La crisis de las materias primas salta de la industria al campo: "Hay riesgo de que escaseen algunos productos"

Hay ganaderos que ya sacrifican a sus animales porque es más rentable que mantenerlos. El sector estudia una gran movilización

Alfredo Martín abre el portón de la nave para que sus cabras entren a comer.

Alfredo Martín abre el portón de la nave para que sus cabras entren a comer. / ALBA VIGARAY

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Roberto Bécares

"Echaos un poco para esa esquina que esto va a ser como San Fermín". Y en eso que el ganadero Alfredo Martín, porte robusto, manos firmes de tanto ordeño y un pendiente dorado de aro ancho en la oreja izquierda, como de pirata, abre el portón de la nave y decenas de cabras negras y caobas entran en estampida camino de los pesebres. El grupo se estira a arreones, como el gran pelotón en el último kilómetro de la etapa de los Campos Elíseos. 

Son de la raza murciana-granadina, mucho más productiva que la serrana, la típica de esta zona montañosa de Ávila -San Bartolomé de Pinares, cerca de la vega del río Alberche, está a 1.047 metros de altura-, la que tenía su padre cuando empezó a pastorear con él con sólo 13 años. Una profesión heredada que por ahora no tiene traslación a su hijo. 

"La ganadería por esta zona se acaba conmigo, me temo. Soy el más joven. Tengo 53 años", barrunta Alfredo mientras reparte de un cubo pienso de cereal (avena, cebada, pulpa, maíz...) por los comederos de la nave anexa. 

No lo dice porque sí.  

La crisis de las materias primas no sólo está haciendo tambalear a la gran industria, sino que ha colocado a los profesionales de la agricultura y la ganadería otra vez en el precipicio. "Tal y como está la situación, porque hago pastoreo, si no esta ganadería estabulada no la podría mantener", afirma sobre su explotación, de alrededor de 800 cabras, 250 de ellas chivos.  

"Si no hiciera pastoreo, esta ganadería no la podría mantener"

Cada tarde, a eso a las cinco, ahora que todavía las temperaturas son buenas, Alfredo sale a las laderas cercanas a que parte de su ganadería paste. Unas tres horas. Le acompañan tres mastines, dos border collie y Alejo, un gato pastor sin vergüenza ninguna que es capaz de andar tan pancho "seis kilómetros" al lado de su amo y que hace las delicias de los seguidores de su perfil de Facebook: "Joder, me dijo mi hija que me lo abriera...; saqué al gato, y es lo que más le gusta a la gente". 

Si no sacara a pastar a estas 300 cabras, las de producción, las que más leche le dan, las cuentas no le saldrían: "Es que tendría que meterle otros tres paquetes de forraje al día, como 150 euros más". 

El negocio se mantiene midiendo muy bien cada detalle, cada gasto, pero tiene colegas de profesión a los que les va peor. "Algunos tienen que sacrificar a los cabritos según nacen, porque les sale más caro mantenerlos con la nodriza (la máquina a través de la que se les da parte de su alimentación con leche artificial) que lo que luego les dan por ellos". 

El cabrito, que suele sacrificarse a los 40 días y con unos diez kilos de peso cuando es lechal, se paga esta semana entre 4,65 euros y 5,06 el kilo, según la lonja de Albacete, uno de los mercados de referencia en el sector agropecuario. "Lo han llegado a pagar a 3,70...", recuerda Alfredo mientras menea la cabeza y explica que, aunque pierda dinero criando los corderos -el precio final del animal no compensa la reducción de la producción de leche de la madre-, a él le da nosequé sacrificarlos tan pronto. "La explotación se mantiene por la leche, no por la carne".

Una cabra, en la explotación de Alfredo Martín en Ávila.

/ ALBA VIGARAY

El enfado es mayor cuando observan día tras día que una cosa es el precio que los intermediarios les dan por el animal y otra muy distinta el precio que se encuentra el consumidor. "¿Pues no va mi hermana y me dice el otro día que ha comprado ahí en una carnicería de su barrio unas chuletillas de lechal a 27 euros el kilo? Si es que nosotros no ponemos precio a nada y, encima, mientras, todo no para de subir".

No lo dice porque sí. 

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la factura de la luz ha subido un 44% en un año, mientras el precio de la gasolina y el diésel subió entre el 22 y el 23%. A eso se suma el aumento del coste de los cereales necesarios para la elaboración de los piensos de los animales. 

La cebada, por ejemplo, ha pasado de costar 172 euros la tonelada en diciembre de 2020 a 237 euros en la segunda semana de octubre (+37,8%), según la Lonja de Toledo, otro de los mercados de referencia. El trigo, en ese mismo periodo, ha subido de 192 a 248 euros la tonelada (+29,1%).

Ante esta tormenta perfecta de las materias primas, que supone la puntilla para muchísimos negocios, el sector está valorando movilizarse. "Es una situación muy complicada; las subidas de precios son terribles", apunta Lorenzo Ramos, presidente de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA).

"En la ganadería de leche y carne la situación es tremenda. Cada día se están cerrando una media dos granjas. Muchos ganaderos están cobrando la leche por debajo de coste", denuncia Pedro Barato, presidente de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja). "Algunos productos están en riesgo de empezar a escasear. No es viable mantenerse y podríamos depender del extranjero", advierte Barato. 

Muchos ganaderos están cobrando la leche por debajo de coste

Por ahora Alfredo aguanta. Su cooperativa, formada por unas 120 ganaderías de la zona y que tiene la sede en El Barraco, trabaja para la fábrica láctea Entrepinares, en Valladolid, la que elabora los quesos, entre otros productos, para el gigante de los supermercados Mercadona. A él le pagan el litro a 86 céntimos (produce unos 500 diarios). "El precio está bien, pero es por la calidad de la leche, ojo", advierte sacando pecho. "A otros le pagan a 60". 

Los márgenes aún así están muy ajustados. "De pienso son 7.000 euros al mes, de forrajes unos 3.500, el gasoil unos 500 o 600, antes de la subida pagábamos mucho menos... el pienso de los mastines, su seguro de responsabilidad civil...", enumera Alfredo mientras recorremos la explotación, donde los animales están estabulados separados por sus características (producción, recría, reposición, preñadas, sementales...).

Su gato no se separa de él. El olor dentro de las naves es denso, penetrante; incluso en algún momento huele como a químicos, fruto, explica Alfredo, de los orines que se almacenan durante días en el interior.

"Eso son los gastos sin contar con que luego hay un 20% del ganado que das de baja, por enfermedades y demás. Cada año hay que reponer entre 120 y 150 cabras", explica el ganadero, que informa aun así que las explotaciones de cabras ahora mismo son mucho más viables que las de vacuno. 

Así lo confirma el último Estudio de Valor de la Cadena de la Leche, publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, que recoge datos desde 2018 al primer semestre de 2020. De acuerdo al informe, los ganaderos de vacuno están vendiendo su leche por debajo de sus costes de producción: reciben de media al año 33 céntimos por litro cuando el coste medio de producción es de 35,6.

Más barata

"Los precios aumentan pero al ganadero le siguen comprando la leche al mismo precio o más barata", denuncia Lorenzo Ramos (UPA), que ve incomprensible que en otros sectores, como en la construcción, se repercutan los costes de producción y en el suyo no. En ese sentido, recuerda que desde principios del año pasado es obligatorio que "nadie puede pagar por debajo de lo que cuesta producir", algo que, sin embargo, las industrias lácteas no están respetando. 

En concreto, y a la espera de que se apruebe la Ley de la Cadena Alimentaria, que ya está en el Senado para su ratificación definitiva, en febrero de 2020 el Gobierno aprobó un Real Decreto que establecía que cada eslabón de la cadena agroalimentaria debía pagar al operador inmediatamente anterior un precio que al menos cubra el coste de producción. Algo que no está ocurriendo.

El ganadero Alfredo Martín posa con uno de sus chivitos.

/ ALBA VIGARAY

"Las industrias lácteas se niegan a subir el precio de los ganaderos porque la competencia les echa en cara que se estén poniendo de acuerdo. Con este tema tenemos una bronca tremenda. Si ahora cuesta 35 céntimos la producción de un litro de leche, por ejemplo, nos lo deberían pagar, ¿no?", protesta Ramos con la razón que da no decir ninguna insensatez.

De forma paralela, en el caso de la agricultura, advierte, "no hay" productores que pueda soportar a la vez la subida de los fertilizantes, que han crecido entre el 50 y el 70%, o de los carburantes, "con aumentos del 30 y 40%".

"El coste de la producción nos está llevando por delante", asegura el presidente de UPA, que pide más controles e inspecciones para que se cumpla el Decreto Ley de 2020. "No se controla la especulación y hay muchísimo intermediario jugando con que se encarezcan los productos".  

En la misma línea se manifiesta el presidente de Asaja, Pedro Barato, que exige "más inspectores" para controlar que se cumpla la ley y vuelve a pedir al Gobierno que las explotaciones agrarias no paguen la cuota término de energía durante todo el año, lo que puede llegar a costar en algunos casos unos 10.000 euros, sino sólo en las épocas en las que haya que regar. "El agricultor tendría que poder desconectarse de la red cuando no lo hagan y así no pagar cuando no lo usan".

Manuel M. tiene una gran explotación de remolacha en Arévalo (Valladolid). Sólo en el pasado mes, debido a la subida de la energía, tuvo que pagar 3.300 euros de luz del generador que le permite regar cuando lo máximo que había pagado desde el año 2000 que hizo la perforación eran 1.600. "Y entonces regábamos lo que queríamos", recuerda, "muchas más hectáreas que ahora".

"Con el precio de la luz así, para el año que viene ya no voy a plantar remolacha, y eso que saco 140.000 kilos, que eso por aquí no lo saca nadie", argumenta el agricultor. "Es que es mejor estar parado. No sacamos para la luz".

Ni siquiera la subida del cereal que está viviendo el sector les repercute a los agricultores que se dedican a él, ya que la subida de los fertilizantes y del gasoil se lleva todo el margen. "Al final, el beneficio es tan pequeño como en años anteriores", dice Juan Carlos C., que está estos días plantando el trigo en un terreno rodeado de parcelas sin el terreno removido "porque cada vez quedamos menos gente que trabaje la tierra; ya no es rentable".

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