DERBI ATLÉTICO-REAL MADRID

Otro pasillo envenenado

Hace tiempo que un gesto de consideración al rival se convirtió en un arma arrojadiza para hurgar en la herida del derrotado cuando de por medio se encuentran los clubes que acaparan la atención mediática

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Pasillo del Barcelona al Madrid en 2007.

Pasillo del Barcelona al Madrid en 2007. / DAVID CASTRO

¿Cómo?; ¿Nosotros?” Con una mueca a caballo entre la resignación y la incredulidad, Pep Guardiola despachó el pasado martes en rueda de prensa previa hasta tres preguntas sobre si su equipo, el Manchester City, tenía pensado hacerle el pasillo al Real Madrid por su 35º campeonato de Liga. Ni la magnitud del escenario, con el pase a la final de la Champions en juego, ni el inexistente vínculo del club inglés con una polémica que ha copado titulares y tertulias y que incumbe solo a los blancos y al Atlético fue impedimento para tratar de convertir al técnico catalán en el enésimo actor de una película en la que no esperaba tener un papel.

Lejos de disipar la rentable controversia, el anuncio público de los rojiblancos negando el pasillo a su rival en el Metropolitano ha sido utilizado para que siga bullendo, hasta que surja otra que se pueda exprimir tanto o más. Esta vez, a cuenta de un homenaje que nunca será, pero del que todos aquellos que forman parte de los entornos mediáticos de los clubes creen tener algo que decir, cuando menos, o exigir.

Poco queda de los tiempos en los que el pasillo era un homenaje sincero que hablaba bien del que lo hacía y del que lo recibía, al menos cuando de por medio están los clubes que acaparan la atención masiva. Hace años que dejó de ser un gesto honorable para convertirse en la oportunidad de crear un escenario morboso y hurgar en la herida del derrotado. Los que hoy lo reclaman bajo la manida bandera del fair play, ayer justificaban su no basándose en los mismos argumentos que ahora critican. Y los que los defienden usando esas mismas razones, anteriormente las echaban en cara, en círculo vicioso del que ya es difícil escapar.

Derbi a la vista

En estas se instaló, semanas atrás y con un derbi en el horizonte, el runrún machacante sobre un pasillo que entonces todavía era solo un posible. Entre cálculos y debates artificiales, el asunto acabó llegando a la calle y a las redes, donde se terminó de viciar hasta el punto de que el Atlético, sin haber dicho su vecino nada oficial al respecto, salió al paso para calmar a la mayoría de su afición asegurando que no participaría en un “escarnio público impregnado con aroma a humillación” y recordando que hace un año “no hubo debate” cuando el Celta tomó la misma decisión cuando la misma decisión al recibirlos como campeón.

Usado como arma arrojadiza, desechado cuando conviene, el pasillo debería surgir, no ser exigido por aquellos que ven en él la oportunidad de sacar un rédito"

Usado como arma arrojadiza, desechado cuando conviene, el pasillo y cualquier acto que suponga un homenaje debería surgir, no ser exigido por aquellos que ven en él la oportunidad de sacar un rédito que va más allá de una situación a priori bienintencionada. No hay ningún señorío en reclamar señorío, más si cabe pidiendo un gesto despojado de su valor simbólico y desnaturalizado hasta ser convertido en puro postureo en una industria, la del fútbol, que menosprecia día sí día también a ese aficionado al que ahora reclama altura de miras y deportividad.

Si un club no quiere y al otro le da aparentemente igual, ¿por qué habría que impostar lo que en realidad no existe? Ya lo dijo Sergio Ramos, entonces capitán del Madrid, cuando en 2018 la pelota estaba en el tejado del club blanco tras proclamarse el Barcelona campeón: “Ellos tienen lo que buscaban, el título de Liga, y el pasillo es indiferente. Ya dijimos que no se iba a hacer”.

Porque no querer debería ser motivo más que suficiente para no hacer algo, sin necesidad de tener que alicatar unos baños.

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