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Límites y normas

La estrategia para saber qué cosas puede decidir nuestro hijo por si mismo y cuáles aún no

Nuestros hijos deben ir tomando poco a poco decisiones para ir ganando autonomía. Pero ¿cómo sabemos cuáles son las decisiones que ya pueden tomar?

La estrategia para saber qué cosas puede decidir nuestro hijo por si mismo y cuáles aún no
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María Dotor

Resumiendo mucho, podríamos decir que hay tres tipos de hogares:

  • Hogares autoritarios

  • Hogares permisivos

  • Hogares democráticos

En los hogares autoritarios, hay muchas normas y muchos límites. Y estos se ponen desde el "aquí mando yo". En los hogares permisivos en cambio, no hay límites ni normas, y los niños pueden hacer lo que quieran en todo momento.

En los hogares democráticos, en cambio, hay normas y límites, pero a medida que el niño va creciendo, se le va dejando tomar ciertas decisiones para que así, vayan ganando autonomía. Además, en estos hogares existe la negociación.

A ser responsable se aprende responsabilizándonos

Aunque como padres tenemos muy claro lo que es bueno para nuestros hijos y lo que no lo es, no podemos decidir todo por ellos, porque de esta forma no aprenderán a tomar decisiones, a equivocarse, en definitiva, a responsabilizarse de sus actos. Por tanto, para que nuestro hijo se convierta en un individuo autónomo, el psicólogo Antonio Ortuño nos dice que "debemos ir soltando la cuerda a medida que van creciendo, y esto se hace reduciendo el número de cosas que decidimos por ellos y aumentando las que pueden decidir ellos".

Límites, ¿cuántos?

Muchos os estaréis preguntando: entonces, ¿cuántos límites hay que poner y cuáles? La consultora de crianza consciente Miriam Tirado responde así en su libro 'Límites': “tantos como sean necesarios para garantizar la seguridad, la integridad, el bienestar y el correcto desarrollo de nuestro hijo en cada etapa”.

Por tanto, siempre que tengamos dudas de si el límite que estamos poniendo es lógico o no, deberíamos preguntarnos: ¿de no ponerlo, corre peligro la seguridad, integridad, bienestar y correcto desarrollo de mi hijo? Si la respuesta es sí, lo ponemos. Si es no, no lo ponemos.

Por tanto, los limites tienen que ver con las cosas importantes:

  • Descanso

  • Higiene

  • Respeto

  • Alimentación

  • Uso de las tecnologías

La lista no es demasiado larga, pero es que si fuera larguísima, chocaría frontalmente con el desarrollo de nuestros hijos, que necesitan cierta autonomía y sentirse libres”, nos dice Tirado.

Vamos a poner dos ejemplos para descifrar qué es un límite razonable y qué no lo es:

  • Estáis en casa de un amigo y tu hijo está jugando. Le dices que tenéis que iros, pero él no quiere. ¿Tienes que plantarte y marcharos? “Si ya has apurado antes de decirle que os tenéis que ir y el hecho de que cedas un poco afectará a su hora de cenar y acostarse, es un límite”, nos dice Tirado.

  • Es el momento de ir al cole y antes de salir de casa le quieres poner la chaqueta, pero él prefiere la sudadera. Quiere elegir su propia ropa. ¿Hay que poner un límite? “Pregúntate: ¿llevar sudadera afecta de alguna forma a su desarrollo, bienestar, seguridad…? Seguramente no, es solo un tema estético, por tanto, no es un límite. Solo se trataría de un límite si en lugar de sudadera quisiera ir en manga corta e hiciera frío”, nos dice Tirado.

Sí, los padres también tenemos que negociar con nuestros hijos

Una negociación ocurre cuando dos personas, para llegar a un punto de encuentro, saben y comprenden que las dos tendrán que ceder. Llegar al punto de encuentro es el objetivo, ya que entendemos que esa unión es mejor que el choque o que estar en dos sitios totalmente opuestos. Por tanto, para llegar a un acuerdo, probablemente las dos partes tendrán que ceder inevitablemente en favor del punto de encuentro.

“A partir de los 7-8 años, ya podemos empezar a negociar con nuestros hijos, lo cual, además, les ayudará mucho cuando tengan que dialogar y llegar a acuerdos con otras personas”

“A partir de los 7-8 años, ya podemos empezar a negociar con nuestros hijos, lo cual, además, les ayudará mucho cuando tengan que dialogar y llegar a acuerdos con otras personas”, nos dice Tirado. “A menudo nos daremos cuenta de que a los adultos eso de negociar no se nos da muy bien, y menos con nuestros hijos. El motivo es que nuestros padres no lo hicieron con nosotros, y cuando nos ponemos hacerlo nos surgen muchas dudas: ¿estaré siendo muy flexible?, ¿me estará vitoreando?”.

Pero nada más lejos de la realidad. “Podemos negociar con nuestros hijos, no es para nada negativo hacerlo. Pero también hay que tener claro que habrá cosas que para ti no sean negociables, por ejemplo, comprarle un móvil antes de los 14 años. Entonces se le dice que eso para ti es un límite innegociable. Lo que además a él le enseña que él también puede tener límites infranqueables y a decir “no” a cualquiera que quiera saltarlo”.

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