VIVIENDA

Llega la copropiedad de lujo a España: ser dueño de un chalé millonario pagando solo una parte

Exterior de la Villa Vida, una propiedad en Marbella que Pacaso ofrece a cerca de 700.000 dólares el octavo.

Exterior de la Villa Vida, una propiedad en Marbella que Pacaso ofrece a cerca de 700.000 dólares el octavo. / PACASO

  • Dos empresas ofrecen comprar una acción de una propiedad, desde un octavo hasta la mitad, para poder disfrutar de un espacio de lujo entre 44 y 176 días cada año

  • Las viviendas, normalmente chalets, están por ahora en la costa de Alicante, Marbella e Ibiza

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Salones amplios, camas balinesas en el jardín, una infinity pool, una terraza con vistas al puerto en una ciudad de la costa del Mediterráneo. Paredes con ventanales, bañera, gimnasio, una oficina despejada... Todas las comodidades de una casa de millones de euros. Lugares en los que un ciudadano de clase media, e incluso de media-alta, sólo podría permitirse pasar unas vacaciones en sus sueños. Hasta ahora. Porque ha llegado la copropiedad de lujo.

Los interesados en esta nueva modalidad de compra podrán disfrutar de un chalet durante, al menos, seis semanas al año, en puntos de la costa de Alicante, Marbella o Ibiza por el precio de compra de un apartamento en una zona de playa gentrificada. Eso sí, deben estar dispuestos a compartirlo el resto de meses con otras siete personas conocidas o desconocidas, es decir, a entrar en una copropiedad.

La idea de este tipo de compra-venta la trajo a España Pacaso, una start-up unicornio estadounidense, a finales de 2021. En unas semanas, Dalima, una empresa española, reproducirá este modelo de negocio. Estas compañías ofrecen comprar una acción de una propiedad, desde un octavo hasta la mitad, para poder disfrutar de un espacio de lujo entre 44 y 176 días cada año.

Aunque la copropiedad no sea una práctica novedosa, Pacaso y Dalima plantean una serie de "reglas, normas, derechos y obligaciones que se respetan para que todo funcione perfectamente" y no surjan conflictos entre los compradores. "La práctica de la copropiedad es algo que podemos hacer varios amigos si nos compramos una casa y nos organizamos. Lo que veíamos era una forma de hacerlo más automatizado, de utilizar la tecnología para ello y que hubiera una serie de reglas que permitiera que ese grupo de amigos, después de esto, siguiesen siendo amigos", afirma Ignacio Alonso, relaciones corporativas en Europa de Pacaso.

La copropiedad no es multipropiedad, la forma de compartir viviendas vacacionales tan frecuentada desde hace décadas en España. Se trata de un concepto diferente por varias razones, explica Galder Kabiketa, uno de los socios fundadores de Dalima. Si en un momento dado uno de los propietarios no puede utilizar la casa durante las semanas que le correspondían, puede regalar esos días en su chalet a un amigo o alquilar la vivienda durante esas fechas.

Ese trámite se gestiona desde la app móvil de Dalima. "Las multipropiedades solían ser apartamentos en complejos hoteleros con licencia de alquiler vacacional. Dalima gestiona el alquiler vacacional cuando no es aprovechado por el propietario a través de su aplicación y coloca un anuncio en las plataformas en las que se buscan los alquileres vacacional", tipo Airbnb o Booking, asegura Gabiteka.

El beneficio que el propietario recibe del alquiler de los días que a él le corresponden no lo recibe en dinero, sino en experiencias, como encargos de desayunos, pedir que le dejen la nevera llena con la lista de compra que él ha indicado, reserva en un restaurante o masajes, entre otros servicios de lujo. "Por temas fiscales, nuestro despacho de abogados nos ha recomendado que no haya ingreso de dinero". Asimismo, también se puede usar el beneficio para costes de mantenimiento que puedan derivarse del disfrute que haga de la villa.

Y, como cabe la posibilidad de que el propietario se canse de ir siempre de vacaciones a una misma casa, tiene la libertad para vender su parte y buscar algo mejor o conseguir algo de beneficio después de un tiempo disfrutando de la villa. Para evitar la especulación, ambas compañías imponen un compromiso mínimo de un año como 'codueños' de la vivienda antes de disponerse a vender su parte.

Una vez transcurrido ese periodo, pueden anunciar su participación en una agencia inmobiliaria, aunque "a veces la gente no entiende el modelo y les puede costar mucho venderlo", señala Alonso. La segunda opción es venderla directamente ellos, si la quiere "su hermano o su amigo, es traspasable al precio que el propietario decida". La última vía es ofertarla a través de las plataformas de Dalima y Pacaso.

Este último cuenta con "un mercado secundario muy potente de reventa de acciones". En EEUU, al cabo del año, unos 40 propietarios vendieron su acción. "La vendimos nosotros a los 10 días, con un beneficio del 10% sobre el precio de mercado y lo hicieron para comprarse una acción dentro del mundo Pacaso, porque querían una casa más grande o en otro destino".

"Interacción nula o voluntaria"

Si los propietarios son desconocidos, la interacción entre ellos es "nula o, por lo menos, voluntaria" para que sientan que "esta es su casa durante seis semanas y que no hay nadie más", apunta. Mientras las villas que tiene a la venta en España oscilan entre los 400.000 y los 780.000 euros, Dalima pretende posicionarse con las "típicas familias que quieren una segunda residencia, a un precio similar un producto muchísimo mejor", dice Galder Kabiketa. De hecho, en esta empresa no buscan villas de "superlujo", sino que van a por aquellas que rondan el millón de euros para que la participación de cada comprador (un octavo) sea de 120.000 euros. Sus cuotas cuestan entre los 94.000 euros por un chalet en Moraira (Alicante) hasta los 212.000 euros de la Villa Preciosa de Jávea.

Villa Preciosa, en Jávea (Alicante).

/ DALIMA

Confían en que la idea triunfe en una España en la que, con la pandemia, la gente "tiene más flexibilidad en el trabajo" y se trasladan a segundas residencias durante parte del año para teletrabajar. Ambas compañías ofrecen la posibilidad de contar con una residencia extra "sin comprar las casas completas". Además, en nuestro país se dan "una serie de casuísticas que veíamos en Estados Unidos y que se repiten en Europa" que hacen que este tipo de compra-venta de casas tenga sentido.

"Para mí una de las más importantes y la más curiosa es que las segundas viviendas normalmente están vacías 11 meses al año. Eso tiene un impacto malísimo para la propiedad en sí, para el propietario y para la comunidad en la que están porque no se genera negocio durante los meses en los que las viviendas están desocupadas", indica Ignacio Alonso.

Las segundas viviendas normalmente están vacías 11 meses al año. Eso tiene un impacto malísimo para la propiedad en sí, para el propietario y para la comunidad en la que están

Ignacio Alonso (Pacaso)

"Si tuviera una segunda vivienda, estaría siempre pendiente de si saltara la alarma, de si va el de la piscina, de si va el jardinero. Con la copropiedad, nos podemos olvidar de esto. Una persona que va a pasar seis semanas en su segunda vivienda durante todo el año sabe que va a estar bien, tranquila sabiendo que todo funciona y que ya solamente tiene que aparecer", explica Ignacio Alonso. En Dalima y en Pacaso cuentan con equipos, propios o subcontratados a empresas locales, que se ocupan de que la casa esté en perfecto estado durante todo el año.

Además, Pacaso cuenta con la figura de la home manager, una especie de gobernanta por cada vivienda que tiene un doble trabajo: hacia la propiedad y hacia los propietarios. Ella supervisa que la casa esté bien, que todo funcione, que todo esté en orden y, a su vez, es el punto de contacto con el propietario por si se topa con algún problema o tiene algún ruego imprevisto.

"Como existe una relación entre la home manager y los propietarios, si hay alguna petición especial, se puede hacer. Intentamos facilitar en la medida de lo posible todo, pero no somos un servicio de conserjería. No nos podemos meter en un negocio que no es el nuestro porque nos descentraría de lo que es realmente lo nuestro. Pero intentamos ayudar en todo lo posible y se consigue", aclara el encargado de relaciones corporativas en Europa de Pacaso.  

Próximos destinos

Dalima y Pacaso no fijan su mirada solo en las costas del Mediterráneo. "El objetivo es, a medio-largo plazo, ampliar ese rango de oferta de viviendas tanto por encima como por debajo", anuncia Alonso, que asegura que Pacaso, que ya está presente en Estados Unidos y en Reino Unido, se quiere expandir en nuestro país más allá de Marbella e Ibiza, a destinos en España más tranquilos.

La Villa Aire de Pacaso, en Marbella.

/ PACASO

Para ello, deben popularizar el concepto "porque este modelo de la copropiedad no es tradicional en España y estamos en fase de explicarlo". En Dalima, quieren "liderar" el sur de Europa con nuevas casas en España, Francia, Italia, Grecia y algún destino de esquí.

Elegir qué vivienda es digna de anunciarse en Dalima o Pacaso no es una tarea sencilla. Encontrar la villa adecuada conlleva "muchas visitas", reconoce Ignacio Alonso. "Buscamos casas modernas, que tienen que ser especiales pero no únicas. A mí me puede gustar una casa de estilo árabe, pero es complicado luego venderla y que le guste a ocho personas diferentes". Considera que hay ser "un poquito estándar dentro del lujo y de la modernidad".

Las propiedades de Pacaso cuentan con "calidades altísimas" y con una combinación arquitectónica de "vistas, terraza, piscina, que le den algo especial a la casa". Todas tienen que contar con una parte básica: ocho trasteros para cada uno de los propietarios y normalmente cuentan con gimnasio, aunque sea uno "pequeñito para que siempre haya un sitio donde entrenar", y una parte de home office, donde el propietario "pueda trabajar como si estuviera en casa".

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