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Concha Velasco, la artista total que saltó desde un balcón para huir de un acosador y que estuvo a punto de ser chica Almodóvar

El libro ‘El universo de Concha Velasco’ ahonda en la figura de una de las actrices más queridas del cine español, desaparecida hace solo unos meses

Concha Velasco en la película 'Historias de la televisión' (1965).

Concha Velasco en la película 'Historias de la televisión' (1965). / ARCHIVO

“Nunca se puede aspirar a ser la mejor”, comentaba Concha Velasco cuando algún periodista le sugería que ella era una de las más grandes del teatro y el cine español. Porque lo cierto es que la vallisoletana hizo méritos para granjearse semejantes elogios. Hija de una maestra de la República y un militar franquista, comenzó su carrera con solo quince años, con papeles pequeños en películas y ejerciendo de bailarina flamenca en la compañía de Manolo Caracol, para poder pagarse las clases de danza y para ayudar a su familia. Su consagración llegó de la mano de Tony Leblanc, que realizó con ella la comedia Las chicas de la Cruz Roja (1958), todo un clásico del cine español, y le abrió las puertas del teatro como primera actriz. Ya después vendrían largometrajes como Julia y el celacanto (1961) o La verbena de la Paloma (1963), dirigida por José Luis Sáenz de Heredia, con el que la actriz mantuvo un escarceo amoroso que llegó a su fin porque el cineasta, que le sacaba muchos años y estaba casado, no podía ofrecerle la estabilidad que ella deseaba.

Primo del fundador de Falange Española, Sáenz de Heredia fue el director favorito de Franco y el gran promotor de Concha durante su primera etapa interpretativa. “Además de en cine, la artista y el director también trabajaron juntos en teatro, algo que contribuyó más si cabe a su establecimiento profesional y personal. Entre Sáenz de Heredia y Velasco hubo un total entendimiento durante once años, lapso durante el cual Velasco se convirtió en una de las figuras más populares de la gran pantalla”, señala Lucía Tello Díaz en un nuevo libro titulado El universo de Concha Velasco (Notorious Ediciones). Pero después de actuar en La Granja ante Franco y de rodar con Sáenz de Heredia Los gallos de la madrugada (1971), un drama boicoteado en el Festival de San Sebastián por la ideología de su responsable, la actriz decidió que quería probarse en otros registros en compañía de otros profesionales.

Velasco, primera por la izquierda, en 'Las chicas de la Cruz Roja' (1958).

Velasco, primera por la izquierda, en 'Las chicas de la Cruz Roja' (1958). / ARCHIVO

Haciendo una obra de Buero Vallejo se enamoró de Juan Diego, por entonces militante del Partido Comunista, al que algunos compañeros llamaban ‘Juan Pliego’ por su capacidad para hacer proselitismo político. “Con él empezó a descubrir el rojerío y ver cosas que antes no veía”, apunta el periodista de investigación David González. “De hecho, Concha participó en febrero de 1975 en la famosa huelga de actores en España que tanto escándalo ocasionó y que fue un éxito del PCE, que entonces capitalizaba la oposición al régimen franquista”. Por lo visto, Concha empezó a frecuentar en esos años reuniones subversivas en las que Tina Sainz les echaba en cara a ella y a Ana Belén que fuesen de punta en blanco. “Concha y Ana Belén le decían que, si las detenían, querían al menos estar monas”, añade González. “Al PSOE se acercó luego, gracias a amistades como Pilar Miró. En su caso, el cambio ideológico fue de la mano del profesional. En esa época dejó de hacer comedias y musicales y empezó a rodar otro tipo de cintas y a trabajar con directores como Pedro Olea, Mario Camus o Jaime de Armiñán".

Concha Velasco, con Juan Diego (izda.) y Luis García Berlanga en la Mostra de Valencia.

Concha Velasco, con Juan Diego (izda.) y Luis García Berlanga en la Mostra de Valencia. / EP

A principios de 2008, Concha se unió a los más de dos mil intelectuales y artistas que apoyaron al presidente José Luis Rodríguez Zapatero en las elecciones generales celebradas ese año. No en vano, aceptó aparecer en un vídeo lanzado por la Plataforma de Apoyo a Zapatero (PAZ) que precisamente arranca con un acto del PSOE en el que la actriz pide a la intérprete del lenguaje de signos que diga el nombre del presidente del gobierno —al que entonces identificaban con una V invertida sobre un ojo, por aquello de sus características cejas—. Algún tiempo después confesaría que estaba muy desencantada con la clase política, pero que se definía como una mujer socialista, católica y española. “Hace cuatro años estuve muy grave y entonces prometí que nunca más haría campaña por nadie”, explicó en 2019. “Pero quiero a Pedro Sánchez porque cuando no era nadie iba al teatro, aunque luego cuando lo son, no van”.

Velasco, junto a Zapatero y el actor Álvaro de Luna cuando se presentó la plataforma de apoyo al presidente socialista en 2008.

Velasco, junto a Zapatero y el actor Álvaro de Luna cuando se presentó la plataforma de apoyo al presidente socialista en 2008. / EFE

En el mencionado libro se apunta que la Velasco vivió su etapa más gloriosa gracias a su participación en cintas como La colmena (1982), Esquilache (1989) o París-Tombuctú (1999), de Luis G. Berlanga, que supuso la culminación de su carrera. “Yo antes iba detrás de los directores que me interesaban, siempre lo he hecho y si hace falta me pongo de rodillas, lo que sea... Mi carrera terminó con París-Tombuctú, porque ya no tengo a quién perseguir”, reconoció la propia actriz, que a pesar de la cantidad de veces que se puso delante de la cámara no llegó a trabajar con algunos de los directores más renombrados y premiados, como Pedro Almodóvar, Carlos Saura o José Luis Garci. “Pedro Almodóvar sí consideró a la actriz para su película Qué he hecho yo para merecer esto (1984); sin embargo, Velasco se encontraba interpretando Mata-Hari, una obra teatral de Adolfo Marsillach y, ante la duda, la actriz decidió cumplir su contrato”, recuerda Tello Díaz. Años después, la propia Concha reflexionaría al respecto: “Hay directores que no te perdonan que digas que no, pero no quiere decir que no le admire muchísimo”.

Muchas actrices lamentan la falta de papeles interesantes para mujeres maduras. Ese nunca fue el caso de Concha, que también en teatro encadenó un papel de éxito tras otro. Además de protagonizar varias obras que su amigo Antonio Gala escribió para ella, se adueñó del escenario con producciones como Mamá, quiero ser artista, financiada por Paco Marsó y la propia Concha, convertida en productora. La actriz se casó con Marsó en 1977, y dos años más tarde tuvo con él un hijo al que llamaron Francisco, tres años menor que su hermano Manuel Martínez Velasco, a quien el almeriense adoptaría legalmente. Al comprobar que su carrera como actor estaba estancada, Marsó optó por centrarse en la producción teatral y cinematográfica. Juntos, Concha y él sacaron adelante ambiciosas producciones teatrales como Hello, Dolly! (2001), que llenó el Teatro Calderón de Madrid pero también les ocasionó serios problemas económicos. Unos líos que, entre otras cosas, la obligaron a desprenderse de su chalé en la urbanización madrileña de La Moraleja y lastraron su relación de pareja, que llegó a su fin en 2005.

Velasco y Marsó, en una foto de archivo.

Velasco y Marsó, en una foto de archivo. / EPE

Tiempo después de la muerte de su exmarido, Concha confesó a una revista que, después de Marsó, no volvió a tener ningún novio, ni ningún amante: “Nada de nada. No fue un buen marido, y no lo fue nunca pero… El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Yo quería que fuese como no era, y ahí estuvo mi error. Quería que fuese fiel y a él le gustaban mucho las mujeres". Durante otra charla con la prensa reconoció igualmente que la culpa de sus ruinas no había sido siempre de su ex, “porque yo he ganado mucho pero también he gastado mucho. Quizá porque en mi casa de niña viví muchas dificultades y eso me convirtió en una mujer derrochona".

Además de darlo todo en cine y teatro, Concha publicó doce discos como cantante y se erigió en una figura fundamental de la pequeña pantalla, tanto en series como Teresa de Jesús (1984), que fue un éxito sin precedentes y le valió varios premios interpretativos, como en programas de entretenimiento que presentó con gracia y soltura. A finales de 1998 firmó un contrato para sustituir a Isabel Gemio al frente de Sorpresa, sorpresa, entonces uno de los espacios más emblemáticos de Antena 3. Durante esa etapa se convirtió en coprotagonista involuntaria de una leyenda urbana relacionada con Ricky Martin y la existencia de un vídeo, supuestamente censurado por el programa de reencuentros, donde el cantante aparecía en la casa de una fan, dispuesto a sorprenderla, y al salir del armario donde se había escondido se encontraba a la muchacha desnuda, jugando con su perro y un tarro de mermelada. Todo el mundo afirmaba conocer a alguien que decía haber visto esas imágenes, pero lo cierto es que aquello no existió nunca.

La ganadora del Goya de Honor 2013 vivió su última etapa en televisión al frente de otro espacio icónico, Cine de Barrio, donde en 2010 la ficharon para sustituir a su amiga Carmen Sevilla. Según cuenta Gerardo Reyes en su libro Pirulí Forever, la posterior incorporación de Alaska como presentadora despojaría al programa “del tono de vodevil retro con merienda kitsch que venía arrastrando desde la época de Parada y Carmen Sevilla”, pero su reinvención venía gestándose desde la etapa de Concha Velasco, quien “se esforzó por dignificar el espacio (llevó al mismísimo ministro de cultura) y amplió la nómina de invitados más allá de las glorias vivas que solían acudir en las primeras temporadas. Y es que, por razones biológicas, la lista de actores disponibles iba reduciéndose inevitablemente”.

El monento del relevo al frente de 'Cine de Barrio', cuando Velasco cedió el testigo a Alaska.

El momento del relevo al frente de 'Cine de Barrio', cuando Velasco cedió el testigo a Alaska. / EP

Casi todo el mundo habla maravillas de Velasco, que alguna vez cayó en la trampa del negocio de las exclusivas y era de esas actrices que siempre tenía tiempo y una sonrisa para los periodistas, aunque estuviera en pleno trabajo o de vacaciones. Ya en la edad madura, la actriz se atrevió a confesar públicamente que su hijo Manuel era fruto de un escarceo que mantuvo en su momento con el operador de cámara Fernando Arribas, y también habló sin tapujos de temas como el movimiento MeToo: “He conocido a mucha gente y, en algún momento dado, he tenido que saltar por un balcón para huir del acosador. Pero yo no quiero hablar de ese señor porque ya no está y no se puede defender. ¡Claro que he sufrido acoso! Y además, de gente muy conocida. También he dado patadas en los huevos a algunos señores y a otros, les he cruzado la cara. Con otros me he llevado la gran sorpresa de negarme y pensar que no me iban a contratar nunca más y, luego, me han contratado”.

La actriz también solía comentar que siempre tuvo una mala salud de hierro. No en vano, fueron los achaques continuos los que la obligaron a poner punto y final a su carrera. En 2014 fue tratada por un linfoma que le diagnosticaron a raíz de sufrir una peritonitis y, como se cuenta en El universo de Concha Velasco, sus dos vástagos se volcaron para que la actriz, al fin, pudiera hacerse cargo de su salud: “Cuando estuvo cuatro días en la UCI, ellos velaron por su bienestar, incluso cerciorándose de que tuviera acceso a una ventana, por su aversión a la penumbra. Porque la criptonita de esta supermujer es, precisamente, la oscuridad. Por la ausencia de ventanas en una habitación ha llegado a dormir en la calle durante su etapa en la compañía de Celia Gámez, y aún ha tenido que recurrir a pintar falsas ventanas en las paredes de sus camerinos”.

En los últimos tiempos protagonizó un par de proyectos escritos y dirigidos por su hijo mayor, y durante la promoción comentó que seguía trabajando por vocación y por necesidades económicas. “Como estoy jubilada, cuando no trabajo cobro mi paga: 1.200 euros”, dijo en una ocasión. “Me da vergüenza decirlo al lado de la que cobran otros pobres jubilados. Cuando la cobro, la gasto, claro. Y al cabo del tiempo Hacienda me dice: ‘tiene que pagar. Si no, la embargamos’”. Pero el encierro por la pandemia del covid pasó factura a la artritis que sufría, y a finales de verano de 2021 se retiró definitivamente, por petición de sus hijos. Cuando su estado de salud se empezó a deteriorar demasiado, los susodichos decidieron que lo mejor para ella era vivir en una residencia de mayores donde le pudieran proporcionar los cuidados que necesitaba. Allí pasó cerca de dos años, entre ejercicios de rehabilitación para volver a caminar, escapadas esporádicas al teatro y visitas de amigos y conocidos. El telón se bajó para ella a principios de diciembre de 2023, con 84 años recién cumplidos.

'El universo de Concha Velasco'

VV.AA.

Notorius ediciones

352 páginas / 41,95 €