BALONCESTO

Dzanan Musa, el MVP de la Liga ACB y de toda una ciudad: “El Breogán y él nos necesitábamos”

  • El alero de 23 años fue elegido por unanimidad como mejor jugador del campeonato después de encontrar en Lugo un microcosmos para relanzar su carrera 

  • “Siempre será mi casa”, dijo en su despedida, un baño de masas al que acudió su hermano desde Bosnia y que supuso el colofón a un curso mágico para el club lucense

El jugador del Río Breogán Dzanan Musa sujeta el premio al MVP de la Liga ACB en Lugo.

El jugador del Río Breogán Dzanan Musa sujeta el premio al MVP de la Liga ACB en Lugo. / Cristina López Astorgano - La Escena Iluminada

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Una marea celeste recorrió el pasado domingo las calles del centro de Lugo. El Río Breogán, equipo local de baloncesto fundado en 1966, echó el cierre de la temporada a lo grande. No era la celebración de un ascenso, de una permanencia en tiempo real -conseguida semanas atrás- o de un título. Pero como si lo fuera. Dzanan Musa recibía el trofeo de MVP de la temporada de Liga ACB al estilo de Paulo Fabio Máximo, fundador de la ciudad, cuyas estatua, junto a la de César Augusto, se erigió cerca de donde el emperador del basket lucense resultó coronado.

Fue el ensalzamiento de un equipo histórico que, en su regreso a la máxima categoría, estuvo cerca de los playoffs, disputó la Copa del Rey y obtuvo plaza de Europa, pero sobre todo, “confirmó que el Breogán es un fenómeno social, un sentimiento, algo inexplicable. Un símbolo de la ciudad como la propia muralla. Lugo es de baloncesto, pero sobre todo breoganista”, explica a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA Tito Díaz, exjugador, exentrenador y ahora director general de un club en el que Musa, ex de los Brooklyn Nets o del campeón europeo Efes, ha relanzado su carrera. 

Sufrido breoganismo

El alero se emocionó en un acto de película al que acudió su hermano Dzennis Musa desde Bosnia para entregarle el galardón, compartido con la ciudad que “siempre será mi casa y estará en mi corazón”. Fue la despedida de un amor correspondido. ”El efecto Musa se resume en que ambos nos necesitábamos y nos hemos encontrado en el momento ideal. En Lugo podía sentirse importante, querido y sin una gran responsabilidad a cuestas”. Y así fue, tal y como cuenta a este diario Alberte López, aficionado del equipo gallego.

A pesar de tener un equipo de fútbol en Segunda División desde hace más de una década, en Lugo rebota el balón naranja con más fuerza que ningún otro. Acudir al Pazo es un acto casi religioso y orienta la vida de los lucenses. De ahí que la travesía en el desierto de la LEB durante 12 años fuera un luto llevado con ruido que se rompió en 2019. Aquel retorno duró solo un ejercicio. Por suerte, para el Breo, la segunda muerte duró solo dos cursos. La resurrección la contó Millán Gómez, periodista que, como le ocurre a la mayoría de los que cubren al equipo gallego, entiende trabajo y pasión a la vez. 

“En cuanto entras en el Breogán te conviertes en un breoganista. La entrega del MVP fue el cierre perfecto para una afición que sabe sufrir. El club estuvo cerca de la desaparición en 2016 (anteriormente hubo otros conatos), pero ha sabido hacer frente a todo. Superó 12 años en LEB para regresar a una categoría en la que solo estuvo un año. Pero este año ha sabido corregir los errores de hace tres temporadas”, explica la voz del Río Breogán en Radio Marca, entre otras emisoras.

Relanzar su carrera

Hoy el león, símbolo del club, ruge en el coliseo que es el Pazo. Aunque no hace tanto necesitó venda y cirugía para sus múltiples heridas. Tito Díaz vivió desde el banquillo el último descenso a la segunda categoría y después se convirtió en comandante general del club para ascender y armar un equipo con una filosofía muy clara. 

Primero, renovación de parte de la plantilla de LEB, como los hermanos Quintela o Iván Cruz. Después, contratación de un nuevo entrenador: Paco Olmos, “con experiencia en grandes ligas y que estaba como loco por entrenar en España tras diez años sin hacerlo”. Y, finalmente, el quinteto titular: Bell-Haynes, Rašid Mahalbašić, “que ejerció de hermano mayor de Musa”, Kalinoski, Lukovic o Dzanan Musa, “que quería relanzar su carrera. Se encontró un club que buscaba un jugador franquicia sobre el que crear su juego. La coincidencia fue total entre las partes”. 

Incluso en este punto se cumplió el arco del héroe cinematográfico. Porque Musa, a pesar de las credenciales de su carrera, “no era conocido por el 95% de los aficionados medios”, indica Millán Gómez, lo que provocó prejuicios, como recuerda el director general del Breogán: “Se trataba de un jugador extraordinario que arrastraba tres años nada buenos. Se había ido a la NBA, quizá, demasiado rápido y en un super equipo como el Efes, campeón de Europa, no se había encontrado a sí mismo. Se dijo que era un jugador caprichoso, anárquico o egocéntrico… Y se demostró, o más bien, él demostró que eso no era verdad”. 

MVP por aclamación

El periodista lucense rememora un hecho que evidencia el compromiso entre ambas partes: “Fue designado capitán del equipo desde el principio, junto a Sergi Quintela”, jugador lucense y pilar fundamental del equipo junto a su hermano Erik. 

Ahí empezó el show de un jugador que a sus 23 años ha terminado el curso con un 23,1 de media de valoración por partido. Fue el máximo anotador del Breogán, con un promedio de 20,1 puntos por encuentro, superando la veintena de puntos en casi todas sus actuaciones. Recibió la puntuación máxima para el MVP de la Liga Endesa que otorgan entrenadores, jugadores, prensa especializada y aficionados.

Detalle del trofeo de MVP de la Liga ACB, ganado por Dzanan Musa.

/ Cristina López Astorgano - La Escena Iluminada

Su influencia va mucho más allá de las estadísticas. El alero ha sido un líder natural sin necesitarlo ni aparentarlo, simplemente integrándose en la ciudad, donde era frecuente verle paseando o enamorándose de una gastronomía de la que presumía a todas horas en redes sociales. El bosnio no estuvo en la ciudad gallega como trasbordo a otro club. “Lugo es un sitio olvidado y hasta despreciado, pero en el que si tú das, vas a recibir un retorno multiplicado por cinco”, asegura Alberte López, aficionado breoganista. 

Huida de Olmos

Cuando todo parecía ir viento en popa apareció de nuevo la narrativa cinematográfica clásica. Hay un momento en el que todo se desmorona. Al Breogán de Dzanan Musa esto le sucedió en enero de 2022. “El equipo tenía ocho victorias por solo seis derrotas y estábamos a punto de clasificarnos para la Copa del Rey. Y entonces, Paco Olmos decide marcharse (al Burgos, finalmente descendido) con el argumento de una oferta económica irrechazable. Nos dijo que era una oportunidad única en su vida”, relata Tito Díaz, director general del Breogán con un tono alejado del shock con el que encajó aquella noticia, que llegó antes de una serie de tres partidos consecutivos. 

Los entrenadores ayudantes dieron el paso, con Javi Muñoz al frente, otro lucense y hombre de la casa. Por si fueran pocas las dificultades, apareció el coronavirus. Al final, el Breogán certificó su plaza para la Copa y cerró la contratación de Veljko Mrsic, “otro entrenador con hambre, experiencia en ACB, que había sido seleccionador de Croacia, entre otros cargos, y con una concepción del juego parecida a la de su antecesor”. 

Hubo cierre de filas, no sin antes un periodo de incertidumbre en el que se llegó a especular con la desbandada de jugadores, entre ellos, Dzanan Musa, que, al igual que Olmos, pertenece a la agencia BeoBasket.

“Ahí demostró más que nunca su compromiso. Tuvo ofertas de superior categoría y no se fue. Resultó una decisión inteligente, tal y como se ha comprobado. Empatizó aún más con sus compañeros y demostró el cariño por el club, su afición, la ciudad… Supo ser un líder”, defiende Tito Díaz, quien, al igual que Millán Gómez, sitúa a Musa ya en el panteón de ilustres breoganistas en el que figuran Alfredo Pérez, Manel Sánchez, Velimir Perasović, Pete Mickael o Charlie Bell. Aún quedaban un par de lecciones prácticas para redondear el fenómeno Musa.

Una grave lesión

El 14 de abril, el alero bosnio sufrió una lesión en la primera mitad del partido contra Baxi Manresa. A pesar del dolor, Musa jugó 29 minutos con 18 puntos y 27 de valoración. Fueron claves en la victoria del Río Breogán. El jugador tuvo que ser operado de urgencia en el hospital de Lugo. El equipo médico que le intervino se mostró espantado: “Si hubiera recibido otro golpe, podría ser una tragedia”. El bosnio, ejerciendo de nuevo como cabeza de familia, no dejó lugar para la especulación y envió al poco de la intervención un mensaje: “La cirugía ha ido bien y volveré más fuerte”.

A pesar de la promesa, aquello sonaba a despedida de la temporada. Sin embargo, con Musa siempre hay que ponerse en lo mejor. Desde su habitación en el hospital, el capitán continuó enviando mensajes a sus compañeros. Fue icónica la imagen en la que se veía su puño en alto con la vía en la mano para recibir la medicación. No dejo solo a su equipo y en cuanto se recuperó apareció por el Pazo para recibir una sonora ovación. Sus compañeros siguieron funcionando hasta alcanzar el objetivo fundamental de la permanencia. ¿Todavía asistiría el templo breoganista a un último baile de su estrella? 

El último baile

La respuesta es un claro y rotundo sí. En el último encuentro de Liga, Dzanan Musa y el Breogán se regalaron una victoria ante Unicaja (93-84). Oficialmente, nada en juego, pero la realidad es que desde el salto inicial aquello fue una exhibición y un agradecimiento entre el triángulo mágico -plantilla, cuerpo técnico y afición- del club. 

 “Nunca había visto nada igual. Los médicos no entendieron cómo pudo jugar aquella segunda parte contra Manresa. Aún más increíble fue que, con solo dos entrenamientos, firmó un 34 de valoración. Musa tiene mi respeto para siempre. Su calidad, cariño y compromiso son inigualables”, concluye Tito Díaz, director general del club, ya enfrascado en la planificación de la próxima temporada en la que ni el MVP ni otros pilares seguirán en el Río Breogán después de revalorizarse.

Para cumplir el canon cinematográfico, faltaba la escena final. Un plano largo que se va abriendo, desde el trofeo hasta el conjunto de la masa breoganista pidiendo que a Dzanan Musa que se quede. Una propuesta clara, combinada con ideas originales como la de un niño que le hizo firmar un contrato que él mismo había redactado. 

“Parte de esta afición venía de sufrir años funestos. Otros se sumaron después. Pero todos, sin excepción, queríamos celebrar algo que será difícil de repetir. Somos un club modesto, aunque grande de corazón. Las heridas del pasado forjaron este presente”, explica emocionado Alberte López, uno de los miles que figura en la escena de créditos final, con el ‘starring’ de Dzanan Musa al principio y esperando que el “continuará” no tenga interrogantes en el siguiente capítulo en la élite. Igual de intenso, a través de distintos protagonistas y con un recuerdo que marca el ejemplo a seguir.

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