TAMBIÉN PUEDE QUITARSE NETFLIX

Vacaciones o hipoteca: ¿a cuántos viajes debe renunciar un joven para pagar la entrada de un piso?

Un joven leyendo en su balcón de Pamplona.

Un joven leyendo en su balcón de Pamplona. / VILLAR LOPEZ

  • El porcentaje de jóvenes propietarios de vivienda ha caído a la mitad en solo diez años

  • Empeoran sus condiciones económicas, sube el precio de la vivienda y se endurece el acceso al crédito

  • Calculamos a cuántos viajes de vacaciones debería renunciar un joven para ahorrar lo que cuesta la entrada de un piso

8
Se lee en minutos

A los jóvenes no les llega para comprar una vivienda porque se pasan el día de bares o viajando. ¿Seguro? El viejo debate sobre si las nuevas generaciones viven o no peor que la anterior revivió esta semana tras las declaraciones de la periodista Elisa Beni, quien en una tertulia afirmó que la juventud actual tiene la opción "perfectamente lícita" de "vivir la vida y salir", pero que en el pasado, padres y abuelos "se sacrificaron" y dejaron de "salir a tomar una cerveza" para invertir en su casa.

Interpelada en Twitter, Beni se reafirmó. "Viajar al extranjero, salir de compras, comprar caprichos y comprar una casa... son los mundos de Yuppie. Ninguna generación anterior ha hecho tal cosa".

Que los jóvenes son cada vez menos propietarios es una verdad constatada. La recién publicada Encuesta Financiera de las Familias, un documento que elabora el Banco de España cada tres años, revela que el porcentaje de jóvenes propietarios ha caído a la mitad en menos de diez años.

En 2011, el 69% de los jóvenes menores de 35 años tenían una vivienda en propiedad. En 2020, este porcentaje había bajado al 36%. Es una tendencia que viene observándose desde los peores años de la crisis financiera: entre 2012 y 2013 cambiaron las tornas, el número de jóvenes que vive en alquiler superó al de jóvenes con vivienda en propiedad y la brecha ya no ha parado de crecer.

Pero, ¿se debe realmente a que los jóvenes se pasen gastando en ocio? ¿O hay otros motivos —como el empeoramiento de su situación económica, el encarecimiento de la vivienda y el endurecimiento del acceso al crédito— detrás?

Entre los movimientos por la vivienda y el sector inmobiliario hay cierto consenso sobre el siguiente bucle perverso: el alquiler se come una gran parte del salario, lo que impide a los jóvenes ahorrar y juntar el dinero necesario para dar la entrada de un piso, que asciende al 20% de su valor (sin contar los gastos asociados: notaría, gestoría e impuestos).

En el siguiente gráfico calculamos cuánto debería dejar de gastar un joven para ahorrar para la entrada de su piso, de media y según la provincia en la que viva.

En Gipuzkoa, la provincia con el metro cuadrado más caro de España, la entrada para un piso de 90 metros ascendería a 58.626 euros, lo que cuestan 86 viajes de vacaciones de una semana al extranjero (tomando como base el gasto medio diario de un español cuando va de viaje al extranjero: 96,85 euros). Si un joven ocioso hace dos viajes de este tipo al año, tendría que 'cortarse' durante 43 años para juntar una entrada.

Si ese mismo joven guipuzcoano prefiriera quitarse la suscripción a Netflix y guardara los 12,99 euros mensuales, en 376 años tendría el dinero suficiente para ir al banco y pedir su hipoteca. En Baleares, Madrid, Bizkaia, Barcelona y Málaga la cosa no pinta mucho mejor. Estas provincias y sus capitales son, además, las que mayores incrementos del precio del alquiler, de hasta el 41%, han sufrido en los últimos años.

En el lado opuesto de la tabla están Ciudad Real, Cuenca y Jaén, donde la entrada media para un piso no supera los 13.000 euros. Aun así, esos unos cuantos viajes a dejar de hacer: entre diecisiete y diecinueve.

Las condiciones económicas de los jóvenes han empeorado

Ignacio Garijo es un joven andaluz que a la hora de hacer su trabajo final de carrera de Economía se preguntó cómo habían cambiado las condiciones de los jóvenes tras la gran crisis de 2008. "Planteé la hipótesis de que habían empeorado para comprobarla. Y yo pensaba que no sería así, que las condiciones habrían mejorado un poco o que estaríamos igual, lo cual ya hubiera sido una mala noticia. Pero al ir sacando los datos vi que la situación había empeorado", cuenta. "Me sorprendió. Es bastante triste".

En su trabajo, que ha resumido en Twitter, Garijo analiza el mercado laboral, la renta, las tasas de pobreza y desigualdad, el acceso a la vivienda y las percepciones de la juventud y compara datos de 2006 y 2018.

"Es un tema relativamente reciente que nace de la preocupación por los millennials. Tras la crisis empezó la recuperación, pero cuando en 2017 y 2018 se vio que la cosa no había mejorado del todo muchos economistas, no solo españoles, se pusieron a estudiarlo", dice.

El joven cita un trabajo reciente de ESADE que revela que en los países del sur de Europa la "generación poscrisis" recibe menores ingresos y cuenta con menores tasas de empleo que su generación predecesora, los nacidos entre 1975 y 1984. En consecuencia, y debido al "tiempo perdido" durante su primera década en el mercado laboral, bajan las tasas de emancipación, de vivienda en propiedad, de fertilidad y de riqueza potencial. No es así en todas partes: en Alemania, la generación poscrisis tiene mejores condiciones económicas que la anterior.

El economista Juan Luis Jiménez también ha recopilado distintas evidencias sobre el empeoramiento de la situación económica de la juventud española. Por ejemplo: que las generaciones de jóvenes cada vez ganan menos por su trabajo y que la brecha no desaparece hasta los 35 años.

Para medir la capacidad de ahorro de los jóvenes, Garijo utilizó las contribuciones a planes de pensiones privados, que entre 2006 y 2018 han caído en todos los grupos de edad, pero especialmente entre jóvenes y adultos de hasta 44 años. "Puede ser porque no dan rentabilidad o porque estos grupos han perdido capacidad de ahorro", dice.

El informe de ESADE midió la "capacidad de acumular riqueza" y concluyó que la generación anterior a la crisis pudo acumular durante su treintena más que la generación poscrisis.

Sin ahorro (o ayuda familiar) no hay piso

Paralelo a la pérdida de capacidad económica de los jóvenes está el aumento del precio de la vivienda, disparado en el entorno de la OCDE a partir de 1990, y el endurecimiento de las condiciones para acceder al crédito tras los pecados cometidos por la banca durante burbuja.

En España, los precios tocaron techo antes de su estallido y vuelven a escalar desde 2015. En los últimos meses se han alcanzado cifras de compraventa cercanas a 2008. Destaca, además, que la mitad de estas compraventas se hagan sin hipoteca.

Si los jóvenes no pueden, ¿quién compra? Personas que disponen de capital previo, que venden su casa anterior, que reciben una herencia o inversores.

"Esto se agudizará aún más en un contexto de inflación y subida de tipos. Los únicos que podrán acceder a la propiedad serán quienes ya la tienen", pronostica Carme Arcarazo, portavoz del Sindicato de Inquilinas de Catalunya. "La vivienda es un refugio patrimonial para algunos; para otros, que pagan la mitad de lo que ganan a la economía rentista, una explotación. La polarización entre propietarios e inquilinos aumentará".

Tanto la OCDE como este Sindicato aportan datos sobre el aumento del gasto en vivienda dentro del presupuesto de las personas. Así como la ropa, el ocio y, principalmente, la alimentación, han bajado de precio en las últimas décadas, la vivienda —ya sea en alquiler o en propiedad— cada vez representa un mordisco mayor en el gasto mensual. De media, y según la última encuesta de Presupuestos Familiares del INE, un 34% del presupuesto del hogar (en los hogares más pobres aumenta hasta el 44%).

El esfuerzo para comprar una vivienda también ha aumentado un 35% en España: en el año 2000 una familia necesitaba 8,2 años enteros de sueldo para pagar una casa; en 2022, necesita 11 años.

Así pues, ¿tienen los viajes, los bares y los caprichos la culpa de que los jóvenes y los millennials, que ya no son tan jóvenes, no puedan comprarse una vivienda? "Yo creo que poder acceder a un crédito no depende de las cañas que te tomes, sino de si tu familia puede ayudarte con la entrada o no y de entre cuántos hermanos se vaya a repartir la herencia en las familias con padres propietarios", sintetiza Arcarazo.

Si bien el sindicato coincide con el sector inmobiliario en el problema, sus recetas para afrontarlo son muy distintas: mientras que la empresa pide ayudas públicas para que los jóvenes accedan al crédito (Ana Botín ha sido la principal promotora de esta idea), los movimientos por la vivienda reclaman una regulación del alquiler que proteja al inquilino y le permita vivir con más seguridad.

Garijo, por último, hace una consideración personal. "Quizá sea verdad que nuestros padres y abuelos fueran generaciones sacrificadas, que tenían tres empleos y trabajaban de sol a sol. Pero para los jóvenes de hoy esto puede ser conformista, porque pierdes tu vida entera trabajando solo para mantener a la familia y encima lo romantizas. Ahora somos más pragmáticos con que hay que vivir", concluye.

NOTA METODOLÓGICA

Para calcular la entrada media por provincias, hemos utilizado datos del precio medio /m2 de las ventas registradas en el primer trimestre de 2022 del Colegio de Registradores. Consideramos lo que costaría un piso de 90 metros cuadrados y a cuánto ascendería el 20% de entrada de la hipoteca.


Para calcular el precio de una semana en el extranjero, utilizamos datos de la encuesta de turismo residentes del INE del verano de 2019, por ser el último "normal" antes de la pandemia. Concretamente, utilizamos el dato de gasto medio diario por persona en un viaje al extranjero: 96,85 euros.


La suscripción considerada a Netflix es la "Estándar", de 12,99 euros al mes.


El precio del aguacate está sacado de la estadística de la última semana del Ministerio de Agricultura: 4,75 euros el kilo.

Noticias relacionadas