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La precariedad del Rayo femenino: sin médico, sin gimnasio y hasta sin gas

  • Las jugadoras del equipo madrileño denuncian las graves carencias que viven en su día a día como deportistas y que ya afectan a su salud

  • El club ha dejado de pagar el alquiler de varios pisos, aduciendo que no están obligados por contrato a proporcionar vivienda a sus jugadoras

La jugadora del Rayo Camila Sáez es atendida por el médico del Athletic el pasado fin de semana.

La jugadora del Rayo Camila Sáez es atendida por el médico del Athletic el pasado fin de semana. / LaLiga

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Sin médico, sin gimnasio, hasta sin gas en una casa de la que les podrían echar en cualquier momento y que debería estar pagando su club. Y, encima, cobrando tarde unos contratos laborales que no estuvieron firmados hasta ya iniciada la pretemporada. La precariedad se ha convertido desde hace tiempo en rutina en el equipo femenino del Rayo Vallecano, cuyas jugadoras ya no aguantan más lo que consideran un insulto permanente del club para el que juegan. "Ya ha pasado a ser un problema con riesgos para nuestra salud", denuncian.

El pasado domingo ocurrió un suceso que colmó la paciencia tanto de las jugadoras vallecanas como de sus compañeras del resto de equipos. Durante su partido contra el Athletic, la futbolista Camila Sáez sufrió un fuerte golpe en un lance con una rival. El médico bilbaíno acudió enseguida a atender a su futbolista, pero el del Rayo no hizo lo propio. ¿Por qué? Porque el Rayo no envía a ningún médico con su primer equipo femenino. Fue el galeno visitante el que tuvo que atender a Sáez hasta que los profesionales de la ambulancia contratada para el partido llegaron hasta la posición de la jugadora para trasladarla a un hospital.

Según denunció su compañera y capitana, Pilar García, nadie del club se puso en contacto con Sáez en los días posteriores para interesarse por su estado de salud. "Al final todo se quedó en una brecha y estaba el médico del Athletic para atenderla rápidamente, pero podría haber sido algo mucho más grave. Podría haber sido un paro cardiaco durante un entrenamiento", denunció García, señalando también que carecen de servicios médicos a su disposición durante los entrenamientos.

Silencio

Este periódico se ha puesto en contacto con el Rayo para poder hablar con un portavoz del club y recopilar su versión sobre los hechos y denuncias que se recopilan en este reportaje. El departamento de comunicación, sin embargo, remite cualquier valoración al respecto a las publicaciones oficiales en la web y las redes sociales del club. Desde el entorno del presidente, Raúl Martín Presa, reconocen que el Rayo tiene cosas por mejorar en su equipo femenino, pero consideran que las críticas son desproporcionadas y que el propietario del club se ha convertido en un "blanco fácil", algo que achacan en buena medida a la conocida enemistad entre él y el presidente de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), David Aganzo,

En realidad, el de la falta de atención médica específica es solo uno de los muchos agravios que sufren las jugadoras del Rayo en su día a día. Tampoco disponen de un gimnasio en sus instalaciones de entrenamiento. Por protocolo covid de LaLiga, el único que hay en la ciudad deportiva tiene que ser de uso exclusivo del primer equipo masculino, así que el Rayo decidió dejarlas sin la posibilidad de utilizar ese gimnasio o cualquier otro, tras haberles prometido la construcción de uno alternativo. "Yo tampoco dispongo de un gimnasio propio para mis jugadoras, pero tengo un acuerdo con uno cercano para que lo puedan utilizar. Es lo mínimo", explican desde un club de Segunda, con muchos menos recursos que el Rayo. Las jugadoras también han denunciado la falta de material deportivo en los entrenamientos.

Los pisos

Ahora bien, los problemas y las desatenciones a las futbolistas del Rayo exceden por mucho el ámbito deportivo. Doce jugadoras viven actualmente en cinco pisos alquilados por el propio club, algunos de ellos desde hace varias temporadas. De un día para otro, el club madrileño decidió que no iba a seguir pagando esas viviendas. "En los contratos no está contemplado que las jugadoras tengan derecho a vivir en pisos alquilados a cuenta del club. Era una situación que se venía dando anteriormente y que el club ha decidido parar. Está en su derecho", explican desde el entorno de Raúl Martín Presa, presidente del Rayo.

"La documentación del alquiler de los cinco pisos fue firmada por personal del Rayo Vallecano, con el sello del club y con dinero del club. Por tanto, la responsabilidad es del Rayo", replican desde la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), que encabeza la representación de las futbolistas. Según ha podido saber EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, en uno de esos pisos la situación es ya extrema, dado que la empresa suministradora de gas ha cortado el servicio porque el Rayo ha dejado de pagar los recibos, un hecho que ya ha sido denunciado.

Retrasos

Desde el entorno de Martín Presa achacan algunas de estas situaciones a la abrupta salida en verano de un alto ejecutivo del club que se encargaba de todas las gestiones, incluidas las financieras, vinculadas al fútbol femenino. Esa persona, según otra fuente, actuaba con un gran margen de autonomía dentro del club y el Consejo de Administración desconocía prácticas como la del alquiler de los pisos. Según publicó El Español, el club investiga ahora si ese ex empleado desviaba dinero del club y falseaba documentos, algunos de ellos relativos a estos pisos.

Otra de las reclamaciones de las jugadoras tiene que ver con el retraso en los pagos de las nóminas. El convenio colectivo especifica que, salvo acuerdo contrario (que en este caso no existe), deben abonarse durante los cinco últimos días de cada mes, pero las jugadoras del Rayo están cobrando a mes vencido. "Es habitual en más clubes", asegura una persona próxima al presidente. "Solo nos ha llegado la denuncia de este equipo, por lo que entendemos que el resto de clubes está cumpliendo", replica AFE, que ha denunciado ante Inspección de Trabajo tanto los retrasos en los pagos como la desatención médica de las jugadoras.

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