MotoGP

Quartararo: "Mis rivales me ven como el tío que les va a tocar las bolas"

El actual campeón del mundo de MotoGP, de 23 años, intenta convertirse este fin de semana, en Le Mans, ante su público, en el primer francés que gana el GP de Francia de la categoría reina | "Cuando tú vas detrás de Marc (Márquez) aprendes sin darte cuenta, lo ves, lo observas y, luego, inconscientemente te ves pilotando como pilota él", señala la gran estrella de Yamaha

Quartararo: "Mis rivales me ven como el tío que les va a tocar las bolas"
3
Se lee en minutos
Emilio Pérez de Rozas

Hay periodistas en el Mundial que le han hecho de padre y madre a Fabio Quartararo. Hay expertos que lo consideraron el niño más llamativo que han conocido jamás. Hasta los hay que lo veían campeón solo con proponérselo, simplemente con presentarse en la línea de salida de la categoría que fuese, con la moto que fuese. Porque 'El Diablo’ fue anunciado desde que apareció en el campeonato de España como la última estrella del firmamento, que iba a reducir a cenizas al prodigio del siglo: Marc Márquez.

Y, sin embargo, tanto los que lo protegieron como los que le ayudaron, como los que convivieron con él en el ‘paddock’ en sus inicios lamentaban siempre, siempre, que ese talento se estuviese desperdiciando. Si observas sus estadísticas, no entiendes nada. O lo entiendes todo. ¿Qué hizo ese genio en sus tiempos mozos? Dos años en Moto3 y acaba 10º y 13º. Dos años en Moto2 y acaba 13º y 10º. Hasta que el italiano Luca Boscoscuro lo recoge en sus brazos, lo motiva, lo guía y le permite ganar, con la modesta Speed Up, su primer GP, en Barcelona, en el 2018.

Demasiado joven

Hablamos mucho de la edad a la que llegan estos niños al Mundial, mucho”, señala Boscoscuro, ahora moldeando a Fermín Aldeguer, puro oro. “Cuando Fabio aterrizó en el Mundial se le puso toda la presión del mundo encima. Y más. Y así es muy fácil perderse, mucho. Fabio es un chico fantástico. Muy buen chico. Fabio es lo que se ve, no hay mentira en él: limpio, honesto, transparente, auténtico. No se enfada, siempre tiene la sonrisa en la cara y que se divierta no quiere decir que no trabaje duro. Trabaja como el que más….pero se divierte”.

Fue llegar a MotoGP, pisar territorio enemigo, el jardín de Marc Márquez y convertirse en lo que es, el campeón y líder del Mundial. Sus números son espectaculares y el título con el que llega a casa, a Francia, a Le Mans, donde recibirá, por vez primera tras dos años de pandemia, el cariño, devoción y calor de su afición (“no los oyes como en el fútbol, pero los sientes, te provocan una sonrisa, te empujan, están ahí contigo”), son buenísimos. Cierto, no son los de MM93, porque esas cifras no las ha logrado nadie nunca, pero le muestran como el piloto de referencia, cuajado, veterano de 23 años recién cumplidos y, sobre todo, todo ojos, oído y tacto para aprender se los demás.

"Cuando llegué a MotoGP no quería ser campeón, quería que no me bajasen a Moto2 o que me enviaran a Superbikes. Queria quedarme en MotoGP"

La frase de “se aprende más siguiendo a Marc cinco vueltas en un domingo de gran premio, que en toda la vida dando vueltas a un circuito” es de Quartararo. “Tú no lo sabes, no te das cuenta, pero yendo detrás de Marc aprendes solo de observarle, de tratar de trazar, frenar y plegar como él. Aprendes sin darte cuenta, de una manera inconsciente, ¿por qué?, porque ves cosas en él que aplicas a tu pilotaje sin darte cuenta”, cuenta este campeonísimo que, ciertamente, Boscoscuro tiene razón, tiene una sonrisa tan cautivadora como la de Márquez, ahora algo apagada pero aún ardiente, contagiosa.

¡Ojo con este tío!

Cuando le preguntas al ‘Diablo’, que trata de convertirse en el primer francés que gane en Le Mans en la categoría reina, qué ocurrió cuando pisó MotoGP, te contesta así de maravillosamente: “Yo no quería ser campeón. O no quería serlo de buenas a primeras. Yo lo único que deseaba es que no me echasen de allí. Había llegado donde quería y mi obsesión solo era una: hacer lo que fuese, ¡lo que fuese!, para que no me bajasen a Moto2 o me enviasen a Superbikes. Por eso aprendía de Marc, de Rossi, de todos. Lo que yo quería era quedarme de por vida en MotoGP”.

Y ahora que es ‘el rey’ ¿tiene la impresión de que sus rivales ya le respetan? “Aquí nos respetamos todos. Este es un deporte de alto riesgo y el respeto está por encima de todo. Lo que sí estoy convencido es de que mis rivales ya piensan ‘¡ojo con este tío que nos va a tocar las bolas!”

Noticias relacionadas