ANIVERSARIO DE LA TRAGEDIA EN LOS ANDES

El partido de rugby que no se jugó es el más repetido de la historia: 50 años de la leyenda del "nunca dejes de creer"

Jugadores del equipo uruguayo Old Cristians y del equipo chileno de los Old Boys durante un partido de la Copa de la Amistad de finales de los 80.

Jugadores del equipo uruguayo Old Cristians y del equipo chileno de los Old Boys durante un partido de la Copa de la Amistad de finales de los 80. / Prensa de Old Grangonian Club

  • Los Old Christians de Uruguay viajaban en octubre de 1972 a Chile disputar un partido cuando su avión se estrelló en Los Andes: 29 personas murieron

  • Los 16 supervivientes, que salvaron la vida tras 72 días en la nieve y sin víveres, juegan cada año contra los chilenos aquel encuentro, pese a que muchos superan los 70 años

  • Los dos equipos forjaron una amistad que perdura en el tiempo: "El día de la Copa de la Amistad es el día más esperado para nuestro club"

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De la tragedia de Los Andes se forjó una de las historias de amistad más longevas que se recuerdan en el mundo del deporte. De aquel suceso en la cordillera, hace ya 50 años, en el que murieron 29 personas, nació un torneo que va camino de leyenda: La Copa de la Amistad. Dos clubes de rugby de distintos países que se consideran familia. Si acaso, un mismo equipo. “Una de las partes más importantes de lo que soy hoy en día parte de todo esto. Fue parte de mi aprendizaje”, admite Claudio Cabrera, ex capitán de 73 años de uno de los dos equipos, el Old Boys chileno.

La historia es de sobra conocida. Ha sido llevada a innumerables libros y películas. Arranca el 13 de octubre de 1972, cuando debido al mal tiempo y a un fallo humano del piloto, el avión en el que viajaba el equipo uruguayo Old Christians y sus familiares chocó contra un risco de la cordillera más larga del planeta.

El avión perdió las alas y la cola, pero milagrosamente resbaló por un glaciar topando contra la nieve un kilómetro después. Once de los miembros de la expedición murieron en ese impacto; otros tantos lo hicieron días más tarde. Pero 16 personas, de entre 18 y 25 años, sobrevivieron 72 días contra toda explicación. El termómetro casi llegaba a los 40 grados bajo cero y no tenían ropa adecuada. Sufrieron un alud que arrambló su campamento y la vida de varios compañeros más. A los pocos días se quedaron sin víveres. Comieron hasta los cigarrillos por aquello de que pudieran contener remolacha. Y, al final, acabaron alimentándose de sus compañeros muertos “como sin pensarlo demasiado, sin grandes discusiones, y con aquello cruzamos una línea, pero le habíamos encontrado una vuelta a la montaña”, reflexionaba Pedro Algorta, uno de los supervivientes, en una de las charlas motivacionales que dan desde entonces los miembros de la llamada ‘Sociedad de la Nieve’. Porque era eso o fenecer. Algunos de los jugadores al ser rescatados pesaban 37 kilos.

Foto del equipo de Old Christians antes de que se produjera el accidente de Los Andes en 1972. 

/ EPE

En Los Andes tiene lugar la escena principal de esta historia, pero no la única. Aquel 13 de octubre, cuando ocurrió el accidente, en el aeropuerto antiguo de Santiago de Chile, el de Cerrillos, había siete miembros del club Old Boys -también llamado El Old Grangonian Club- esperando a la delegación uruguaya. Les iban a dar la bienvenida de cara al partido amistoso que iban a jugar. Era un gran evento, un encuentro internacional, algo nada común fuera de los grandes torneos. Uno de los siete que esperaba era Claudio Cabrera. “Recuerdo cómo la espera se demoraba”, recuerda vía telefónica a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA desde su residencia en Montevideo, “y al tiempo vino el embajador uruguayo a comunicarnos que el vuelo estaba perdido. Nos dijo que fuéramos a su casa. Recuerdo que había dos uruguayos en el aeropuerto. Uno de ellos había perdido el avión. Se volvió loco... Y allí estuvimos aquella noche. Pasaron los días, los buscaban y no los encontraban. Roberto Canessa [uno de los supervivientes] siempre cuenta que ellos son los que fueron a buscar al helicóptero, que el helicóptero no les fue a buscar a ellos”.

No le falta razón. Después de once expediciones sin éxito tratando de buscar un camino entre las montañas para pedir ayuda, Canessa y Fernando Parrado emprendieron la última, suicida, en la que ya no se plantearon nunca volver al campamento base. Hasta que, días después, harapientos, deshidratados, encontraron al arriero Sergio Catalán, que pastoreaba a su ganado por una ladera de la precordillera chilena, y fue a llamar a los servicios de rescate.

Aquella historia de supervivencia dio la vuelta al mundo. Y lo cierto es que aquel partido de aquel año no se pudo jugar. Pero tenía que no jugarse un encuentro para que seguramente se vayan a jugar cientos en un futuro. “No cumplimos con lo que esperábamos, pero fíjate, este año, son 250 chilenos los que viajan a Montevideo, de diferentes edades, con sus familias, a jugar rugby, pero también al fútbol y al hockey”, relata Cabrera.

Y es que apenas cuatro o cinco años después del accidente los dos clubes, en un alegato a favor de la vida, retomaron aquel partido y lo institucionalizaron. Año tras año, intercambiando las sedes cada edición – Montevido/Santiago de Chile- se juega el partido que no se disputó. Se oficia una misa, luego se celebran varios partidos y se monta una gran fiesta. En algunos casos las delegaciones son incluso recibidas por los presidentes del Gobierno respectivos -Sebastián Piñera les recibió, por ejemplo, en 2012-. Este año, la misa la oficiará el arzobispo de Montevideo.

Los supervivientes del accidente en Los Andes, frente al fuselaje del avión donde montaron el campamento. 

/ EPE

“Nuestras familias son ya amigas, viajamos siempre con nuestras esposas. Es increíble como de una historia así, no de un milagro, sino de una desgracia, donde mucha gente sufrió mucho, haya nacido esta historia impresionante de vida, de amor, de esperanza, de lucha”, explica también a este medio Roy Harley, uno de los supervivientes de aquel vuelo 571 de la Fuerza Aérea de Uruguay, que acude siempre al evento, que dura varios días y que siempre incluye un asado -cómo no- cuando se celebra en Montevideo.

“Ellos también tienen su historia, cuando ocurrió ellos estaban en plena dictadura de Pinochet, había restricciones de comida. Siempre nos cuentan que habían comprado muchísimas salchichas frankfurt. Cuando se enteraron de que había caído el avión en la cordillera fue un palo muy duro para ellos también”, relata Harley. “Acabaron comiendo frankfurt durante dos semanas”, rememora sonriendo este ingeniero uruguayo jubilado en una de las miles de anécdotas de lo que rodeó a aquella hazaña.

De alguna manera lo ocurrido en Los Andes entrelazó las vidas de estos deportistas a uno y otro lado de la cordillera. Han pasado cinco décadas y ahora los jugadores de aquel partido que no se jugó siguen manteniendo un grupo de WhatsApp -”se llama 50 años y más”- donde se lanzan bromas, organizan quedadas, y sobre todo se siguen mostrando afecto.

Los miembros del equipo de Old Christians -en la imagen lleva la pelota Roy Harley-, durante una de las últimas ediciones de la Copa de la Amistad. 

/ EPE

“Esta experiencia que vivieron los uruguayos también la vives tú, pero de otra forma, no desde la experiencia, sino desde la observación. Vives épocas de odio, de amor, de perdón, de perdonarse. Aprendí con todo esto que en la vida todo puede suceder, pero hay que seguir adelante”, explica Cabrera, cuyo hijo, Matías, también fue capitán del Old Boys y ha disputado la Copa de la Amistad en la categoría de “jóvenes”. Porque los mayores siguen jugando -es el evento principal-, aunque tiempos de apenas diez minutos y sin dar muchos trotes, aunque algunos como Harley están en plena forma.

“La Copa de la Amistad va a perdurar en el tiempo porque la sinergia que tiene es de un significado mayor, dando la vuelta incluso a lo que es el concepto de amistad”, señala Matías, que jugó durante varios años en el club de rugby de Alcobendas. “Desde pequeños crecemos con este historia”, señala Ian Oternsen, capital actual de los Old Boys, que juega en la Primera División y es el segundo equipo con más títulos de todo Chile, tras el Universidad, “aprendiendo la importancia de lo que significa, es muy inspiracional. El saber que hay que aprovechar cada momento de la vida. La Copa de la Amistad es sin duda uno de los días más esperados por el club. Hemos tenido la suerte de convivir con ello, es muy potente”.

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Caprichoso el destino, en uno de estos días de evento de la Copa de la Amistad, en concreto en 2017, la delegación chilena perdió al doctor de la expedición en un accidente de avioneta cuando cruzaba el Río de la Plata. Un hombre muy carismático y muy querido en ambos clubes: Fernando González “Feñuca”, de 56 años. “Vi el accidente, fue dramático, y aquello no sé si cerró o abrió un nuevo capítulo”, recuerda Claudio. “Aquello”, añade Ian, “hizo afianzar aún más nuestra relación, empatizando con lo que tuvieron que vivir”· “Es que claro”, razona el hijo de Claudio al teléfono, “jugando tantos años ha pasado de todo. Como son partidos con gente ya mayor ha llegado a haber ataques al corazón, pero al haber tanto doctores se le ha salvado la vida”.

Foto de familia de la Copa de la Amistad en una edición reciente.

/ EPE

Según Ian, van a tratar por todos los medios de que el mensaje de la Copa perdure, incluso cuando ya no queden supervivientes para relatar aquellos 72 días. “Tenemos una responsabilidad de mantener el legado, que perdure esta identidad y unión. El mensaje que se lanza es muy potente. Nunca hay que dejar de creer porque ellos lo hicieron, eran personas normales y corrientes que hicieron algo extraordinario. Nunca dejaron de soñar con volver a casa. Y todo el trabajo lo hicieron en equipo, algo que es más particular en el rugby, más importante. Puede que si no hubiera sido otro deporte no lo hubieran conseguido”.