CINE

‘Slow’, ¿podrías tener una relación con una persona asexual?

La película de la lituana Marija Kavtaradze aborda la complicada cuestión de cómo funcionan las relaciones de pareja cuando una de las personas es incapaz de tener interés en la actividad sexual

La asexualidad y sus implicaciones centran el interés de la directora de cine lituana Marija Kavtaradze en su nueva película Slow, estrenada el 17 de mayo en Filmin.

La asexualidad y sus implicaciones centran el interés de la directora de cine lituana Marija Kavtaradze en su nueva película Slow, estrenada el 17 de mayo en Filmin. / EPE

Qué podríamos decir aquí que no se haya dicho mil veces sobre el deseo y lo fundamental que ha sido en la historia de la humanidad. Quién duda de que el deseo, expresado en todas sus formas, ha impulsado gran parte, por no decir casi todo, lo que hemos hecho los seres humanos como individuos y como sociedad.

Sin duda, una de las expresiones más básicas, viscerales y ancestrales de ese deseo –en nuestra especie y en todo el reino animal–, es el deseo sexual. Más todavía hoy en día, cuando el sexo parece impregnarlo todo. Pero, ¿qué pasa cuando ese deseo no existe? ¿Cómo se sienten las personas que no pueden sentirlo? ¿Y cómo las que las rodean?

Este accidentado terreno, el de la asexualidad y sus implicaciones, es en el que se ha internado la directora de cine lituana Marija Kavtaradze en su nueva película Slow, que se estrena el próximo 17 de mayo en Filmin.

La película, interpretada por Greta Grinevičiūtė y Kestutis Cicenas, cuenta la historia de Elena (Grinevičiūtė), una bailarina, que conoce a Dovydas (Cicenas), un intérprete de lenguaje de signos. Ambos se enamoran y comienzan una relación que se ve marcada de forma muy profunda por la asexualidad de él, que les llevará a toda una serie de momentos de extrañeza, cuestionamiento y confusión.

Slow, que representó a Lituania en la última edición de los Óscar tras su estreno mundial en el Festival de Sundance —donde Kavtaradze ganó el premio a la Mejor Dirección—, cuenta con la participación de la productora española Frida Films, y toma su título de una canción de Leonard Cohen que estaba escuchando la directora en el momento en que uno de los productores la llamó para preguntarle precisamente por el título. También funciona, sin embargo, como una defensa del “ir más poco a poco” en los tiempos de Tinder y de las relaciones de usar y tirar.

Slow es una película que se opone a las creencias habituales sobre cómo deberían ser las relaciones”, explica la directora. “Normalmente esperamos que una relación avance muy rápido y si esto no ocurre, pues pasamos a la siguiente. Quizá tiene sentido, pero esto también nos priva de algunas conexiones que podríamos crear de forma más lenta”.

Desde este punto de partida, el film acaba planteando cuestiones como los problemas de tener necesidades físicas diferentes dentro de la pareja, la relación con nuestro propio cuerpo, la necesidad de obtener aprobación a través del deseo y el sexo o los roles de género en las relaciones. “¿Qué es ser un hombre?”, llega a preguntarse Dovydas en un momento de la cinta, cuando su asexualidad y la presencia de otros hombres en la vida de Elena amenaza al futuro de la relación.

Fotograma de 'Slow', película que se estrenó este viernes en Filmin.

Fotograma de 'Slow', película que se estrenó este viernes en Filmin. / EPE

Sensualidad y asexualidad

A pesar de ser una película que aborda el tema de la asexualidad, y quizá precisamente por eso, la fisicalidad de los personajes está muy presente a lo largo de toda la cinta. Esto es especialmente importante en el caso de Elena, a la que vemos bailar en diversas escenas. Sus movimientos, llenos de potencia, sudor y pasión, contribuyen a subrayar su naturaleza sensual, casi salvaje, su abismal diferencia respecto a Dovydas, que se presenta casi siempre como una persona calmada, de movimientos suaves, casi contenidos.

“Desde que empecé a escribir el guion, estaba convencida de que Elena sería bailarina”, explica Kavtaradze. “Eso me ayudó a dar forma a toda la historia. La danza es la forma en la que ella se expresa, es su lugar seguro. A través del baile piensa, se entiende a sí misma”.

En la elección de la actriz, Greta Grinevičiūtė, pesó mucho el hecho de que sea bailarina y coreógrafa, incluso que en la vida real esté cursando un doctorado donde investiga las relaciones de la danza con diferentes medios.

Tanto Greta como el protagonista masculino, Kestutis Cicenas, contribuyeron decisivamente a definir a sus personajes y algunos pasajes de la historia. En el caso de Cicenas, la directora reconoce que, aunque es muy diferente a su personaje en la vida real, su contribución fue fundamental a la hora de crear la vertiente masculina de la historia.

Antes de rodar la película, la directora y guionista tampoco era ninguna experta en asexualidad, con lo que parte de su trabajo se centró en profundizar en el mundo de la asexualidad. Para ello investigó en libros, foros de internet como el de la red de asexualidad AVEN o siguió a creadores de YouTube y TikTok que hablan sobre el tema como Slice of Ace o AmeliaAce. “También contacté directamente con personas que se identifican como asexuales y su aportación fue muy útil respondiendo a mis preguntas”, recuerda. “Gracias a todo esto, también me di cuenta de que la historia de cada persona y su relación con su sexualidad son muy diferentes. No hay dos casos iguales, lo que me dio la libertad para escribir mi historia, aunque siempre existía el temor de no captar bien los sentimientos de las personas asexuales”.

No obstante, el comentario que le hizo a la directora una de las personas con las que había compartido el guion la tranquilizó un poco: “sí, probablemente a algunas personas no les gustará (estaban discutiendo el final de una película), pero ¿sabes qué? No vas a poder complacer a todo el mundo”.

“La sexualidad tiene un espectro muy amplio y a veces es difícil ubicarse en un lugar concreto del mismo. A lo largo de la preparación de esta película aprendí que nuestra sexualidad también cambia dependiendo a cada relación e incluso evoluciona con el tiempo”, afirma Marija. “Por eso pensé que lo correcto a la hora de escribir era no pretender pintar un retrato general de la asexualidad, sino enfocarme en estos personajes en particular: en su historia de amor y en sus problemas”.

Fotograma de 'Slow'.

Fotograma de 'Slow'. / EPE

El lenguaje de signos

Otro de los aspectos más audaces en Slow es el paralelismo que la directora establece entre la asexualidad y el hecho de que Dovydas sea intérprete de lengua de signos. “El lenguaje de signos es un idioma extremadamente hermoso pero que también es muy directo en algunos aspectos”, explica Marija. “Por ejemplo, para nombrar a las personas se suele crear un signo-nombre que generalmente se basa en su apariencia física. Tienes que ser muy concreto y obvio cuando lo hablas. Por supuesto, también hay mucha poesía en él”.

La directora señala cómo conforme fue conociendo esta forma de comunicación empezó a pensar en que las personas oyentes pueden aprender la lengua de los sordos, pero no al revés. Lo mismo pasa con la asexualidad. El sexo resulta un lenguaje extraño e initeligible para las personas asexuales.

Quizá la mayor virtud de Slow es su capacidad para plantearnos nuestras propias creencias sobre las relaciones, el amor, el sexo, la lealtad, la virilidad y los celos. “Una de las razones por las que disfruté tanto escribiendo este film fue porque la relación de Elena y Dovydas se convirtió para mí en todo un rompecabezas que tenía que resolver. Eso me llevó a replantearme todo lo que pensaba de las relaciones, cuestionar todo lo que se supone que es de 'sentido común', o que 'se da por sentado'. Y fue muy interesante ver las reacciones de las personas cuando les contaba de qué trataba mi película. Algunas se quedaban en silencio, pensando qué harían ellas en una situación así. Otras decían: ‘Es imposible, no lo lograrán’”.