COMIENZO DEL FESTIVAL

Del cantautor explorador a una arrolladora ‘afro-rave’ en la primera jornada del Sónar

La muestra de música electrónica y cultura digital comenzó a andar este jueves en Fira Montjuïc con un menú muy diverso con sesiones de artistas como la diva electrónica Sevdaliza, el neocantautor pablopablo (hijo de Jorge Drexler) y la emergente cantante sureña-electrónica Judeline

Concierto de Sevdaliza.

Concierto de Sevdaliza. / JORDI OTIX

Divas venidas de un aquelarre futuro, neocantautores que rebuscan en los márgenes, juergas rave para festejar la llegada de esos días soleados que tanto se han hecho de rogar… El Sónar ha vuelto y, en el arranque de su 31ª edición, dispuso una sesión de tarde en el recinto de Fira Montjuïc salpicada por propuestas de signo muy diverso, con la plaza del SonarVillage como ágora ritual en la que cabalgaron sets, como es costumbre, cargados de fibra rítmica.

Caso de la carnavalesca sesión de la rapera y productora surafricana Toya Delazy, que hizo retorcer de placer a la pista con sus voluptuosas tramas polirrítmicas, conectadas con el género gqom (que deriva de una onomatopeya zulú relativa al golpe percusivo) y portadoras de mensajes de dignidad racial y justicia universal. También del extrovertido clubbing de la australiana, residente en Londres, Surusinghe, trufada de andanadas de dembow, samples latinos y arrolladora base rítmica en temas como el reciente Hoohoohoo.

Pero el Sónar es ese cruce de caminos en el que lo más expansivo puede convivir con la expresión más sinuosa, y ahí cabe encuadrar una actuación de orden muy distinta, la de pablopablo, artista cuyo nombre completo es Pablo Drexler Laan y que es, en efecto, hijo del reconocido cantautor (cuyo apellido omite, ha dicho, para no distraer la atención). Su álbum de 2022 y sus correrías con C. Tangana le precedían, y en el SonarHall desplegó ese cancionero cruce de calmas extremas y sacudidas sulfurosas, del arpegio de guitarra acústica a una batería con ramalazos aparatosos (y un saxo, en ese formato de trío).

Tormentas en un vaso de agua

El pase de pablopablo mostró a un cantautor que, le guste a él más o menos, desprende señales de proximidad hacia su padre, sobre todo en el timbre y actitud vocales, también en el cultivo de la melodía intimista y esa voluntad exploradora en términos sonoros. Pero su cancionero se movió en un territorio derivativo, con piezas algo pretenciosas, mayormente cabizbajas, en las que se percibieron tormentas en un vaso de agua ("esta canción también es muy triste…"), entre falsetes afectados, nocturnidades apaisadas a lo James Blake y disrupciones con las que a veces la canción podía parecer más interesante de lo que es. Algunas hubo que deslizaron relieves, como ‘Tienes reservado el cielo’. El ‘set’ incluyó temas frescos, uno de ellos compuesto hace dos semanas, apuntó, así como la filo-ranchera ‘Mi culpa’, publicada hace unos días.

Concierto de Judeline en el Sónar.

Concierto de Judeline en el Sónar. / JORDI OTIX

Más jugoso fue lo de Judeline, alias de la jerezana Lara Fernández Castrelo, así bautizada en honor a Hey Jude, de los Beatles. Aún sin álbum a la vista, tuvo suficiente con canciones como En el cielo y Otro lugar - despertar para anclar un show con atrezo escénico (una escalera y una puerta con vistas a las nubes) en el que apuntó maneras de diva electro-sureña-tropicalista (la estela de Rosalía) combinando insinuaciones "erótico-experimentales", dijo, con un vigoroso mordisco a La tortura, de Shakira.

Trajes ancestrales

Pese a sacudidas como esa, la actuación tuvo secuencias algo lánguidas y esteticistas, pero dejo un rastro de mística atrayente en la puesta en escena de su última canción, Mangata. Ahí, a cuenta de su torturado relato de amor y desamor bajo el embrujo de la luna llena, acompañaron a Judeline seis bailarinas vestidas con los inquietantes trajes negros llamados cobijás, propios de la localidad de Vejer de la Frontera desde el siglo XV.

Al igual que pablopablo y Judeline, la iraní-holandesa Sevdaliza apuntaló también su actuación en un batería, instrumento este que, definitivamente, no ha sido cancelado por las olas digitales. Sevdaliza no acudió tanto a la nocturnidad filo-trip-hop (donde se situó el tema de apertura, Human), sino que se decantó por una propuesta más física y avasalladora. Empezando por su sola presencia escénica, de larga melena leonina y aires y andares situados entre Xena, la princesa guerrera, y la eurovisiva ucraniana Ruslana.

Fue poderoso el ramalazo techno de temas como Oh, my God, y la cercanía con el hyper-pop en el invasivo Samsara, su cita con Anyma. Y ahí estuvieron los hits: Ride or die y Nothing lasts forever (que en la grabación compartió con Grimes). Sevdaliza presentó una pieza nueva, Alibi, todavía no publicada (que estará en las plataformas el 28 de junio) y recordó que, pese a las apariencias, lleva ya 14 años en esto. "Pero los mejores años de mi vida han sido estos últimos, al haber sido madre", aseguró, añadiendo que su hijo estaba en la sala, atendiendo el show, otra muestra de la galopante expansión generacional del público del Sónar.