EN SÓLO TRES MESES

Hacienda teme que el descuento de los 20 céntimos en carburantes cueste 600 millones más de lo previsto

El Gobierno augura que el coste público de la rebaja de combustible puede dispararse hasta los 2.000 millones de euros, frente a los 1.400 millones previstos al inicio de la guerra

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante el debate de totalidad del Proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado.

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante el debate de totalidad del Proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado. / EFE/ Fernando Alvarado

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 El Gobierno incluyó en el macrodecreto de medidas contra el impacto de la guerra el descuento directo de 20 céntimos por litro de combustible para todos los conductores. El Ejecutivo optó por la rebaja generalizada como vía para aplicarla de manera inmediata, con rebajas directas en el precio final para aliviar el golpe para los clientes -particulares y profesionales- en plena escalada de los precios de los carburantes.

El Gobierno ya anticipó que el coste para las arcas públicas de costear 20 céntimos de cada litro de combustible que se vendiera en España sería millonario. Las previsiones gubernamentales cuando se aprobó el macrodecreto, a finales de marzo, contemplaban que subvencionar el descuento indiscriminado costaría 1.423 millones de euros en los tres meses en que en principio estará en vigor la medida. Pero ahora el Ejecutivo ya augura que el coste puede acabar siendo mucho mayor.

El Ministerio de Hacienda augura que la factura que asumirá el presupuesto público puede acabar situándose finalmente entre los 1.700 y los 2.000 millones de euros hasta el 30 de junio. Esto es, entre 300 y 600 millones de lo previsto cuando se articuló en un trimestre. Así lo reconoció la ministra María Jesús Montero en una entrevista con la Cadena SER, justificando que la factura final “es variable en función del consumo” de combustible que se acaba realizando.

Montero admitió que el “coste fiscal de la medida será muy importante” y anticipó que el Gobierno no pretende mantener la medida sine díe. “Mientras persistan las circunstancias [de crisis energética] el Gobierno será acompañando con medidas. (…) Debemos de ser capaces de ayudar a las familias y de contener la inflación. Pero de mantenerse mucho tiempo la situación, la medida debería ser más selectiva en función de las necesidades” de los beneficiarios.

Clientes en una gasolinera respostan combustible en Madrid.


/ Alba Vigaray

Cambios en el descuento

Desde el Gobierno en las últimas semanas se ha venido apuntando la posibilidad de eliminar el descuento -que entró en vigor el 1 de abril y lo estará hasta el 30 de junio- o modificarlo si se constataba que no estaba siendo eficaz, y el Ejecutivo también ha dejado abierto la puerta a reconvertirlo más adelante en un descuento que se repartiría en función de la renta del consumidor si la crisis energética y los altos precios de gasolina y gasóleo se prolongan y se hace necesario ampliar el apoyo a los conductores.

El reparto generalizado del descuento de 20 céntimos por litro para todos los clientes y en todos los repostajes, con independencia del nivel de renta del consumidor y de la intensidad en el uso de los vehículos, ha recibido críticas por ser regresiva: al ser general, beneficia más a las rentas altas. El propio Banco de España se ha mostrado crítico con este tipo de medidas de apoyo con carácter indiscriminado, apostando por dirigir las ayudas a los más vulnerables o a los más afectados, y ha alertado de que la rebaja de 20 céntimos está beneficiando más a los hogares de rentas altas.

La vicepresidenta y ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, ha anticipado que el Ejecutivo estudiará la efectividad de todas las medidas de apoyo aprobadas en el macrodecreto de la guerra y que se eliminarán o modificarán las que no estén siendo eficaces. Calviño ya llegado a ir más allá y ha amenazado con poner fin al descuento de 20 céntimos por litro de combustible si se constata que algunas petroleras están subiendo los precios del carburante para absorber la rebaja y, en la práctica, anularla.

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