ECONOMÍA

Siro: La dependencia de Mercadona y los sobrecostes provocaron la mayor crisis galletera de España

Trabajadores de la planta de Venta de Baños de Siro durante una de las protestas.

Trabajadores de la planta de Venta de Baños de Siro durante una de las protestas. / EPE

  • Tras 20 años de vinculación, el gigante valenciano dejó en 2018 de trabajar con Siro como único proveedor de galletas, pasta, cereales y bollería

  • El Grupo, con más de 1.700 empleados, llegó a acumular una deuda de 300 millones de euros que la abocaba al concurso de acreedores

  • La intervención de Fernández Mañueco, pero sobre todo de la ministra Reyes Maroto desbloqueó 'in extremis' el plan para salvar a la compañía con inversiones extranjeras

  • Ayer se firmó en el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo el nuevo Plan de Competitividad de la compañía. "Es un proyecto de futuro", dijo Maroto

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Alberto García y Ana González se conocieron en 2007 en la planta de producción de Aguilar de Campoo de Siro, la primera empresa de galletas del país y proveedora principal de Mercadona. Él trabajaba en mantenimiento. Ella, en las líneas de producción. 

No es raro que nazcan parejas en las fábricas de esta localidad palentina (6.711 habitantes) que está considerada la ciudad galletera por excelencia. Mientras en Siro hay 320 trabajadores Gullón roza los mil empleados.

"En casa ha habido muchos nervios, mucha incertidumbre, hemos intentado hablar lo justo de la fábrica, pero al final siempre sale el tema, es difícil abstraerse", revela Alberto, de 46 años, que tiene con su pareja un hijo de siete años y una casa comprada -"aunque nos queda hipoteca que pagar todavía"- en Aguilar.

Su vida estaba encarrilada en esta ilustre villa en las estribaciones de la montaña cantábrica hasta que en octubre del año pasado el Plan de Competitividad de la empresa, un documento llamado a reconducir el negocio, hacía presagiar nubarrones al ponerse las cifras negro sobre blanco. La deuda del grupo ascendía a 300 millones de euros y conseguir financiación para sobrevivir rozaba lo quimérico.

Irse de Aguilar

Las cuatro fábricas del grupo -en Toro (Zamora), Venta de Baños (Palencia) y Aguilar de Campoo- estaban en riesgo: más de 1.700 personas podían perder su trabajo en tres comarcas castellanas muy castigadas ya por la despoblación. Donde empresas como Siro son agarres fundamentales para fijar población.

La alcaldesa de Aguilar sujeta el teléfono móvil para que los miembros del comité de empresa de Siro hablen con Mañueco.

/ EFE

"No era algo que hubiéramos hablado, pero yo ya había pensado que igual habría que irse de Aguilar, porque aquí alrededor no hay nada; la cosa está como está, es la España vaciada. Te tienes que ir a la capital, a Cantabria, a Burgos...", llegó a barajar Alberto.

El origen de la crisis de Cerealto Siro, de acuerdo al ya mencionado Plan de Competitividad, al que ha tenido acceso EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, se situaba en el cambio de relación con Mercadona. 

El grupo galletero trabajó en exclusiva para la cadena valenciana desde 1998 hasta 2018, cuando su fundador y presidente, Juan Roig, varió radicalmente la vinculación con los proveedores. Mercadona pasó de tener un único proveedor por categoría —en este caso, Siro le hacía todas las galletas, pastas, cereales de desayuno, bollería, pan de molde, barritas de cereales y tortitas— a introducir competencia en los lineales y buscar proveedores por producto. 

Hoy, Mercadona vende algunas galletas marca Hacendado elaboradas por Siro. Pero también otras elaboradas por terceras empresas, como Gullón, Brioixpan e incluso compañías extranjeras, como la sueca Continental Bakeries.

Para Mercadona, el nuevo modelo suponía un aumento de referencias y una mejora en los márgenes, porque así podía escoger al proveedor que mejor precio le diera por producto. Para los proveedores de toda la vida, que habían creado dependencia de Mercadona, supuso un giro inesperado de guión.

Imagen de la planta de Siro en Aguilar de Campoo.

/ EPE

Los precios fueron, según la lectura del grupo Siro, “un factor determinante” en el cambio de estrategia de Mercadona. Preguntada por este diario acerca de cómo le afecta la crisis de Siro, la cadena ha preferido no hacer comentarios.

“Mercadona ni quiere ni puede seguir creciendo mediante la apertura de nuevas superficies (...) Su única vía posible era incrementar la rentabilidad. Mercadona pasó de primar la capacidad de suministrar grandes volúmenes de forma estable a poner el acento en los precios a los que compra a proveedores”, decía el documento elaborado por la compañía galletera. 

Liberadas de la exclusividad que exigía el supermercado, algunas empresas proveedoras aprovecharon para espabilar, abrirse a nuevos clientes y al mercado exterior. Otras, como Siro, intentaron compensar el vacío que les dejó Mercadona con otros clientes. Pero no tuvieron éxito y sus ventas y beneficios se desplomaron. 

“Se necesita un tiempo para lograr la eficiencia en los nuevos clientes. Ese camino de eficiencia se construyó con Mercadona a lo largo de los años”, decía el documento. Para ilustrarlo, la galletera incluía una comparativa de los márgenes que obtiene con otras compañías. Son sustancialmente más bajos en el resto de superficies comerciales que en Mercadona.

"El grupo empezó a perder referencias en favor de otros competidores, principalmente porque los precios son más elevados al tener un coste productivo superior al del resto de empresas del sector", apuntaba el citado informe, que también añadía otros factores que habrían derivado en la "falta de competitividad": salarios por encima de lo "legalmente establecidos", "altísimo absentismo" y capacidad industrializada "infrautilizada" (ninguna de la plantas superaba el 61% de ocupación).

En el momento de redactar el Plan de Competitividad, a finales de 2021, Siro acumulaba 85 millones de euros en pérdidas y 299 millones de euros de deuda. Sus perspectivas de negocio eran y siguen siendo tan malas que los bancos se negaban a conceder nueva financiación. La solución no solo pasaba por buscar otros clientes, sugería el documento, sino por reducir costes bajando salarios y cambiando las condiciones laborales, además de dar entrada a inversión externa, algo que finalmente llegó.

Hace semanas, los fondos Davidson Kempner y Afendis ofrecieron 180 millones de euros a cambio del 75% de la empresa para tratar de salvar la compañía, algo que no fue aceptado por todas las asambleas de trabajadores, ya que suponía una alta reducción del poder adquisitivo.

La empresa se situaba así al borde del precipicio, a un paso del concurso de acreedores.

Tras días de manifestaciones, negociaciones y noches en vela por un futuro incierto, los directivos de Siro, los sindicatos y los inversores llegaron a un principio de acuerdo en la madrugada del viernes, a las tres de la mañana. 

Un autobús a Madrid

El encuentro clave del que salió el trato y que fue aprobado definitivamente por las asambleas de los trabajadores el sábado tuvo lugar a cientos de kilómetros de donde están las naves de la marca, en el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, en Madrid. 

Hasta la capital se desplazaron los representantes sindicales en un miniautobús que había fletado la Delegación de Gobierno en Valladolid.

"Lo teníamos listo por si la reunión con la Junta de Castilla y León resultaba infructuosa. La ministra lleva involucrada en encontrar una solución desde hace tiempo", confirmaban desde el equipo de Reyes Maroto, donde se vendía el preacuerdo como una victoria.

La ministra Reyes Maroto acudió a la Asamblea de Trabajadores de Toro donde los comités aprobaron el plan.

/ EFE

La ministra es de Valladolid y llevaba varios meses pendiente de las negociaciones con los inversores, que se adentraron hasta la madrugada del viernes. De hecho, sobre medianoche, y para poder seguir con el encuentro, se decidió hacer un pequeño parón para cenar. Se compraron 33 sándwiches y refrescos y agua de las máquinas de vending. Pagó la ministra de su bolsillo. A las 3 se firmó el preacuerdo.

El presidente de la Junta de Castilla y León, el 'popular' Alfonso Fernández Mañueco, también se había involucrado personalmente en encontrar viabilidad para la empresa. "Hay que salvarla como sea", llegó a decir en uno de los encuentros mantenidos esta semana con los representantes de los trabajadores, donde su socio de Gobierno, Vox, que tiene la cartera de Industria, Comercio y Empleo, se había puesto de perfil.

La última reunión del jueves celebrada en la Consejería de Economía, y en la que también estaban los alcaldes de los municipios involucrados, volvió a ser infructuosa. Acabó a las 5 de la tarde. En la calle, entre la Consejería y la Delegación de Gobierno, a muy pocos metros de distancia, estaba el autobús del Gobierno aparcado. Era la última oportunidad.

"Lo tenían allí desde las tres", reprocha la alcaldesa de Aguilar, del PP, sobre un hecho que ha despertado recelo en las filas 'populares', cuyos cargos no fueron invitados al encuentro en Madrid.

"Tenemos que aprender que cuando lo importante es salvar los empleos no se trata de defender ningún color político, sino de que las administraciones vayamos juntas", asegura a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA María José Ortega.

"La enhorabuena hay que dársela a los trabajadores, que son los que nos han llevado a una solución. Dejar a 300 personas en la calle hubiera sido algo muy serio. Es un capital profesional muy importante. Aquí ya habíamos vivido situaciones traumáticas y no queríamos repetirlas", recordó la alcaldesa sobre el conflicto mantenido con Fontaneda hace 20 años, cuando anunció que iba a cerrar su planta en Aguilar.

Tras ocho meses de protestas se consiguió salvar la planta. De hecho, fue Siro quien asumió la deuda y subrogó a los 212 trabajadores. 

Alfredo Alonso es el presidente del comité de empresa de Siro en Aguilar. Su padre, que se llama igual que él, estaba hace 20 años en aquel comité. Para Alonso hijo está claro también el origen del conflicto en Siro. Una vez que Mercadona dejó la exclusividad, no se dio con la tecla para seguir siendo rentables.

"Hemos querido crecer como cliente de Mercadona siguiendo sus directrices y una vez que Mercadona se abrió a otros clientes, nos hemos quedado fabricando productos con menos margen de ganancia y cantidad", señala. "La gestión industrial ha sido un desastre, y las inversiones que se han hecho con plantas en otros países no han dado la rentabilidad esperada", añade.

"Esperamos no repetir los mismos errores", decía sobre la solución hallada finalmente para Siro, que contempla 120 millones de euros de inversión y una bajada salarial que oscila de media un 2,8%, aunque contempla que puede haber una subida de poder adquisitivo de hasta un 8% en cuatro años.

Ayer, en el acto de la firma del acuerdo que pone final a la crisis, que tuvo lugar en el Ministerio de Industria y al que acudió Fernández Mañueco, Alonso recordó "los meses duros" que han vivido y dio las "gracias" por haberse hallado una solución. "Voy a ser muy breve, me voy a marchar a casa a hacer galletas, que es lo que sé hacer y lo que tenemos que hacer ahora", dijo en su alocución en la que Mañueco y la ministra mostraron buena sintonía pese a los desencuentros de la semana anterior.  

La solución de la crisis ha otorgado todo el protagonismo a la ministra, loada tanto por los sindicatos como la empresa en su papel mediador. Reyes Maroto se llegó incluso a desplazar a la planta de Toro el sábado a presenciar la votación de la Asamblea, que ratificó por mayoría el acuerdo. La ministra lo dejó claro aquel día haciendo presencia allí: "Hay que hablar de futuro o de cerrar". Ayer, visiblemente emocionada, dijo: "Hemos conseguido un proyecto de futuro para Siro, pero este Gobierno tiene un compromiso de seguir trabajando para su futuro y vamos a reflotar lo que en el pasado fue una historia de éxito".

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