CAEN LAS EXPORTACIONES

Las macrogranjas de cerdos tienen un problema y no es Garzón: es el mercado chino

Un grupo de cerdos agolpados en una macrogranja

Un grupo de cerdos agolpados en una macrogranja / Europa Press

  • La era dorada del porcino español llega a su fin a medida que China se recupera de su peste porcina

  • Más de la mitad de la producción española de cerdo se exporta y el país asiático es nuestro principal comprador

  • Ecologistas alertan de que quienes saldrán perdiendo serán los ganaderos que durante años han trabajado integrados en las grandes empresas

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El 16 de noviembre de 2007, España y China firmaron en Pekín un acuerdo que abrió la puerta a la exportación de cerdo al país asiático, el mayor consumidor del mundo.

El proceso se había iniciado dos años antes. Hicieron falta visitas diplomáticas (de la ministra de Agricultura, Elena Espinosa, y de los reyes) y técnicas (de los supervisores chinos, para comprobar que nuestro país cumplía sus requisitos sanitarios y veterinarios) para culminarlo.

Desde entonces, España ha escalado puestos hasta convertirse en el principal proveedor de cerdo de China.

En 2018, la peste porcina golpeó con dureza al país y obligó a los productores chinos a sacrificar millones de animales. España aprovechó la oportunidad y la producción y exportaciones se dispararon, lo cual provocó una auténtica edad dorada del porcino español.

Pero a medida que China se recupera, el 'boom' del cerdo amenaza con llegar a su fin.

"La verdad es que han sido años de éxito a nivel internacional", reconoce Daniel de Miguel, director general de la patronal Interporc, a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA. "Aunque aún no hemos cerrado las cifras de 2021, China sigue siendo el principal destino de nuestras exportaciones. Pero ha habido una ralentización. Por otro lado, cada vez hay mayor competencia de países como Brasil o Estados Unidos".

En España hay 57 empresas autorizadas para vender cerdo en China. No solo venden carne, vísceras y despojos, también productos curados como jamón, lomo, chorizo y salchichón.

La mayoría son empresas que ya existían, conocidas en el mercado español. Para algunas, los ingresos del exterior suponen más de la mitad, como Cárnica Batallé (el 52%) o Grupo Jorge (el 84%), según se desprende de sus últimas cuentas anuales.

El Pozo, por poner otro ejemplo, ha pasado de un 4% de ingresos por exportaciones en 2010 a un 20% en 2020.

Del crecimiento de estas empresas surgen las grandes explotaciones de porcino, cuyo tamaño ha ido a más en los últimos años. Según datos recopilados por Datadista, "el número de cerdos en España ha aumentado más de un 50% desde 2007, mientras que el número de explotaciones se ha reducido en un 11,17%".

Es decir, la producción está cada vez más concentrada, si bien el término 'macrogranja' no está definido (se entiende que son las que albergan varios miles de cerdos).

"A raíz de la peste porcina, en China se creó un agujero impresionante. Necesitaban mucha carne y empezaron a tirar del mercado internacional. Ahí hay una pugna entre varios países. En Europa, el que ha tomado más protagonismo ha sido España", señala una fuente con gran experiencia en el sector. "Muchas empresas fuertes se plantearon crecer y se homologaron para adaptarse a los requisitos chinos. Eso ha precipitado que países como Alemania y Dinamarca disminuyan su censo, porque España es más competitiva a nivel de costes. Lo hacemos muy bien".

Área destinada a cerdas gestantes en una macrogranja.

/ EPE

La polémica de las macrogranjas —que ha salpicado durante días la actualidad política, con declaraciones cruzadas entre miembros del Gobierno, presidentes autonómicos y la oposición— es, para el sector, una miguita al lado de la que se le puede venir encima en los próximos años, cuando China ya no necesite nuestra carne de cerdo.

"La seguridad y la calidad están garantizadas. Eso no lo vamos a dudar, por mucho que personas que no conocen el sector hablen de ello", dice el director de Interporc en alusión a las declaraciones del ministro Alberto Garzón, que originaron el debate. "Lo que hacemos desde hace tiempo son importantes esfuerzos por diversificar. Estamos presentes en más de cien países y aún faltan. Por un lado, acompañamos la estrategia de ventas con mensajes respecto a nuestros esfuerzos en bienestar animal y sostenibilidad. Por otro, tenemos grandes productos embajadores que no tienen otros países, como el jamón serrano y los embutidos".

"España es competitiva porque su legislación ambiental es más laxa que en otros países de Europa", añade Daniel González, de Ecologistas en Acción y coordinador de la campaña Stop Ganadería Industrial. "Podemos producir de forma más barata. Pero es una cuestión temporal. China firmó hace un año un acuerdo de producción con Argentina. En cuanto haya otro lugar del mundo que abarate los costes, la burbuja pinchará".

¿Quién saldrá perdiendo?

Según datos de Interporc, España vende fuera más de la mitad de lo que produce. A falta de la cifra cerrada y definitiva, en 2021 se produjeron 5,1 millones de toneladas de porcino y se exportaron 3,1 millones.

Además de China, donde la ralentización respecto a 2020 ya se deja notar, España vende en la Unión Europea, Japón, y otros mercados asiáticos, como Corea del Sur y Filipinas. Pero ninguno es tan importante como el país más poblado del mundo.

De acuerdo a las fuentes del sector consultadas, el desarrollo de las macrogranjas es independiente del 'boom' chino y habría sucedido igual sin él, aunque a menor escala.

"La industrialización es la evolución natural. Antes había explotaciones más pequeñas y ahora son más grandes, igual que existe IKEA para los muebles. En mi opinión, son mejores en muchos sentidos: la forma de depurar purines es más eficaz en una granja nueva y grande, con su propia depuradora, que en una pequeña", dice una persona que trabaja como veterinaria.

En paralelo al aumento del tamaño de las explotaciones surgió en España el modelo de las integradoras.

"Las fábricas de pienso pensaron que, para asegurarse las ventas, querían tener producción de cerdos y cerrar el ciclo", continúa esta persona. "Cogieron a gente que ya tenía instalaciones y les llevaron los animales. Pagan un dinero por engordar a cada animal. Cuando están gordos, los recogen, los matan y venden la carne. El dueño de la granja cobra una cantidad fija, sin afectarle las fluctuaciones del precio del pienso".

Además de la contaminación que genera y la desaparición de granjas más pequeñas que no pueden competir, esta es una de las críticas que desde organizaciones como COAG hacen a la ganadería industrial. La comparan con un proceso de "uberización".

Desde Ecologistas en Acción advierten de que serán estos ganaderos 'uberizados' los que saldrán perdiendo cuando se reduzcan aún más las exportaciones.

"Podría reducirse el número de cerdos en España siendo las víctimas las personas del campo. Los que han hecho inversiones para montar naves. Si la empresa integradora deja de comprarles, tendrán que cerrar", dice González.

Cartel contra las macrogranjas en la provincia de Segovia que indica las zonas vulnerables y contaminadas

/ Alba Vigaray

El declive de las compras chinas es uno de los dos grandes problemas que enfrenta la industria. El otro es la posible llegada de la peste porcina a España, que casualmente también ha quedado oculto en el plano político. Italia ya ha detectado casos al norte del país, Francia ha llegado a un acuerdo con China para, si llega, exportar desde zonas libres de la enfermedad y aquí la preocupación es máxima.

"Es un problema, claro. Si hay un positivo, te obliga a sacrificar animales y a establecer una zona de protección y vigilancia. Y al día siguiente de detectarlo, la mayor parte de mercados asiáticos te bloquean las importaciones. Un sector que depende tanto de la exportación puede verse de la noche a la mañana con grandes pérdidas económicas", concluye el director de Interporc.

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