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Muere Donald Sutherland, intérprete inconfundible y ambiguo que brilló en todos los papeles posibles de cine y televisión

Tan brillante como secundario como cuando realizaba papeles protagonistas, ha sido uno de los intérpretes más versátiles y con más personalidad de la historia del cine

El actor Donald Sutherland

El actor Donald Sutherland / Jens Kalaene - EFE

Jacobo de Arce

Jacobo de Arce

El actor canadiense Donald Sutherland ha fallecido este jueves 20 de junio en Miami después de una larga enfermedad. Su muerte la confirmaba su hijo, el también actor Kiefer Sutherland, con una publicación en su cuenta de twitter en la que recordaba a su padre como un intérprete al que “nunca le intimidó un papel, bueno, malo o desagradable”. Era una buena forma de definirle, porque lo cierto es que Sutherland brilló hasta en el último de los papeles que hizo, desde los principales hasta los secundarios de poco recorrido, de los personaje temibles, cuando no directamente terroríficos, a los simples payasos. Y ya sabemos que jugársela de esa manera no es lo habitual en una industria, la del cine, donde la mayoría de estrellas miden hasta el milímetro cada uno de los pasos que dan.

La suya fue una prolongada carrera que se extiende a lo largo de más de 60 años, 190 películas y un importante número de series de televisión, a los que hay que añadir algún vídeo musical, algún videojuego y su participación como voz en off en un gran número de anuncios y eventos televisivos, porque eso, su voz grave y de perfecta dicción, fue también uno de los instrumentos fundamentales de su carrera. Sutherland llegó incluso a inspirar un personaje de la Marvel, el del malvado cyborg Donald Pierce enemigo de los X-Men. El actor, que abordó desde el cine de autor más exquisito a las sagas para adolescentes, se mantuvo en activo hasta hace muy poco.

Sutherland saltó a la fama a principios de los 70 con los papeles que interpretó en cínicas comedias de guerra, cuando no directamente filmes antibelicistas, como Los violentos de Kelly, M.A.S.H. o Johnny cogió su fusil, tipos burlones y desengañados con el combate (en Johnny... encarnó a Jesucristo) que parecían engarzar bien con su activismo pacifista en el contexto de la guerra de Vietnam. Un compromiso que, como se sabría más tarde, le llevaría a ser investigado por las agencias de seguridad de EEUU. En paralelo se convirtió también en un rostro habitual del cine de terror, con películas hoy de culto como Amenaza en la sombra o La invasión de los ultracuerpos que llevaron a asociar al actor a un cierto tipo de personaje siniestro.

Precisamente el terror había sido el género con el que se inició en el cine. Aunque había nacido en la ciudad portuaria de Saint John, en la costa atlántica de Canadá, y había realizado estudios de ingeniería y teatro en Toronto, un joven Sutherland decidió trasladarse a Londres para seguir estudiando arte dramático. Fue allí, después de participar en algunas series de televisión, donde debutó en la gran pantalla, haciendo personajes secundarios en algunas producciones de terror de la Hammer junto a mitos, ya célebres entonces, como Christopher Lee. El salto al cine estadounidense lo dio cuando le llamaron para participar en Doce del patíbulo, película de éxito inmediato que fue la que le encauzó hacia esas producciones bélicas ya mencionadas que vendrían enseguida.

Convertido en un actor conocido en Hollywood, aunque nunca una de sus estrellas más rutilantes, algunos de los grandes directores del cine europeo repararon en sus cualidades y en la ambigüedad moral que inspiraba: Bernardo Bertolucci contó con él para interpretar a un sádico camisa negra en Novecento, y Fellini le convirtió en un Casanova icónico, todo pelucas y polvos de talco. Esa ambigüedad volvería a aparecer a lo largo de toda su carrera, que se divide casi a partes iguales entre personajes buenos, malos y no se sabe muy bien si lo uno o lo otro. Sin embargo, sí había algunos límites éticos para el intérprete, que contó que había rechazado los papeles protagonistas de dos películas hoy tan preciadas como Defensa y Perros de paja porque se trataba de filmes muy violentos. Cuando hacía de héroe, que también sucedía alguna vez, lo era en su acepción más silenciosa y sutil, como en el papel de detective que debe proteger a la prostituta que encarnaba Jane Fonda en el thriller psicológico Klute. Durante el rodaje, los dos intérpretes mantuvieron un romance.

Los 80 fueron una década de menos brillo y actividad para el actor, que aún así consiguió una nominación al Globo de Oro por el drama familiar Gente corriente, debut en la dirección de Robert Redford, y que participó en un algún otro filme notable, como Una árida estación blanca, donde encarnaba a un apolítico profesor blanco que, en la Sudáfrica del Apartheid, decide tomar partido contra el sistema cuando su jardinero negro es arrestado y desaparece.

Ya maduro, a partir de los 90 y en los 2000 la actividad de Sutherland se convierte en frenética, con años en los que llega a estrenar hasta seis películas. Será una etapa de secundarios de lujo de todos los colores, aunque a menudo con aires de villano más o menos explícito, del enigmático agente de inteligencia al que dio vida en JFK: caso abierto al general sin escrúpulos dispuesto a pagar cualquier precio por frenar la epidemia de Estallido o el padre racista que defiende a su hijo violador y asesino en Tiempo de matar. Esta última fue una de las dos películas en las que trabajó junto a su hijo Kiefer, al que había tenido fruto del segundo de sus tres matrimonios, el que le unió a Shirley Douglas, la hija del político y "padre fundador" del estado del bienestar canadienese Tommy Douglas.

El nuevo siglo le regaló algunas producciones de alto presupuesto y pretendido prestigio, como Cold Mountain o la austeniana Orgullo y Prejuicio. Otro papel de villano, el del Presidente Coriolanus Snow en Los juegos del hambre, permitió que las jóvenes generaciones le conocieran. Pero sobre todo fue una época que le vio entregarse a la televisión, convertida ya en el medio donde poder realizar producciones de calidad frente a un Hollywood que se mostraba en sus horas más bajas. Los de Dirty Sexy Money, en la que daba vida al patriarca de una familia de multimillonarios de turbios negocios; Crossing Lines, drama policial en el que su papel era el de un juez del tribunal de La Haya, o Trust, donde brillaba como el archirrico J. Paul Guetty, fueron algunos de sus roles más populares.

Donald Sutherland en su papel de patriarca de una adinerada familia en 'Dirty Sexy Money'.

Donald Sutherland en su papel de patriarca de una adinerada familia en 'Dirty Sexy Money'. / ARCHIVO

A pesar de una carrera tan prolífica y de haber firmado interpretaciones incontestables, Sutherland no recibió ni una sola nominación al Oscar. Todos sus premios importantes (tres Globos de Oro) le llegaron por vía televisiva. De él se ha llegado a decir que ha sido el mejor actor de los que nunca han conseguido la preciada estatuilla. La Academia hollywodiense trató de saldar la deuda con él entregándole un Oscar honorífico en 2017, pero ese vacío anterior demuestra lo arbitrarios que son a menudo los galardones. Porque el de Sutherland, bien fuese en primer plano o un poco más al fondo, fue casi siempre un trabajo extraordinario.