LaLiga Santander

Pedri y Ter Stegen libran al Barça del caos ante el Getafe

Gracias a esta victoria en el Spotify Camp Nou, los de Xavi se aseguran una semana más el liderazgo de LaLiga

BARCELONA, 22/01/2023.- El centrocampista del Barcelona Pedri (8) marca ante el Getafe, durante el partido de Liga en Primera División que FC Barcelona y Getafe CF disputan este domingo en el Camp Nou. EFE/Siu Wu

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Marcos López

No pregunten por el juego. Mejor, no. Si usted es culé, mire al marcador (1-0 al Getafe) y gracias. El Barça manda en La Liga, pero la autoestima adquirida en Riad se derrumbó con un juego triste sostenido por el valioso gol de Pedri y las manos de Ter Stegen. Tan o igual de valiosas que el tanto del canario.

Así terminó el líder suplicando que acabara una tenebrosa tarde-noche en la que no hubo fútbol colectivo. Ni, por supuesto, individualidades. Con dos jugadores, el interior más creativo y el meta más decisivo, le bastó a un desquiciado Xavi, que agitó sin éxito a un equipo que se le iba descomponiendo hasta rozar el desastre. Se salvó porque el talento realmente diferencial está ahora, curiosamente, bajo los palos.

Xavi dio el mando del Barça a los dos extremos. Y el equipo, que estuvo dominador hace justamente una semana en la final de la Supercopa en Riad, apabullando al Madrid con los cuatro centrocampistas, se descontroló. Se descontroló de tal manera que debió apelar a las manos de acero de Ter Stegen para evitar que la primera mitad acabara como había empezado. O sea, con empate. Era un equipo extraño, sin cohesión, asumiendo un intercambio de golpes con el Getafe, que casi le cuesta caro. Un ‘casi tropiezo’, como le preguntaron en su día a Xavi tras el sufrido 3-4 con el Intercity en la Copa.

Dio descanso el técnico a Araujo y Frenkie de Jong, y devolvió a Gavi a su posición de interior zurdo, mientras Pedri aprovechaba su libertad para hacer daño. Con y sin pelota. Con pelota porque daba tranquilidad a un equipo intranquilo. Y sin pelota porque llegó al área, transformado en un viejo nueve, cerrando un contragolpe de manual. Excelente la anticipación de Christensen, capaz de plantarse a 60 metros de Ter Stegen, siendo el inicio de una contra llena de precisión. Tres jugadores, tres toques. Christensen roba más cerca de David Soria que de su portero. Pero mucho más cerca.

Un gol característico de este Barça

Raphinha, que había empezado por la derecha, cabalga por la banda izquierda, otea la diminuta figura de Pedri invadiendo el área del Getafe. Un gol cada vez más característico del Barça de Xavi. Presión, robo y a festejar un tanto que silenciaba más de media hora de incomprensión con un juego que le tuvo al borde del precipicio, salvándose por varias razones. Primero por la situación ilegal de los delanteros del Getafe en transiciones donde los azulgranas no estaban donde debían estar (hasta cuatro veces salió Òscar Hernández, segundo entrenador, a cuchichear con su hermano Xavi porque el equipo se descosía con tremenda facilidad), supeditados, una noche más, a la inmensa e inacabable figura de Ter Stegen.

Un portero que gana partidos. Un portero que intimida con solo su presencia. Y si no que se lo pregunten a Enes Ünal. Estaba en fuera de juego. Pero se la paró Ter Stegen. Otra a Aleñà. También en posición antirreglamentaria. Da igual. Topó con el pecho del teutón.

Y la tercera, que sí valía, era de Borja Mayoral tras un error increíble de Pedri. Tan irreal pareció el fallo que el joven canario se quedó petrificado mientras el delantero del Getafe entraba en solitario por la invisible defensa azulgrana. Le quedaba, eso sí, cruzar la última frontera. La frontera de Ter Stegen. No tenía la documentación en regla y se quedó sin festejar un gol asistiendo como espectador privilegiado a una descomunal parada. Pedri, en la lejanía, resopló aliviado. No, no es ninguna exageración. Hasta aplaudió el canario al alemán, consciente de que le había librado de un problemón. A él y, sobre todo, al Barça.

Así terminó una extraña primera mitad, con un desconectado Ansu, a quien le tocó asumir un ingrato rol de delantero centro, ejerciendo de recambio del sancionado Lewandowski. Apenas tocó la pelota. Ni tuvo peso alguno en el ataque, mientras Xavi intercambiaba de banda a los extremos (primero Raphinha-Dembélé; luego Dembélé-Raphinha y ni a la hora de partido, de nuevo, Raphinha en el flanco derecho y Dembélé confinado en el izquierdo), aunque no aportaban solución alguna.

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Era un mala noche azulgrana. Mala e inquietante. Tan preocupado andaba Xavi que varió la fórmula quitando a Raphinha y recuperando la ‘fórmula Riad’. O sea, puso a Kessié, al que utiliza más en las últimas semanas que al inicio de curso, y apostó por los cuatro centrocampistas desplazando a Gavi como falso extremo, flirteando el Barça con el peligro con pérdidas infantiles en las inmediaciones del área de Ter Stegen. Y en el camino Dembélé se libró de la tarjeta roja por su patada a destiempo a Alderete, que no quiso ver, para suerte azulgrana, el VAR.

El descontrol aumentaba y el nerviosismo del Barça, también. Llegado el cuarto de hora final, el Getafe se quedó con la pelota, atrincherado el equipo de Xavi porque no tenía respuestas. Se iban empequeñeciendo para sufrimiento del Camp Nou. El dibujo no ayudaba. Y los jugadores, menos aún. No tenían ni el balón, por lo que acabó pidiendo la hora, enganchado a las manos de Ter Stegen, quien evitó el empate con ese cabezazo de Latasa. Aunque hay victorias que son, a veces, lecciones más duras que una derrota.