CRÓNICA

Las sustancias de LaLiga: de la dopamina del líder Real Madrid al veneno del destituido Fran Escribá

  • El conjunto blanco aprovecha el desliz de la Real Sociedad para conquistar el liderato

  • El ya ex técnico del Elche se convierte en el cuarto entrenador destituido de la temporada

  • El Getafe toma aire ante el Cádiz mientras el Barça y el Atlético salvan sus muebles

El defensa paraguayo del Valencia CF Omar Alderete (derecha) despeja durante el partido de su equipo disputado este domingo con la Real Sociedad.

El defensa paraguayo del Valencia CF Omar Alderete (derecha) despeja durante el partido de su equipo disputado este domingo con la Real Sociedad. / EFE/JAVIER ETXEZARRETA

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El Real Madrid, y en consecuencia LaLiga, perdió ayer un aficionado: Antonio Escohotado. Filósofo, sociólogo, ensayista, profesor, traductor… Y sí, ferviente seguidor del club blanco y del deporte de masas que siempre apreció, certificando el maridaje con la cultura que alguna mente presuntuosa aún cuestiona. Su “Historia general de las drogas” es una de las obras fundamentales que dejó firmada y en cuyo apéndice bien podría incluir al fútbol, que provoca todo tipo de trastornos en quién decide seguirlo ciegamente. Los goles aceleran el pulso, el silbato de un árbitro provoca sudoraciones extrañas, la patada de un rival acérrimo libera de lo políticamente correcto al más sereno y esta sustancia, mezcla de verde y cuero, supone un viaje emocional que va desde la absoluta euforia a la pena más grande. Y lo que es peor, el que la prueba reincide cada fin de semana y nota su ausencia en parones de selecciones, una metadona que no compensa la inyección del escudo que dilata las pupilas cuando aparece en el corazón de un jugador lo defiende con tesón.

“No soy madridista, y mucho menos eso que se llama ‘hincha’. Voy con quien juegue mejor, aunque por tradición paterna sigo al Real Madrid”, indicaba Escohotado inspeccionado por sus pasiones futboleras, en una respuesta que es asimismo una mezcla del "Caos y el Orden" sobre el que también sentó cátedra. Pero el club blanco no puso asteriscos a su filiación con un comunicado en el que lo reconocía como “un gran intelectual de nuestro país y madridista que durante toda su vida mostró su cariño y pasión por el club”, recordando una de sus obras más recientes: “La Forja de la gloria. Breve historia del Real Madrid contada por un filósofo apasionado del fútbol”.

Un Real Madrid cabeza de cartel y una Real intoxicada por Bordalás

Quiso el cuadro de Ancelotti honrar la memoria de su seguidor con una victoria en Granada en la que ejerció como el “único que llena la tierra entera frente a la mayoría de los clubs que se aferran al fanatismo de la patria chica”. El Real Madrid saldó por fin un encuentro como cabeza de cartel dejando apenas un atisbo para la ilusión de Los Cármenes al inicio del segundo tiempo en el que acabó certificando la goleada. Lo demás, monólogo visitante de una conjunción entre los 'boomers' y los 'millenials' madridistas. Aquí los Kroos y Modric se pagan su propia pensión para que Vinicius y su camada puedan seguir creciendo.

Los blancos aprovecharon el desliz de la Real Sociedad ante un Valencia químico y viscoso que intoxicó la racionalidad del conjunto donostiarra. Se esperaba un choque de estilos entre Alguacil y Bordalás y así fue. El primero quiso armar un correcalles que le negó el segundo con una justa en cada balón dividido. La dureza se impuso al talento y el ritmo del partido quedó anulado por completo en el primer tiempo. En el segundo acto, apareció el otro fútbol, por clasificar la secuencia de teatro, golpes, tarjetas y reproches. Elustondo vio la roja en lo que Melero López consideró como una agresión después de un empujón de Wass que solo se saldó con una amarilla. La justicia desigual convirtió el partido en una auténtica reyerta en la que el Valencia se limitó a descentrar a su rival con riñas, sacando de quicio a una Real que intentó sin éxito retener la fuga de puntos y la pérdida del simbólico primer puesto.

Escribá: "El presidente no ha tenido en cuenta lo mucho que he hecho por este club, pero él es el dueño y puede tomar la decisión que quiera"

El poder en el fútbol está lejos de la idea proclamada por Escohotado, quien siempre defendió que de su piel para adentro sólo mandaba él. La soberanía de los clubes está en cuestión de modo continuo. Por eso algunos presidentes dan golpes de mando para hacer notar que se preocupan del pueblo y de su espíritu. Los objetivos los marcan ellos y su temperamento. La caída del Elche a puestos de descenso tras ser goleado en casa ante el Betis fue motivo emocional suficiente como para afilar la cuchilla y decapitar a Fran Escribá, la cuarta cabeza que se desmorona esta temporada. El propio entrenador comunicó su destitución sin mediación en la rueda de prensa posterior al duelo. “Bragarnik (el propietario) me ha comunicado mi destitución. Siento irme así, estoy muy orgulloso de lo conseguido. Uno puede comprar un club, pero no puede comprar el cariño de la gente. No ha tenido en cuenta lo mucho que he hecho por esta entidad, pero él es el dueño y puede tomar la decisión que quiera. Ojalá acierten con el sustituto”, expresó Escribá con la misma temperatura corporal que la decisión que le deja en el paro.

El Coliseum cree en los suyos y el Camp Nou aún recela

A veces los cambios vienen bien, como está ocurriendo con el Getafe, quien a los mandos de Quique Sánchez Flores se empeña en, por lo menos, no mostrarse débil ante los que más los quieren. Encadenó su segundo triunfo en casa destrozando al Cádiz con tres mazazos de cabeza y una obra de fantasía de Jaime Mata. El colofón perfecto para una tarde en la que el Coliseum se reconcilió con los suyos. Ya no solo les da un voto de confianza, sino que los pondrían de cabeza de lista a tenor de las celebraciones en bloque solidario de cada tanto. Todo lo contrario al conjunto gaditano, en huelga, pero no reivindicativa como el sector del metal, sino de brazos caídos. Lo peor es que Álvaro Cervera venía advirtiendo su propia desgracia antes incluso de la ilusoria victoria ante un Athletic que sigue empantanado. No solo perdió una oportunidad de engancharse a la zona alta ante un Levante que aún desconoce la palabra “ganar” en su glosario. Fue inferior a un colista que vive un síndrome de abstinencia terrible que no ha conseguido curar la llegada de Javi Pereira como sustituto de Paco López.

Las corrientes negativas son tremendamente difíciles de corregir. Xavi lo experimentó en carne propia en su estreno en el Camp Nou, precedida de verbenas y celebraciones para cambiar el sentido del ánimo azulgrana. El deterioro anímico quedó parcialmente cancelado por el regreso en masa del público a un estadio que, sin embargo, salió con el mismo temor de cada jornada. El Barça se aferró al derbi frente al Espanyol con un discutido tanto de penalti, obra de Memphis Depay que sirvió para sedar la depresión local. El nuevo técnico azulgrana intentó infiltrar vida con el debut de Ilias, otro de los niños de la guerra contra el tiempo que el blaugrana pretende derrotar. En su política de extremos -su irrenunciable posición- también está Abde, otro futbolista del filial forzado a madurar, aunque en un contexto a priori más favorable como el que pretende un entrenador que lo ha ganado todo con la camiseta que ahora intenta dignificar desde el banquillo.

El barcelonismo no puede vivir del recuerdo, al que aún se encarama el Atlético. La memoria dopa a los de Simeone, sobre todo con un desenlace como el vivido ante Osasuna, con las viejas aerolíneas en marcha. El conjunto navarro cayó pero no sufrió más que el ganador. Oblak tuvo que emplearse a fondo para bloquear los pinchazos de un equipo que iba camino de una nueva conquista a domicilio hasta que el piloto Felipe Augusto se puso a los mandos del bombardero que perforó la red visitante con el tiempo casi cumplido. El brasileño es un ejemplo revolucionario en las etapas actuales del fútbol, donde se invita a probar la droga del éxito a futbolistas menores y se descarta a los que no son capaces de dar el salto con la primera dosis. Felipao no dio el salto a Europa hasta los 27: “Yo tenía un sueño, pero no sabía cómo llegar”.

Y es que la tutela es fundamental, no solo para brindar oportunidades, sino para controlar el consumo de emociones. La mayoría de las aficiones tienden a la bipolaridad y difícilmente saben qué hacer con un empate, a no ser que sea en el último minuto en difíciles condiciones. Así lo entendió el Pizjuán, empapado por el diluvio universal, donde los de Lopetegui rescataron un punto ante un Alavés convencido para no volver a los tiempos de carestía. Estuvo cerca de dar la campanada que iba a llevar el sello de Joselu, el delantero blanquiazul que cortejó sin éxito el Sevilla en verano. Rakitic evitó la telenovela de amores prohibidos y solucionó el ahogo de su equipo.

Por cierto, ya es Navidad en todo el planeta. Así lo decretó Abel Caballero con el encendido de las luces de Vigo, donde el Celta salió, como ya es costumbre, fundido a Balaídos, esta vez frente al Villarreal. Dituro y Rulli anticiparon los agasajos que vendrán para regalar un 1-1 a Alberto Moreno y Brais Méndez. Pero incluso en los errores, “el fútbol es el único ballet que merece la pena”, como sentenció Escohotado, un baile de 11 contra 11 donde algunos no quieren llevar el ritmo y otros se niegan a ser pareja, pero en el que la sinfonía de los cánticos de la grada obliga a danzar, como malditos, para “el mayor espectáculo que se puede contemplar durante hora y tres cuartos”, según quien más en paz descansa.

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