30º ANIVERSARIO

De un 'baby boom' a celebrar una Copa de Europa: cuando Fuenlabrada adoptó al Partizan de Belgrado

Ivo Nakic lanza un tiro libre en el Partizan-Milán disputado en Fuenlabrada en 1991.

Ivo Nakic lanza un tiro libre en el Partizan-Milán disputado en Fuenlabrada en 1991. / CEDIDA BC FUENLABRADA

  • El equipo serbio, obligado a jugar en el exilio en la temporada 1991/92 por la guerra, disputó siete partidos como local en el Fernando Martín, generando un hermanamiento con los fuenlabreños cuyo legado permanece vivo 30 años después

  • "Nos ofrecieron acoger a tres equipos yugoslavos y elegimos el Partizan porque era el más joven y el que más se iba a identificar con la gente de aquí", recuerda José Quintana, entonces alcalde y hoy presidente del Baloncesto Fuenlabrada

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El 16 de abril de 1992, mientras España entera lloraba la desdicha del Joventut, la Fuente las Escaleras de Fuenlabrada, inaugurada apenas cinco años antes, se llenaba de exultantes aficionados. Unos 800, dicen; quizá mil, quién sabe.

Aquel día se celebraba en Estambul, a miles de kilómetros de distancia, la final de la entonces llamada Liga Europea de la FIBA, hoy Euroliga, siempre Copa de Europa.

Y cuando todo parecía destinado a una victoria para la Penya, la que colmaba de sentido más de seis décadas de pasión por la canasta en Badalona, Sasha Djordjevic se irguió para anotar el triple definitivo a tres segundos del final y coronar como campeón de Europa al Partizan de Belgrado (70-71).

Se hablaba ya de la maldición yugoslava, pues era ya la cuarta vez en los últimos años (1985, 90, 91 y 92) que un equipo de la extinta república ganaba la gran final del año a un rival español. Pero en Fuenlabrada nada de eso importaba, pues aquel histórico título, el primero y hasta ahora el último que conseguía el Partizan en la máxima competición continental, se sentía como propio en el sur de Madrid. Había ganado el Partizan de Belgrado, sí, pero también el Partizan de Fuenlabrada.

Una réplica de aquel trofeo reside hoy en el Pabellón Fernando Martín, a escasos 500 metros de esa Fuente de las Escaleras que se convirtió aquella histórica noche de hace 30 años en lugar de hermanamiento para centenares de fuenlabreños que sintieron aquel triunfo como propio.

Motivos tenían para hacerlo, pues el Partizan, forzado por las circunstancias de la Guerra de los Balcanes, había adoptado Fuenlabrada como su segunda casa, en la que forjó, con seis victorias en siete encuentros su camino hacia el título.

'Boom' demográfico

Pero esta historia comienza mucho antes y es la historia de un 'boom' demográfico que convirtió a Fuenlabrada en "la población más joven de toda Europa, llegamos a tener 6.300 nacimientos al año", en palabras de José Quintana, entonces alcalde de localidad (lo fue entre 1983 y 2002) y hoy presidente del equipo de baloncesto de la ciudad, el Urbas Fuenlabrada. La serie demográfica evidencia, en efecto, que la ciudad del sur de Madrid pasó de contar con unos 7.000 habitantes en 1970 a convertirse en una urbe de unos 150.000 a comienzos de los años 90.

Fuenlabrada era entonces la población más joven de Europa, llegamos a tener 6.300 nacimientos al año

La alta natalidad, así como la llegada de familias procedentes de la Comunidad y de otros puntos de España, generó la necesidad de construir una oferta deportiva potente para los niños, así como la de generar referentes en el deporte de élite que permitieran potenciar el sentimiento de comunidad de los fuenlabreños de adopción hacia su nueva ciudad.

"Teníamos la opción del fútbol, pero creo que en ese momento el equipo estaba en Tercera y era muy complicado, necesitaba una gran inversión para dar el salto. Decidimos construir un pabellón al que le dimos el nombre de Fernando Martín (fallecido en 1989) porque nos dimos cuenta de que era un referente para los niños, lo mencionaban continuamente en los colegios", recuerda Quintana.

Predrag Danilovic, rodeado de rivales, en el Partizan-Aris disputado en Fuenlabrada en 1992.

/ CEDIDA BC FUENLABRADA

Una vez en marcha la construcción del pabellón, el alcalde de la ciudad se puso a trabajar para atraer a equipos punteros a Fuenlabrada. Caja Madrid patrocinaba entonces a uno de baloncesto y otro de balonmano, ambos con sede en Alcalá de Henares. Hubo gestiones con Jaime Terceiro, entonces presidente de la entidad bancaria, pero no cuajaron. El pabellón se inauguró en septiembre de 1991, con un amistoso entre el Real Madrid y el Estudiantes, y después iba a quedarse sin un inquilino fijo.

En paralelo, la FIBA tomó una decisión que iba a permitir una solución transitoria. Los tres equipos de la antigua Yugoslavia con presencia en la Copa de Europa (el Partizan serbio y el Split y la Cibona croatas) fueron obligados a jugar como locales fuera de su país debido a la guerra: Croacia había proclamado su independencia unos meses antes y la escalada de violencia había alcanzado cotas extremas en la región.

El papel de Dorna

Dorna, empresa española hoy conocida por la organización de MotoGP, era un socio recurrente de la FIBA en materia de imagen, patrocinio y derechos de televisión y recibió el encargo de buscar un nuevo hogar para estos equipos. Recién inaugurado el Fernando Martín, la primera llamada fue a Fuenlabrada.

"Nos ofrecieron acoger a cualquiera de los tres equipos. Lo hablamos en el ayuntamiento y consideramos que el más adecuado iba a ser el Partizan, porque era el más joven de los tres y entendimos que era un factor importante para lograr una mayor identificación con los fuenlabreños", recuerda Quintana.

La juventud del Partizan era un factor importante para lograr una mayor identificación con los fuenlabreños

Aceptada la oferta, se trasladaron a la ciudad madrileña el gerente del Partizan y su entrenador, un jovencísimo Zeljko Obradovic que debutaba en un banquillo tras retirarse de las canchas unos meses antes. En Fuenlabrada iba a comenzar una carrera sin igual en Europa, que le ha llevado a ser el técnico más laureado de la historia del baloncesto continental: nueve Euroligas con cinco equipos distintos.

"Además de ser un extraordinario entrenador, Zeljko es un tío muy muy listo. Así que, cuando tuvimos aquella primera reunión, nos trasladó que ellos estaban dispuestos a participar que cualquier actividad que nosotros quisiéramos: firmas de autógrafos, entrenamientos a puerta abierta, actos de publicidad... Querían ser parte de la ciudad para que la ciudad se implicara con ellos. Y vaya si lo consiguieron", expone el entonces alcalde.

El Partizan continuaba radicado a Belgrado, pero cada dos semanas viajaba a España para jugar como local sus partidos de la fase de grupos de la Copa de Europa, siete en total. Se hospedaban durante tres o cuatro días en un hotel de Madrid, entrenaban con presencia de niños que iban de excursión con los colegios de Fuenlabrada y se hacían querer. El 7 de noviembre debutaron en el Fernando Martín, arrasando (87-67) al Maes Pils de Amberes.

Sasha Djordjevic supera a un defensor en el Partizan-Estudiantes disputado en Fuenlabrada en 1991.

/ BC FUENLABRADA

Frente al escaso interés que despertaron dos experiencias paralelas, la de la Cibona en Puerto Real (Cádiz) y la del Split en A Coruña, Fuenlabrada respondió con una asistencia de alrededor del 80% a aquel partido: "Y después, en los otros seis partidos, ya fue del 100%. Había gente que se quedaba fuera del pabellón porque no había sitio para todos. La identificación del Partizan con Fuenlabrada y de Fuenlabrada con el Partizan fue inmediata".

El pabellón se llenó desde el segundo partido, había gente que se quedaba fuera por falta de aforo

El conjunto de Belgrado ganó seis de los siete encuentros que jugó en el Fernando Martín. Solo el Estudiantes, en una suerte de derbi, rompió el embrujo. Alejandro Varona, vicepresidente entonces del club estudiantil, "y buen conocedor de Fuenlabrada, porque tenía una empresa aquí, se encargó de mandar al pabellón a unos 500 aficionados de la Demencia y la animación estuvo más equilibrada". Arrasó en conjunto colegial (75-95) en la única derrota que sufrió en su casa de acogida el Partizan.

Distinto fue el enfrentamiento con el otro equipo español del grupo, el Joventut que entrenaba Lolo Sainz. Contaban en Badalona con encontrarse con un ambiente amigable, pero se toparon con una caldera a favor del conjunto serbio, para enfado del histórico entrenador español tras perder el partido por un punto (76-75).

En el siguiente partido, frente al Bayer Leverkusen alemán, aparecen de forma espontánea en el pabellón pancartas con la leyenda "Partizan de Fuenlabrada". La comunión ya era total, con la ciudad entregada al que ya se había convertido en su equipo, consciente de que esa convivencia era puntual. De hecho, en marzo de 1992 la FIBA permite al conjunto serbio jugar como local su cruce de cuartos de final contra la Virtus de Bolonia. Lo ganaron y después se impusieron en la Final Four de Estambul, en semifinales frente al Milán y en la final contra el Joventut.

Y la Fuente de las Escaleras de Fuenlabrada se llenó para celebrarlo. Y ahí se acabó todo. O no.

Porque si hoy la ciudad del sur de Madrid cuenta con un equipo ya clásico en la Liga ACB, categoría en la que ha jugado 23 de las 24 últimas temporadas, es en parte por aquel 'erasmus' forzoso del Partizan. "Esa experiencia nos permitió comprobar que en la ciudad había una demanda de baloncesto, que a la gente le gustaba mucho. Desde el Ayuntamiento buscábamos que la gente que había venido a vivir a Fuenlabrada se identificara con la ciudad y entendimos que potenciar un equipo propio era una buena manera de hacerlo", explica Quintana.

El Partizan evidenció que en la ciudad había demanda de baloncesto, que a la gente le gustaba mucho

El 'Fuenla', fundado en 1983, jugaba aquella temporada en la tercera categoría del baloncesto profesional. Las cuatro siguientes lo hace ya en la segunda (Primera B primero, EBA tras la reestructuración) y de cara a la campaña 1996/97 compra la plaza del Peñas Huesca por 400 millones de pesetas y debuta en ACB. Descendió ese mismo curso, volvió a ascender el siguiente y ya solo ha estado fuera de la elite en un curso más, el 2004/05.

Homenaje

En definitiva, el legado de aquellos cuatro meses de vida en común, entre noviembre de 1991 y febrero de 1992, permanece vivo aún hoy. De ahí que este sábado el Urbas Fuenlabrada vaya a conmemorar el 30º aniversario en su partido contra el Monbus Obradoiro con una exposición de fotografías, con la réplica de aquella Copa de Europa que el Partizan le regaló por el 20º aniversario y más actividades.

Además, el equipo local vestirá de negro, como lo hace siempre el serbio, y se retirará simbólicamente la camiseta con el dorsal 92, en referencia al año 1992. Quedará para septiembre, en el contexto de las fiestas patronales del municipio, un nuevo partido amistoso entre el 'Fuenla' y el Partizan para poner el broche al aniversario.

La semana que viene, será el equipo serbio el que celebre en Belgrado la efeméride, con la presencia de una delegación de Fuenlabrada que ha sido invitada a la fiesta. Quintana se ausentará de la cita por un asunto personal y lo hará muy a su pesar, pues la relación con el Partizan permanece viva y en especial con Zeljko Obradovic, quien esta temporada ha empezado una segunda etapa en ese banquillo, 28 años después de culminar la primera.

"Hablamos mucho, solemos vernos una vez al año cuando viene a veranear a su casa de Barcelona o cuando ha venido a España a jugar partidos de Euroliga con los equipos que ha dirigido", cuenta Quintana.

Pregunta. ¿Y nunca le ha propuesto que entrene al Fuenlabrada?

Respuesta. ¡No, no! Su caché es altísimo para un club como el nuestro, imposible.

P. Ya, pero el 'Fuenla' no es un equipo cualquiera para él...

R. Eso es verdad. Bueno, quizá cuando ya esté cerca de jubilarse [tiene 62 años]... Sí, a lo mejor sí. Sería bonito, la verdad.

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