RUGBY

El Seis Naciones mima la cuestión identitaria para evitar la mezcla rugby-política

  • Los himnos y cánticos que entonan las diferentes selecciones y sus hinchadas reflejan la construcción históricas de sus identidades nacionales, en especial las cuatro británicas

  • La edición de 2022 del centenario torneo arranca este sábado con los duelos entre Irlanda y Gales (vigente campeona) y el que enfrentará a Escocia e Inglaterra

Pugna por un balón durante el Francia-Escocia del Seis Naciones de rugby de 2021.

Pugna por un balón durante el Francia-Escocia del Seis Naciones de rugby de 2021. / Afp

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Se acabó la siesta tapado con manta de los sábados después de comer para los aficionados al rugby. Este sábado empieza el Seis Naciones, un torneo con sabor añejo que las selecciones británicas empezaron a disputar allá por 1883 y que con el paso del tiempo ha sabido adaptarse a la modernidad.

No solo a la que a tecnología se refiere, puesto que el TMO, lo que viene a ser el VAR en el fútbol, funciona desde hace años, sino a nivel de profesionalización de los jugadores gracias a la fuerte inversión de importantes magnates y de las principales marcas deportivas, la construcción de imponentes estadios y, por supuesto, con los pingües beneficios que aportan a los clubes los derechos televisivos por la retransmisión de los partidos.

Si el Seis Naciones ha conseguido sobrevivir durante casi 140 años ha sido también por la apertura de mentes de quienes decidieron priorizar los sentimientos a la política. Irlanda, por ejemplo, consiguió algo insólito, y es que durante los años más duros del conflicto armado que enfrentó a católicos y protestantes en Ulster, su selección incluyera a jugadores nacidos en cualquier parte de la isla dividida hace más de un siglo por los políticos.

La rivalidad entre los competidores se queda en el campo. Y si algo queda pendiente ya se resolverá de forma amistosa en el tercer tiempo con una pinta de cerveza en la mano. El respeto cuando suena un himno es ejemplar en cualquier terreno de juego. Lo identitario no les separa. Les hace ser diferentes, pero no distintos. 

ESCOCIA

El 'Flower of Scotland' (Flor de Escocia) rememora la batalla en la que los escoceses de Robert de Bruce doblegaron en 1314 a las tropas de Eduardo II y lograron la ansiada independencia. Habían pasado nueve años de la muerte de William Wallace, a quien Mel Gibson dio vida en la pantalla en la oscarizada 'Braveheart'.

Este himno que ahora se canta en Murrayfield es relativamente nuevo. De hecho, data de 1974. Durante una gira por Sudáfrica de los British and Irish Lions, el jugador escocés Gordon Brown escuchó esa canción en la radio interpretada por el grupo de folk The Corries y propuso que fuera el himno popular de Escocia.

Era la época en la que empezaba a resurgir la idea de convocar un referéndum sobre la independencia de la parte norte de la isla, que no se llevó a cabo hasta 2014 y en el que los escoceses optaron por seguir perteneciendo a Reino Unido. Eso fue antes del Brexit, porque ahora la corriente nacionalista parece que toma otra vez cuerpo.

Bajo esos indisimulados gestos de desapego hacia todo lo inglés, en Murrayfield seguía sonando el 'God save the Queen' cuando se enfrentaban a Inglaterra. Todo cambió a raíz de que en 1988 el público escoces silbara el himno que hasta esa fecha les representaba. Así que desde entonces entonan el Flower of Scotland, cuya primera parte está acompañada de gaitas y la segunda se canta a capella.

A los escoceses también les gusta animar a su selección con 'The Bonnie Banks of Loch Lomond', una melodía romántica sobre la que, curiosamente, hizo una versión el grupo de heavy AC/DC con el nombre de 'Bonny'. En la actualidad, tras conseguir un ensayo o un golpe de castigo, atrona en la megafonía del campo el 'I´m gonna be' (500 miles) de los escoceses The Proclaimers.

Los habitantes de los famosos highlanders, tan dados a difundir las tradiciones orales, sostienen que el símbolo nacional de la flor del cardo que llevan los jugadores en la camiseta se basa en una leyenda que narra el ataque frustrado de un ejército nórdico invasor mientras dormía un grupo de guerreros escoceses. Y fue frustrado porque uno de los invasores (daneses, según la versión más extendida) pisó la espinosa planta y sus aullidos de dolor pusieron en alerta a los escoceses.

IRLANDA

El tema de los himnos es aún más enrevesado en isla que vio nacer a James Joyce. Y es que la división de la isla en cuatro provincias hace justo ahora un siglo, y dejando una de ellas (Ulster) adscrita a la Corona Británica, todavía tiene secuelas políticas, que no deportivas, porque la selección está representada por jugadores de las dos Irlandas.

Quien mejor encarnó esta transversalidad fue su capitán hasta hace dos años, Rory Best, un protestante de Belfast quien jamás puso reparos a la hora de enfundarse la camiseta verde mientras no le obligaran a cantar el himno irlandés. Ya el lío empieza con las banderas. Como fórmula salomónica, se adoptó que cuando la selección jugara en Eire debía ondear la bandera tricolor, esto es, la oficial de la República de Irlanda, mientras que si lo hacía fuera luciría la de las cuatro provincias (Ulster, Munster, Leinster y Connacht).

Con respecto a los himnos prevaleció la idea de no pisar callos y de eludir la polémica. Antes de 1995, cuando la selección disputaba un encuentro en Eire, se escuchaba en gaélico 'Amhrán na bhFiann’ (‘La canción del soldado’) y si lo hacía fuera sonaba el inglés 'God save the queen'.

Lo cierto es que ninguno de los dos himnos era sinónimo de inclusión porque en ambos casos solo una parte de la población se sentía representada. Para tratar de contentar a todos ahora se entona en cualquier campo el 'Ireland’s Call', un himno que acuñó la Unión de Rugby irlandesa para la disputa de los partidos internacionales.

Quien haya tenido la oportunidad de presenciar in situ un partido de Irlanda en el Aviva Stadium de Dublín (o antes en Lansdowne Road), no podrá olvidar jamás el sentimiento que ponen los irlandeses cuando entonan 'Fields of Athenry'. La canción narra la típica historia durante la hambruna que azotó la isla a mediados del siglo XIX en la que una pareja se tiene que separar porque a él le deportan a Australia mientras que ella le asegura que le esperará cuidando a su hijo.

Brian O´Driscoll, tal vez el mejor jugador de la isla a lo largo de la historia, soltó más de una lágrima cuando el estadio entero le despidió con esta canción en su adiós a la selección. En su camiseta lucía el símbolo del trébol de tres hojas. Aquí la leyenda relata que en cierta ocasión el patrón de la isla, San Patricio, trataba de explicar a un grupo de celtas el misterio de la Santísima Trinidad.

Como nadie le entendía, miró al suelo y encontró un trébol. Lo mostró y les explicó que de la misma manera que de un solo tallo de trébol brotaban tres hojas también podía ser que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo fueran una misma persona.

GALES

Si se habla de cantar y de hacerlo bien, los galeses son unos artistas consumados. De ellos partió en 1905 la idea entonar el himno al inicio de los partidos. Lo hicieron para contrarrestar la haka de los All Blacks. Aunque por aquel entonces el himno oficial era 'God Bless the Prince of Wales' ('Dios salve al príncipe de Gales'), los espectadores presentes en el Arms Park de Cardiff, liderados por un dirigente de la Wales Rugby Union llamado Tom Williams, optaron por la versión no oficial: 'Tierra de mis padres' ('Hen Wlad Fy Nhadau', en gaélico). Se desconoce si fue por la emotividad del cántico, pero lo cierto es que los neozelandeses perdieron 3-0.

Cuando ondea la bandera de Gales, que tiene su origen en la época en que esa parte de isla pertenecía al imperio romano, en el Milenium Stadium se distinguen de fondo los colores verde y blanco con un enorme dragón rojo superpuesto. Se trata de la misma criatura que venció en una sangrienta pelea a un dragón blanco, que encarnaba el mal, motivo por el que Wthyr Bendragon, padre del mítico Arturo de Camelot, decidió incluirlo como emblema en su linaje.

Mientras, el público da muestras en el campo de su amplio repertorio musical. Desde el clásico 'Cwn Rhondda', que es la más habitual, pasando por 'Sosban Fach' o la inolvidable 'Delilah'. Por cierto, cantar esta canción de Tom Jones estuvo a punto de ser prohibido en los campos de rugby de País de Gales, porque hay quien veía en su letra una incitación a la violencia de género.

Según la canción, la tal Delilah le puso los cuernos a su novio y éste se presentó en su casa en actitud amenazante con un cuchillo en la mano mientras preguntaba tres veces a “mi Delilah” por qué le había sido infiel de forma un tanto cansina.

Los galeses lucen con orgullo en su camiseta tres plumas de avestruz surgiendo de una corona, un símbolo que también data de la Edad Media y que, en realidad pertenece al príncipe de Gales. En concreto, tiene su origen en la Batalla de Crécy (1346) donde los ingleses, comandados por el rey Eduardo III derrotaron a los soldados franceses del rey Felipe VI.

Los relatos de aquella victoria consideran al primogénito del monarca inglés, Eduardo de Woodstock, como el auténtico artífice de la victoria. Apodado el Príncipe Negro por el color de su armadura tuvo entre sus enemigos en el campo de batalla al rey Juan I de Bohemia, quien combatió a pesar de su ceguera. En su casco lucía las tres plumas de avestruz y, en homenaje a su valor, Eduardo de Woodstock las incorporó a su escudo junto a la leyenda en alemán Ich diene (Yo sirvo).

INGLATERRA

Cuando la selección inglesa anda en apuros retumban en el campo las dos primeras estrofas de la melodía de 'Sweet home, sweet chariot' que, en realidad, es una canción espiritual afroamericana compuesta a principios del siglo XX, al parecer, por un hombre negro. Existe otra versión que apunta a que en 1840 la escribió en Oklahoma un esclavo llamado Wallace Willis.

Versionada años más tarde por Eric Clapton o incluso cantada por Joan Báez en el histórico concierto de Woodstock, es el auténtico himno no oficial de los seguidores de la selección de la rosa. ¿Por qué? Resulta que hay imágenes de archivo de 1987 en la que se ve al público de Twickenhan cantarla cuando tocaba el balón Martin Offiah, un veloz ala que consiguió un elevado número de ensayos y al que apodaban Chariot.

El apodo venía de un juego de palabras con la película de Hugh Hodson, 'Chariots of Fire' (Carros de fuego), basada en la historia real de los velocistas británicos que iban a participar en los Juegos Olímpicos de París 1924. Ahora, y a raíz de las protestas de Black Lives Matter (las vidas de los negros importan), la RFU duda de la idoneidad de este tipo de canciones en los campos de rugby sin que la cosa haya pasado a mayores.

El escudo de la rosa tiene su origen en el dios Horus del Antiguo Egipto. Lo del color rojo ya es otra historia. Proviene de la Guerra de las Dos Rosas con el trasfondo de hacerse con la corona británica. En realidad fueron escaramuzas militares intermitentes entre los años 1455 y 1487 que enfrentaban a los partidarios de la casa de Lancaster, cuyo emblema era una rosa roja con los de la casa de York, que portaban una rosa blanca.

Un siglo más tarde el fundador de la dinastías de los Tudor, Enrique VII, contrajo matrimonio con Isabel de York con lo cual se acordó que el nuevo emblema fuera una rosa roja yuxtapuesta sobre otra blanca (rosa Tudor). De forma oficiosa la roja continuó como símbolo de la realeza y es la que incorporó la selección inglesa de rugby.

El himno inglés es de sobra conocido. No en vano, es el más antiguo de los que se escuchan en Seis Naciones. Tan es así que hasta se desconoce su origen, aunque se le atribuye al compositor John Bull a principios del siglo XVII. Desde 1952, año es que es nombrada reina Isabel II, los ingleses cantan 'God save the queen', pero cuando fallezca y herede el trono su hijo Carlos se modificará la letra del himno. Así, el queen (reina) será sustituido por el king (rey) y aquí paz y después gloria.

La bandera tampoco es nueva. Data del año 1191 y en ella aparece la Cruz de San Jorge, en recuerdo a un guerrero que derrotó a un dragón que atemorizaba a una aldea y pedía sacrificios humanos. Es una cruz de color rojo (símbolo de valentía y resistencia) sobre fondo blanco (símbolo de paz), idéntica a la de Génova y llegó a la isla después de la Segunda Cruzada, al parecer, de la mano de Ricardo Corazón de León.

FRANCIA

La afición del país vecino es la menos cantarina. Más allá del 'Allez les bleus' no suelen entonar a coro canciones a excepción de su propio himno. 'La Marsellesa' (1795) pasa por ser un grito de libertad inspirada en la revolución francesa y su melodía consigue sacar del armario a los patriotas más escépticos.

Le ocurrió hasta al inolvidable Rick (Humphrey Bogart) de la película 'Casablanca' cuando los alemanes entonaban en su local canciones folclóricas. Con un gesto inequívoco de asentimiento, la orquesta del Rick´s Café dio respuesta al coro que habían montado los soldados nazis con el emotivo himno francés. A todos los clientes se les ve cantar menos a los dos protagonistas de la película, pero los ojos vidriosos de Ingrid Bergman aún consiguen emocionar más a los de lágrima fácil que 'La Marsellesa'.

En Francia, el rugby es cosa de la mitad sur del país. La norte es más futbolera. Eso sí, el gallo es un símbolo identitario común. La selección de rugby lo adoptó en 1911 tras vencer a Escocia. Su entonces capitán Marcel Communeau pidió que se utilizara el gallo al considerarlo un animal combativo y orgulloso y que, en ocasiones, puede resultar agresivo.

La afección de los franceses a la figura del gallo es todavía más antigua. Su simbología parte de la palabra latina gallus, que se puede traducir por gallo o galo. Los enemigos franceses solían bromear sobre este juego de palabras y la respuesta fue adoptarlo como símbolo nacional.

Lo hacían para mofarse de su rey Felipe Augusto, a quien consideraban tan orgulloso como al ave de corral. Sin embargo, para los franceses el gallo significa fe y luz, y su canto matutino representa el triunfo sobre la oscuridad y el mal. Tan sólo Napoleón se atrevió a cuestionar la figura tradicional del gallo por una enorme águila hasta que fue restituido en 1848, gracias a la II República.

ITALIA

Su himno, conocido popularmente como 'Fratelli d´Italia' (Hermanos de Italia), es un canto épico que se compuso durante las guerras que dieron origen a la unificación del país. Fue lo que se conoció como el risorgimento en la época de Garibaldi.

En la época fascista se salvó de la censura de Mussolini y eso que estuvo prohibido en las ceremonias oficiales, pero sí estaba autorizado en eventos de menor rango. Al término de la II Guerra Mundial se convirtió en himno con el nombre de 'Il Canto degli Italiani'. La elección no fue nada sencilla. Tuvo que pasar una especie de casting de la clase política y de los propios italianos. Gustó tanto que llegó a derrotar a la famosa marcha de Giuseppe Verdi, 'Va, pensiero' de Nabucco.

Resulta un tanto curioso que hasta hace poco los capitanes de Italia eran jugadores argentinos a lo que se miraba con lupa su actitud durante el himno. Nadie llegó a cuestionar nunca ni a Martin Castrogiovanni ni a Sergio Parisse, quienes llevándose el puño al corazón ponían siempre el mismo ímpetu que el más italiano de los italianos.

Más comentado fue el caso de Iván Nemer, un jugador argentino de 23 años, quien en su segundo partido internacional con Italia, cuando se enfrentó a sus compatriotas el 13 de noviembre del año pasado, no pudo ocultar sus lágrimas al escuchar el himno de su país natal.

Respecto a su escudo, en 1998 adoptaron el emblema actual que lleva los colores rojo blanco y verde de la bandera del país, las siglas de la federación y unos laurales a modo de corona como ornamento que representan el pasado imperial de Roma puesto que se ceñían sobre las cabezas de los generales tras una victoria.

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