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Alimentación saludable

7 aprendizajes definitivos para que nuestros hijos coman saludable

Expertos del mundo de la nutrición y la salud nos dieron las claves para mejorar la alimentación infantil en el encuentro de 'Alimentando el cambio' impulsado por Danone.

7 aprendizajes definitivos para que nuestros hijos coman saludable
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María Dotor

En España, en los últimos 20 años hemos duplicado las tasas de obesidad. Un 67% de la población no tiene un peso adecuado y el 40% de la población infantil tiene exceso de peso. De seguir así, de adultos tendrán muchas probabilidades de padecer obesidad y otras patologías asociadas.  

El 40% de la población infantil tiene exceso de peso.

La obesidad es la otra pandemia del siglo XXI. Es una crisis importante de salud pública a la que nos enfrentamos como sociedad, y con la que todos debemos estar comprometidos. Reducir las tasas de obesidad infantil requiere de educación, de que los alimentos saludables sean asequibles, de la implicación de las escuelas, de los medios de comunicación y de la industria alimentaria, que debe ayudarnos con esto…” aseguraba la Doctora María Neira, Directora del Departamento de Salud Pública y del Ambiente en la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el evento Educar en Salud organizado por la iniciativa Alimentando el Cambio, de Danone y que contó con la participación de Fundación Trilema, DKV, Unicef, Grupo IFA, CEMAS y Disney, entre otros. 

En este evento participaron, además de los propios niños, expertos del mundo de la salud y de la nutrición como el dietista-nutricionista Aitor Sánchez o la farmacéutica y nutricionista Marian García (Boticaria García), y también Laura Baena, fundadora y directora creativa del Club de Malasmadres, quiénes nos dieron algunas claves fundamentales para iniciar este cambio hacia una alimentación saludable que ponga fin a estas cifras tan preocupantes. 

1.Comer bien tiene que ser un placer, no un castigo 

En muchas ocasiones, somos los adultos los que utilizamos la comida como moneda de cambio para conseguir lo que queremos de nuestros hijos. Les amenazamos con no comer helado si no se “portan bien” o les premiamos con productos nada saludables si hacen algo que les pedimos. Esto es un error, puesto que nuestros hijos acabarán haciendo una asociación positiva entre una comida muy poco sana y un buen comportamiento, lo que les podría llevar a ensalzar el valor de este alimento malsano, y viceversa. 

“Comer bien tiene que ser un placer, no un castigo, esta es la única forma de cambiar nuestros hábitos y los de nuestros hijos”

María Neira

Directora del Departamento de Salud Pública y del Ambiente en la OMS

“Comer bien tiene que ser un placer, no un castigo, esta es la única forma de cambiar nuestros hábitos y los de nuestros hijos” decía la Doctora María Neira, directora del Departamento de Salud Pública y del Ambiente en la Organización Mundial de la Salud (OMS), 

No podemos convertir en placentero comer verdura si es con lo que castigamos a nuestros hijos por no haberse portado como esperábamos.

2.El paladar de nuestros hijos también se educa

“Si un niño japonés come pescado crudo no es porque nazca con este hábito, es porque es lo que ha visto que se come en su casa y es a lo que se ha acostumbrado a comer” decía la Doctora Neira. Y así es. Tenemos la creencia errónea de que los niños nacen amando la pizza y odiando el brócoli y, aunque todos podemos estar más o menos de acuerdo en que a los niños les gusta más una pizza que el brócoli, lo que debemos preguntarnos es el por qué. 

Sobre esto también reflexionaba la divulgadora Catherine L’Ecuyer en uno de nuestros eventos: “Un estudio realizado en 2011, consistió en dar bebidas gaseosas azucaradas a un grupo de personas durante un mes. Una vez finalizado dicho estudio se dio cuenta de que esas personas tenían más dificultad para percibir sabores, porque habían sido expuestas a una altísima dosis de azúcar. Lo cual explica por qué cuando llevamos el bollo azucarado o las chuches de merienda a los niños, o cuando añadimos en las papillas azúcar o sal para ayudar a que coman mejor, a los niños luego les cuesta tanto comerse una manzana, unas espinacas o unos garbanzos. El gusto está sobreestimulado, baja la sensibilidad, sube el umbral de sentir y ese niño necesita cada vez más estímulos artificiales para poder percibir las cualidades de los alimentos”. 

Por tanto, el paladar se educa, para bien o para mal. Está en nuestra mano que sea para bien.

3.Los dibujos favoritos de tus hijos, nuevos aliados en la alimentación

Entre las estrategias que utiliza la publicidad para hacer más atractivos los productos en los lineales del supermercado podemos destacar el uso de dibujos animados. Para que podamos comprobar la efectividad del uso de estos dibujos en los envases vamos a ver un experimento que llevó a cabo Danone con niños y niñas de entre 3 y 8 años. 

Danone, como parte de su responsabilidad para promover una comunicación en positivo y transparente alineada con la reformulación de su porfolio, se ha comprometido a utilizar personajes infantiles solo en los yogures que cumplan con las recomendaciones nutricionales de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Danone lleva 4 generaciones en los hogares de los españoles. Un gran poder conlleva una gran responsabilidad, y queremos estar a la altura del contexto actual. El reto entorno a la publicidad infantil no radica en el canal, sino en el mensaje. Como ocurre en el mundo de la educación, el mundo de la diversión forma parte del aprendizaje durante la infancia. Por eso creemos que hacer uso de la publicidad en positivo puede ayudar a impulsar un cambio que mejore la alimentación infantil”, explica Laia Mas, directora de Asuntos Corporativos y Sostenibilidad en Danone Iberia.

4.La presión social va a ir en nuestra contra, por eso hay que empoderar a los niños

Contaban durante el evento la nutricionista Boticaria García y la fundadora del Club Malasmadres Laura Baena que “ir al parque con un tupper de frutos secos te convierte en malamadre cuando ves que el resto de niños/niñas están “disfrutando” de su bollo”. Velar por la salud de nuestros hijos a veces nos hará ir a contracorriente, pero “no debemos olvidar que las que lo estamos haciendo bien somos nosotras”, decían. Boticaria añadía lo necesario que es empoderar a los niños haciéndoles partícipes de la compra, de la elaboración del menú, enseñándoles a leer etiquetas. “Si les implicamos, estarán más dispuestos a comer sano”.

5.Los hábitos son más importantes que la genética

“Está más que demostrado que a la hora de tener buena salud, importan más nuestros hábitos que nuestra genética. La buena noticia es que los hábitos no son innatos, se educan, y las madres y padres, escuelas, centros de salud… tenemos en esto un papel fundamental”, decía el Doctor Josep Santacreu (DKV) en el evento. En este sentido, apuntaba también el nutricionista Aitor Sánchez que “los hábitos que adquieran nuestros hijos en casa serán los que se lleven cuando se vayan, los que les van a acompañar toda la vida”.

A la hora de tener buena salud, importan más nuestros hábitos que nuestra genética. La buena noticia es que los hábitos no son innatos, se educan

6.Enseñar a comer sano no es solo enseñar nutrición

Muchas de las personas que optan por alimentos malsanos lo hacen siendo muy conscientes de que lo que están comiendo no es saludable, que sería más que recomendable que eligieran otras opciones, pero no son capaces. En este sentido se refería Carmen Pellicer, presidenta de la Fundación Trilema: “para que nuestros hijos se alimenten de forma saludable tenemos que enseñarles, no solo nutrición, sino fuerza de voluntad, autocontrol…. De esta forma, aunque les apetezca más un bollo que una fruta, elegirán la opción que saben que es más saludable”.

7.El coste de oportunidad de nuestros malos hábitos

El coste de oportunidad es aquello a lo que renunciamos cuando tomamos una decisión. Aunque normalmente se suele utilizar en decisiones económicas, podemos aplicarlo en cualquier ámbito de nuestra vidaPor ejemplo, si yo te pregunto: ¿por qué no le das a tu hijo de merendar un bollo cada día? Seguramente tu respuesta sea: porque un bollo no es saludable, tiene muchas grasas saturadas, aceites refinados, azúcar… Bien, pero, “¿por qué solo pensamos en lo malo que les aporta el bollo y no en lo bueno que dejamos de aportarles? Es decir, dar un bollo para merendar a nuestro hijo supone no darle fruta, por ejemplo, con la consecuente pérdida de oportunidad para tu hijo de consumir esos nutrientes (las vitaminas son un nutriente en sí mismas, no hace falta poner nutrientes y vitaminas…) que sí son necesarios, al contrario de las grasas y azúcares del bollo”, reflexionaba el nutricionista Aitor Sánchez.

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