguno de los pinchazos. Pese a que el conseller de Salut de la Generalitat catalana, Josep Maria Argimon, afirmó que el objetivo de la medida en su comunidad no era aumentar la vacunación, esta ha sido su consecuencia más visible. La afirmación la confirma Pepe Martínez Olmos, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública. "El pasaporte es útil para forzar a la gente que se vacune. En mes y medio de la medida se han vacunado 400.000 personas."

Graves efectos sobre la restauración y el ocio nocturno

Más allá sobre las consecuencias sobre la salud de las personas y el tratamiento epidemiológico de la pandemia, el pasaporte covid ha tenido graves consecuencias sobre los sectores afectados. Hostelería y ocio nocturno se han visto tocados por los cambios en las políticas respecto a las medidas. Joaquim Boadas, secretario general de Spain Nightlife, patronal del ocio nocturno cree que el pasaporte covid fue un 'motor de la vacunación', sobre todo entre la población de 16 a 30 años, que vieron un aliciente para obtener su pauta. El error, según el sector, es no haber acompañado la medida con la petición de tests negativos. "Sin embargo, el cierre del ocio nocturno ha sido contraproducente, ruinoso para muchas empresas y la gente ha dejado de vacunarse por falta de incentivos".

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