Esquí alpino

Mikaela Shiffrin, la reina universal de las nieves

La esquiadora norteamericana consigue la victoria número 83 en la Copa del Mundo en el gigante de Kronsplatz, desempata el récord de su compatriota Lindsey Vonn y ambiciona con batir el hito del sueco Ingemar Stenmark, que logró 86 triunfos

Mikaela Shiffrin, la reina universal de las nieves
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Alba Casanovas Torre

Todo parece igual en el esquí alpino. Mikaela Shiffrin ganó este martes el primer eslalon gigante de Kronsplatz, Italia, y consiguió la novena victoria de la temporada en la Copa del Mundo. Pero, al mismo tiempo, todo es distinto. La estadounidense alcanzó los 83 triunfos en categoría femenina y desempató el récord histórico que mantenía con su compatriota Lindsey Vonn, ya retirada. Con una retahíla de marcas extraordinarias, la esquiadora agota cualquier distinción: es más que una leyenda, es la reina universal de las nieves. A sus 27 años, fija su ambición en el último hito que le queda por batir, el de las 86 victorias absolutas del sueco Ingemar Stenmark, para que su proeza no entienda de sexos, sino de épica.

La trayectoria de Shiffrin (Vail, Colorado, 1995) es un alud de récords. Debutó en la Copa del Mundo con apenas 15 años, en marzo de 2011, y alcanzó el primer podio ocho carreras después. Por entonces, en los corrillos del circuito blanco ya se hablaba de su singular manera de esquiar. Es extremadamente sensible y reactiva sobre la pista. Su estilo es ligero y fluido, elegante y eficiente en un deporte en el que la corpulencia ha imperado durante décadas. Además, su constancia y su regularidad son un provecho que otros corredores no saben custodiar. 

Trayectorias paralelas

Cuando en diciembre de 2012 obtuvo la primera victoria, dejó de ser un secreto a voces que esa joven podía marcar una era en el esquí. Solo con permiso de Vonn, que, 11 años mayor, era la mejor en el campeonato por sus logros y su carisma. De hecho, sus trayectorias son paralelas, salvo por una excepción: para suerte este deporte, se especializaron en disciplinas diferentes.

La de Minnesota amaba la velocidad y se centró en las competiciones de descenso y supergigante. En cambio, Shiffrin domina las modalidades técnicas, como son el eslalon y el gigante, pero también explota su inusual versatilidad en el resto de pruebas. Obviamente, ambas coincidieron en algunas carreras, para así cosechar más puntos en la clasificación general. Es más, las dos pueden presumir de que han vencido en todas las especialidades, combinada incluida. 

‘Siempre sé más rápida que los chicos’

La corredora nació con las botas y los esquís puestos, valga el tópico. Sus padres, Jeff y Eileen, eran amantes de la nieve y habían competido de jóvenes. Le inculcaron la misma pasión y desde niña marcó sus esquís y su casco con toda una declaración de intenciones: con las letras ABFTTB, el acrónimo de 'Always Be Faster Than The Boys' (siempre sé más rápida que los chicos, en castellano).

Junto con el sentido de la humildad y la autocrítica, ese lema la ha acompañado en sus 232 participaciones en la Copa del Mundo, así como el mismo ritual en cada portillón de salida. Ante el trazado, cuando impera la serenidad, pero se cuece el frenesí, da un saltito con los esquís y un toque con los bastones, se toca el casco y se ciñe bien las gafas, y finalmente se coloca en posición para perpetuarse en la historia.

Hegemonía aplastante

La gesta de Vonn ya era difícil de igualar. En este sentido, la tercera deportista con más triunfos en el esquí alpino es la austriaca Annemarie Moser-Pröll, con 62 en la década de los años setenta del siglo pasado. De ahí que la hegemonía de las estadounidenses sea gloriosa.

La exolímpica nunca escondió que su objetivo era superar a Stenmark, que logró el récord de 86 triunfos entre 1975 y 1989, cuando el carving era una utopía. Ella se plantó por culpa de las lesiones en la mitad de la temporada 2018-2019. Casualmente, ese es, de momento, el mejor año de Shiffrin. Lo selló con el título de la general de la Copa del Mundo y con otros tres Globos de Cristal. Fue la mejor en eslalon, gigante y SuperG, un hito que solo había conseguido una esquiadora. ¿Adivina quién? Lindsey Vonn, por supuesto. Lo hizo en dos ocasiones, en 2010 y 2012.

Desde su retiro forzoso, la hasta ahora corredora más laureada hace grandes reverencias en público a su compatriota. “Shiffrin superará todos los récords del esquí alpino. Posee un nivel de fuerza que no había visto antes”, ha afirmado en varias ocasiones.

Una lesión "en el alma" casi la aparta

La de Colorado toca madera con las lesiones, pero sigue luchando contra la peor herida posible, la de la repentina muerte de su padre. En febrero de 2020, Jeff Shiffrin sufrió un accidente doméstico y todo se fue a negro. Mika, como la llaman sus allegados, confesó que no podía comer ni dormir. Tampoco esquiar. Comparó su sufrimiento con una "lesión en el alma" y admitió que tendría que lidiar con esa pérdida toda su vida.

Covid de por medio, no volvió a enfundarse un dorsal hasta 10 meses después. Volvió al circuito con su madre, que también es su entrenadora desde su etapa infantil. Desde entonces, poco a poco se ha rehecho. No sin evitar algún traspié, como en los Juegos Olímpicos de Pekín 2022. A nivel psicológico no estuvo al 100% y eso se vio reflejado en sus actuaciones. Se fue por los suelos en sus pruebas favoritas y no logró ninguna medalla en las de velocidad. Eso sí, la pasada temporada fue la más rápida y cosechó su cuarto Gran Globo.

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Tras unos años grises, Shiffrin vuelve a colorear las pistas de esquí y compite contra la historia. Lo hace como sabe, con pinceladas de récord. Este año ha firmado cinco victorias consecutivas, algo inaudito hasta para ella. Preguntada por la gesta que puede conseguir, Shiffrin bajó el suflé. “Para ser honesta, dejé de desear cosas hace tres años”, comentó Shiffrin, en referencia al fallecimiento de su padre.

Sin embargo, una vez dijo que los récords no estaban para igualarlos, sino para superarlos, así que hay que tomarle la palabra. Puede alcanzar las míticas 86 victorias de Stenmark esta misma temporada. La alianza que tiene Shiffrin con los esquís cuesta de ver y produce efectos espectaculares. Sus posibilidades son infinitas