CRISIS ENERGÉTICA

España y Portugal proponen a Bruselas un precio máximo del gas de 30 euros para bajar la luz

Los Gobiernos de ambos países plantean un plan maximalista a la espera de que la Comisión Europea lo apruebe para contener la escalada del mercado eléctrico y rebajarlo hasta el entorno de los 110 euros por MWh.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el primer ministro portugués, António Costa, durante el Consejo Europeo.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el primer ministro portugués, António Costa, durante el Consejo Europeo. / BLOOMBERG / VALERIA MONGELLI

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España y Portugal ya tienen una propuesta para la Comisión Europea para bajar el precio de la luz. Después de que los Veintisiete aceptaran que ambos países pudieran tomar medidas diferenciadas para combatir la escalada de precios, los Gobiernos ibéricos han consensuado su posición para pedir a Bruselas que apruebe un tope del precio del gas que se utiliza para producir electricidad de 30 euros por megavatio hora (MWh) hasta final de año para conseguir bajar el precio de la luz. El tope de gas propuesto permitiría llevar el precio del mercado eléctrico hasta los 100 o 110 euros por MWh, frente a los casi 225 euros de este viernes o los más de 280 euros de media del último mes.

La vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha confirmado que la propuesta remitida a la Comisión Europea recoge ese tope deseado de 30 euros por MWh, confirmando la información adelantada por el diario portugués Público. "Tenemos una propuesta conjunta con Portugal y estamos trabajando con la Comisión Europea. Es un documento previo", ha indicado la vicepresidenta desde Ponferrada. "No hemos hecho más que empezar el trabajo con la Comisión, así que yo pediría tranquilidad y paciencia. Hemos propuesto el precio más barato del gas al que entendemos debería producirse ese ajuste, pero es uno de los elementos técnicos de la propuesta que tenemos que discutir con la Comisión Europea".

España y Portugal arrancaron la semana pasado de los socios de la UE un reconocimiento a la “excepción ibérica” y el permiso para que ambos países, que cuentan con un mercado eléctrico que en la práctica opera de manera conjunta, adopten medidas especiales para bajar los precios de la luz. Un trato especial por ser una “isla energética”, con más renovables que el resto de la UE, pero con menos interconexiones internacionales con el continente.

El plan de Madrid y Lisboa pasan por establecer un límite máximo al precio del gas que se utiliza para producir electricidad. El objetivo es conseguir el precio de gas más bajo posible, pero que sea aceptable por la Comisión Europea para evitar una gran distorsión en relación al resto de países de la UE. La horquilla que se manejaba para presentar la propuesta estaba entre los 30 euros y los 50 euros por megavatio hora. La propuesta recoge en principio la opción más ambiciosa, y también la que puede presentar más problemas para que sea aceptada por Bruselas.

Además del tope de 30 euros por MWh al precio del gas en el mercado eléctrico, España y Portugal proponen un sistema de doble precio para que la electricidad que se venda a Francia a través de la interconexión internacional se haga al precio normal que marcaría el precio sin el tope al gas para evitar que se disparen las exportaciones al país vecino aprovechando la caída de la cotización en España. Asimismo, el plan ibérico contempla que la diferencia entre el coste real de producción de las centrales de gas y el precio ajustado que marque el mercado gracias al tope se cargue como un gasto más del sistema eléctrico, y lo asuman el resto de tecnologías de generación.

Los mercados mayoristas eléctricos en Europea funcionan con sistemas marginalistas, que hacen que la última oferta de producción en casar con la demanda es la que fija el precio para todas las demás. La última oferta es en la mayoría de los casos la que realizan las centrales de gas, que ahora soportan unos precios disparados por la desorbitada cotización del gas natural y que empujan al alza el precio de toda la electricidad, también la de las renovables o las nucleares que no soportan esos costes extra por la subida del gas.

Por eso, España y Portugal pretenden aplicar un precio máximo sólo a las ofertas que pueden presentar en el mercado eléctrico las centrales de ciclo combinado (las que queman gas para producir electricidad). Con ello, el conjunto del mercado eléctrico dejaría de disparar su precio al conseguir desacoplarse del precio del gas, que ahora ha agudizado sus subidas por la invasión militar de Rusia sobre Ucrania. En las últimas semanas el precio del mercado del gas ha estado marcando máximos históricos impulsado por la invasión de Ucrania, y colocándose por encima de los 210 euros por MWh.

Choque entre los socios de coalición

El límite concreto que debía fijarse para el precio del gas que se usa para generar electricidad se ha convertido en otra materia de choque entre los socios de Gobierno en España en los últimos días. Desde Unidas Podemos se ha venido defendiendo abiertamente fijar el tope precisamente de 30 euros por MWh, mientras que las vicepresidencias controladas del PSOE se le afeaba a su socio de coalición hablar de precios "a la ligera" y se ha defendido esperar a todos los trabajos técnicos para establecer un precio máximo (aunque desde hace días se apuntaba que previsiblemente estaría más cerca de los 50 euros por MWh).

Desde el bloque socialista del Ejecutivo se insistía en que los trabajos técnicos continuaban para establecer una cota suficientemente baja para que sirva para bajar el precio del mercado mayorista de la electricidad, que determina directamente la factura de luz que pagan unos 10 millones de hogares (los que tienen tarifa eléctrica regulada) y miles de grandes compañías y pymes.

Los trabajos técnicos que enarbolaba el Gobierno también tenían un componente que no se circunscribe a lo meramente operativo en el juego de precios en el mercado eléctrico. Y es que España y Portugal debían proponer un precio máximo para las centrales de gas que sea asumible por la Comisión Europea para conseguir su aprobación, y que no suponga una distorsión comparativa con los mercados del resto de países europeos. "Tenemos que negociar un umbral que a la Comisión Europea le parezca razonable. No se puede determinar a la ligera, hay mucho trabajo detrás", subrayó Ribera este martes. "Cuanto más bajo sea el precio será mejor para nosotros, pero dentro del margen que la Comisión considere aceptable para aprobarlo".

La fijación de un precio máximo al gas que se usa para generar electricidad tendrá sólo carácter temporal, en principio hasta final de año. Se trata de una medida excepcional con la que se pretende contener la subida actual del precio de la electricidad, para luego volver al sistema marginalista habitual (a la espera de que la UE se abra más adelante a un debate a fondo sobre cambiar el sistema de fijación de precios eléctricos de manera permanente, como ha venido reclamando España).

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