Tiene 1.600 mecenas

La pintora extremeña que gana 12.000 euros al mes dando clases de acuarela en Patreon

  • Alicia Aradilla popularizó sus acuarelas en Instagram durante un largo viaje por medio mundo

  • Al volver, dejó su trabajo en una agencia de publicidad y empezó a dar clases en vídeo por internet

  • Hoy, 1.646 personas pagan 10 euros al mes por acceder a su contenido

Alicia Aradilla, pintora e ilustradora.

Alicia Aradilla, pintora e ilustradora. / José Luis Roca

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A mitad del primer curso de Medicina, Alicia Aradilla llamó a sus padres llorando y les dijo que lo iba a dejar.

"Siempre he sacado muy buenas notas y la gente te recomienda carreras de éxito, que te labres un buen futuro laboral. Pintar es mi vocación desde pequeña, aunque era solo un hobby. Empecé la carrera en Badajoz y lo pasé muy mal", cuenta. "Tenía la angustia de: voy a tener que posponer lo que realmente me gusta hasta que termine. Ya en el bachillerato casi no me daba tiempo, porque tenía que sacar una nota muy alta para entrar en la Universidad. No podía posponerlo, así que lo dejé todo y empecé de cero. Mis padres me dijeron que ya sabían que lo dejaría y que era mi decisión".

Aradilla, de 32 años y natural de Fregenal de la Sierra —un pueblecito de apenas 5.000 habitantes al sur de la provincia pacense— se mudó entonces a Madrid.

Gracias a su expediente académico brillante pudo entrar becada a una universidad privada, la Francisco de Vitoria, que no le puso problemas para empezar ese mismo año (cambiar a una pública durante el curso es más complicado, aclara).

Era 2007 y desde ese momento dedicó los cinco años siguientes a estudiar Bellas Artes.

La pintora en su estudio en San Sebastián de los Reyes (Madrid)

/ José Luis Roca

"Yo no sabía nada. Había dado alguna clase de pintura porque mi madre pintaba al óleo en casa, pero venía de estudiar biología y matemáticas. No tenía ni idea. Y desde el principio sentí que había hecho lo correcto", continúa.

Diez años después, Aradilla puede presumir de vivir de la pintura. Lo hace gracias a Patreon, una plataforma de micromecenazgo que se ha convertido en su fuente principal de ingresos.

La extremeña, que reside con su marido en un piso en San Sebastián de los Reyes, al norte de Madrid, vende clases de acuarela por diez euros al mes.

En el momento de escribir este artículo, Aradilla tiene 1.646 mecenas: personas de todo el mundo que pagan mensualmente por su contenido, que cuelga en español y traduce y subtitula en inglés. La mitad son de aquí y el resto de otros países. Las suscripciones han aumentado con la pandemia y fluctuado según las restricciones: cuando había confinamiento en un país, notaba cómo le subían los alumnos de allí.

"Teniendo en cuenta que algunos tienen el plan anual, que es más barato, y el porcentaje que se queda la plataforma, que no llega al 10%, gano unos 12.000 euros mensuales", afirma.

Acuarela de Italia

/ José Luis Roca

Cuando Patreon, una startup fundada en 2013 en San Francisco, abrió oficina en Europa (concretamente, en Berlín), contactó con ella para que les ayudara con la promoción.

"Hablaron con los casos de éxito de cada país y me dijeron que mi perfil era potente. Hicimos colaboraciones en YouTube en las que conté cómo es mi día a día en la plataforma. Se trataba de llegar no solo a gente que quisiera consumir contenido, sino a otros creadores", dice.

El de Aradilla es aún uno de los tres perfiles que aparecen en la página principal de Patreon en España, junto al de la presentadora Amarna Miller (229 mecenas) y la historiadora Eugenia Tenenbaum (171 mecenas).

Evolución de los mecenas de Alicia Aradilla en Patreon

/ Graphtreon

Otros perfiles conocidos en nuestro país no llegan a ese nivel de ingresos. La revista AnaitGames tiene 1.351 mecenas e ingresa unos 6.200 euros al mes, según datos de Graphtreon. El popular youtuber y divulgador musical Jaime Altozano, que siempre ha explicado que Patreon es su principal fuente de ingresos pero nunca ha desvelado la cifra, tiene 956 mecenas que pagan entre 1,5 y 10 euros al mes.

La pintora realiza, además, colaboraciones con marcas, agencias de turismo, clases presenciales y ha ilustrado tres libros: uno del Camino de Santiago, otro de Sevilla y un tercero autoeditado junto a Sergio Alonso, su pareja, presente en la entrevista, del viaje que hicieron por medio mundo y que fue el comienzo de su etapa como autónoma.

Ese negocio también le ha ido bien: han vendido 2.000 ejemplares a 26 euros, de los cuales se llevan el 70% (unos 36.400 euros de ingresos hasta la fecha).

Hasta el viaje, trabajó en agencias de publicidad. "Al terminar Bellas Artes es imposible entrar en galerías. La gente tiende a meterse al diseño gráfico o a ser profesora de plástica", añade. "Ahora me preguntan: ¿pero tú eres ilustradora y puedes vivir? Pues sí, y muy bien".

Un año de excedencia

En 2017, Alicia Aradilla cogió una excedencia de un año para viajar con su marido.

"Él tenia su trabajo en Europa Press [una agencia de noticias] y yo el mío. Teníamos claro que antes de los 30 queríamos viajar. Yo ya pintaba cuadernos de viaje en acuarela y los subía a Instagram, pero a partir del viaje la cuenta creció mucho", dice ella.

Una de las acuarelas de Alicia Aradilla

/ José Luis Roca

La pareja —"somos culos inquietos", dicen— ya tenía un blog conjunto, Home Sapiens. En él contaron su experiencia al independizarse y el viaje.

"Tampoco fue un gran éxito. Teníamos artículos sobre las rutas que hicimos, pero no todo funciona. Evidentemente, si no haces nada, nada funciona. En este caso, triunfó la parte artística. No todo el mundo deja el curro y mucho menos se dedica a pintar. Las acuarelas eran diferentes, por eso enganchó", explican juntos.

Aradilla echó a la mochila cuatro cuadernos, un estuche básico de pinceles y una caja de acuarelas que aún conserva. Durante el viaje, que empezó en Irán, siguió por la ruta del Transiberiano en Rusia y llegó hasta el sudeste asiático, pintaba dos veces al día.

"La primera vez que saqué las acuarelas fue un desastre. Fue como empezar de cero después de años trabajando en digital. En casa estás muy tranquila pero en la calle no tienes soporte, ni todo el material, y se te acerca gente", relata.

Al final, esas 'incomodidades' fueron las más entretenidas de la experiencia.

"Es lo más divertido. Cuando vas con la cámara mucha gente no quiere salir en las fotos. Con la pintura, empiezan a llegar niños que llaman a sus padres. Mucha gente se acerca y te cuenta historias. En India me vio un señor que me dijo: tengo una tetería con las mejores vistas, vente y pintas ahí tranquila. Esas cosas te pasan porque vas pintando", recuerda. "En Myanmar unos monjes le dieron la enhorabuena a él por las pinturas. Y yo: '¿Perdona? ¡Las hago yo!"

Los cuadernos de aquel viaje ocupan hoy una balda de estantería entera en la pared del estudio que comparten Aradilla y Alonso, dentro de su propio piso.

Originalmente eran dos habitaciones, pero los anteriores dueños de la casa tiraron el tabique para hacer una. Es un espacio amplio y luminoso, decorado con dibujos y un enorme mapamundi con chinchetas sobre la ruta que hicieron. Para no cargar con ellos ni perderlos, enviaban los cuadernos por mensajería a España de tanto en tanto.

La dura vuelta a España

Poco después de volver a España —al mismo piso que tenían alquilado entonces, que dejaron a unos amigos— Aradilla dejó su trabajo en la agencia.

"Volver a la realidad fue un trauma. Era un trabajo que no me llenaba. Yo quería continuar con la ilustración", cuenta.

Como su cuenta de Instagram ya era conocida —ahora tiene más de 170.000 seguidores— y le salían trabajos de ilustradora, decidió dedicarse a tiempo completo a ello y darse de alta como autónoma.

"Charlas, cursos presenciales, colaboraciones...", dice. "Patreon llegó después. Yo seguía a una ilustradora chilena que lo anunciaba. En España apenas se conocía. Investigué y decidí darle una oportunidad en 2019, antes de la pandemia. Iba explicando a la gente en Instagram cómo meterse y acceder al contenido".

La joven se puso el objetivo de crear un contenido semanal y fijó el precio de 10 euros al mes que ha mantenido hasta ahora.

"Dije: un vídeo grande y explicativo al mes, un paso a paso por escrito, un contenido sobre materiales y un contenido extra. Quería que fuera económico así que puse el precio de Netflix", continúa. Ofrece, además, correcciones de ejercicios personalizadas. "Empecé con 20 suscriptores, luego 40... Hacia el cuarto o quinto mes ya ganaba más de 1.000 euros, un sueldo. Lo malo de ser freelance es que hay meses malos y buenos. Aquí los comienzos son complicados pero a medida que creces tu trabajo se ve recompensado".

Una de las claves de Patreon es la escalabilidad: el contenido que haces para una persona sirve para mil. Los alumnos que se suscriben ahora acceden a todo el contenido ya publicado.

"Ya hay más de cien vídeos y por diez euros accedes a todos. La plataforma no deja descargárselos. Habrá gente muy pilla que si quiera lo haga, pero en mi caso la gente es honrada. Saben que pagando yo puedo dedicar más tiempo a ello. Es una comunidad muy agradecida", añade. Con tales ingresos, Aradilla ha ido mejorando la calidad de sus vídeos y materiales.

La comunidad de Aradilla en Patreon es "muy agradecida"

/ José Luis Roca

A diferencia de otros creadores de contenido, Aradilla no siente que se pasa el día trabajando. Calcula que dedica tres jornadas completas a la semana a crear el material y no hace directos que le coman varias horas diarias.

"Corrijo unos cien ejercicios a la semana porque no todo el mundo sube sus dibujos. Me da tiempo a hacer otras cosas", apunta. "La vida de artista puede sonar a que es todo inspiración, pero lo mío es una jornada laboral: me levanto, hago mi descanso para comer y sigo. Tengo disciplina".

Sus planes de futuro tampoco son muy distintos a los que tenía cuando trabajaba en una agencia. "Esta casa la compramos antes. Simplemente, vivimos más cómodos y con la paz mental de tener esos ingresos, que vienen bien para tener familia e hijos", concluye.

Los ingresos de Patreon le dan "paz mental"

/ José Luis Roca

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