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Sedentarismo infanto juvenil

El problema de los niños que no quieren hacer nada

Los pediatras advierten del creciente problema de sedentarismo de los niños y adolescentes y animan a realizar un mínimo de 60 minutos diarios de ejercicio físico

El problema de los niños que no quieren hacer nada
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María Dotor

Los niños y adolescentes españoles de entre 9 y 17 años son más sedentarios que las generaciones anteriores, debido, entre otras razones, a que su ocio es cada vez más sedentario, lo que les ha llevado a sustituir actividades aeróbicas por tiempo delante de pantallas de móviles, televisores, ordenadores o tabletas.

Los pediatras advierten de que esta problemática se ha agravado durante y después del confinamiento por la pandemia covid-19, lo que ha provocado un exceso en la ganancia energética que se traduce en un gradual y consistente aumento de peso.

1 de cada 5 niños españoles tiene exceso de peso

Por citar algún dato, según recoge la última Encuesta de Salud de España, publicada recientemente por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, la cifra de niños entre 5 y 14 años que no realizan ninguna actividad física es del 12% (8% en varones y 16% en mujeres); y entre los 15 y los 24 años, un 45% no realiza nada o muy escasa actividad.

Entre los 15 y los 24 años, un 45% no realiza nada o muy escasa actividad física

La Asociación Española de Pediatría y los Colegios oficiales de Licenciados en Educación Física y en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte recuerdan que "los hábitos que se adquieren durante ciertos periodos de la vida se mantienen fácilmente a posteriori y se echan de menos cuando faltan o no se pueden realizar", lo cual pone de manifiesto lo importante es que nuestros hijos, desde que son pequeños, integren en su día la realización de actividad física de forma diaria.

Recomendaciones de actividad física para los niños y adolescentes de entre 5 y 17 años

Pero ¿cuánta actividad física deben realizar nuestros hijos según los expertos?

La Asociación Española de Pediatría y los Colegios oficiales de Licenciados en Educación Física y en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte han elaborado una guía para facilitarnos esta información.

1- Se recomienda la realización de actividad física moderada o vigorosa durante un mínimo de 60 minutos diarios, pudiendo repartirse en dos o más sesiones, en su mayor parte aeróbica e intercalando actividades vigorosas para el fortalecimiento muscular y óseo tres veces a la semana. La actividad física durante más de 60 minutos aporta beneficios adicionales para la salud.

2- Es necesario evitar conscientemente el sedentarismo. Cualquier tipo de actividad cotidiana es mejor opción que permanecer sedentario. En este sentido, y a modo de ejemplo, en los desplazamientos cotidianos es recomendable caminar, utilizar la bicicleta y subir por las escaleras en lugar de utilizar medios de transporte, ascensores y escaleras mecánicas. Es recomendable potenciar el desplazamiento al centro educativo andando o en bicicleta. Obviamente, es importante asegurar el tiempo de estudio y de aprendizaje como una actividad sedentaria prioritaria; sin embargo, se debe limitar en todo lo posible el tiempo que el niño o el adolescente esté en situación de inactividad física o sedentarismo totalmente pasivo, realizando actividades en el tiempo del recreo escolar y potenciando las actividades extraescolares.

3- El desarrollo de la actividad y ejercicio físico será un momento de diversión y juego. Son preferibles las actividades en grupo, divertidas y al aire libre que permitirán un refuerzo positivo, consiguiendo que se mantengan como “hábito divertido” y se incorporen a lo cotidiano con más facilidad que los “hábitos saludables” impuestos y muy sacrificados para los niños. Desarrollar ejercicios de fortalecimiento muscular a través del juego.

4- La actividad física se recomienda en cualquier condición de salud. No solamente la debe practicar el niño sano. La práctica habitual de actividad física ha mostrado innumerables beneficios, adaptada a cada situación o enfermedad, mejorando globalmente el estado de salud (condición cardiorrespiratoria, actitud, estado de ánimo, capacidad de recuperación física, etc.) y la evolución clínica de los niños con enfermedad crónica y discapacidad. Incluso en aquellas condiciones que tradicionalmente desaconsejaban su práctica (discapacidad motora, síndromes hipotónicos, enfermedades con afectación cardiorespiratoria, etc.).

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