SEGUNDA VEZ EN SU HISTORIA

Canadá, la selección feminista que ha alcanzado el Mundial de Qatar gracias a la inmigración

Alphonso Davies, jugador de Canadá, se hace un selfie con aficionados después de un partido.

Alphonso Davies, jugador de Canadá, se hace un selfie con aficionados después de un partido. / Archivo

  • El equipo masculino, que ha crecido al calor de los éxitos del femenino, está compuesto en su mayoría por jugadores inmigrantes: “Queremos devolverle al país todo lo que nos dio”

  • Su estrella, el jugador del Bayern Alphonso Davies, nació en un campo de refugiados en Ghana, y su entrenador, John Herdman, fue primero seleccionador femenino

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En Canadá viven casi ocho millones de inmigrantes, según la ONU, lo que supone algo más de un 21% de su población, una de las tasas más altas en los países industrializados. Es un país con una amplia política migratoria que se refleja en su diversidad étnica, con más de 30 grupos representados con al menos 100.000 miembros cada uno

Este mestizaje ha permitido a la selección masculina de fútbol de Canadá clasificarse por segunda vez en su historia, y 36 años después, para un Mundial. Lo hicieron tras vencer a Jamaica y como primeros del grupo Concacaf (Centroamérica) por delante de EEUU y México

Sirva de ejemplo su buque insignia, Alphonso Davies, lateral del Bayern, nacido en un campo de refugiados en Ghana hasta que a los cinco encontró, junto a su familia, asilo en el país norteamericano. De esta fórmula se han beneficiado durante años selecciones europeas como Francia o Suiza, pero el modelo canadiense es más reciente, como sus propias corrientes migratorias.

La otra gran clave del éxito del combinado que dirige John Herdman ha sido el fútbol femenino, oro olímpico en Tokio 2020 y bronce en Londres 2012 y Rio 2016. El propio seleccionador nacional empezó dirigiéndolas a ellas, que ocupan el sexto lugar en el ranking FIFA, y terminó en 2018 entrenándolos a ellos, en el 38º de la clasificación, la mejor posición de su historia. Herdman se convertirá en Qatar en el primer entrenador en dirigir a una selección femenina y una masculina en un Mundial. “Yo soy un inmigrante más”, apunta el británico.

Igualdad entre selecciones

El 'soccer' de Canadá es multicultural, pero también feminista, y no solo porque las mujeres han sido, como ocurre en EEUU, sus catalizadoras. También porque sus compañeros comparten sus demandas igualitarias

De la teoría a la práctica, como sucedió el pasado domingo, cuando se negaron a jugar un amistoso contra Panamá en medio de una disputa con su federación por las condiciones de un nuevo contrato. Entre las exigencias del equipo que dirige Herdman está que las futbolistas perciban el mismo salario y que se compartan los premios económicos de un Mundial que ha supuesto toda una revolución.

El encuentro ante el cuadro panameño sustituía, a su vez, a un duelo programado contra Irán, cancelado tras las protestas de los familiares de las víctimas canadienses que murieron cuando la Guardia Revolucionaria iraní derribó en enero de 2020 un avión. Este ataque causó la muerte de 176 personas. Todos los focos están puestos en el fútbol, en primera línea mediática tras la clasificación.

La selección canadiense superó todas las expectativas que existían. Todo el mundo daba por seguro que México y EEUU liderarían el octagonal final, pero los de Herdman no perdieron ni un solo punto contra ellos y terminaron líderes con apenas un par de derrotas”, relata John Molinaro, periodista deportivo especializado en fútbol que fundó el medio TFC Republic

La mayoría de los implicados en el despertar del 'soccer' canadiense ni siquiera habían nacido cuando los 'Canucks' (sobrenombre de la selección) se clasificaron en 1986 para el Mundial de México. Molinaro era un niño. 

“Tenía 12 años, aunque tengo un gran recuerdo. Fue una locura ver a Canadá enfrentándose a la Francia de Platini o a la URSS de Belanov. No metimos ni un gol, pero no importó, aquello sirvió para establecer un nuevo límite”, apunta. Tope superado con creces por un combinado estajanovista que tuvo que jugar la fase Concacaf desde el principio (las cinco mejores del ranking FIFA entran en la fase final).

El cónclave de Murcia

Herdman tuvo muy clara cuál era la hoja de ruta de su proyecto, que, curiosamente, tuvo su puesta de largo en Murcia en marzo de 2018. En esa primera concentración, el ex seleccionador femenino enseñó a sus jugadores un vídeo del partido que permitió a Canadá clasificarse para la cita mundialista mexicana. 

“Esto lo hago para que sepamos lo lejos que este país ha sido capaz de llegar y lo cerca que vamos a estar en breve”, apuntó en una charla que levantó la moral de una tropa hundida, frustrada por ocupar el puesto 94º del ranking FIFA, por delante de Islas Feroe. 

El trabajo de Herdman ha sido maravilloso. Cuando él llegó al cuadro masculino, aquello era un caos. Se habían sucedido un sinfín de entrenadores. John aportó, sobre todo, una sensación de seguridad. El equipo dejó de tener una mentalidad perdedora”, defiende el periodista canadiense. 

“Y después llegó el pulido de los diamantes”, una definición precisa para Alphonso Davies (Bayern) o Jonathan David (Lille), que han encajado a la perfección con los veteranos de guerra como Atiba Hutchinson (Besiktas) o Milan Borjan (Estrella Roja). Detrás de cada jugador, un pasaporte, una historia de oportunidad, una riqueza que el seleccionador aprovechó para el desarrollo de un patriotismo deportivo. 

La mayoría de los jugadores son de origen extranjero, pero que ya destacaron en las categorías inferiores. Herdman les convenció para dar lo máximo por un equipo que, pase lo que pase, tiene asegurado otro Mundial, el de 2026, que organizará conjuntamente con México y EEUU”, explica Molinaro. 

La FIFA permite a los jugadores representar a un país tras tres años de residencia en el mismo si se mudaron antes de los 10 o después de cinco si se asentaron tras los 10. Estos futbolistas deben elegir entre varios países y en ocasiones no es una decisión fácil. Durante los peores años se escaparon jugadores como Owen Hargreaves, internacional con Inglaterra, pero nacido en Calgary; Jonathan de Guzmán, que eligió a los Países Bajos (su hermano Julian sí fue con los 'Canucks') o Asmir Begovic, de Bosnia, su selección, pero que llegó a jugar en las inferiores de Canadá, donde se crio tras huir de la guerra.

La estrella refugiada

Pero Herdman y Canadá han conseguido conformar un bloque en el que todos los aspirantes quieren jugar. El fútbol ha servido para reforzar la pertenencia al país. El caso más evidente es el de Davies. Nació en un campo de refugiados de Ghana después de que sus padres huyeran de la guerra civil en Liberia. 

“No queríamos empuñar un arma, así que decidimos escapar”. El jugador del Bayern, declarado mejor futbolista de Canadá tres años consecutivos, mejoró su inglés a través del fútbol. Lo hizo para comunicarse mejor con sus compañeros. Se convirtió en el jugador más joven en debutar en la USL Championship (segundo nivel norteamericano), con apenas 15 años. 

Fue internacional en todas las categorías hasta su debut con la absoluta en 2017, solo una semana después de obtener su pasaporte canadiense. “Para mí, representar al país que me lo ha dado todo en la vida es un orgullo”, declaraba tras su estreno, sin haber cumplido aún los 17. 

“Davies es un ejemplo para todos los jugadores y jóvenes. Él representa mejor que nadie lo que es Canadá, un país inclusivo”, ha declarado su seleccionador Herdman más de una vez. Pero no ha olvidado sus orígenes. El año pasado lanzó una colección de NFT (activos digitales únicos) con la que recaudó fondos para un campo de refugiados: “Ellos me ayudaron, quiero devolvérselo”.

Jonathan David, uno de los artilleros canadienses, ganador de la Ligue 1 el curso pasado con el Lille, nació en Brooklyn, pero al poco sus padres, nacidos en Haití, regresaron a su país. Finalmente, decidieron mudarse a Ottawa, una ciudad en la que cientos de aficionados celebraban una victoria contra EEUU que les dejaba con pie y medio en el Mundial mientras otros blandían banderas con esvásticas, lanzando insultos raciales

A pesar del carácter integrador del país, este tipo de manifestaciones se han contagiado. Frente a ellos, el Gobierno de Trudeau ha puesto varios ejemplos para poner en valor la diversidad y uno de los más potentes es el fútbol. Por su repercusión creciente y sus resultados palpables.

Gradas multirraciales

Una muestra más es la del portero de la selección canadiense Milan Borjan, croata que escapó de las Guerras Yugoslavas al país norteamericano con toda su familia cuando tenía 13 años. Fue de los pocos que se prestó a hablar con Herdman en aquella concentración de Murcia. “Canadá se lo ha dado todo a mi familia y yo tenía que devolvérselo”, comentaba como líder de un vestuario sin confianza. La clasificación para Qatar se podría escribir entre parada y parada del meta del Estrella Roja, uno de esos veteranos que aún juega con pantalón largo de chándal. 

Las biografías de sus compañeros son un calco. Sam Adekugbe, que marcó el definitivo 2-0 ante EEUU, nació en Londres y es de padres nigerianos. Cristian Gutiérrez, de familia chilena. Jonathan Osorio, de Toronto, aunque de ascendencia colombiana, la misma urbe de la que provienen Cyle Larin y Lucas Cavallini, de ascendencia jamaicana y argentina, respectivamente. Stephen Eustáquio jugó con las inferiores de Portugal. O Atiba Hutchinson, con origen en Trinidad y Tobago, aunque nacido en Brampton, una de las mecas del 'soccer' canadiense. Hasta cinco jugadores que llevaron a Canadá al Mundial nacieron en esa ciudad de 600.000 habitantes, donde la comunidad migrante es mayor que la de canadienses de nacimiento. 

Tan solo seis jugadores son canadienses de segunda generación en la última convocatoria. Así, en Canadá la población migrante buscó su realización personal a través del fútbol, donde encontraron un hueco que no tenían en deportes mayoritarios del país como el hockey hielo. Generaron una ventana de oportunidad para los más jóvenes, sobre todo hijos de desplazados, como ellos, que lucen en las escuelas la camiseta roja de los 'Canucks' con el sueño de ser uno más. 

Y lo mismo en las gradas, cada vez más animosas y multirraciales. Pero además han fortalecido una industria, con ingresos nunca pensados para un deporte que se retransmitía siempre en diferido y que las mujeres construyeron con innumerables éxitos. De ahí la decidida alianza entre ambas selecciones, elevadas a ejemplo de éxito en políticas igualitarias y de integración por parte del Estado. Porque, tal y como sentencia Herdman, seleccionador masculino, “nunca tanta gente diferente se sintió orgullosa de ser canadiense”.

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