MERCADO DE FICHAJES

Adiós al Real Madrid de Casemiro, el guerrero brasileño que siempre sonríe

El hasta ahora jugador del equipo blanco pone rumbo a la Premier League, donde jugará en las filas del Manchester United

Casemiro celebra un gol con el Real Madrid junto a Ramos, Lucas Vázquez y Vinicius.

Casemiro celebra un gol con el Real Madrid junto a Ramos, Lucas Vázquez y Vinicius. / Archivo

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Recio, contundente, dominante, sin miramientos e impetuoso, así ha actuado siempre Carlos Henrique Casemiro en el mediocampo, en ‘su’ mediocampo, porque esa es la parcela donde lleva años imponiendo su talante de guardián y su dominio. En esa zona del terreno de juego impera su ley, la del centrocampista defensivo que ha marcado una época con la camiseta del Real Madrid.

Como lo de si es o no el mejor del mundo en su demarcación es siempre una condecoración a expensas de la subjetividad, preguntémonos si hay algún otro mediocentro defensivo con mejor palmarés en lo que va de siglo XXI e incluso echando la vista aún más atrás.

Su papel en este Madrid que recolecta Champions tras Champions ha sido determinante para establecer la hegemonía blanca en el viejo continente. Casemiro siempre está ahí, siempre se le espera. Acude donde surgen grietas, cuando el fortín defensivo está asediado. El brasileño surge en la escena antes de que se cometa el crimen ‘futbolístico’.

Ha rebañado tantos balones, ha amortiguado y aguado tantos ataques rivales que sumadas sus acciones podríamos hablar de que Casemiro ha protagonizado en los campos del fútbol, por acumulación, el ‘robo del siglo’ futbolístico, aunque los suyos sean hurtos con alma de Robin Hood, porque siempre acaba repartiendo balones a los suyos.

Duro y generoso

Casemiro es duro, pero generoso, va al suelo contra las piernas de los contrincantes con bravura y, a veces, exceso de fogosidad, muchas veces al límite, encendiendo la luz ámbar en el semáforo de las tarjetas. Los días de partido, en las redes sociales, si la entrada de Casemiro es de un color o de otro es uno de los temas recurrentes, llegando casi al ‘trending topic’. Lo cierto es que el internacional brasileño solo ha sido expulsado en dos ocasiones con la camiseta del Real Madrid.

Ahora acaba ciclo, cierra la puerta de un tiempo en el que lo ha ganado todo, y abandona el Bernabéu con el reconocimiento unánime de la afición, del cuerpo técnico y de sus compañeros. A sus 30 años, tras ocho temporadas en el club merengue, pone rumbo a la Premier League, donde le aguarda un Manchester United en busca de su identidad y de un jugador que custodie su mediocampo. Los 'Red Devils' no han dudado en aflojar el bolsillo para satisfacer las demandas de su técnico, Ten Hag.

Casemiro, junto a Kroos y Modric, con la Supercopa de Europa, el último de sus títulos con el Real Madrid.

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Hacían falta muchos millones para sacar a Casemiro de la que ha sido su casa durante algo más de una década. Qué gran paradoja que ahora el brasileño vaya a prácticamente doblar su ficha. Lejos quedan ya los días en los que, cuando era un crío -el mayor de tres hermanos-, debía acudir a dormir a casa de su tía o de su abuela porque no cabían todos en su modesta vivienda. La economía doméstica de la familia se sustentaba en aquellos días únicamente en el trabajo de su madre. Su padre los había abandonado cuando Casemiro tenía apenas tres años.

10 millones al año

Algunas fuentes aseguran que el brasileño ganará en el Manchester 10 millones de euros anuales. Otra feliz paradoja de un deporte que se mercantiliza casi sin límites, un verdadero ajuste de cuentas del fútbol con la injusticia y la desigualdad, aunque sea a modo de paradigma.

Porque hubo días en que a Casemiro, ahora millonario, ante la llegada de un vendedor ambulante que anunciaba por las calles de su barriada en Sao Paulo unos batidos, su madre debía distraerlo hasta que la voz de aquel hombre se diluía en la lejanía. Ni siquiera disponía de aquellos céntimos para colmar el sencillo deseo del pequeño. Casemiro lloraba al recordarlo en el programa ‘Campo de estrellas’ de Real Madrid TV. No es habitual verlo arrugarse. Al contrario, él parece haber elegido la sonrisa como antídoto al recuerdo de aquellos duros días de infancia.

Para sonreír se necesitan mover entre 12 y 17 músculos. Casemiro hace ya muchos años que los ejercita partido tras partido. Como cuando eleva una Champions al cielo, un ejercicio que ha repetido en cinco ocasiones, como si estuviera en una especie de cadena de producción, repitiendo un movimiento una vez tras otra, al estilo de Chaplin en Tiempos Modernos. En un nuevo tiempo para él, a partir de ahora Casemiro sonreirá en Inglaterra.

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