BALONCESTO

La 'revolución francesa' que reimpulsa al Real Madrid de Pablo Laso

Por primera vez en su historia, el equipo blanco cuenta en su plantilla de baloncesto con cuatro jugadores galos, que están resultando claves en su rendimiento en Liga ACB y Euroliga

El entrenador del Real Madrid, Pablo Laso, da instrucciones a sus jugadores durante un tiempo muerto.

El entrenador del Real Madrid, Pablo Laso, da instrucciones a sus jugadores durante un tiempo muerto. / Tono Calleja

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Aludir, siquiera sea de paso, al año 1789, que marcó un cambio profundo en la historia contemporánea podría considerarse una licencia. Un guiño, si se quiere. Porque aquí no hay jacobinos ni girondinos, ni se ha producido toma de Bastilla alguna, ni la cosa pasará a mayores. La revolución aquí tiene lugar sobre el parqué y es de altura, de canastas imposibles, mates descomunales, asistencias inverosímiles y, sobre todo, de eso tan importante que se ha importado de la NBA: los datos, o sea, las estadísticas.

Allí llevan décadas midiéndolo todo, y aquí, en Europa, ya nos hemos acostumbrado a hablar de ‘dobles dígitos’, triples dobles y valoración, porque antes solo nos fijábamos en los puntos y en los rebotes. Y es en el apartado estadístico donde se percibe la trascendencia y aportación del cuarteto formado por Fabien Causeur, Vincent Poirier, Thomas Heurtel y Guerschon Yabusele. Estos cuatro franceses han asumido, a las órdenes de Pablo Laso, el técnico madridista, el liderazgo en cifras del equipo, con permiso de la torre de Cabo Verde Edy Tavares (2,20).

Los cuatro ponen mucho más que el acento francés a una de las mejores plantillas del baloncesto europeo. Nunca antes en la historia de la sección, el Real Madrid había tenido en sus filas a tantos baloncestistas galos. Atrás quedaron los años en que los equipos españoles solo podían contar con dos jugadores extranjeros, y la mayoría procedían de Estados Unidos.

Ahora, los clubes se han convertido en pequeñas sucursales de ‘naciones unidas’ y casi en cualquier equipo profesional es fácil encontrarse con jugadores de otras nacionalidades. El Real Madrid cuenta en su plantilla con jugadores de siete países diferentes. En ella hay solo cinco españoles.

El relevo de España

Tras la retirada de las canchas de Pau Gasol y Felipe Reyes y la renuncia del Chacho Rodríguez y Marc Gasol a la selección, parece que Francia ha tomado el relevo del dominio en el baloncesto europeo. Más allá de la plata olímpica obtenida en los Juegos Olímpicos de Tokio (donde fueron capaces de vencer a EEUU, aunque luego sucumbieron ante los estadounidenses en la final), el papel de los franceses en la NBA toma hoy mayor relevancia que el de los españoles, entre los que solo un renovado Ricky Rubio, ahora en Cleveland, está jugando buenos minutos.

Los hermanos Hernangómez -Juancho (Celtics) y Willy (Pelicans)-, Usman Garuba (Rockets) y Santi Aldama (Grizzlies), de momento, apenas están contando para sus equipos, y Serge Ibaka (Clippers) acaba de salir de una lesión. En el lado francés Nicolas Batum (Clippers), Evan Fournier (Knicks) y sobre todo, Rudy Gobert (Jazz) son jugadores de peso en sus equipos.

Pasado baskonista

Entre los que se colgaron la plata olímpica en Tokio, había tres jugadores que hoy militan en el Real Madrid: Yabusele, Heurtel y Poirier. Junto a Causeur, que lleva desde 2017 en el equipo blanco, tiñen un tanto de bleu, blanc, rouge una plantilla que ha habido que recomponer tras las salidas de Campazzo y Deck a la NBA en medio de la pasada campaña, la de Garuba a final de temporada, el adiós de Felipe Reyes, la ausencia de Carroll y las lesiones de varios jugadores, con Randolph en el dique seco hace ya muchos meses. Tres de los franceses del Real Madrid tienen en común su pasado en Baskonia (Poirier, Heurtel y Causeur), y dos han vestido la camiseta de los Boston Celtics (Poirier y Yabusele).

Laso ha mirado más allá de los Pirineos para completar una plantilla a la que se le van cayendo las estrellas por el efecto llamada NBA, con la que no se puede competir salarialmente. Y la jugada, o sería más exacto decir los fichajes, le ha salido redonda al vitoriano.

Causeur, desde su llegada se ha caracterizado por su regularidad, su eficacia defensiva y sus apariciones estelares en las grandes citas. Poirier ya llegó a finales de la campaña pasada y no tardó en demostrar su poderío y calidad bajo los aros. Los nuevos -Heurtel y Yabusele- están siendo determinantes esta temporada: se han integrado rápidamente, presentan buenos números, y asumen responsabilidades en los momentos más complicados.

El base del Real Madrid Thomas Heurtel.

/ Efe

TEMPERAMENTO Y CREATIVIDAD

Thomas Heurtel (Béziers, 1989) es un base temperamental, al que algunos tildan de anárquico. Creativo y descarado, tras su conflictiva salida del FC Barcelona, eran muchos los que dudaban de que fuera el fichaje idóneo para los blancos. Pero ha ido acallando dudas y recelos partido tras partido, porque él nunca se esconde: anotó el triple sobre la bocina que daba la victoria a los blancos en su visita a Fuenlabrada hace poco más de una semana.

También es rápido y agresivo. Recuerda en algunos aspectos al canario Chacho Rodríguez. Hace cosas que nadie espera, reparte asistencias cuando parece que ya es imposible pasar el balón a un compañero situado bajo el aro. Le critican, eso sí, cierta laxitud defensiva . Sus números son buenos en ACB (7,4 puntos y 4,5 asistencias por partido) y Euroliga (8,3 pts y 4,5 asistencias). Además, la lesión del norteamericano Nigel Williams-Goss le está ofreciendo la oportunidad de estar más tiempo en cancha cada encuentro (17 minutos de media en ACB, 20 en la competición europea).

El escolta del Real Madrid Fabien Causeur.

/ Efe

LA ZURDA DE LUJO

Fabien Causeur (Brest, 1987) es el veterano del cuarteto francés. Antes de llegar a Madrid, ya había disputado con los bleues un campeonato del mundo y unos Juegos Olímpicos. Él ha sido quien ha ejercido el papel de embajador y consejero con sus compatriotas en el Real Madrid. Ha representado el papel de enlace y ha ayudado a la adaptación de sus compatriotas. Llegó al equipo en 2017, procedente del Brose Bamberg alemán, donde consiguió ganar Liga y Copa y ser nombrado MVP de la final. Tuvo que pujar fuerte el Madrid para ficharlo, porque el Bayern Munich lo quería a toda costa. Causeur rechazó un salario más alto para vestir de blanco. Su palmarés indica que su decisión fue la acertada: una Copa de Europa, dos Ligas, una Copa del Rey, cuatro Supercopas de España...

Su rendimiento a las órdenes de Laso siempre ha sido muy bueno, y a menudo se elogia su regularidad. Sus fuertes son el lanzamiento exterior y las penetraciones a canasta con su mano izquierda. El escolta sigue asumiendo casi 20 minutos de juego por partido tanto en Liga como en Euroliga, aportando 5 y 8,5 puntos por encuentro, respectivamente. En el choque ante el Asvel Villeurbanne, del pasado 16 de noviembre, fue el jugador más destacado del partido, anotando 25 puntos en tan solo 18 minutos. Aunque parte de la labor más importante que realiza no se refleja en las estadísticas: es un gran defensor, capaz de anular la capacidad ofensiva de sus rivales. Y eso cuenta mucho para Laso.

El pívot del Real Madrid Vincent Poirier.

/ Efe

UN GIGANTE QUE SIEMPRE SUMA

Vincent Poirier (Clamart, 1993) es el complemento ideal para el gigante Tavares (2,20). Sus 2,13 y 107 kilos lo convierten en una muralla defensiva e intimidatoria. Su aportación estadística es determinante y muchos consideran que forma junto al caboverdiano la mejor pareja del juego interior europeo. Tras una primera etapa en el baloncesto español en las filas del Baskonia, emprendió la aventura americana sin demasiada fortuna. “La NBA es un espectáculo”, ha dicho con cierto tono crítico. Tras militar en los Celtics y los 76ers, fue traspasado a los Knicks, con los que no llegó a jugar. Cansado de la situación, le pidió a su agente que le buscara un equipo en Europa.

En aquellos días, el argentino Gabriel Deck decidía abandonar el Real Madrid sorpresivamente, así que el club y Laso analizaron el mercado y apostaron por esta torre. Era una apuesta segura: integrante de la selección francesa, había logrado el bronce en el mundial de China. Poirier optó por el Real Madrid porque “estaba cansado de perder siempre con ellos”. En la ACB anota 9,7 puntos y recoge 6,7 rebotes, con una valoración de 15,5 por partido en algo menos de 20 minutos de juego de media. En Europa también se muestra regular y constante en su aportación al equipo (7,5 puntos y 6,5 por encuentro). En el partido disputado en octubre ante el Fenerbahce, en la presente edición de la Euroliga, Poirier capturó 17 rebotes en 29 minutos de juego, en lo que supuso un nuevo récord de la historia del Real Madrid en la Euroliga.

El ala-pívot del Real Madrid Guerschon Yabusele.

/ Efe

EL OSO BAILARÍN

Guerschon Yabusele (Dreux, 1995) es un jugador que satisface muchas de las cosas que busca Laso en la cancha, aunque parece que todavía, pese a su espectacular encaje en el vestuario madridista, quedan cosas por pulir. El ala-pívot francés tiene un físico imponente. A pesar de sus 2,04 de altura y sus 120 kilos, es rápido, capaz de subir el balón en un contraataque, buen anotador de triples y muy fuerte. Sobre todo, muy fuerte. Se cuenta que Jaylen Brown, compañero suyo en los Celtics, le puso el apodo de “The Dancing Bear” (El oso bailarín).

Poseedor de un gran salto, muchas de sus entradas a canasta acaban en mates espectaculares. “Es un jugador muy completo”, dice Laso de él. “Nos da muchas cosas” . Tras un discreto paso por los Celtics y tras una experiencia en el baloncesto chino, acabó jugando en Asvel Villeurbanne, precisamente junto a Heurtel. Después, vino la llamada del Real Madrid. En la competición doméstica presenta buenas credenciales en los 28 minutos que juega de media por partido: 11,8 puntos, 4,7 rebotes y 13,9 de valoración. En la Euroliga, sus números son similares: 12,8 puntos, 4,6 rebotes y 14,6 de valoración. Su rendimiento no está pasando desapercibido para nadie, y la NBA vuelve a mirar hacia Madrid, una vez más, de reojo.

A estos cuatro franceses les corresponde un peso muy importante en el equipo para volver a situar a los blancos en lo más alto del baloncesto europeo. Y eso se hace saltando a la cancha y subiendo las revoluciones por minuto. Eso sí, sin entonar los sangrientos cánticos de la Marsellesa y sin que nadie pierda la cabeza. Porque, a fin de cuentas, el baloncesto es solo un juego.

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