PROYECTO EMPRESARIAL

Cómo ganar dinero limpiando de plástico los mares

La firma Gravity Wave transforma redes en desuso y material recuperado por los pescadores en mobiliario urbano o papeleras

Los hermanos y fundadores de Gravity Wave, Amaia y Julen Rodríguez.

Los hermanos y fundadores de Gravity Wave, Amaia y Julen Rodríguez. / David Revenga

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David Navarro

Hay sueños empresariales que no son nada sencillos y menos cuando lo que se pretende es convertir la lucha contra la invasión de plásticos que sufren los océanos en tu medio de vida. Sin embargo, los hermanos Amaia y Julen Rodríguez han logrado dar con la fórmula que les permite aunar su vocación con la rentabilidad que debe tener cualquier proyecto empresarial, hasta el punto de que la startup que fundaron en 2019 en la localidad alicantina de Calpe, Gravity Wave, cuenta ya con una decena de personas en plantilla.

La idea de partida es bastante simple. Se trata de recuperar el plástico que flota en el mar y el que procede de las redes de pesca que se rompen o quedan en desuso, y reciclarlo para darle una nueva vida. Lo que ya no resultó tan fácil fue encontrar la forma de ganar dinero con el proceso y, de hecho, como ocurre tantas veces, sus inicios estuvieron marcados por un error que les obligó a empezar casi desde cero, cuando ya llevaban un año y medio de trabajo.

Como cuenta la propia Amaia, la idea de dedicarse a limpiar los océanos le surgió durante una estancia de dos años que realizó en China, en la que se dedicó a recorrer en plan mochilero todo el Sudeste Asiático. Y, concretamente, cuando tras casi dos días de viaje en busca de una playa paradisíaca de Borneo, se la encontró llena de botellas y otros restos que habían arrastrado hasta allí las corrientes.

El shock de aquella imagen le marcó para siempre y, a su regreso, se dedicó a evangelizar a su familia y, sobre todo, a su hermano menor para atraerlos a la causa. Hasta que logró convencerle y Julen Rodríguez abandonó el proyecto que tenía para importar productos de telefonía móvil desde China.

Eso sí, en la conversión de Julen también influyó conocer a Lefteris Arapakis, un griego que iba a poner en marcha una escuela de pesca sostenible y que le habló de la cantidad de plástico que recogían los pescadores. Y fue así cómo los restos que capturaban los barcos con sus redes en el Mar Egeo empezaron a viajar hasta España para su reciclaje y posterior transformación.

Los fundadores de la startup durante una acción de concienciación que realizaron en la playa de Calp.


/ David Revenga

Como no acababan de ver lo de limpiar el mar desde su Pamplona natal, decidieron instalar su empresa en Calpe, en la Costa Blanca, donde veraneaban y donde vivía su tío. Al principio, quisieron aprovechar los contactos que Julen tenía en el sector de la telefonía y su objetivo era transformar el plástico recuperado en fundas para móviles. Pero no salió nada bien, según reconoce la propia emprendedora.

El socio industrial que encontraron no tenía los conocimientos técnicos adecuados sobre el plástico, explica Amaia, por lo que, tras un año y pico de trabajo, tuvieron que abandonar esta idea. Era noviembre de 2020 y con "cero recursos", según la fundadora de la firma, tuvieron que replantearse todo el proyecto y buscar una nueva forma de encontrar ingresos.

Y lo que se les ocurrió fue convencer a otras empresas para que les pagasen por hacer la tarea, es decir, por limpiar el mar. Fue después de una temporada en la que, según recuerda Amaia Rodguez, llegaron a tener más de 20 reuniones a la semana con otras compañías, con el objetivo de ver cómo podían reconducir su negocio.

Se dieron cuenta de que las empresas buscaban proyectos medioambientales para invertir en Responsabilidad Social Corporativa, pero que lo único que tenían a su alcance era plantar árboles y empezaron a ir a estas reuniones con su propuesta bajo el brazo, hasta que llegó el primer valiente que les compró la idea y en diciembre de 2020, por primera vez, empezaron a ingresar dinero.

De esta forma, las empresas que contratan sus servicios abonan una cantidad y, a cambio, Gravity Wave certifica que se ha recogido el correspondiente volumen de plásticos del mar. Por ejemplo, la nueva marca de atún vegano de Nestlé se ha comprometido ya para la retirada de 14.500 kilos de plástico este año, y cada vez son más las compañías que apuestan por esta iniciativa.

Por su parte, la startup mantiene acuerdos con alrededor de 4.000 pescadores de Grecia, Italia y España, donde también instalan contenedores en los puertos para que las embarcaciones puedan depositar las redes que ya no les sirven y evita así que acaben en los fondos marinos.

Todo este material se envía posteriormente a una planta de la provincia de Valencia, donde se transforma en planchas con las que se fabrican bancos, maceteros, papeleras y otro tipo de mobiliario urbano, que también se vende, con lo que se convierte en una segunda vía de ingresos para la compañía.

Ahora están buscando un nuevo socio para hacer también inyección de plástico, con el que ampliar su gama de productos y poder procesar un mayor volumen de material. El gran objetivo que se han marcado es alcanzar el millón de kilos de plástico recuperado para el horizonte de 2024. De momento, van por el buen camino.

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