Baloncesto

Pérez Pizarro: "No distingo ni jugadores ni equipos, solo situaciones"

"En ocasiones el diálogo no es productivo, pero mi manera de arbitrar la tengo muy marcada y difícilmente la cambiaré", afirma el árbitro de la Liga Endesa e internacional

Pérez Pizarro hace indicaciones durante el Lenovo-Breogán.

Pérez Pizarro hace indicaciones durante el Lenovo-Breogán. / ANDRÉS GUTIÉRREZ

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Carlos García

"Levantarme temprano, llevar a los dos niños [2 y 10 años] al colegio, recogerlos y pasar la tarde en familia". Así define Emilio Pérez Pizarro un día perfecto. Una rutina, eso sí, no muy repetida por la ocupación laboral de este ciudadrealeño de 46 años, actualmente uno de los árbitros españoles de mayor reputación.

Así lo indica su condición de colegiado internacional, su presencia –una semana sí y otra también– en partidos de Euroliga, y los nombramientos para varios de los encuentros más relevantes de la ACB. El segundo –y último duelo– de la pasada final liguera, y su papel de trencilla principal en la contienda por el título copero en Granada entre Real Madrid y Barça hace solo un par de meses, son los dos últimos y manifiestos ejemplos.

Un estatus, con más de 700 partidos de Liga Endesa ya a sus espaldas –debutó con 25 años en 2000–, ganado a pulso gracias a su conocimiento del juego y una manera particular de entender la relación con los protagonistas a los que va a impartir justicia. "Me gusta empatizar con ellos... aunque no durante todo el partido", como él lo define. Una cercanía que lejos de traerle problemas, generalmente le ha facilitado el salir airoso de situaciones delicadas; y a la vez ganarse el respeto de todos cuantos le rodean dentro de una cancha de baloncesto. Una forma de ser que también ayuda a que su gremio se sacuda esa imagen demonizada que de ellos pueda percibir a veces la grada.

¿Es el árbitro siempre el malo de la película... o al menos casi nunca el bueno?

Creo que nosotros no empatamos, porque siempre estamos en el ojo del huracán. Somos unas personas que debemos tomar decisiones y nuestros errores, si además son en situaciones importantes, provocan una serie de causas y repercusiones que nos hacen estar siempre en el disparadero. Pero el malo de la película, no creo. Lo importante es que no se hable de nosotros. El mundo arbitral es quizá el gran desconocido del baloncesto, pero va evolucionando y poco se va conociendo algo más de lo que es nuestro trabajo.

¿Y estar en el ojo del huracán no les lleva a plantearse si realmente vale la pena ser árbitro de primer nivel?

Esa percepción nunca me pasa por la cabeza; y me atrevería a decir que tampoco a ninguno de nuestro gremio. Es algo que forma de nuestro trabajo. Yo llevo recibiendo críticas desde que empecé a arbitrar, y eso fue con 14 años; no me influye lo más mínimo que hablen ni mal ni bien.

Desde fuera da la sensación de que usted es de los árbitros más dialogantes de la ACB. ¿Mejor eso que ser totalmente estricto y mantener las distancias?

No sé qué es lo mejor. Sé cómo me gustar dirigir un partido y, efectivamente, soy una persona que dentro de la pista estoy abierto al diálogo. Todo depende del momento, la situación y del partido, y de hecho estoy convencido de que en ocasiones el diálogo no es tan productivo, sino que sería mejor ser algo más estricto; pero en otras viene bien el dialogar y empatizar algo más. Sí estoy convencido de que mi manera de arbitrar la tengo muy marcada y difícilmente la voy a cambiar.

¿Se ha arrepentido de ser tan cercano? ¿No existe el riesgo de que jugadores y técnicos, sabiendo como es, acaben abusando de ese talante?

No me puedo arrepentir porque estamos hablando de una manera de arbitrar. Cuando eres abierto al diálogo eso se puede malinterpretar alguna vez, pero por norma general ese intercambio de comunicación no puede producirse durante todo el partido; porque no estaríamos haciendo bien nuestro trabajo. Y la gran mayoría lo entiende.

¿Pueden tener la percepción los jugadores de los equipos grandes, como Real Madrid y Barça, que por ser de dichos clubes tienen el privilegio de apretar un poco más a los árbitros?

Yo como árbitro no distingo jugadores ni equipos. Los trato a todos por igual, y cualquier componente de cualquier equipo me merece el mismo respeto. Solo distingo situaciones y comportamientos en la pista.

¿Y en algún momento llegó a imponerle pitar a uno de los grandes?

No tengo ese recuerdo. Simplemente me imponía arbitrar partidos en ACB.

¿Es obligación del árbitro saber de qué pata cojea cada jugador o se resetea por completo después de cada partido?

Es una mezcla de las dos cosas. Al igual que los clubes trabajan analizando al rival, nosotros hacemos lo mismo, por lo que estamos obligados a saber a qué juega cada equipo y la idiosincrasia de cada jugador con el objetivo de acertar más; pero eso no significa que empecemos los partidos con el foco situado en nada en especial. Todos los encuentros comienzan de cero.

Dentro de ese conocimiento, ¿se sabe el nombre de todos los jugadores y técnicos?

Sí, sí. Es una curiosidad que siempre tuve y me gusta llamar a todos los que me rodean en este mundo por su nombre de pila. Y si no me lo sé, lo busco.

Hablemos de la pandemia. ¿Fue más sencillo pitar sin público?

No, fue bastante más difícil. Porque, al igual que a los jugadores, a los árbitros lo que nos gusta son los buenos ambientes, y eso lo podemos disfrutar en una liga como la española. Y cuando ese ambiente no existe, falta algo. El público es una pieza esencial, hasta el punto de que el espectáculo es para ellos. Prefiero arbitrar con público en el mejor ambiente que exista, aunque a veces pueda parecer duro y complicado para nosotros, que hacerlo con las gradas vacías.

¿Ha llegado a pasar por situaciones desagradables de faltas de respeto, o el colegiado no percibe las palabras cariñosas que le llegan desde la grada?

Te enteras, pero somos árbitros, la presión forma parte de nuestro trabajo. Y claro que ha habido situaciones, en partidos calientes, en las que recibes insultos, pero esto forma parte de un aprendizaje y debes aislarte para focalizar tu trabajo dentro de la pista.

¿Debe ser el árbitro una persona pausada y con aguante; o el árbitro hace pausada y con aguante a la persona?Depende de cada persona. El árbitro debe estar siempre con la cabeza fría y no tener las pulsaciones disparadas en los momentos de tensión de los partidos. El que lo lleve de serie en su vida lo podrá usar en esta actividad; y el que no sea así deberá aprender a controlar este tipo de situaciones.

¿Cuando un árbitro sale de un partido con la sensación de que ha fallado en acciones claves, también le da muchas vueltas a la cabeza incluso sin haber vuelto a ver el partido?

Es obvio que sí, si no, poco diría de nosotros. En mi caso varias veces he estado una y hasta dos noches sin dormir. Esto no es arbitrar y volvernos a casa, y si hemos perjudicado a un equipo pues nos da igual... Yo quiero para mí lo mejor, y lo mejor es pasar desapercibido porque eso significa que he acertado en mis decisiones. Pero si cometemos un error puedo asegurar que los días posteriores son muy complicados y duros.

El vídeo de ACB con su micro durante la última final de Copa del Rey acabó haciéndose viral... y usted casi famoso. ¿Se encontraba cómodo en esa situación?

Parece que tuvo bastante repercusión, sí, pero no sé si tanto como para hacerme famoso o no; no me preocupa. No tengo redes sociales ni las sigo. ¿Cómodo? Tanto que desde que lancé el balón se me olvidó que lo tenía... Como si no lo llevara.

Ha cumplido este curso 700 partidos en ACB. La edad de retirada en España son los 55 años y usted tiene 46. A poco que mantenga la proporción llegará a los 1.000. ¿Le haría ilusión?

Me hace ilusión el partido que tengo el próximo fin de semana, no pienso más allá. Ese partido siguiente es lo que me tiene cien por cien activo de mente. Cuando hice 700 no me había enterado hasta que me lo dijeron, y llegar a 1.000 no me preocupa lo más mínimo. Me muevo en el día a día, que es donde estoy cómodo y llevo bien mi vida. Es lo que me permite seguir disfrutando del arbitraje después de tanto tiempo y con una ilusión terrible. No sé dónde llegaré ni a qué cifra, solo que me apasiona arbitrar y me considero un privilegiado por ello.

¿Un árbitro hace amigos en la cancha que luego traslada a la vida personal?

La palabra amistad es muy potente. Amistad, amistad no diría como tal, pero sí se crea una relación de respeto, cariño y admiración dentro del trabajo que se desarrolla de manera conjunta.

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