CRÓNICA

El Grand Prix de LaLiga es del Real Madrid: la escudería de Ancelotti no tiene freno ni rival

  • La 'escudería' blanca atropella al Atlético, al que deja a una abismal distancia de 13 puntos

  • El Barça sigue sin carné tras no pasar del empate ante Osasuna y sigue fuera de Europa

  • Álex Moreno, con un doblete, se lleva la vuelta rápida en la goleada del Betis a la Real

El defensa francés del Real Madrid, Ferland Mendy (d), disputa el balón ante el centrocampista argentino del Atlético de Madrid, Rodrigo de Paul.

El defensa francés del Real Madrid, Ferland Mendy (d), disputa el balón ante el centrocampista argentino del Atlético de Madrid, Rodrigo de Paul. / EFE / RODRIGO JIMÉNEZ

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El motor siempre ha tenido un hueco en el fútbol. Los jugadores tienen un gusto por exhibir sus salarios sobre ruedas, con imponentes vehículos desde los que saludan con distancia en las rotondas. Algunos han tenido relaciones difíciles con las normas viales y son pocos los que quieren chófer. Cada estrella quiere conducir su vida, pero los hay que meten su primer gol antes de sacarse el carné.

Además, en la era del big data, a las plantillas se les exigen prestaciones, kilómetros y tiempos como si fueran un modelo de concesionario. No todos tienen la misma carrocería. Hay mediocentros diésel que conviven perfectamente con extremos deportivos. Pequeños utilitarios del área que hacen su función con sigilo frente a tanques que bloquean la entrada al gol.

Y muchas banderas, como en la Fórmula 1. La temida amarilla del linier que frustra una diana, las de los aficionados que dan un punto de aceleración o las blancas que levanta alguno desde el suelo, pidiendo rendición, aunque realidad busque rebañar segundos al crono. Además de, por supuesto, la bandera a cuadros que corona al ganador de un Grand Prix de 38 vueltas.

El ‘safety car’ blanco

  • Real Madrid 2 - 0 Atlético

La prudencia de un piloto es máxima hasta que no ve asomar a los componentes de su equipo por la barrera celebrando su éxito. Se puede romper un neumático. O una pieza suelta. Quizás la electrónica depara una sorpresa. No el Real Madrid, el ‘safety car’ de LaLiga, que ha convertido en su pista de entrenamiento, como demostró despegándose del Atlético tirando de velocidad. La Escudería Ancelotti marca el ritmo de carrera y todos los demás van detrás a mayor o menor ritmo, pero siempre lejos de la estela de un monoplaza que lo único que sabe es ganar. Ambos equipos están ya superados por 13 puntos, aunque los rojiblancos tienen un partido menos. A ocho está el Sevilla (también a falta de un encuentro) y a nueve el Betis.

Al equipo madridista le encanta correr. Lo hace fenomenal y sin perder la cabeza en ningún momento. Le basta bajar el pie a tabla un par de veces por partido para dejar al resto hecho chatarra. El Real Madrid se sube a los pianos sacando segundos al resto. Incluso a un equipo que venía con gomas nuevas como el Atlético, que había reparado su fuselaje tras clasificarse para octavos de la Champions contra el Oporto. Es inútil intentar frenar un contraataque de un equipo que no necesita pegar un acelerón para ponerse por delante. Es más, puede trazar la misma trayectoria una y otra vez y seguir marcando. Siempre va a por la pole, gestionando los regímenes de cada marcha para encabritarse como un cavallino rampante. El Bernabéu se rindió a los suyos con un remate de Benzema que apagó los semáforos de Atlético.

Tecnología híbrida exclusiva. El motor de un Toni Kroos que ha sido siempre un efectivo diésel alemán, aunque con un filtro antipoluciones que literalmente le impide fallar cualquier pase. Del otro lado, las baterías de Vinicius, que, como los vehículos de etiqueta ECO, no necesitan mover el vehículo, sino darle el refuerzo que necesita cuando navega a toda vela. En sus monturas nacieron los dos goles, el segundo finalizado del mejor modo posible por Asensio. Por si fuera poco, el Real Madrid se lanza a la carretera con la mejor seguridad del mercado. Ante el Atlético, un airbag llamado Courtois que se accionó para repeler las acometidas del rival. Si fuera físicamente posible, este equipo ya habría doblado a la mita de la clasificación, resignada a luchar por el mérito de seguirle el rebufo. Poco más y estamos en diciembre.

  • Betis 4 - 0 Real Sociedad

De los pocos que pueden celebrar una vuelta rápida en la tiranía blanca es el Betis, que va a escape libre. La barqueta verdiblanca no tiene ningún tipo de límite. Es una de las sensaciones de LaLiga, con todo merecimiento. Avanza siempre con el cuentarrevoluciones al límite y no hay control que frene a los de Pellegrini, que atropellaron sin piedad a un presunto rival directo como la Real Sociedad. Al cuadro de Alguacil se le vieron todos los defectos de una ITV que parecía haber pasado tras la clasificación con todo derecho para la siguiente ronda de la Europa League, donde también continúan los béticos.

El centrocampista francés del Real Betis Nabil Fekir (i) remata de cabeza durante el partido correspondiente a la jornada 17 de LaLiga Santander que juegan Real Betis y Real Sociedad hoy domingo en el estadio Benito Villamarín.

/ EFE/JULIO MUÑOZ

“Todo el mundo quiere que marque Juan Miguel”, como reza la canción del invierno que se ha colado hasta en las playlists de las bodas. Pero el orfeón de Heliópolis asiste sin fisuras cada quince días a una drag race por la banda de Álex Moreno, quien dejó completamente K.O. al equipo donostiarra con un doblete y una asistencia. Lloró de emoción tras su actuación, solo al alcance de los que van siempre a por la pole.

Hubo demasiadas lágrimas de redención esta jornada. Corredores que han recuperado el aliento después de salidas de pista. Al carrilero le pitaron los oídos más de una vez la temporada pasada. Lo suficiente como para activar el chip del cambio y borrar del mapa a Juan Miranda. La matrícula de Álex Moreno es fácil de recordar, porque fue de honor tras una exhibición en la que generó peligro a la más mínima oportunidad. El Betis de Pellegrini es gasolina con plomo, pólvora y todo tipo de aditivos que lo convierten en un equipo con el que se disfruta, independientemente de la partida de nacimiento.

  • Athletic 0 - 1 Sevilla

Por las calles de Sevilla circula más pesado aunque con la misma ambición el todocamino que maneja Lopetegui. El parachoques del cuadro sevillista es único en esta competición. No hay equipo que sea capaz de resistir tantos golpes y seguir adelante. Es ranchera con las defensas rozadas por las continuas bajas, que vio cómo la grúa se llevaba su sueño de seguir en Champions, aunque sabe que ahora empieza el circuito que mejor se le da, el de la Europa League.

En San Mamés, la chapa del autocar sevillista recibió golpes de todos los calibres. “La eficacia tiene algo de suerte y nosotros no la tenemos”, explicó resignado Marcelino después de los locales construyeran todo tipo de remates fallidos. La inoperancia ofensiva no es de ahora. Viene de muy atrás. Lo peor es que el cepo que tiene en los neumáticos el club bilbaíno parece, ahora mismo, inquebrantable.

Como los pistones que mueven el propulsor del equipo andaluz. El movimiento vino esta vez de Thomas Delaney, quien documentó una finalización extraplanetaria. Fue la exquisitez que deshizo el nudo de errores en el que se convirtió el encuentro. En la quirúrgica precisión del jugador danés hay un mérito añadido. Tal y como contó tras la última Eurocopa, en la que fue una de las sensaciones, padece daltonismo. “Tengo problemas para diferenciar el verde y el rojo. Cuando juegan equipos con estos colores, a veces me cuesta decidir quién está en mi equipo y en el contrario”, admitía en una radio danesa para apoyar a un oyente que padecía esta misma dolencia. Aunque su golpeo fue tan preciso que habría sido gol incluso disparando con los ojos vendados.

  • Osasuna 2 - 2 Barça

Xavi anunció una “nueva era” tras la eliminación de Champions. Lógico si se entiende lo excepcional que supone volver a ver al Barça en Europa League. Pero el conjunto azulgrana sigue en el carril de vehículos lentos. Cualquier otro equipo le supera con un mínimo de ambición. Osasuna, como ha sucedido con la mayoría de escuadras que se ha medido al equipo azulgrana. Y eso que el Sadar vio como dos de los kilómetros cero barcelonistas se estrenaban como goleadores: Abde y Nico, tan vivos y necesarios como faltos de la experiencia que se necesita para conservar un resultado que volvió a escurrirse.

Lo único que reconforta al seguidor barcelonista es ver sufrir tanto a determinados jugadores como lo hacen ellos desde su asiento o su casa. El plano cerrado del propio Abde tapándose con la camiseta tras el final del encuentro, donde el Chimy Ávila negó la victoria al Barça, se une al lamento de Gavi tras el suicidio asistido frente al Bayern. El test de estrés al que se están sometiendo es impropio para su edad. Sin embargo, no les queda otra. Superar este rodaje infernal es ahora mismo un camino del que no pueden huir.

“Los que marcan las diferencias son los jóvenes”, reconocía el propio Xavi al que vuestra mirar a los ojos. Produce angustia ver su cuerpo tieso, con los ojos perdidos en la nada, esperando que la tormenta pase cuanto antes. Esta escuadra va de siniestro en siniestro. No hay seguro que cubra los daños provocados por múltiples actores que han desmontado a un club que en 2015 estaba levantando una Copa de Europa. El recuerdo parece del siglo pasado.

Valencianismo en pie

  • Villarreal 2 - 0 Rayo

En contra de toda lógica histórica, que este Barça sea capaz de superarte es una supina muestra de debilidad. De ahí el susto que se llevó el Villarreal tras ver como Xavi se estrenaba a domicilio en La Cerámica. Fue el susto necesario para reaccionar, como cuando se pisa demasiado la banda rugosa de la carretera, que evidencia sonoramente donde está el límite. Por suerte para el conjunto castellonense, Unai Emery ha sabido contravolantear a tiempo para meterse en octavos de la Champions como solo han hecho el Real Madrid y el Atlético.

Aunque todo sea dicho, los jueces de carrera mandaron de cabeza al pit a un Rayo Vallecano que, por todos es sabido a estas alturas, hay que hacer descarrilar para echarlo de la carrera. Así sucedió con un penalti que transformó Gerard Moreno y una supuesta falta no señalada al meta Dimitrievski, obstruido en un córner que remató Mandi. Todas estas acciones terminaron en un accidentado encuentro donde los rayistas terminaron por perder la tracción con el aceite que dejó sobre el trazado Melero López y el VAR, que siempre apostilla las dudas arbitrales.

  • Valencia 2 - 1 Elche

Los colegiados también figuraron en la acción del triunfo del Valencia ante el Elche en un partido con una larga previa. Esta era una jornada en la que la masa social ché salió a la calle para mostrar su oposición a la gestión de Peter Lim. No busquen una foto lobbista, sino el retrato colectivo de una afición que, de padres a hijas y de amigos a compañeras reclamó un proyecto de futuro para su club concebido desde su historia.

“Nacimos en el Bar Torino de Valencia. Y esa referencia nos llena de orgullo. Quien incumple su palabra, manda callar a los aficionados, intenta silenciar a los periodistas y nos quiere súbditos y consumidores, no sabe ni entiende del sentimiento que compartimos los aficionados”, consignó José Andrés Ferrer, uno de los representantes del valencianismo que leyó el manifiesto con el que se cerró la concentración que reunió a más de 15.000 aficionados en los prolegómenos de la que después sería la victoria contra el Elche.

Alguno todavía está trazando la línea para ver si el gol de Guido Carrillo entró del todo o no. Porque en LaLiga de CVC y de las futuras inversiones millonarias en infraestructuras aún no se dispone de la tecnología de ojo de halcón que permite saber si el esférico ha atravesado por completo la línea de portería. Donde no hubo ningún tipo de dudas fue en el tanto decisivo de Piccini, un jugador que más de uno quiso enviar el desguace tras sufrir una fractura de rótula que le mantuvo alejado del verde durante 428 días. De esas mismas extremidades que parecían no tener recambio nació un tanto magnífico con el empeine que espantó todos los demonios.

  • Espanyol 4 - 3 Levante

Aún más revueltas andan las aguas en el vecino Levante, que lleva derrapando desde que empezó la temporada. Este equipo no estaba preparado para esto. Ninguno, en realidad. Tras salirse de la vía por enésima vez esta temporada ante el Espanyol, superó el tráfico récord del Sporting de Gijón de la temporada 1997 / 1998. El conjunto granota acumula 25 partidos sin ganar y así es imposible sacar la cabeza del pozo, donde parece resignado a vivir pese a la mejoría evidente que ha mostrado con la llegada de Alessio Lisci. “Cuando estás en una mala dinámica de pasa de todo”, dijo el técnico más joven de LaLiga después de un encuentro en el que su equipo hizo tantos méritos para llevarse la victoria como para ceder los tres puntos, como finalmente le sucedió ante el Espanyol.

Si hay alguien que puede reconducir la situación ese parece ser el técnico italiano, al que de ningún modo puede considerarse como un entrenador foráneo, porque desde su llegada en 2011 al Levante ha ido subiendo de cilindrada desde el alevín al primer equipo. Su perfil encaja más en la silueta de Paco López, al que el club expulsó tras un inicio irregular. Sin embargo, su ausencia se ha convertido en un prolongado atasco de errores.

De todos modos, el Levante tiene jugadores como Jorge de Frutos que pueden copilotar una remontada que, para negarlo, a estas alturas ya tiene tintes de carrera de resistencia. Es verdad que la locura como la que se desató en un partido que tuvo hasta siete goles genera un dolor abdominal que dura varios días. No obstante, salir vivo de semejante carrera de ratas sabe a gloria. Al Espanyol le sirve para vivir en medio de la carretera, desde donde es más fácil escoger la salida correcta.

Alavés con truco

  • Mallorca 0 - 0 Celta

La motorización del fútbol ha aumentado en los últimos tiempos con la fabricación de todo tipo de vehículos como la bordaleta del Valencia o la chachoneta del Celta. Alguno incluso se apuró a registrar la xavineta, pero esta aún no ha salido de las pruebas de choque. A golpes sobrevive el medio de transporte celeste, que funciona de modo deficitario en Balaídos, la fábrica donde fue concebido, aunque su rendimiento mejora en todas las etapas especiales que está viviendo fuera de Galicia.

Frente al Alavés, el conjunto de Coudet tuvo que enfrentarse a la nieve. En Mallorca tuvo que agarrarse fuerte para no terminar en el Mediterráneo por culpa de los vientos de más de 70 km/h que sufrieron célticos y bermellones. El viento fue tan iracundo que los saques de puerta se volvían en medio de su trayectoria un disparo en contra. Ni con la aerodinámica se vieron con goles, más que nada porque hubo un cortavientos llamado Manolo Reina.

La delgada línea entre un coche viejo y un clásico se escribe con el cariño que tenga su dueño. Algunos ven un hierro en vehículos que devoraban las carreteras y el deporte de competición, como sucedía con los autos locos del Grupo B que terminaron por prohibirse en 1986. La seguridad era secundaria en estas maquinarias desbocadas. Pero en LaLiga hay un parque móvil veterano que serían un cinco estrellas en los ensayos de Euro NCAP. En este segmento está Manolo Reina, que se reivindicó ante un sector que le ha intentado jubilarlo por algunas actuaciones. “Ha recuperado esa estrella que tiene”, dijo tras el empate sin goles Luis García Plaza, técnico bermellón, orgulloso de la actuación de su guardián.

  • Alavés 1 - 1 Getafe

La lucha por la permanencia se parece demasiado a una rotonda, esa obra de ingeniería civil que podría tener un posgrado propio. Los equipos envueltos en esta complicada causa no se quieren ceder la preferencia, porque saben que solo dentro de la intersección están a salvo. Esto conlleva continuos choques, como los que vivieron en Alavés y un Getafe que, aunque sigue en descenso, se ha empeñado en optimizar cada gota de combustible y por lo menos hace semanas que no pertenece el último puesto de la parrilla, desde el que la carretera se ve completamente llena de niebla, como le sucede al Granada.

Quique Sánchez Flores vio desde el palco el empate tras la sanción que recibió tras perder los nervios, como un conductor en una retención, después del duelo ante el Athletic. El Alavés de Javi Calleja está trucado. Porque no hay otro modo de explicar el talento para el gol que tiene Joselu, un artillero consumado que ha marcado ocho de los 13 goles que lleva su equipo, por lo que su valor real es aún mayor. Tanto es así que con su último tanto es ya el máximo goleador histórico del club babazorro en Primera, superando al mítico Javi Moreno.

Estos son los alerones de LaLiga, un circuito con miles de puntos ciegos, curvas sin peralte, peajes y radares con tecnología VAR. Pero donde las limitaciones de potencia se compensan con la grada empujando por detrás hasta que su equipo hace contacto y acaba deslizándose, a veces sin frenos, por una empinada cuesta en la que no sirven los retrovisores, solo el dictado de Ayrton Senna como voz del navegador, tan peligroso como adictivo: “Correr, competir, lo llevo en la sangre, es parte de mi vida”.

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