Ciudad Real

Con el coche en mitad de un embalse vacío por la sequía: una carretera olvidada, paisaje marciano y un pescador

Un vehículo, en medio del embalse de Torre de Abraham de Ciudad Real. 

Un vehículo, en medio del embalse de Torre de Abraham de Ciudad Real.  / ALBA VIGARAY

  • Torre de Abraham, uno de los más grandes de Ciudad Real, está al 7% de su capacidad y amenaza con dejar sin cosecha a una comarca que subsiste de la agricultura: "Nos vamos a la ruina"

  • La Confederación Hidrográfica del Guadiana califica la situación ya "de emergencia por sequía" y no descarta "restricciones"

  • La Mancomunidad del embalse del Gasset, que suministra agua potable a 110.000 habitantes de Ciudad Real, pide a los vecinos un consumo responsable mientras solicita un nuevo trasvase

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A principios de la década de los 90, con aquella sequía atroz que asoló el campo español, los vecinos de Pueblonuevo del Bullaque (Ciudad Real) sacaban a su santo en procesión para pedirle que lloviera. Al ser un pueblo agrícola no podía ser otro que San Isidro labrador. 

Los rezos no funcionaron. Al menos de forma inmediata. Aquella sequía, que duró hasta 1995, provocó la primera diáspora en esta pedanía perteneciente a Retuerta de Bullaque. Una total paradoja para una localidad creada en 1956 por el Instituto de Colonización de la dictadura franquista para evitar la despoblación rural.

En medio del pueblo, de casas blancas alineadas a ambos lados de la carretera, está la Estación de Servicio de Bullaque. abandonada desde hace años. Con los depósitos abiertos enseñando sus entrañas, la gasolinera es el recuerdo permanente de aquel pasado que ahora parece tornarse presente. 

"La gente se irá a Madrid"

ALBA VIGARAY

"Va a pasar como en el 95. Si no llueve la gente se irá a Madrid o Barcelona a trabajar, porque aquí no habrá nada que hacer", comentan Fernando Martín y su hermano Javier. Son hermanos de unos 65 años y toman café en el Restaurante Ayuso. Es el único sitio donde se ve un alma a media mañana en este pueblo de 265 habitantes, el primero tras cruzar el embalse Torre de Abraham, uno de los más importantes de la provincia.  

Ambos se dedican al campo de toda la vida. Lo ven negro, y no precisamente porque haya nubarrones en el cielo. "El año pasado nos dejaron regar algo, yo planté un poco de cereal para salir del paso, pero este año....", rezonga uno de ellos a la vez que encoge los hombros.  

Jesús, pescador de Toledo, ayer en la 'nueva' orilla del pantano de Torre de Abraham, en Ciudad Real.

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El local, con una terraza cubierta por una lona verde raída, parece que vivió también hace mucho tiempo su mejor época. Un repartidor de butano deja en el interior varias bombonas mientras la camarera espera a que entre alguien al que despachar barras de pan o bollería. 

Ya en la carretera, desde la que se va al Parque Nacional de Cabañeros, dos ancianos salen a pasear, aprovechando el día soleado. Uno más de tantos en lo úsltimos meses.

"Nosotros no tenemos santo ni virgen, igual deberíamos tener uno", admite medio en broma medio en serio María del Mar Rodríguez, presidenta de la Comunidad de Regantes del Embalse Torre de Abraham, a la que pertenecen los términos de Pueblonuevo, El Robledo y Porzuna. Entre los tres albergan más de 5.500 hectáreas de regadío, sobre todo de maíz y cereal.  

María del Mar observa desde el mirador de una loma, rodeado de sauces, fresnos y quejillos, lo que ha quedado del embalse por la falta de lluvias. "Mira, los límites naturales del embalse eran aquellos árboles de allá", dice señalando a lontananza, a muchos cientos de metros de la actual orilla del pantano. 

Según datos de la Confederación Hidrográfica del Guadiana, a la que pertenece este embalse, Torre de Abraham tiene almacenados sólo 14 hectómetros cúbicos de los 183 para los que tiene capacidad -cada hectómetro cúbico son mil millones de litros, lo que equivale a la capacidad del estadio Santiago Bernabéu-. La presa está por tanto a poco más del 7%. Es el paradigma de una España que se cuartea. 

María del Mar Rodríguez, presidenta de la Comunidad de regantes del embalse Torre de Abraham, en un mirador frente a la presa.

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De acuerdo a los datos del Ministerio de Transición Ecológica, los embalses nacionales están al 44,61%, casi 15 puntos por debajo de la media de los últimos 10 años, debido a la alarmante falta de lluvias. Castilla La Mancha, Extremadura y Andalucía son las comunidades que viven la peor situación. 

"Si no llueve ya toda la comarca morirá, los pueblos se quedarán desiertos. Hay 600 familias que viven de la agricultura, pero las cosechas dan de comer a todos los pueblos de la zona. Las gasolineras, las tiendas... la economía se mueve. El agua es vida, es riqueza", asegura la agricultora, que está pendiente de reunirse con el presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadiana para que le informe sobre si podrán regar y, sobre todo, cuánta cantidad de agua les darán. 

"Emergencia por sequía"

La Confederación ya cataloga la situación de "emergencia por sequía" en esta cuenca alta del Guadiana. La falta de agua en Torre de Abraham es tan brutal que deja ver la antigua carretera de Torrijos, inundada desde que se construyó en 1997 el embalse, que se alimenta del río Bullaque y el arroyo el Milagro. Nunca se pudo ver tanto tramo de la calzada al aire. 

Varias grullas buscan alimento en uno de los nuevos bordes del embalse, que cada día se achica más. Rodeándolo, hay un vastísimo terreno seco, cuarteado, donde se mezclan los pedregales con pequeños brotes de vegetación. 

Más allá, en lo que debería ser el centro de la presa, un pescador está sentado en su hamaca esperando que las carpas piquen. Tiene aparcado el coche al lado, sobre una loma. Está sólo en medio de un vasto terreno propio de Marte. La imagen parece salida de la película 'Mad Max'. 

Cogemos la antigua carretera de Torrijos hasta llegar hasta él sorteando baches y zanjas. La carretera muere en el pantano. A pocos metros del agua la tierra es blanda, mullida, y está resquebrajada. Es parecido a andar sobre una colchoneta. Pequeños brotes de vegetación nacen aquí y allá. De cuando en cuando aparece algún resto de plástico, pero pocos. 

"Estoy teniendo más suerte con el crucigrama que con la pesca", reconoce Jesús, que está en paro y aprovecha los "ratos muertos" para salir a pescar. "Soy de Toledo y suelo venir de vez en cuando. No lo veía tan bajo desde que hicieron la presa", dice sorprendido.   

Una gasolinera abandonada en el Pueblonuevo del Bullaque. 

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Si la situación meteorológica se mantiene, el desastre se cierne sobre la comarca. "Ha habido mucha gente joven que ha pedido créditos para coger terrenos y comprar maquinaria. Vamos a tener un problema muy gordo", se lamenta la presidenta de los regantes. 

El año pasado les permitieron usar 13 hectómetros de agua, los mismos que tiene ahora la presa, pero este año creen que sólo se podrán regar los leñosos (olivos, pistachos y almendros) "para que no se mueran". Estos cultivos solo suponen el 10% del total. 

Sin paro

Cuando la agricultura funciona a pleno rendimiento se generan 15 millones de euros de actividad económica en la zona. "Es un dinero que se queda en la comarca. Además, durante las épocas de cosecha no hay paro. A este paso, habrá que pedir ayudas por sequía. Nos iremos a la ruina", pronostica María del Mar Rodríguez. La exministra de Fomento Magdalena Álvarez tenía una frase para calibrar la importancia del agua en la economía: "El agua es PIB". Aquí lo saben bien.

La representante de los agricultores pide a la Confederación, a la que pagan un canon anual de 130.000 euros por el agua de riego, que desmantele las decenas de "presas ilegales en fincas privadas" que se montan en el río Bullaque y que ayudan a dejar sin agua el embalse.  

La antigua carretera de Torrijos ha quedado al aire tras bajar drásticamente el volumen de la presa.

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Otro de los motivos que les preocupa es el trasvase frecuente de agua que se realiza al embalse de Gasset, situado a 45 kilómetros y que es el que suministra el agua para abastecimiento humano a la ciudad de Ciudad Real y municipios adyacentes. En total, a 110.000 personas. 

Casimiro Pastor es el presidente de la Mancomunidad del Gasset, que lleva semanas pidiendo a los vecinos que hagan un consumo responsable del agua. Se ha rebajado el uso de este oro transparente un 15%, un pequeño respiro. 

"En unas semanas pediremos un nuevo trasvase desde el Torre de Abraham. Es algo que tenemos protocolizado cuando tenemos menos de 14 hectómetros cúbicos [el embalse de Gasset estaba ayer en 13, al 30% de su capacidad]", afirma en conversación telefónica con EL PERIÓDICO DE ESPAÑA el presidente, que admite que la situación es "alarmante". 

"Es que es el segundo mes de enero más escaso en lluvias de todo el siglo", exclama Pastor, que incide en que el abastecimiento para consumo humano es "prioritario". 

"Con ese trasvase podemos asegurar para las siete poblaciones del Gasset 18 meses de agua potable en calidad y cantidad suficientes", asegura Pastor, que incide en la responsabilidad individual de los vecinos en el consumo responsable. 

"Si hay una emergencia severa, tenemos pozos de sequía y un plan de contingencia, pero no es planteable ahora mismo", trata de rebajar la preocupación al ser preguntado por posible cortes de suministros como ya ocurre en la mancomunidad de Tentudía de Extremadura, también de la cuenca del Guadiana.

Los regantes de Torre de Abraham entienden la prioridad, pero aseguran que hay otras soluciones para llevar agua al Gasset, como la llamada Tubería manchega, una infraestructura ya bastante avanzada que podrá llevar agua del Tajo a Castilla-La Mancha. "Desde esa tubería se podría trasvasar agua al Gasset en vez de a Murcia. Es que como nosotros lleguemos cinco hectómetros, ¿qué vamos a beber? ¿fango?", se pregunta. 

Desde el Confederación del Guadiana responden a este periódico que la situación de sequía hace "muy difícil atender todas las demandas socioeconómicas con un 30% de las reservas hidráulica" en la cuenca. 

"Si no cambia la situación meteorológica difícilmente vamos a poder afrontar la campaña de riego de Torre de Abraham", sentencia Samuel Moraleda, que reconoce que es "difícil exprimir más" el embalse aunque añade que hasta los seis hectómetros se pueden trasvasar recursos.  

Según el presidente, se está licitando la acometida final para que la tubería manchega pueda abastecer al Gasset, pero todavía no hay una fecha concreta, aunque en su día desde la Junta de Castilla-La Mancha se aseguró que podría ser esta misma primavera. 

"Esta es la situación más extrema desde el periodo de sequía del 90-95, y la AEMET habla de poca lluvia en febrero. Hay que ir viéndolo día a día", afirma Moraleda, que asegura que hay una situación aún mas preocupante, además de la de Tentudía, la de Campo de Calatrava. 

Vista del estado del embalse de Torre de Abraham, al 7% de su capacidad.

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Toda esta zona (40.000 habitantes), con Almagro a la cabeza, se alimenta del embalse de la Vega de Jabalón, que está entre el cero y el uno por ciento de su capacidad. "Puede haber restricciones importantes allí. No hay otra opción inmediata que no sean los pozos".

De hecho, la Comunidad de Usuarios de Campo de Calatrava lleva desde 2020 extrayendo agua de los pozos de sequía. Pocos en esa zona se atreven aun así a beber agua del grifo. "Está malísima, a quien le guste el agua agria estará encantado, porque es ferruginosa, y además tiene gas", asegura el alcalde de Almagro, Daniel Reina.  

"No metemos agua de la Vega del Jabalón desde hace meses. Las condiciones no eran aptas para la red ni siquiera después de tratar el agua", afirma Reina, que asegura que entre el agua de los diferentes pozos de la comarca, y la planta de osmosis que la Junta de Comunidades va a poner para tratar determinados suministros procedentes de los pozos no "hay riesgo de restricciones".

"Si algún pozo flojea habrá que hacer otro", dice tajante el alcalde, que espera que la Tubería manchega llegue antes del 24. Porque si la sequía sigue así y se agotan los pozos, "no habrá solución alternativa".   

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