LALIGA SANTANDER

El Real Madrid gana el ‘pogo’ del derbi y los elegidos de Luis Enrique se reivindican

  • El conjunto blanco se lleva los tres puntos en un derbi bronco que desquició a Vinicius y el Barça superó el tropiezo de la Champions con una goleada

  • Nico Williams y Borja Iglesias, dos de las novedades de la última lista de la selección española, anotaron en los triunfos del Athletic y del Betis

Los jugadores del Atlético de Madrid rodean al colegiado Munuera Montero tras la expulsión de Mario Hermoso en el derbi contra el Real Madrid.

Los jugadores del Atlético de Madrid rodean al colegiado Munuera Montero tras la expulsión de Mario Hermoso en el derbi contra el Real Madrid. / EFE / Rodrigo Jiménez

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Celebrar un gol puede ser tan laborioso como anotarlo. Es el sello de autor de cada jugador, un microespacio del partido de importancia para LaLiga. En las cuentas oficiales de la competición no aparecen los goles, pero sí las efusivas muestras tras ver puerta. Durante la pandemia se instalaron en los campos las ‘fancams’, pensadas para que los jugadores pudieran conectar con los aficionados. Hay celebraciones que se quedan para siempre y cada una tiene su propia técnica. 

El puño al aire tras el gol de Maradona tras merendarse a Inglaterra, el día que Raúl mandó callar al Camp Nou, cuando Messi mostró su camiseta al Bernabéu, las volteretas de Hugo Sánchez, el día que Fowler esnifó la línea de fondo en respuesta a los que insinuaban que consumía cocaína, el arquero Kiko Narváez y la escuela de samba brasileña. Ésta última tiene en los madridistas Vinicius o Rodrygo dos jóvenes representantes. Danza alegre o provocativa, según el escenario y el público al que llegue un gesto similar que hizo intervenir a Puyol contra sus propios compañeros en 2012.

Déjalos que bailen

Cada gol y cada gesto tienen su particular contexto y reacciones. Del zapateo del brasileño se ha derramado todo un debate pulsional, sin tener en cuenta que los gestos hablan de sus protagonistas. Son ellos mismos quienes se juzgan y se condenan. De ningún modo son aceptables cánticos como los que se registraron en la previa al derbi madrileño que cayó del lado del líder (1-2). Una minoría ruidosa, racista y condenable. No obstante, acabó condicionando un duelo en el que Vinicius estuvo casi siempre fuera de contexto, como evidenció en la segunda mitad con una fallida ‘lambretta’

El brasileño se fue de un partido en el que se metió el Atlético con un gol de Hermoso, que también acabó fuera de la pista con una roja. El Real Madrid tuvo que bailar pogo para asaltar el Metropolitano. No rehuyó el enfrentamiento directo contra el equipo de Simeone, que con botas y tachuelas quiso golpear primero. Para ello, el argentino dispuso a Griezmann de inicio, sin pensar en las cláusulas. Con acordes sencillos, los rojiblancos quisieron percutir el marco de Courtois. Sin embargo, los actuales campeones saben moverse en el conflicto. Todas las heridas son leves cuando activan los pasos prohibidos. 

Esos que parten de bajistas descarados como Tchouaméni, que sirvió un pase para Rodrygo. El brasileño definió a la perfección y el bloque blanco se fue al córner a celebrarlo. Bailó con Vinicius, quien dejó la guerra contra los elementos en la acción del segundo tanto. Construyó una pared con Modric y estuvo a punto de anotar. Oblak la tocó y el rechace lo aprovechó Fede Valverde. El incendio de la previa se apagó. El Real Madrid, que solo sabe ganar en lo que va de temporada, controla el perímetro de todas las pistas de baile de LaLiga. Lo hace con música de sesión. Vale para cualquier celebración, costumbre en su caso. Así, esta Liga se encamina peligrosamente a una batalla de gallos de sobra conocida.

Eso sí, con un nuevo frontman en el bando rival. Un Lewandowski que ha conseguido cambiar al Barça por completo. No solo a base de goles. También en las celebraciones hay un cambio de psicología. Los gestos individuales o de alivio momentáneo de cursos pasados -en los que algunos goles ni se celebraban- se han tornado en una conjura colectiva. El polaco derrocha efectividad -pichichi destacado de LaLiga con ocho goles- y generosidad. Como líder de la manada azulgrana que es, en cuanto el balón besa la red se dirige con calma a sus compañeros para un abrazo continuo. 

La derrota frente al Bayern en Champions fue un ejercicio de prevención, pero que de ningún modo podía romper la dinámica positiva del campeonato regular. Volvió la versión pragmática azulgrana ante el Elche (3-0) con un doblete de Lewandowski y otro tanto de Memphis. Precisamente, el neerlandés tiene una conmemoración de autor en la que se lleva las manos a los oídos. “Es una manera de decir que estoy en mi burbuja. Si alguien dice algo interesante, yo soy el primero en escuchar. Cuando me dan mucha información, se me bloquea el cuerpo”, aseguraba en 2018. Esta firma fotogénica terminó siendo una referencia a la Fundación Memphis Depay que trabaja con niños sordos y ciegos.

‘El Panda’ nacional

Cada campo celebra a su manera. San Mamés tiene un temperamento único, mejorado incluso con una grada de animación que es un ejemplo de pulmón organizado y moderno. El Athletic engancha esta temporada, en la que oposita a regresar a Europa. Aunque esto solo sea el comienzo de la aventura, la fortaleza del retornado Valverde se nota. Los rojiblancos superaron al Rayo (3-2) para firmar el mejor arranque en Liga de los últimos 27 años en un ‘win’ con ‘W’ de Williams. Nico e Iñaki. Dos internacionales: el primero con España y el segundo con Ghana. Los dos anotaron, firmando otro hito para ilusionar. 

Otra de las grandes novedades de la última lista de Luis Enrique, Borja Iglesias, también vio puerta esta jornada y volvió a reivindicarse -lleva meses haciéndolo- en el momento preciso. El ariete del Betis firmó un doblete contra el Girona (2-1) y superó en la tabla de goleadores a Iago Aspas, el eterno reclamado para la selección. El Villamarín es el hábitat natural de un Panda criado en cautividad, pero que ha sabido desarrollar un instinto salvaje gracias a su perseverancia. Una personalidad forjada a base de derribar todos los miedos. El delantero gallego es capaz de cargar con cualquier responsabilidad, algo imprescindible para defender un puesto tan cuestionado como es el del ‘9’ español

Podrían estar en la convocatoria para los partidos de la Nations League frente a Suiza y Portugal Brais Méndez o Mikel Merino, dos pilares de una Real Sociedad que consiguió su primer triunfo de la temporada en el Reale Arena ante un Espanyol dadivoso (2-1). La dupla mencionada enhebró el segundo tanto tras un primero que fue agasajado por Álvaro Fernández, portero perico. Sorloth acertó a puerta vacía. Este golpe fue respondido por Edu Expósito, pero la voluntad por puntuar del Espanyol se quedó en una mera intención. 

Los templos y sus defensas requieren un trabajo constante. No basta con construir una muralla y esperar a que dure eternamente. Así se lo hizo saber el Getafe a Osasuna con un triunfo que mostró las vulnerabilidades del Sadar (0-2). Jugar en casa requiere la máxima atención. 

Gattuso y Lopetegui

No hay que fiarse de los entrenadores que no celebran. Vaya uno en traje, chándal o con disfraz, el técnico debe ser una prolongación del estado de ánimo. El soporte entre los dos platos de la balanza, el de la afición y el de los jugadores. Un difícil punto de equilibrio en equipos turbulentos como el Valencia que Gattuso está convirtiendo en un caos solidificado

El italiano se volvió loco tras el tanto de Marcos André que encarriló la goleada frente al Celta (3-0). Se fundió en un abrazo con un hincha. La perfecta comunión. Mestalla reconoce como propio a este equipo y le entrega una pasión cerrada. Cada jornada se vive como una final y Genaro va como Garibaldi, a caballo, reunificando al valencianismo, consciente sin embargo de todas las curvas que le esperan. 

No hay nada más inestable que el puesto de entrenador, sometido a mil presiones. Lopetegui comparece a los campos con un uniforme que lleva una soga al cuello. Nadie se quiere hacer responsable del diseño de esta indumentaria para el entrenador de un Sevilla que consiguió un punto insuficiente ante el Villarreal (1-1). Los de Emery pudieron darle la vuelta a un encuentro que se les puso en contra rápido. Pero el cuadro hispalense no tiene pecho para aguantar la euforia de una celebración. Se desinfla hasta caer en un estado de preocupación que está desquiciando a su entrenador. 

Hay celebraciones más allá de los goles. Frustrar un ataque puede generar tanta o más satisfacción. Si se combinan ambos momentos salen partidos como el de Pablo Maffeo ante el Almería. Él solo cumplió con una de las máximas del fútbol como es el dominio de las áreas. Anotó el único tanto contra el Almería (1-0) y salvó bajo palos el empate. El zaguero cumplió en solitario con una de las máximas: dominar ambas áreas. “Desde que he rematado, sabía que iba hacia dentro”, declaró sobre su cabezazo ganador. Porque hay dianas que se celebran con anticipación, aún a riesgo de que el VAR o cualquier otro elemento diga lo contrario. 

La primera del Cádiz

En los deportes colectivos se pierde más que se gana. Entrecomillada, esta frase se ha dibujado en la boca de infinidad de futbolistas. En conversación con este diario, David Peris, presidente de la Federación Española de Psicología del Deporte, señalaba claves para superar este trance como son el esfuerzo realista, el deseo de lograr un objetivo, el fracaso como oportunidad o la sinceridad con uno mismo para ganar fortaleza. Todas estas pautas están en el cuaderno de Sergio González y el Cádiz, que caminan continuamente en un pasillo lleno de fantasmas. 

Se hizo la luz en Valladolid, ante un rival directo y en el tiempo de descuento (0-1). La receta perfecta para sacar la cabeza del socavón en el que se había metido el equipo gaditano en un inicio de temporada sin puntos. Anotó Negredo, quien puso de relevancia la importancia de los veteranos, un gol de la experiencia tan importante en una competición que no quiere ser un cementerio de elefantes. Todo lo contrario, reivindica el derecho al talento senior, a bailar a partir de los 30 como si se tuviera la mayoría recién cumplida. Al ritmo que cada uno marque en escenarios donde miles de almas juzgan con vehemencia al que danza, seguramente, porque quisieran estar en su lugar o sentir lo que este siente.

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