MÚSICA

Vetusta Morla: “No se puede decir a todo que sí. Por eso decidimos parar un año o dos. Para respirar y reflexionar”

La banda más popular de las últimas generaciones del pop independiente español se toma un respiro tras la publicación de Figurantes, su sexto disco

La banda Vetusta Morla, en una foto para este periódico cuando lanzaron su anterior álbum.

La banda Vetusta Morla, en una foto para este periódico cuando lanzaron su anterior álbum. / ALBA VIGARAY

Cierran tres lustros convertidos en una referencia absoluta del pop español. El sexteto de Tres Cantos (Madrid) ha llenado Wizinks y Metropolitanos, ha encabezado mil y un festivales masivos y ha publicado seis álbumes. No han parado desde 2008, el año de su gran eclosión. Ahora, justo coincidiendo con la salida de Figurantes (2024), su sexto elepé, se dan un merecido descanso. De momento, tienen fechas en directo hasta principios de septiembre. Las próximas, el 21 de junio en Albacete, el 22 en Valencia, el 26 en Sevilla, el 28 en Valladolid y el 29 en Lorca. Hablamos de esto, y de muchos otros aspectos de su carrera, con Álvaro Baglietto, bajista de la formación que completan Pucho Martín, Guille Galván, Juanma Latorre, David “Indio” García y Jorge González.

P. ¿La necesidad de daros un parón es más por las obligaciones que comporta estar en el negocio que por la dinámica interna del grupo?

R. Estamos en una industria difícil, en la que hay que estar todo el rato creando contenido. Y lo artístico hay veces que se deja un poco de lado. Depende del artista, pero ese es el peligro. Lo vistes todo tanto, que al final el cuerpo es lo de menos. Parece que no sea tan importante como el vestido. Nosotros ya hace mucho tiempo que montamos nuestra propia discográfica, con la que hemos sacado todos nuestros discos, aunque hay mucha gente que tiene la idea de que trabajamos con Sony porque ellos nos distribuyen, pero hemos de contratar todos nuestros servicios. Por eso tenemos gente contratada en nuestra empresa, aparte de nosotros seis. Hay que valorar que tenemos una toma de decisiones en todos los pasos que damos. Los pequeños y los grandes. Son demasiadas cosas y demasiado tiempo seguido. Y la pandemia tampoco nos sirvió para descansar, la verdad, porque fue más preocupante que otra cosa. Estuvimos en contacto, hicimos algunas cosas, pero desde el 2021 no hemos parado. Hace un año decidimos echar el freno. Creemos que es lo más sano. Tú mismo te das cuenta de que igual no estás ni pensando bien. Que igual esta inercia feroz no me está danto tiempo a reflexionar sobre cómo quiero hacer las cosas de verdad. No se puede decir a todo que sí. Por eso decidimos parar uno o dos años. Un espacio para respirar y reflexionar.

P. Hace poco decías que hasta 2020 ni sabías lo que era TikTok. Ni los reels. Ahora todos vivimos pendientes de ello.

R. Desde hace muy poquito que estamos muy locos, y encima nos gusta. Es una cosa rarísima, porque creo que hemos empezado a ser conscientes del lío que esto puede estar suponiendo hace poco: algo que te gusta y te entretiene, ¿pero hasta qué punto lo estás dominando? Ya se veía que esto iba hacía ahí. Los reels y todos estos contenidos que hay ahora nos hacen desconectar de la razón de todo, de la profundidad de las cosas. Hace un mundo más superficial, me da la sensación.

P. Hay como un componente muy peligroso de adicción, ¿no?

R. Exactamente. Ya estamos siendo conscientes. Es como una droga que te gusta. Aunque sabes que te hace daño también. Y a nivel energético, el hecho de estar con un aparato que emite radiofrecuencias, es como que el cerebro llega un momento en el que también necesita contacto con la naturaleza, con el agua, con al aire. Me estoy acordando de la época en que mis padres eran jóvenes, que me contaban que fumar se veía como algo que estaba bien. Ya sabes que fumaba hasta el ginecólogo. En el cine, en el avión, en el médico… se fumaba en todas partes. Te daba un cierto estatus incluso. No sé si dentro de unos años se verá igual de bien esto de estar todo el rato con el cerebro conectado a unas imágenes que van rotando hacia arriba o hacia abajo, como un loco.

P. Hoy en día es algo más habitual que un músico se viralice sin el apoyo de una discográfica, pero en 2008 era casi impensable. Fuisteis casi pioneros en eso.

R. Sí lo fuimos. Hoy en día hay mucha gente que se autoproduce, pero no tanto que se autoediten montándose su propia discográfica. Hay casos, pero no tantos. Sigue habiendo mucha industria a través de las discográficas, grandes compañías editoriales. Para nosotros fue la vía que nos salía del corazón. La más obvia, porque queríamos hacer las cosas a nuestra manera, pausadamente, con cariño. Y en cuanto poníamos los pies en una empresa, era todo diferente. Pensábamos que era mejor hacerlo nosotros. Y hasta el día de hoy. Es la mejor decisión que hemos tomado nunca.

P. Supongo que en aquellos primeros años ni imaginabais que llegarías a dónde habéis llegado, llenando Wizinks y Metropolitanos, encabezando grandes festivales.

R. Yo creo que lo teníamos en la cabeza, como en un rinconcito. Pero los deseos no hay que desearlos mucho, porque si no, la vida no te los entrega. Los deseos solo hay que visualizarlos, y andar en el día a día hacia ellos. Sin más. Nosotros en aquella época no lo hablábamos, no era un tema en el que pensáramos. Nuestro objetivo era el día a día. Y el día a día se trataba de crear canciones. Ese era el objetivo. Canciones que estuvieran perfectamente trazadas de principio a fin. Le pusimos mucho empeño. Yo sí tenía esa visualización de llegar donde hemos llegado, pero muy al fondo: era algo que no compartíamos, no hablábamos de ello.

Vivimos en un mundo en el que vemos cómo las influencias existen. Las hemos recibido nosotros, y los que vienen detrás también las reciben. Aunque no lo sepas"

P. ¿En qué medida crees que habéis sido influyentes? Me dirás que no, aunque solo sea por modestia, pero a mí se me hace muy difícil imaginar a Izal, Supersubmarina o Viva Suecia, por ejemplo, sin la existencia previa de Vetusta Morla.

R. Bueno, supongo que sí. Vivimos en un mundo en el que vemos cómo las influencias existen. Las hemos recibido nosotros, y los que vienen detrás también las reciben. Aunque no lo sepas. El hecho de formar parte de la cultura de un país, comporta influencias. No es algo consciente. Yo no me he parado nunca a pensarlo. Pero estamos ahí y seguro que somos una referencia.

P. Sí que os habéis preocupado siempre en dar un paso con cada nuevo disco, en que hubiera una evolución.

R. Sí, no sé si es el carácter inconformista o la intención de ofrecer algo diferente siempre, que es también respeto por nuestro público. No somos de esos grupos que piensan en un estilo o en un tipo de canción y para adelante. Creemos que como banda tenemos mucho que ofrecer, con muchos diálogos diferentes, y cuando nos juntamos tenemos ese reto común, de investigar donde no hemos estado antes. Y hay un montón de lugares desde donde hacer eso, en la música y en el arte. Nos hemos querido meter siempre en un lugar incómodo pero transformador, emocionante. Buscar lugares en donde creemos que hay una esencia bonita en la que no hemos profundizado antes. Esa indagación nos nutre mucho.

P. ¿Hay algún disco del que sintáis un orgullo especial?

R. Ay, madre, eso es difícil, ¿eh? No hacemos ese tipo de valoraciones entre nosotros. Llegar a hacer el primero ya fue una osadía, algo titánico, que tardamos diez años en conseguir. Y ya los demás vinieron más rápido. Supongo que el primero marca algo, de alguna manera, es un antes y un después. Aparte del primero, el último siempre es el mejor para nosotros. Como tu última canción, que es la que más te gusta siempre. Porque es con la que más te sientes identificado. Es lo que eres ahora. Suele pasar en los grupos, artistas y compositores.

Pucho, cantante de Vetusta Morla, durante un concierto de la banda en Barcelona.

Pucho, cantante de Vetusta Morla, durante un concierto de la banda en Barcelona. / FERRAN SENDRA

P. En 2018 celebrasteis el décimo aniversario de Un día en el mundo (2008), el disco que lo cambió todo para vosotros.

R. Sí, fue un disco que cambió nuestras vidas y así lo anunciamos en el concierto con el que celebramos los diez años. En realidad, deberíamos hacer un concierto de homenaje por disco, pero no nos da la vida. Ya nos hemos saltado el de Mapas (2011), deberíamos estar haciendo ahora mismo el de La deriva (2014)… se nos ha pasado. Pero el esfuerzo titánico que fue hacer Un día en el mundo (2008) desde la independencia más absoluta se merecía ese homenaje. También nos hacía gracia tocar en ese concierto canciones de aquel tiempo que no estaban publicadas, que son de la época primate de Vetusta Morla, y ver cómo sonaban en el Wizink Center. Fue emocionante para todos.

P. Escuchando vuestro último disco, también el resto de vuestra trayectoria, diría que hay una temática que se repite, que es la alienación del individuo en la época que nos ha tocado vivir. Luego interpretáis esas canciones, que vienen de un lugar más bien oscuro, ante miles de personas que las cantan y las bailan con alborozo. ¿No os genera eso una cierta contradicción?

R. No, no, para nada. Ya cuando sacamos Mapas (2011), recuerdo que publicamos un escrito en el que decíamos que una vez que las canciones salen, son de vosotros. Ya no nos pertenecen. Es una cosa de todos. Hay historias muy diferentes de personas que sienten cosas muy distintas con nuestras letras. También con los ritmos. No somos quiénes para juzgar si esa es la manera correcta de ejecutar una emoción, desde una canción nuestra. Es verdad que la mayoría de nuestras canciones parten de una melancolía, una nostalgia, pero muchas de ellas dejan una puerta abierta a un final feliz. Porque somos gente muy positiva, que creemos en la humanidad. Pese a que nos duela la humanidad. Ese contrasentido existe, pero existe en la vida también. Y creemos que es bonito que cada uno lo viva como lo siente. La música no tiene reglas, y las emociones tampoco. Si a ti te llega una canción, no es que sea incorrecta.

P. Vuestro último disco, Figurantes (2024), suena más como una colección diversa de canciones que como un concepto. Creo que surgió al principio como un EP, ¿no?

R. Nos enfrentábamos a la gira de 2022 con ganas de no solo estar tocando ese año, sino también meternos en el estudio y tratar de hacer canciones durante la gira, porque eso nos iba a hacer alimentarnos de otra manera, entender el estudio como algo más versátil y flexible. En esta conversación, surgió esto. No teníamos muy claro qué iba a salir de ahí, la verdad. Se descartaron ideas y se rescataron otras, según íbamos avanzando nos íbamos formando una idea. Cuando teníamos cuatro canciones se habló de un EP, luego con ocho consideramos la posibilidad de sacar dos EPs, y ya cuando tuvimos once decidimos quedarnos con esas, no se quedó ninguna fuera, a diferencia de lo que nos ocurrió en otros discos. Sentíamos que eran canciones que eran como figurantes, que no eran protagonistas de un plan principal, no abanderaban nada. Y de ahí surgió el título del disco. Estaba todo desmembrado, pero había un hilo que tenía que ver con el concepto de figurantes. Nos pareció muy potente también aplicado a nuestras vidas, y lo unimos todo por ahí. Sí que hemos notado luego, hablando con periodistas, que hay más uniones: a nivel conceptual podría tratar sobre las emociones humanas. Es un disco sensible, cálido, hemos encontrado lugares comunes luego entre las canciones.

P. ¿Somos en cierto modo figurantes todos en esta sociedad, como si fuéramos marionetas en manos de intereses que están muy por encima de nosotros?

R. Pero somos figurantes para bien y para mal. Hay veces en que eres muy importante para alguien cuando solo has pasado por delante de esa persona un día en su vida. Igual sin querer le has dicho algo que le ha marcado para siempre. Aunque supongo que tú te refieres más al rebaño en que muchas veces nos vemos convertidos, y que tanto se critica en las sociedades, ¿no?

P. Sí, iba por ahí.

R. Y más ahora, por lo que hablábamos antes, que parece que si no tienes una opinión profunda y no has indagado sobre muchos aspectos, te dejas llevar por los dogmas y los clichés, e igual sí que puedes ser un figurante de una opinión politizada. Eso siempre lo ha habido. Somos figurantes en muchos sentidos en esta sociedad.

P. Me resulta imposible no asociar una canción como “La derrota” con lo que esta ocurriendo en el mundo en los últimos tiempos.

R. Según le he oído decir a Guille (Galván), que la escribió él, porque yo todavía no he hablado con él de esta canción en cuanto a la letra, define varios tipos de derrotas. Y que hay muchas maneras de sentir la derrota. Desde lo individual y desde lo colectivo. Pero le gusta, como te decía antes también, acabar la canción con ese mensaje esperanzador: las derrotas o los fracasos tienen que ver con los éxitos también. Hoy escuchaba a (Roger) Federer hablar sobre lo importante que es la derrota.

Madrid es como una pareja que te gustaría que te cuidase un poco mejor. 'Ay, Madrid' está escrita para una ciudad, pero es muy fácilmente extrapolable a una relación"

P. ¿Expresa “Ay, Madrid” una relación de cierto amor – odio con vuestra ciudad?

R. Tiene que ver con lo que genera una ciudad grande en cualquier parte del mundo. En Valencia supongo que también. Amas tu ciudad, pero ves que con los años se van cerrando los cines, se van poniendo centros comerciales, marcas de ropa, cierran teatros, vemos cómo mucha gente que está muy malita tiene que estar en condiciones muy feas debido al estado de nuestra Sanidad, tenemos familiares que están ahí y lo vemos, hay injusticias sociales, gente que no puede pagar el alquiler en su Madrid y se tiene que ir a las afueras, sufriendo la especulación de otra gente que está acomodada, y a la que no le importa ver cómo la ciudad se está quedando sin alma. Pero a la vez es la ciudad que te ha visto crecer y ser quién eres, que te ha acompañado y te ha dado cariño, que aún tiene esos rasgos culturales que la identifican. Tiene esas dos caras. Es como una pareja que te gustaría que te cuidase un poco mejor. Está escrita para una ciudad, pero es muy fácilmente extrapolable a una relación.

P. Por último, quería saber en qué medida la producción de Carles “Campi” Campón es importante para vosotros.

R. Muy buena pregunta, porque hemos trabajado mucho con él, en discos anteriores, y la figura del productor siempre es importante en el resultado final, y a Vetusta Morla siempre le ha gustado trabajar con un agente externo, unos oídos de fuera, que te den esa opinión que desde dentro no vas a tener. Nos parece importante trabajar con gente creativa, que tenga muchas nociones musicales, y que tenga – no menos importante – la capacidad de llevarnos a nosotros seis. En el día a día y en la psicología de cada uno. Y él reúne todas esas cualidades. Yo le quiero muchísimo como persona, le considero un amigo. Y como profesional tiene una visión global de la música, mucho conocimiento, y no para de probar y experimentar con nosotros. Es muy completo. Nuestros discos serían diferentes sin él.