FRAUDE COMERCIAL

La pandemia espolea la fabricación y distribución de artículos falsificados

Los productos sanitarios relacionados con la covid-19 y la falta de chips, nuevos nichos de negocio para los delincuentes

Cientos de gafas falsificadas apiladas en el suelo de un almacén

Cientos de gafas falsificadas apiladas en el suelo de un almacén / Víctor Galán

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Entre los efectos nocivos para la economía europea que ha tenido la covid-19 también se cuenta la proliferación de los artículos falsificados, muchas veces relacionados precisamente con la pandemia y sus consecuencias, como los productos sanitarios y los artículos electrónicos, afectados estos últimos por la escasez de semiconductores propiciada por el impacto del virus en las fábricas y en las cadenas comerciales. El valor estimado de estas copias y artículos pirateados no es menor: se calcula que, en 2019, sumaron 119.000 millones de euros, hasta el 5,8% de las importaciones de la Unión Europea (UE).

Según el último informe conjunto de Europol y la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO), en 2020 se interceptaron aproximadamente 66 millones de artículos falsificados, con un valor estimado de 2.000 millones de euros. Es menos que en 2019, cuando se intervinieron 76 millones de objetos falsos que sumaban 2.500 millones de euros, pero hay que tener en cuenta que entonces no se vivieron las formidables disrupciones del comercio que sacudieron el primer año de la pandemia. Además, explica el texto, las incautaciones en 2020 pudieron verse afectadas a la baja por las “dificultades añadidas a las que se enfrentaron las autoridades policiales y aduaneras para aplicar los controles habituales” a causa de la covid-19. Estas agencias detectan asimismo que los delitos contra la propiedad intelectual “han aumentado considerablemente durante este periodo”.

El documento explica que cada vez más son los bienes falsificados que entran en la UE en forma de paquetes pequeños vía servicios de transporte urgente, al calor entre otras cosas del auge del comercio electrónico favorecido por la pandemia. El principal punto de origen de estos productos falsos es, sobre todo, China y Hong Kong, que suman un 61,2% del total de envíos.

Antes que los originales

Los datos de las policías y las aduanas señalan que a las categorías de productos que interesan habitualmente a los falsificadores (prendas y accesorios de lujo, tabaco, juguetes) se les suma un creciente interés por “los dispositivos electrónicos o eléctricos, los teléfonos móviles y los componentes”, algunos de los cuales se fabrican ilícitamente “incluso antes de que los artículos auténticos estén disponibles para la venta”, por el gran interés que suscitan. En este sentido, Europol y EUIPO alertan de que estos criminales pueden aprovechar la creciente escasez de chips para sustituirlos por “semiconductores falsificados, como los diodos”.

En cuanto a los productos farmacéuticos falsos, se ha detectado que los “grupos delictivos falsifican una gama cada vez más amplia de medicamentos”, y que “siguen aprovechando las oportunidades que están surgiendo debido a la pandemia”, como hacer copias ilícitas de equipos de protección individual (EPI), mascarillas, test para la detección de la covid-19 o supuestos tratamientos contra la misma. Las agencias europeas destacan que aunque buena parte de esos bienes proceden de fuera de la UE, también se dan casos en los que se elaboran en laboratorios ilegales situados en territorio comunitario. Además, se ha detectado que la venta de estos productos farmacéuticos se está desplazando de los puntos físicos a los mercados digitales, “como las farmacias en línea y las plataformas de redes sociales de uso generalizado”.

Sofisticación creciente

Entre los productos más tradicionales que suelen ser objeto de copia, el informe destaca el creciente refinamiento de los delincuentes en ciertas categorías. En las bebidas, por ejemplo, se ha comprobado que la falsificación "es cada vez más profesional y sofisticada", en algunos casos con "un modelo de negocio integral que abarca toda la cadena de suministro y distribución", con centros en la UE "que rellenan botellas vacías de bebidas alcohólicas auténticas y falsas". También se ha constatado que, en el tabaco, se están estableciendo "instalaciones de producción modernas y profesionales más próximas a sus mercados de destino". De hecho, se ha detectado un aumento de las importaciones de material de embalaje y de productos semielaborados que apuntan a "la presencia de instalaciones ilegales de producción en la UE" para rematar los productos falsificados, por ejemplo poniendo etiquetas a prendas copiadas o reenvasando plaguicidas ilícitos.

Según Europol y EUIPO, además de los peligros para la salud de los consumidores por utilizar productos fabricados clandestinamente, las consecuencias de la piratería y la falsificación son devastadoras para la economía europea. En un cálculo realizado para el periodo 2013 y 2017, estas agencias calculan que la merma de ventas en la UE por estos motivos ascendió a más de 83.000 millones de euros al año, lo que generó unas pérdidas totales de ingresos fiscales de unos 15.000 millones de euros y la desaparición de 671.000 puestos de trabajo.

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